El secreto de los fumadores que tienen los pulmones sanos
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El secreto de los fumadores que tienen los pulmones sanos

Al comparar la información médica y genética de los fumadores y los no fumadores, así como la de los indivíduos con y sin esta enfermedad respiratoria, los investigadores descubrieron que hay secciones de nuestro ADN que reducen el riesgo de desarrollar Enfermedad Pulmonar.
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Por BBCMundo
28 de septiembre, 2015
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Ancianno fumador sonriendo

Muchos fumadores, pero no todos, desarrollan cáncer de pulmón. Pero también lo hacen pacientes que nunca se acercaron a un cigarrillo. Foto: Thinkstock

Todos hemos escuchado hablar de casos insólitos: fumadores empedernidos que envejecen sanos y personas saludables que no probaron un cigarrillo en su vida y acaban desarrollando cáncer de pulmón.

Ahora científicos británicos acaban de resolver el misterio detrás de este tipo de ironías y parece que la clave está en los genes.

Para llegar a esa conclusión los investigadores analizaron una enorme cantidad de información médica y genética de voluntarios que participan en el proyecto Biobank de Reino Unido.

Al revisar los casos de más de 50.000 personas encontraron mutaciones genéticas favorables en el ADN de algunos individuos que mejoran el funcionamiento pulmonar y mitigan el impacto fatal del tabaco.

¿Qué observaron?

Los científicos del Consejo de Investigación Médica británico (Medical Research Council) centraron su atención en la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), un trastorno pulmonar que se caracteriza por la existencia de una obstrucción de las vías respiratorias generalmente progresiva e irreversible.

El síntoma principal de esta enfermedad es una disminución de la capacidad respiratoria, que incluye falta de aliento, tos e infecciones de pecho recurrentes.

Al comparar la información médica y genética de los fumadores y los no fumadores, así como la de los indivíduos con y sin esta enfermedad respiratoria, los investigadores descubrieron que hay secciones de nuestro ADN que reducen el riesgo de desarrollar EPOC.

Así que los fumadores con “buenos genes” tienen menos probabilidad de desarrollar EPOC que los que tienen “malos genes”.

¿Por qué?

Martin Tobin, uno de los científicos que participó en la investigación, de la Universidad de Leicester, dijo que los genes parecen afectar la manera en como crecen los pulmones y como éstos reaccionan ante una lesión.

Pero aún así, los investigadores insisten en que no fumar siempre será la mejor opción para nuestra salud, sean como sean nuestros genes.

 

“No parece haber ningún santo remedio que pueda darle a alguien una protección garantizada contra el humo del tabaco. Quien fume siempre tendrá pulmones menos saludables que los que habría tenido si no fumara”, le dijo Tobin a la BBC.

“Lo mejor que la gente puede hacer para influir su futuro en relación al desarrollo de EPOC y otras enfermedades relacionadas con el tabaco, como el cáncer y las enfermedades de corazón, es dejar de fumar”, recalcó.

Por otro lado, los investigadores dicen que su descubrimiento podría ayudar al desarrollo de nuevos medicamentos que ayuden a mejorar el funcionamiento de los pulmones.

Cuestión de predisposición genética

Los científicos también descubrieron partes del código genético que son más comunes en los fumadores que en los no fumadores.

Estas diferencias sugieren, según los investigadores, que los genes pueden alterar el funcionamiento del cerebro e influenciar la facilidad con la que algunas personas pueden volverse adictas a la nicotina, pero esta hipótesis todavía no está confirmada.

Según Tobin, sus resultados ofrecen “nuevas pistas fantásticas a cerca de cómo funciona nuestro cuerpo, sobre las que teníamos poca idea hasta ahora y es este tipo de cosas las que probablemente nos lleven hasta un avance realmente emocionante para el desarrollo de medicamentos”.

Sus conclusiones fueron presentadas en una reunión de la Sociedad Europea de Problemas Respiratorios y publicadas en la revista especializada Lancet Respiratory Medicine.

Por su parte Ian Jarrold, líder de investigación de la Fundación Británica del Pulmón considera que “estos hallazgos representan un paso adelante significativo para ayudarnos a tener un conocimiento más claro sobre la realidad fascinante e intrincada de la salud pulmonar”.

“Entender la predisposición genética es esencial no solo para ayudarnos a desarrollar nuevos tratamients para la gente con enfermedades pulmonares, sino también para enseñarle a la gente sana cómo cuidar mejor sus pulmones”.

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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