Los mejores y los peores países para conectarse a Internet en 4G
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Los mejores y los peores países para conectarse a Internet en 4G

Latinoamérica no sale bien parada, lleva un gran retraso en implementar su red 4G… con una excepción: Uruguay, que se halla entre los países con más cobertura del mundo.
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Por BBC Mundo
28 de septiembre, 2015
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El nuevo método, mucho más barato que los sistemas de detección tradicionales, permitiría agilizar las tareas de prevención en zonas desfavorecidas. // Foto: Cuartoscuro

El nuevo método, mucho más barato que los sistemas de detección tradicionales, permitiría agilizar las tareas de prevención en zonas desfavorecidas. // Foto: Cuartoscuro

Tener Internet donde quiera que vayas se ha convertido en una obsesión. Pero ya no nos conformamos con usar celulares y tabletas para hablar o navegar: queremos ver videos, retransmisiones en directo y mil cosas más. En otras palabras: nuestros dispositivos están hambrientos de datos y conexiones de alta velocidad.

Y para eso llegaron las redes 4G en los últimos años, con el objetivo de satisfacer esa demanda sin necesitar wifi.

Sin embargo, no puede decirse que estemos ya globalmente en la era del 4G, como destaca un reciente informe de la consultora especializada OpenSignal.

Después de medir la cobertura y velocidad de dicha tecnología en más de 330.000 usuarios de 68 países, llegó a la conclusión de que mientras en unos países está perfectamente establecida, en otros “no pasa de un estado de adolescencia”.

Y Latinoamérica no sale bien parada, lleva un gran retraso en implementar su red 4G… con una excepción: Uruguay, que se halla entre los países con más cobertura del mundo.

Uruguay, entre los mejores

El informe de OpenSignal recoge tanto la extensión de cobertura en cada país como la velocidad media que proporciona la red 4G de cada uno.

En cuanto al grado de cobertura, estos son los seis países que cuentan con una red más extensa:

  • Corea del Sur: la red 4G cubre el 97% del territorio.
  • Japón: está disponible en un 90% del país.
  • Hong Kong: alcanza un 86%.
  • Kuwait: ofrece este servicio en un 86%.
  • Uruguay: empatado con Singapur, con una cobertura en el 84% del país.

Uruguay fue en 2011 uno de los pioneros en utilizar esta tecnología en América Latina y realmente significa una rareza en la región en esta materia.

El siguiente país latinoamericano que aparece en esta lista es Bolivia, que con una cobertura del 67% se sitúa en el puesto 23 de los 68 países analizados.

Perú y México ocupan los puestos 30 y 33 con cobertura en un 61% y un 60%, respectivamente.

Una cosa es la extensión de la cobertura de la red y otra la velocidad que proporciona. En este aspecto, estos son los países punteros:

Nueva Zelanda es tiene la red 4G más rápida del mundo al alcanzar los 36 megabits por segundo (Mbps).

Le siguen Singapur con 33 Mbps, Rumania con 30 Mbps, Corea del Sur con 29 Mpbs y Dinamarca con 26 Mbps.

El primer país de América Latina con la red 4G más veloz es República Dominicana, que con 17 Mbps ocupa el puesto 21 de los analizados. Le siguen Brasil, con 17, y Uruguay y Colombia con 15 Mbps.

Los peores

Es buena prueba de que esta tecnología aún va con gran retraso en América Latina el hecho de que varios países de la región están en lo más bajo de la lista.

Respecto al nivel de cobertura, el peor país de los analizados es Sri Lanka, con sólo un 38% del territorio.

El siguiente país por la cola es Ecuador, que al igual que Filipinas, sólo tiene redes 4G en un 39% del país.

El siguiente país entre los rezagados es también latinoamericano: Argentina, con un 42% de cobertura.

Costa Rica y Chile también se sitúan entre los peores. Con un 45% y 47%, ocupan los puestos séptimo y noveno por la cola.

En lo que a velocidad se refiere, hay varios países de América Latina tambiénentre los peores.

El país con menos velocidad es Costa Rica, que comparte este dudoso honor con Irán. Ambos con una velocidad media de 3 megabits por segundo.

Siguen Pakistán y Arabia Saudita con 4Mbps y, ya situados en el puesto quinto y octavo por la cola, otros dos latinoamericanos: Bolivia (6 Mbps) y Ecuador (8 Mbps).

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Especial

El campo sobrevivió a la crisis de COVID-19 gracias a cadenas colaborativas que impulsan el consumo local

Una de las razones por las que el campo mexicano no sufrió una caída como otros sectores es que, pese a la pandemia y el encierro, la generación de alimentos tuvo que seguir.
Especial
15 de octubre, 2020
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La crisis de salud desatada por la pandemia de COVID-19 y el freno a buena parte de las actividades económicas para evitar contagios trajo consigo una importante reducción en muchos indicadores económicos… en casi todos, menos los que tienen que ver con la actividad agropecuaria y de generación de alimentos. Mientras unos sectores económicos vieron caer sus cifras de exportaciones o porcentaje de aportación a la economía nacional, el sector que tiene que ver con la actividad en el campo se mantuvo a flote durante los meses más complicados para la economía en México.

Por ejemplo, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Producto Interno Bruto (PIB) del país cayó 10.1% en el primer semestre del 2020 producto de una reducción de 18.7% en este indicador para el periodo de los meses de abril, mayo y junio, cuando se dieron los días más severos del encierro y el paro de actividades en México.

En contraste, el PIB correspondiente a sector de actividades primarias, que incluye agricultura, cría y explotación de animales, aprovechamiento forestal pesca y caza registró un incremento de 0.2% en el primer semestre del 2020 y en el trimestre más severo de la epidemia solo reportó una reducción de 0.5%.

El sector secundario (que engloba a la industria) acumula una baja de 14.1% en el primer semestre de este año, y el terciario (servicios), de 8.5%.

Pero no es el único indicador que muestra cómo el campo ha podido sobrevivir a la crisis de salud y económica que atraviesa el país.

También las exportaciones agropecuarias reportaron un incremento en el periodo enero-agosto del 2020 con respecto al mismo periodo del año pasado. De hecho, solo la actividad agropecuaria y la extractiva (o minera) fueron las únicas que registraron un aumento.

En los primeros ocho meses del año, las exportaciones totales agropecuarias sumaron 12,628.3 millones de dólares lo que representa 4.1% más que lo registrado en el 2019, según datos del INEGI.

Para tener una idea de la importancia de este incremento, hay que decir que, por ejemplo, las exportaciones automotrices registran una caída de 28%; las petroleras, 37.1%, y en general el país tuvo una reducción de 16.6% en el monto total de exportaciones en el periodo enero-agosto de 2020.

Si bien una de las razones por las que el campo mexicano no sufrió una caída como otros sectores de la economía nacional es que, pese a la pandemia y el encierro, la generación de alimentos tuvo que seguir, también es cierto que otros factores influyeron en mantener a flote este sector.

OPORTUNIDADES Y BENEFICIOS

El potencial de la actividad agrícola en México da para que más de 5 millones de pequeños productores agropecuarios pueda verse beneficiados con la implementación de cadenas colaborativas, en las que los procesos se desarrollan de forma vinculada y organizada, permitiendo crear un círculo virtuoso en el que todos ganan.

Así lo consideró el Consejo Nacional Agropecuario, organismo que representa 75% del PIB agroalimentario y 75% de las exportaciones agroalimentarias, y que reconoce que en las últimas décadas, el sector ha logrado una mejor en sus procesos con el desarrollo de cadenas de valor más eficientes a fin de que los productos lleguen a los lugares más alejados con costos menores.

En estos procesos están involucrados además los puntos de venta, las comercializadoras, los transportistas y todo ellos son piezas clave para hacer posible que los alimentos lleguen hasta las mesas de los mexicanos. Pero el esfuerzo de ellos no serviría sin el trabajo de quienes cultivan y producen los insumos o materias primas.

De esta forma, prácticamente en todo México podemos consumir las manzanas que se producen en Chihuahua, el azúcar de caña de Veracruz y la leche de Jalisco, entre miles de productos que gracias a esta articulación pueden ser procesados y transportados en el país.

A pesar de las cifras positivas, la pandemia de COVID-19 representa un reto para quienes dependen de las actividades rurales y agropecuarias pues al contar con recursos limitados, los campesinos han visto afectada su producción y distribución.

“La integración es el factor clave en un sistema de cadenas colaborativas. A través de alianzas con los productores y las instancias gubernamentales, la industria es el facilitador e implementador que integra y genera beneficios para toda la cadena”, declaró José Cacho, vicepresidente de Cadenas Productivas del Consejo Nacional Agropecuario.

Foto: Especial

Y es que estas cadenas de valor, en las que participan industriales y prestadores de servicio, generan una diminución en costos y trayectos, al tiempo que impulsan el consumo local.

Uno de los principales actores en el desarrollo de estas cadenas de valor es la Industria Mexicana de Coca-Cola la cual, de la mano de instituciones gubernamentales y privadas integra prácticas de agricultura sustentable, con las que se logra mantener más de 100,000 empleos indirectos en el sector.

Actualmente, la IMCC invierte 18,500 millones de pesos en productos locales, esta cifra representa un incremento de 25% con respecto a lo que registró en 2018, según lo reporta el despacho de derecho y economía SAI. Estas acciones focalizadas construyen redes de personas y familias que, sin saberlo y sin conocerse, trabajan unas muy cerca de otras para dar continuidad a un esfuerzo colectivo que fortifica la economía de los pequeños productores, de los comercios locales y de México.

Junto con organismos empresariales, grupos transportistas y miembros de la industria de alimentos, la IMCC mantiene en implementación una cadena de valor que nunca termina, pues al crear un plan integral a largo plazo, en el que se suma a los productores locales, se generan miles de negocios redituables que permiten que todos ganen a través del trabajo conjunto.

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