Gander, el pueblo de Canadá que fue protagonista inesperado de los ataques del 11S
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Gander Townhall

Gander, el pueblo de Canadá que fue protagonista inesperado de los ataques del 11S

De repente el firmamento de Gander –una remota localidad ubicada en el noreste de Canadá– comenzó a llenarse de aviones que deseaban aterrizar en su pequeño aeropuerto.
Gander Townhall
Por BBCMundo
11 de septiembre, 2015
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Aueropuerto Gander

De repente el firmamento de Gander –una remota localidad ubicada en el noreste de Canadá– comenzó a llenarse de aviones que deseaban aterrizar en su pequeño aeropuerto.

Una cantidad desmesurada para las modestas instalaciones, acostumbradas a recibir un promedio de siete aeronaves al día.

Eran las once de la mañana del martes 11 de septiembre de 2001 y el gobierno de Estados Unidos había declarado la emergencia sobre sus cielos.

La razón: los dos ataques con aviones comerciales en contra de las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York.

Luego del ataque, el cielo estadounidense quedó cerrado para cualquier avión comercial. Y eso incluía las aeronaves que se aproximaban desde Europa hacia distintas ciudades de EE.UU.

“Nos avisaron que el espacio aéreo de EU estaba cerrado y que iban a desviar algunos aviones hacia nuestro aeropuerto”, le contó a BBC Mundo Bryan Higgs, uno de los encargados de la seguridad del Aeropuerto Internacional de Gander.

Esos “algunos” resultaron ser 38 aviones dedicados a vuelos transatlánticos. Y en un lapso de cuatro horas, la apacible población de Gander pasó a tener 6.800 refugiados, quienes debieron esperar en tierra durante casi dos días antes de poder seguir su viaje o regresar por donde habían venido.

6.800 personas en un pueblo que sólo tenía 500 camas disponibles para alojamiento y cuya población estable ni siquiera duplicaba en número a los recién llegados: 9.000 para esa fecha, unos 11.000 habitantes hoy.

Pero la emergencia impensada fue suficiente para que todo un pueblo mostrara su generosidad y hospitalidad con los estadounidenses y con personas de varias partes del planeta que viajaban aquel 11 de septiembre hacia EU.

“Por las noticias nos dimos cuenta de la gravedad de los hechos: dos aviones se habían estrellado contra el World Trade Center. Pero lo cierto es que nadie en los aviones que iban desviando hacia aquí tenía acceso a esa información”, relató Higgs.

La gente se tuvo que alojar en en

En el aire, los pilotos y los pasajeros solo sabían que tenían que aterrizar en el primer aeropuerto que encontraran. Y para 38 aeronaves, ese lejano punto ubicado justo debajo del ártico fue el lugar para hacerlo.

La ciudad de la isla

La pista de la localidad canadiense no era ajena al flujo de esos enormes aparatos.Años atrás, cuando los jumbos no tenían la capacidad de traspasar el Atlántico de un solo envión, paraban en Gander para reabastecerse y seguir su ruta hacia Europa.

Su aeropuerto se construyó a comienzos del siglo XX, dada la conveniencia de su situación geográfica: casi en el extremo noreste del todo el continente norteamericano.

De hecho, este paraje en la isla de Newfoundland y a unos 2.500 kilómetros de la capital Ottawa, fue un punto estratégico en el camino de las tropas aliadas hacia territorio enemigo durante la II Guerra Mundial.

Pero la tecnología había transformado aquello: los aviones ya no necesitaban detenerse allí antes de aventurarse por los límites del círculo polar ártico y Gander se convirtió en un aeropuerto histórico, con un promedio de apenas siete vuelos diarios de tipo comercial, más los privados o de pequeña escala.

Hasta ese 11 de septiembre, que se convirtió en el primer aeropuerto en norteamérica para las rutas que llegaban desde el Atlántico.

Tuvimos que estacionar todos esos aviones, desde los enormes 747 hasta algunas aeronaves militares, en la pista del aeropuerto e iniciar un plan de emergencia para atender a todas las personas que estaban llegando a Gander”, explicó Higgs.

“Por ejemplo, adaptamos una sala de espera para acondicionarla como oficina de inmigración y otra como recepción de aduanas”, añadió.

Lo que todos tenían claro –pasajeros y locales– es que nadie sabía cuándo podrían volver a levantar vuelo y llegar a su destino.

Por esa razón, las autoridades del pueblo dispusieron un centro de atención e instalaron un alojamiento temporal en el coliseo de la primaria.

Algunos habitantes del pueblo ofrecieron sus casas para hospedar a los viajeros.

Hasta los buses escolares fueron dispuestos para transportar a los nuevos habitantes de Gander.

Niños

A los niños que cumplían años por esos días de septiembre de 2001 se les celebró una fiesta con tortas cocinadas por los vecinos de Gander.

La reacción fue sobrecogedora. Muchas personas vinieron hasta la alcaldía y las iglesias para ofrecer su ayuda en la preparación de alimentos, otros donaron ropa porque muchos no tenían acceso a sus maletas, aportaron colchones, etc”, relató Carl Richardson, uno de voluntarios que trabajó durante esos días con el Ejército de Salvación de Gander.

“Todo el pueblo se puso a disposición de esta emergencia. Fue una verdadera muestra de solidaridad“, añadió.

Incertidumbre

A pesar de la cálida bienvenida de los canadienses, los pasajeros no tardaron mucho en darse cuenta del horror que se había vivido en Nueva York en la mañana de aquel 11 de septiembre: las pantallas de televisión mostraban una y otra vez la secuencia macabra de las aeronaves estrellándose contra la piel plateada de las torres.

Y en las fotografías que publicaron en aquel entonces los medios locales de Newfoundland se puede ver el rostro de alivio de algunas personas que estaban varadas en aquella localidad.

Gander

Sin embargo, solo tenían el plano general de los hechos aportado por las noticias. La información sobre casos particulares era escasa.

Y aún allí, la hospitalidad no faltó.

Uno de esos casos era el de la pareja de esposos Dennis y Hannah O’Rourke, quienes viajaban desde Dublin, Irlanda, hacia Nueva York y tuvieron que hacer aquella escala obligada en Gander.

“No sabíamos que nuestro hijo Kevin, quien trabajaba como bombero, había sido uno de los primeros en atender la emergencia en la torre sur cuando fue atacada”, le dijo Hannah a la cadena de noticias CBS.

En Gander fueron recibidos por Beulah Cooper, quien no solo les ofreció una cama para dormir y buena comida casera, sino que –según cuentan– fue además una buena compañía durante aquellos días de zozobra en que no tenían ninguna noticia sobre Kevin.

Vestirse de payaso

Solo cuando volvimos a Nueva York supimos que Kevin había muerto cuando la torre colapsó. Por eso no podemos olvidar el consuelo y el afecto que Beulah nos dio durante esos días en Gander”, dijo Hannah.

Ambiente festivo

Greg Seaward, actualmente funcionario del gobierno de Gander, recuerda que, a pesar de la atmósfera lúgubre que se sentía en el vecino Estados Unidos, durante esa semana en Gander se vivió un ambiente de fiesta, de música, de alegría.

“Las primeras horas fueron un reto para todos, pero a medida que pasaron los días, ver tanta gente en el pueblo hizo que se convirtiera en una especie de festival”, le dijo Seaward a BBC Mundo.

Del colegio se sacaron los instrumentos musicales y la gente ocupó las esquinas del pueblo para entonar varias melodías.

Varios vecinos hornearon tortas para celebrar el cumpleaños de los niños en el coliseo del colegio. Recuerdo que otros se disfrazaron de payasos y estuvieron en la fiesta”, detalló Seaward.

Colegios

Y añadió: “Éramos en ese entonces unas 9.000 personas en Gander y, de repente, por un evento que no esperaba nadie, ese microcosmos recibió 7.000 personas más. Fue algo tremendo”.

El adiós

Entre el 14 y 15 de septiembre la operación “Cinta Amarilla” (Yellow Ribbon Operation), como se había denominado a la orden de desviar los aviones hacia Canadá, se dio por finalizada y las aeronaves comenzaron el proceso de retomar su camino.

Fue un reto para nosotros, porque la mayoría de las aeronaves estaban estacionadas en la pista, pero de forma ordenada logramos crear un sistema para que todos los aviones salieran sin problemas”, explicó Higgs.

En pocas horas el pueblo se vació y de nuevo regresó al curso habitual de sus días. Pero todos sabían que algo extraordinario había pasado.

“Recuerdo que al poco tiempo vino a celebrar su matrimonio una pareja que se había conocido durante esa semana en Gander. Nos dijeron que lo que había pasado aquí nunca lo podrían olvidar”, narró Seaward.

Ataque Torres Gemelas

Y con el tiempo la hospitalidad de los habitantes de Gander se convirtió en leyenda: fue registrada en los principales diarios del mundo como The New York Times y el tema de la película “Diverted” (“Desviados”), estrenada en 2009.

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"Dijeron que si no nos callábamos nos violarían": testimonios de manifestantes en Irán

La BBC habló con iraníes detenidos por las fuerzas de seguridad durante las protestas que se desataron en todo el país.
28 de septiembre, 2022
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“Me pusieron en el suelo y un agente me colocó una bota en la espalda. Me pateó en el estómago, me ató las manos, me levantó de los brazos y luego me empujó a una camioneta”.

Maryam, una manifestante de 51 años, describió así el momento en que las fuerzas de seguridad iraníes la detuvieron.

La mujer fue arrestada la semana pasada en el centro de Teherán, durante las protestas que se han extendido por todo Irán desde la muerte el 16 de septiembre de Mahsa Amini, la joven de 22 años que fue detenida por la “policía moral” en la capital iraní el 13 de septiembre por presuntamente violar las estrictas reglas del hiyab (pañuelo que cubre la cabeza).

La policía sostiene que colapsó en un centro de detención después de sufrir un ataque al corazón, pero su familia alega que los agentes le golpearon la cabeza con una porra y la golpearon contra uno de sus vehículos.

Las protestas provocadas por su muerte, encabezadas principalmente por mujeres, comenzaron con demandas para poner fin a las leyes obligatorias sobre el hiyab.

Pero ahora se han convertido en manifestaciones a nivel nacional contra los líderes de Irán y todo el establecimiento clerical.

Comandantes “despiadados”

A pesar de la interrupción generalizada de internet, se han seguido publicando en las redes sociales videos de manifestantes arrestados por las fuerzas de seguridad iraníes.

“Es peor que lo que ves en estos videos”, dijo Maryam, que no es su nombre real.

“Escuché a uno de los comandantes ordenar a sus soldados que fueran despiadados. Las mujeres agentes son (igualmente) horribles. Una de ellas me abofeteó y me llamó espía israelí y prostituta”.

La BBC ha visto videos en los que se observa a los comandantes ordenando a los agentes de la policía antidisturbios que “no se apiaden de los manifestantes y les disparen”.

La lápida de Mahsa Amini

BBC
La lápida de Mahsa Amini apareció en las redes sociales.

Otros videos verificados por la BBC parecen mostrar a las fuerzas de seguridad disparando municiones reales a los manifestantes y arrestando a los que pueden atrapar.

Según los medios estatales, más de 40 personas han muerto durante los disturbios. Los grupos de derechos humanos reportan un número mayor de muertos.

Las autoridades no han compartido el número total de personas que han sido arrestadas.

Sin embargo, el fiscal jefe de Mazandaran, una provincia al norte de Teherán, dijo que al menos 450 manifestantes fueron detenidos solo allí.

Los grupos de derechos humanos dicen que miles de manifestantes están siendo detenidos.

“Empujé a un agente de seguridad hacia atrás y traté de huir, pero muy pronto llegó una segunda persona y una tercera”, cuenta Sam, un joven manifestante de una ciudad importante. “Después de unos segundos, más de 15 agentes me golpeaban sin piedad“.

Y agregó: “Sentí el sabor de la sangre en mi boca y los golpes de una pistola eléctrica en mi cuerpo. Me pusieron en el suelo, me ataron los brazos a la espalda y amarraron mis pies con los cordones de los zapatos”.

“Uno de los soldados me dio una patada en el ojo izquierdo mientras me llevaba (al lugar) donde tenían a los demás detenidos”.

Las “valientes” jóvenes

El presidente Ebrahim Raisi se comprometió a “tratar con decisión” las protestas, que ahora se han extendido a la mayoría de las 31 provincias de Irán.

Para muchos iraníes, Raisi está asociado con las ejecuciones masivas de miles de presos políticos en la década de 1980, cuando era uno de los cuatro jueces que formaban parte de tribunales secretos que los condenaban a muerte.

“Me pusieron a mí ya los otros detenidos en el piso de un autobús uno encima del otro durante una hora y media”, señala Sam.

“Estaba pensando en el papel de Raisi en la ejecución de los presos políticos, y por un momento pensé que podrían ejecutarme“.

Raisi ha insistido en que los ejecutados en la década de 1980 fueron condenados de acuerdo con la ley iraní.

Y aunque el presidente está a cargo en última instancia de la policía antidisturbios y otras fuerzas del orden, no hay evidencia de que les haya ordenado matar a las personas involucradas en las protestas de este mes.

Las mujeres han estado al frente de las protestas

Social media
Las mujeres han estado al frente de las protestas, y muchas se quitaron el hiyab o lo quemaron.

Maryam dijo que las personas detenidas junto a ella continuaron protestando mientras eran trasladadas a una de las principales instalaciones del Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica (CGRI).

“Había otras chicas conmigo en la camioneta, pero eran mucho más jóvenes”, dijo. “Cuando vi lo valientes que eran, me compuse. Comenzaron a ayudarme”.

“Estaban gritando y burlándose de los oficiales. Esta generación es diferente a la mía. No tienen miedo”.

Fotos y videos verificados por la BBC mostraban a los familiares de los manifestantes arrestados haciendo fila frente a la mal reputada prisión de Evin en el norte de Teherán.

Estaban esperando conocer información sobre los detenidos o presentar documentos para asegurar su libertad bajo fianza.

Una persona le dijo a la BBC que las autoridades les habían advertido que no hicieran público el arresto de su familiar “o su situación empeoraría”.

Las familias de los manifestantes arrestados esperando frente a un centro de detención

BBC
Familias de los manifestantes arrestados esperando frente a un centro de detención para recibir información sobre sus familiares.

Pero no todos fueron trasladados a los principales centros de detención. Muchos están recluidos en pequeñas comisarías e instalaciones del CGRI, muchas de los cuales son desconocidas para el público.

“Nos trasladaron a una pequeña comisaría. No estaban preparados para recibir a tanta gente”, le contó Maryam a la BBC. “Pusieron al menos a 60 mujeres, incluyéndome a mí, en una habitación pequeña. Estábamos de pie una al lado de la otra y no podíamos sentarnos ni movernos“.

“Dijeron que no podíamos usar el baño y que si teníamos hambre podíamos comer nuestras heces”.

“Después de casi un día, cuando gritamos y protestamos dentro de la habitación, comenzaron a amenazarnos con que si no nos callábamos, nos violarían”.

“Manteniendo el ánimo alto”

Otra mujer arrestada en una de las ciudades del sur de Irán le dijo a la BBC que mujeres agentes de seguridad habían hecho amenazas de agresión sexual.

“La agente que nos estaba registrando en el centro de detención preguntó mi nombre y me llamó prostituta”, dijo Fereshteh, que no es su nombre real.

“Cuando me quejé, ella dijo que si continuaba le pediría a uno de los hermanos (guardias masculinos de la prisión) que hiciera lo que quisiera (conmigo)”.

Behzad, un manifestante que estuvo arrestado en un importante centro de detención en Teherán, señala: “Mantuvieron a más de 80 personas en una pequeña habitación. Todos estábamos furiosos y doloridos”.

Confiscaron nuestros teléfonos móviles y revisaron nuestras fotos, videos y mensajes para ver si habíamos compartido alguna noticia de la protesta. Si era así, (dijeron que) la iban a agregar a nuestros archivos”.

“A la mañana siguiente, un juez vino a recibirnos. Retiraron los cargos y liberaron a la mayoría de los adolescentes”.

“Pero con los adultos el juez hizo preguntas breves y decidió nuestro destino con base en esa breve sesión judicial”.

Behzad dijo que alrededor del 10% de las personas con las que estuvo detenido fueron liberadas sin cargos, mientras que el resto fue liberado bajo fianza.

Otro manifestante que estuvo en custodia durante dos días en Teherán le dijo a la BBC que, a pesar de las “hostilidades”, los detenidos más jóvenes habían tratado de “mantener el ánimo en alto”.

“Estuve con manifestantes menores de 25 años. Algunos tenían sangre en la cara, pero estaban sonriendo, charlando y bromeando”.

“Uno de ellos me pidió que sonriera y agregó: ‘Salimos victoriosos porque tenemos razón'”.


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