Miriam, 20 años de prisión por el homicidio de su bebé; su defensa acusa fallas en el proceso
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Cuartoscuro / Archivo

Miriam, 20 años de prisión por el homicidio de su bebé; su defensa acusa fallas en el proceso

Una fuerte caída provocó que una mujer guerrerense de 32 años tuviera un parto espontáneo. Por el golpe, su hijo recién nacido murió. Ahora, un ministerio público la acusa de homicidio y, por ello, lleva siete años en prisión. La defensa acusa irregularidades en el caso.
Cuartoscuro / Archivo
Por Nayeli Roldán
22 de septiembre, 2015
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Foto: Cuartoscuro / Archivo.

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Desde hace casi siete años, Miriam está encarcelada por el homicidio de su recién nacido, cuyo cuerpo –según las autoridades– presentaba tres puñaladas. Sin embargo, ni siquiera la una necropsia al cuerpo del bebé ha concluido cuál fue la causa de la muerte , luego del parto fortuito que tuvo su madre tras sufrir una caída.

De acuerdo con la defensa de la joven de 32 años, el proceso ha estado plagado de irregularidades porque no se han realizado peritajes para investigar las heridas en el cuerpo del bebé y no hay evidencia para culpar a Miriam. Incluso, testimonios confirman que cuando los familiares asistieron a la joven después del accidente, el recién nacido no tenía heridas, sino sólo un golpe que –como confirmó después la necropsia– originó una hemorragia que le causó la muerte.

Este caso es “emblemático” porque se trata de un ejemplo del “abuso de la prisión preventiva” en el sistema judicial en México, dijo José Luis Gutiérrez, director de Asistencia Legal por los Derechos Humanos A. C. (ASILEGAL), la organización encargada de la defensa.

Además, durante estos casi siete años han habido tácticas dilatorias que han violado el debido proceso, ya que la sentencia –según el Código Penal– debía dictarse en menos de dos años; sin embargo, el juez dictó la pena después de cuatro años de proceso, agregó el abogado Edgardo Calderón.

Calderón destacó el hecho de que no se han realizado los peritajes y no hay prueba científica que demuestre que un cuchillo hallado en la casa de Miriam sea el arma homicida, como ha considerado el Ministerio Público para incriminarla.

Miriam se encuentra en el Reclusorio de Las Cruces en Acapulco, Guerrero. ASILEGAL interpuso una apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Guerrero, por lo que esperan que el juez reconsidere el caso.

El juez la había sentenciado a 20 años de prisión, pero el equipo de abogados  consiguió que, dadas las irregularidades, ordenara la reposición del proceso, es decir y, por lo tanto, se invalida la sentencia. Eso significa que Miriam podría enfrentar el proceso en libertad, sin embargo, se encuentra en prisión preventiva.

Las irregularidades

El 25 de noviembre de 2008, Miriam estaba desorientada por la sangre que había perdido por el parto espontáneo que había sufrido al tener 30 semanas de gestación; apenas podía mantenerse consciente. Su cuñada Karina fue quien la encontró y vio al recién nacido en el suelo, aparentemente sin vida.

En su declaración ante el Ministerio Público, Karina aseguró que Miriam “negó en todo momento que ella estuviera embarazada, pero el niño que previamente yo había envuelto ya no respiraba, por tal motivo estaba muerto e incluso le pude observar un golpe a la altura de la cabeza, sin poder observar otro tipo de lesiones”.

Sin embargo, cuando el cuerpo del bebé fue entregado por sus familiares en el hospital, minutos después del accidente de Miriam, tenía tres puñaladas en el pulmón, el pecho y el ombligo.

Alma, hermana de Miriam, dijo en su declaración que vio cuando su hermana era trasladada al hospital: “junto con mi mamá pudimos observar al bebé, ya que lo descubrimos completamente, observándole incluso sus genitales, ya que nos dimos cuenta que era un varón, el cuerpecito del bebé estaba limpio completamente, no presentaba ninguna herida, sólo tenía un pequeño golpe en su cabeza”.

La necropsia realizada al producto determinó que la causa de la muerte fue una hemorragia y el golpe en la cabeza. Además, la placenta se desprendió prácticamente completa, lo que confirma el parto fortuito, explicó Calderón.

En el caso tampoco se tomó en cuenta que el cuerpo del bebé había sido manipulado, pues la cuñada de Miriam lo envolvió en una toalla, mientras que dos familiares más llevaron el cadáver al hospital en una tina.

Sin pruebas, insiste, se está acusando de homicidio a Miriam, quien sólo es víctima de un parto fortuito cuando tenía entre 30 y 36 semanas de gestación. Nunca se dio cuenta de su embarazo porque tuvo periodos menstruales regulares y no tuvo crecimiento del vientre. Meses antes tuvo malestares en el estómago, pero le diagnosticaron gastritis.

No hubo testigos presenciales del accidente de Miriam ni un señalamiento directo en su contra; sin embargo, el juez del Juzgado Noveno de Primera Instancia condenó a Miriam por homicidio calificado “en agravio de recién nacido”; este último concepto ni siquiera está tipificado sino que significa una forma más de agravio contra la joven, dice el abogado.

A ello se suma la estrategia dilatoria que incluye la emisión de citatorios para testigos en domicilios inexistentes que lograron alargar el proceso durante tres años; además, dichas declaraciones eran irrelevantes para el caso pero aún así el juez los solicitaba.

De acuerdo con ASILEGAL, Miriam fue vulnerada en sus derechos reproductivos porque tras el parto fortuito, “fue discriminada” tanto en la institución de salud, violencia obstétrica, así como en la Institución impartidora de justicia.

“En el proceso, se valoran como prueba circunstanciada el cúmulo de testimonios y careos que versan no sobre la conducta del tipo penal, sino más bien, sobre el hecho de que Miriam sabía o no que estaba embarazada. Claramente Miriam es sometida a una serie de violaciones de sus Derechos Humanos derivado de haber sufrido un parto fortuito”, concluye el análisis del caso.

Además, Blanca, la madre de Miriam, asegura que el día del accidente, la familia de Lenin pagó 50 mil pesos para que lo deslindaran de cualquier responsabilidad y como ella no tuvo esa cantidad, acusaron solo a la joven.

Separada de su hijo

En noviembre de 2008, cuando Miriam tuvo el parto espontáneo vivía con Lenin, con quien tenía un hijo de 2 años. Desde que fue encarcelada no ha vuelto a ver a su hijo. Su expareja le ha impedido el contacto con ella y toda su familia. Incluso, Blanca, madre de Miriam, tuvo que interponer un juicio civil para convivir con su nieto.

La jueza le concedió a la abuela un permiso para ver al niño los sábados durante dos horas en un espacio gubernamental.  El niño, actualmente de nueve años, pregunta por su madre, pero no la recuerda y nadie le ha dicho en dónde se encuentra. “Sólo le digo que vive en otra colonia, pero que lo quiere y lo extraña”, dice Blanca.

Ella es la única que ha luchado por la libertad de Miriam y, con su pensión como maestra jubilada, ha solventado los gastos de reclusión. Cada semana gasta 900 pesos entre la despensa y el dinero en efectivo que le deja en cada visita. Y ha tenido que tocar muchas puertas para que los abogados tomen el caso y los jueces valoren correctamente el proceso.

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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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