Expediente Ayotzinapa: ¿Cómo cayeron los detenidos clave de la "verdad histórica" de la PGR?
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Manu Ureste

Expediente Ayotzinapa: ¿Cómo cayeron los detenidos clave de la "verdad histórica" de la PGR?

Capturados en ciudades distintas, las circunstancias de su detención fueron prácticamente idénticas con todo y “confesión espontánea”, según los informes oficiales del caso.
Manu Ureste
Por Arturo Angel
30 de septiembre, 2015
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El encuentro se realiza en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. // Foto: @CIDH.

El encuentro se realiza en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. // Foto: @CIDH.

Alcoholizados, con golpes que supuestamente ellos mismos se provocaron y “confesando espontáneamente”: así fueron capturados –según los informes oficiales– los cuatro presuntos integrantes de Guerreros Unidos, cuyas declaraciones fueron clave para que la Procuraduría General de la República (PGR) concluyera que los 43 normalistas de Ayotzinapa fueron asesinados, incinerados en un basurero en Cocula y sus restos arrojados al un río.

Los detenidos, quienes no tuvieron oportunidad de escapar porque no podrían ni sostenerse en pie debido al estado de ebriedad en el que estaban, fueron capturados el mismo día en los estados de Morelos y Guerrero, según reportaron los marinos y agentes federales que los capturaron.

La versión pública de las averiguaciones de la PGR sobre los hechos ocurridos entre el 26 y 27 de septiembre en Iguala, Guerrero, donde 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa fueron desaparecidos, revelan las circunstancias en que fueron capturados Jonathan Osorio Cortez, el Jona; Patricio Reyes Landa, el Pato; Salvador Reza Jacobo, el Chava; y Benito Vázquez Martínez.

Aunque hay más de 111 detenidos, la investigación de la PGR hace énfasis en la detención de estos cuatro hombres, debido a que sus declaraciones fueron vitales para que el Ministerio Público Federal pudiera concluir que los estudiantes fueron quemados en un basurero de Cocula y luego sus restos arrojados en bolsas al río.

En noviembre del 2014, cuando el exprocurador Jesús Murillo Karam dio a conocer por primera vez la hipótesis que a la postre él mismo denominaría como “verdad histórica de los hechos”, sustentó lo dicho en los testimonios de algunos de estos detenidos, junto con el de Agustín Reyes, el Chereje, capturado también el mismo día que el resto.

Incluso estas personas fueron llevadas a Cocula para una “reconstrucción” de los hechos. La PGR lo mostró en un video. Sin embargo, para los expertos independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), lo que la PGR mostró no fue una reconstrucción de los hechos porque se usaron los señalamientos aislados de estas personas y en circunstancias distintas a las del día de los hechos.

La averiguación consignada ante el juez describe las circunstancias de la supuesta quema de los normalistas en Cocula con base en las declaraciones del Jona, el Pato y el Chava.

Como en el mismo expediente se reconoce, los detenidos comparecieron lesionados ante el Ministerio Público federal pero de acuerdo a los reportes de las detenciones, ellos se golpearon solos por el estado de ebriedad en el que se encontraban.

El Jona y el Pato

De acuerdo con lo asentado en la averiguación previa PGR/SEIDO/UEIDMS/1017/2014, Patricio Reyes Landa, el Pato, y Jonathan Osorio Cortez, el Jona, fueron capturados el 27 de octubre del año pasado en calles del municipio de Apetlanca, en Guerrero. Fueron elementos de la Policía Federal quienes hicieron la captura.

El informe de la detención (PF/DI/COE/2557/2014) detalla que la captura ocurrió aproximadamente a las 16:20 horas, cuando integrantes de un convoy federal, que seguía “líneas de inteligencia”, se percataron de la presencia de los sospechosos en la calle. 

“Afuera del inmueble frente a una puerta de color blanco se encontraban tres personas del sexo masculino quienes estaban consumiendo bebidas alcohólicas, motivo por el cual descendimos de la unidad”, detalla el parte de la policía federal.

El documento señala que, al ser cuestionados, los sospechosos confesaron su identidad. Además del Pato y el Jona, se encontraba con ellos Darío Morales Sánchez, también consignado por los mismos hechos.

“… Pero en el momento en que se les indicó que serían trasladados a la SEIDO en la Ciudad de México, las personas que responden a los nombres de Patricio Reyes Landa y Jonathan Osorio Cortez intentaron correr pero como estaban tomados tropezaron y cayeron al suelo, volviéndose a levantar para tratar de darse a la fuga”.

Ya en el trayecto, según el parte de la Policía Federal, los detenidos “manifestaron de forma espontánea” que pertenecían al grupo criminal de Guerreros Unidos y que “habían participado en la ejecución de los normalistas de Ayotzinapa, a quienes quemaron al fondo de un basurero en Cocula” para luego recoger las cenizas que “fueron arrojadas al Río San Juan”.

El parte precisa que las lesiones que presentaron los detenidos ante el Ministerio Público fueron las que se ocasionaron ellos mismos al tropezarse.

El Chava y Benito

El mismo 27 de octubre, pero a las 4 de la madrugada, fueron capturados Salvador Reza Jacobo alias el Chava y Benito Vázquez Martínez en la colonia Loma Bonita del poblado de Ahuetepec, en Cuernavaca, Morelos.

La captura estuvo a cargo de elementos de la Secretaría de Marina quienes, de acuerdo con un oficio sin número asentado en la averiguación previa, describen la captura bajo circunstancias que resultan muy similares con el otro caso, incluso en la redacción del mismo documento.

Los marinos detallan que los sospechosos se encontraban “consumiendo bebidas alcohólicas” junto con otra persona afuera de un domicilio. Tras ser interrogados sobre su identidad y advertírseles que serían llevados a la SEIDO, intentaron sin mucho éxito escapar de la inminente detención.

“En el momento en que se les indicó que serían trasladados estas dos personas intentaron correr pero como estaban tomadas tropezaron y cayeron al suelo, volviéndose levantar para tratar de darse a la fuga”.

Los marinos añaden en su reporte que, debido a que Reza Jacobo y Vázquez Martínez “estaban borrachos”, en “el trayecto a bordo de los vehículos venían golpeándose”.

Posteriormente el parte indica que uno de los detenidos “manifestó de forma espontánea” y “casi llorando” que eran colaboradores del grupo delictivo de Guerreros Unidos, y que incluso recibía un pago de 5 mil pesos por realizar trabajos como “halcón” bajo el mando del Terco o el Cepillo. 

De acuerdo con el parte de la Secretaría de Marina, un médico naval certificó ante el Ministerio Público que las lesiones de las detenidos se las causaron ellos solos por el estado en el que se encontraban.

El mismo día pero en otro punto de la ciudad, los marinos también reportaron la detención de Agustín Reyes “El Chereje”, cuyo testimonio también fue utilizado por la PGR en la reconstrucción de hechos del incendio en Cocula.

El CISEN supo la misma noche, según fiscal

Las declaraciones ministeriales del entonces Fiscal General de Guerrero, Iñaki Blanco, incluidas en la averiguación previa consignada por la PGR del caos Ayotzinapa, revelan que el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) supo sobre el ataque a los normalistas de Iguala antes que las propias autoridades estatales.

En su testimonio, rendido el 22 de octubre del 2014, Blanco asegura que la noche del 26 de septiembre, al ir llegando a su “domicilio en el Distrito Federal” comenzó a recibir reportes, incluyendo uno del entonces gobernador de Guerrero Ángel Aguirre, sobre presuntos incidentes en Iguala.

Me comuniqué entonces con el delegado del CISEN de nombre ********** (su nombre se reserva), quien me confirmó que tenía datos de que se había suscitado un enfrentamiento en la ciudad de Iguala”, dijo Iñaki.

Lo anterior ocurrió, según el testimonio del fiscal, antes de la media noche, hora en que la movilización policial en Iguala y la huida de los normalistas todavía estaba en proceso.

De acuerdo con las declaraciones de Blanco y de otros funcionarios de Guerrero, aún cuando había conocimiento federal del caso, la contención del caos, el apoyo a las personas lesionadas y toda las investigaciones iniciales (incluidas la detención de 22 policías de Iguala) recayeron en las autoridades estatales.

Respecto a la declaración del líder de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, quien sostuvo que Blanco recibió miles de dólares de parte del grupo criminal de los Rojos, el exfuncionario estatal lo negó “categóricamente” y dijo que además era un “testimonio de oídas” del líder criminal.

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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