Las trabajadoras del hogar ya tienen sindicato
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Las trabajadoras del hogar ya tienen sindicato

Actualmente al menos 35 trabajadores del hogar están registradas en este sindicato, el cual podría beneficiar a más de 2 millones de empleados.
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18 de septiembre, 2015
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Con este registro, CACEH celebra 15 años de la dignificación del trabajo del hogar. // Foto: CACEH

Con este registro, CACEH celebra 15 años de la dignificación del trabajo del hogar. // Foto: CACEH

Después de 15 años, el trabajo de Marcelina Bautista para ayudar a las trabajadoras del hogar en México se concretó este jueves 17 de septiembre con el registro del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal.

Actualmente al menos 35 trabajadoras del hogar están registradas en este sindicato, cuya creación fue aprobada el pasado 30 de agosto. Según el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH), el sindicato podría beneficiar a los más de 2.1 millones de trabajadoras y trabajadores del hogar en el país.

Cuando comenzó a organizar a las trabajadoras del hogar, Marcelina Bautista tenía algunos años de haber llegado a la ciudad de México e intentaba perfeccionar el español como su segundo idioma.

Fue el 10 de septiembre del 2000 cuando el CACEH inició sus funciones con el objetivo de proteger los derechos de los trabajadores del hogar.

infografia trabajadores domesticosAunque México carece de legislación que brinde garantías a quienes se dedican a trabajos del hogar, con la campaña Hogar justo hogar se pretende que los empleadores establezcan el convenio a través de un contrato laboral.

Esta iniciativa, impulsada en enero de este año por el CACEH busca que los empleadores y trabajadoras sostengan una relación laboral clara y no una basada en actos generosos o abusivos.

Estas son las condiciones que debe incluir:

• Lugar donde se realizará el trabajo
• Tipo de actividades que se llevarán a cabo.
• Remuneración. (Especificando la forma y regularidad con la que se va a realizar el pago).
• Horario de trabajo, que no debe sobrepasar ocho horas. Incluyendo a las trabajadores de planta.
• Días de descanso. Uno por cada seis días de trabajo y los días feriados por ley.
• Vacaciones. Seis días al cumplir un año de servicio, aumentando dos días por cada año siguiente hasta un máximo. de 12 días con goce de salario íntegro.
• Aguinaldo de 15 días de salario o su equivalente.

A diferencia de Uruguay, Costar Rica, Chile y cinco países más de América Latina, México aún no ha ratificado el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mediante el cual se comprometería a adecuar el marco legal para proteger los derechos de las trabajadoras del hogar.

Aunque el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se comprometió a ratificar el convenio, el 31 de marzo en 2014, hasta el momento no se ha concretado.

El documental “Día de descanso”, dirigido por Iván Uriel, cuenta la historia de muchas trabajadoras domésticas, los logros a nivel internacional como la aprobación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo ­­–aún pendiente de ratificar en México- o ser una organización fundadora en octubre de 2013 de la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar.

**Nota publicada el 17 de septiembre.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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