Por tener una pareja del mismo sexo, le niegan la custodia de su hijo
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Nayeli Roldán

Por tener una pareja del mismo sexo, le niegan la custodia de su hijo

Rocío ha tenido que librar un juicio por la custodia de su hijo Dani, de siete años, pero también una batalla contra la discriminación por tener una pareja del mismo sexo, factor determinante para que la jueza Paula Eva Hernández Granados otorgara la patria potestad a Agustín, el padre.
Nayeli Roldán
Por Nayeli Roldán
14 de septiembre, 2015
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Foto: Nayeli Roldán

Foto: Nayeli Roldán

En el Estado de México, Rocío no sólo ha tenido que librar un juicio por la custodia de su hijo Dani, de siete años, sino también una batalla contra la discriminación por tener una pareja del mismo sexo, factor que fue determinante para que la jueza Paula Eva Hernández Granados otorgara la patria potestad al padre del niño.

El argumento de la jueza fue que el padre, Agustín, tiene “mayores elementos psicológicos” para criar al niño, mientras que la convivencia con Rocío y su pareja podría resultar “en perjuicio del sano desarrollo del menor y de la propia sociedad”.

“Aquí no están peleando la guardia y custodia de mi hijo, están peleando mi relación, pero no tienen por qué discriminar a nadie. Me siento más capaz que nunca”, dijo en entrevista Rocío Santos, de 25 años, quien vive con Laura desde hace dos años. Ambas esperan que en el siguiente proceso, la ley se aplique con base en pruebas y no en prejuicios.

Después de la sentencia de la jueza Hernández Granados que le quitó la patria potestad, el proceso de apelación está en manos del magistrado Enrique Vega Gómez, del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México.

Violencia intrafamiliar 

La batalla comenzó en 2012, cuando Rocío decidió buscar empleo porque el dinero que Agustín ganaba, trabajando como albañil por temporadas, era insuficiente para los tres. Ni siquiera habían podido independizarse y continuaban viviendo en la casa de los padres de él.

Ella consiguió empleo en una tortillería. A pesar de que durante su jornada laboral estaba con su hijo, el padre le reclamaba que estuviera fuera de casa. Y, como había sucedido durante toda su relación, la golpeaba. Después de una discusión, cuando regresó de trabajar, Agustín sacó su ropa a la calle; entonces Rocío, junto con su hijo, regresó a vivir con su madre e interpuso una denuncia por maltrato.

Dani tenía cuatro años y vio a su padre frecuentemente durante seis meses. En ese periodo, Rocío y Laura comenzaron una relación. Cuando Agustín se enteró, la violencia llegó al extremo de que Agustín fue a su trabajo y la amenazó con un arma de fuego para que regresara con él.

Rocío pensaba que el niño debía mantener contacto con su padre aunque ya no vivieran juntos, y fue así que el el 28 de agosto de 2014 accedió a dejarlo con él una semana. “Confié en él y se lo presté”, narró Rocío.

El 1 de septiembre, después de varios intentos para que le entregara al niño, la madre interpuso una demanda para conseguir la patria potestad en el Juzgado Octavo con sede en Tlanepantla, Estado de México. Al llegar, lo primero que le dijeron es que el padre tenía todo el derecho de llevárselo y que la mejor opción era que “robara” al niño. “¿Cómo me lo voy a robar si para eso está la ley?”, dijo. Le asignaron un abogado de oficio para iniciar con el proceso.

Violencia institucional, la constante

El abogado asignado por el Instituto de Defensoría Pública del Estado de México, adscrito al Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, sólo presentó tres documentos como “pruebas” para el juicio (acta de nacimiento y CURP del niño, comprobante de domicilio) y dos testigos.

Durante el proceso, Agustín acusó a la madre de ser drogadicta, de vivir en la calle y no tener dinero suficiente para mantener al niño, además que su relación homosexual podría afectar a su hijo.

Sin embargo, Rocío y Laura habían cuidado del niño durante poco más de un año. Tenían los registros de su asistencia a la escuela, de los cuidados médicos y podían comprobar que su casa tenía las condiciones necesarias para que el niño viviera con ellas, pero nada de eso fue presentado como prueba por el abogado.

Por ello, ambas acudieron a EDNICA (Educación con Niños, Niñas, Adolescentes y Jóvenes en Situación de Calle), organización que Laura conocía desde hacía tiempo. José Serrato, del área jurídica comenzó a revisar el caso, y el defensor de oficio abandonó el proceso. “Si tienen dinero para pagar un abogado, ya no las puedo representar”, le dijo a Rocío.

Durante el juicio, la jueza ordenó un estudio psicológico aplicado por un perito del sistema judicial mexiquense. En él se determinó que el niño presenta “dificultades para comprender la separación de sus padres así como la relación entre su madre con su pareja Laura y el rol que juega cada uno en su núcleo familiar”. El examen psicológico de Agustín contiene sólo sus dichos, pero ninguna valoración sobre su comportamiento violento contra Rocío durante y después de su relación.

Con estos elementos, la jueza Hernández Granados determinó darle la custodia a Agustín porque “se debe procurar los cuidados y la asistencia que el menor requiere para lograr un crecimiento y un desarrollo pleno dentro de un ambiente familiar y social que no afecte su situación emocional”, dice la sentencia.

Asimismo, decidió que el niño podría ver a su madre sólo sábados y domingos, entre las 9 y 21 horas. Esto hasta que Rocío tenga un cuarto independiente para el niño, ya que al permitirle que duerma en la misma habitación con su madre y su pareja “puede ser en perjuicio del sano desarrollo del menor y de la propia sociedad”. Además, la madre tiene que pagar una pensión alimenticia de mil pesos al mes, pese a que ella gana 2 mil 800 pesos mensuales.

“La jueza condenó mal porque se consideró a la madre como inviable para cuidar al niño por su condición de homosexualidad”, aseguró el abogado de EDNICA, José Serratos.

Se trata, dice, de un caso con una constante “violencia institucional” que comenzó  con el abogado de oficio que terminó abandonando el caso, el perito en psicología que hizo valoraciones dispersas y la jueza que tomó como verdad los dichos de Agustín y no atrajo más pruebas para valorar la situación de la madre.

La decisión, además, contraviene la jurisprudencia establecida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que falló para que parejas del mismo sexo pudieran adoptar hijos porque se toma el bien del menor como interés jurídico.

Otra agresión es que la jueza obliga a Rocío a visitar a su hijo en casa del padre, es decir “de su agresor”, lo que contradice la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, precisa el abogado.

Lourdes Carrera, directora de comunicación social de EDNICA, asegura que este es un caso donde el bien superior del niño “debe estar por delante para tomar una decisión” y eso es lo que debería privar en la decisión del magistrado.

Mientras Rocío espera la resolución del magistrado Vega Gómez, su caso está en la plataforma de Change para sumar firmas en su apoyo.

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Kamala Harris: quién es la senadora que hace historia al convertirse en la primera vicepresidenta de EU

Kamala Harris, de 55 años de edad, llegó al senado tras ser fiscal general en California, donde empezó a ser considerada como una estrella ascendente en las filas del Partido Demócrata.
7 de noviembre, 2020
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La californiana Kamala Harris acaba de lograr un hito histórico: ser la primera mujer en ganar la elección para convertirse en vicepresidenta de Estados Unidos.

Con la victoria de Joe Biden en las elecciones del 3 de noviembre, Harris será a partir del próximo enero la número dos del gobierno estadounidense.

Senadora de 55 años de edad, sus años como fiscal general de California la convirtieron en una figura emergente del Partido Demócrata.

Ahora, además de ser la primera mujer en ocupar este cargo, Harris es la primera vicepresidenta negra y de ascendencia asiática.

¿Quién es Kamala Harris?

La política demócrata nació en Oakland, California, en una familia de inmigrantes: una madre originaria de India y un padre nacido en Jamaica.

Kamala Harris

Getty Images
La flamante vicepresidencia Harris se convierte en una de las figuras más importantes del Partido Demócrata.

Tras el divorcio de sus padres, Harris fue criada principalmente por su madre, que profesaba la religión hindú y era una investigadora especializada en el cáncer de mama y activista de derechos civiles.

Harris creció ligada estrechamente a su herencia en el sur de Asia, acompañando a su madre en sus visitas a India.

No obstante, la californiana ha subrayado que su madre adoptó la cultura afroestadounidense de Oakland, sumergiendo en ella a sus dos hijas, Kamala y su hermana menor, Maya.

“Mi madre siempre entendió muy bien que estaba criando a dos hijas negras”, escribió Harris en su autobiografía The Truths We Hold.

“Sabía que su país de adopción nos vería a Maya y a mí como niñas negras y estaba decidida a asegurarse que nos convertiríamos en mujeres negras orgullosas y con confianza en nosotras mismas“.

Kamala Harris

Getty Images
Harris tiene familia de India y Jamaica.

Harris estudió en la Universidad Howard, uno de los prominentes e históricos centros afroestadounidenses de estudios superiores del país, algo que ella describió entre las experiencias más formativas de su vida.

La destacada política asegura que siempre ha estado cómoda con su identidad y se describe a sí misma como “estadounidense”.

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BBC

Kamala Devi Harris

  • Nació el 10 de octubre de 1964 en Oakland, California.
  • Residencia actual: entre Los Ángeles y Washington.
  • Su madre, Shyamala Gopalan, fue una científica especializada en cáncer de mama que emigró de India en los años 60 para estudiar un Doctorado en Endocrinología en la Universidad de California Berkeley. Murió en 2009.
  • Su padre, Donald Harris, nació en Jamaica y fue catedrático de la Universidad de Stanford. Se retiró en 1998.
  • Tiene una hermana: Maya Harris, que trabajó para la campaña de Hillary Clinton.
  • Kamala se casó en 2014 con Douglas Emhoff, socio en DLA Piper y quien se dedica a la abogacía en la industria mediática y del entretenimiento.
  • Tiene dos hijastros: Cole y Ella Emhoff.
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BBC

En 2019, consideró en declaraciones al diario The Washington Post que no se debería encajar a los políticos en compartimentos según su color o su historial.

“Mi punto era: yo soy quien soy. Y me siento bien con eso. Quizá tú tengas que descifrarme, pero a mí me parece bien”.

La ley y el orden

Tras cuatro años en Howard, Harris se trasladó a la Universidad de California-Hastings, para conseguir un título en Derecho y empezar su carrera en la Oficina del Fiscal de Distrito del condado de Alameda.

Se convirtió en fiscal de distrito -el máximo puesto en esa área- de San Francisco en 2003, antes de lograr ser la primera mujer y la primera mujer negra en ganar el puesto de fiscal general de California, el principal abogado y funcionario encargado del cumplimiento de la ley en el estado más poblado del país.

Senadora Kamala Harris.

Getty Images
Harris no deja de acumular hitos: fue también la primera mujer y la primera mujer negra en lograr el puesto de fiscal general de California.

En sus cerca de dos mandatos en ese cargo, Harris se ganó la reputación de estrella ascendente del Partido Demócrata, lo que le impulsó para convertirse en senadora por California en 2017.

Incisiva y rigurosa en los interrogatorios

Harris anunció oficialmente el lanzamiento de su campaña al Senado en enero de 2015, en la que se enfrentó y derrotó en las primerias a un peso pesado del Partido: el exalcalde de Los Ángeles Antonio Villaraigosa.

En las elecciones de noviembre de 2016, consiguió su escaño con una abrumadora mayoría. Después de su victoria, prometió proteger a los inmigrantes de las políticas del entonces presidente electo Donald Trump y para ello permaneció en el cargo de fiscal general hasta finales de 2016.

Desde su llegada al Senado, la exfiscal general se granjeó el apoyo de los progresistas por su rigurosa e incisiva forma de interrogar a los nominados del presidente para distintos cargos, en especial durante las audiencias para la confirmación de Brett Kavanaugh como magistrado de la Corte Suprema o la de William Barr como fiscal general de Estados Unidos.

Amy Coney Barrett en la audiencia para su confirmación para la Corte Suprema

EPA
Kamala Harris se granjeó una reputación de incisiva interrogadora por su actitud durante las audiencias para cargos nominados por el presidente.

No en vano, Harris es considerada como una de las interrogadoras más implacables del Congreso.

Una reputación que volvió a hacerse patente durante el reciente proceso de confirmación de la jueza Amy Coney Barrett para la Corte Suprema.

Aspiraciones a la Casa Blanca

Cuando lanzó su candidatura a la presidencia ante más de 20.000 seguidores en Oakland el año pasado, inmediatamente se convirtió en una de las favoritas.

Pero a medida que se adentró en la carrera, Harris no logró articular una base sólida para su campaña, ofreciendo respuestas confusas sobre temas cruciales como el sistema sanitario.

También sacó ventaja del gran punto fuerte de su candidatura: su gran habilidad en los debates, pese a demostrar su experiencia como exfiscal, a menudo poniendo a Biden contra las cuerdas.

El enfrentamiento más duro entre ambos se dio en el primer debate de las primarias, en el que Harris le reprochó a Biden algunas posiciones pasadas sobre cuestiones raciales.

Kamala Harris y Joe Biden en un acto de campaña.

Getty Images
Harris anunció su apoyo a la candidatura de Biden dos meses después de que pusiera fin a sus propias aspiraciones presidenciales.

La demócrata de California trató de mantenerse en la fina línea entre el ala progresista y moderada del partido, pero acabó sin llamar la atención de ninguno de estos bandos, poniendo fin a su candidatura en diciembre, incluso antes de las primeras votaciones.

En marzo, Harris ofreció su apoyo al exvicepresidente Biden, asegurando que haría “todo en su poder para ayudarle a convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos”.

El hecho de que Biden la escogiera como compañera de fórmula demostró que aquellos choques iniciales quedaron atrás.

“La policía”

Su breve campaña a la presidencia puso el foco en su historial como principal fiscal de California.

Pese a sus inclinaciones más izquierdistas en asuntos como el matrimonio homosexual o la pena capital, Harris se enfrentó a repetidos ataques por no ser lo suficientemente progresista, y fue el blanco de un devastador artículo de opinión de la catedrática de Derecho de la Universidad de San Francisco Lara Bazelon.

Joe Biden y Kamala Harris.

Getty Images
Harris se describió a sí misma como “la fiscal progresista”.

Escrito al principio de la campaña de Harris, la profesora consideró que la candidata había evitado en gran medida las batallas progresistas que estuvieran relacionadas con asuntos como la reforma policial, las drogas o las condenas injustas.

Harris, que se describió a sí misma como “la fiscal progresista”, trató de enfatizar las partes de su legado de tendencia más progresista, como requerir a algunos agentes especiales del Departamento de Justicia de California que portaran cámaras corporales -el primer estado en usarlas- o lanzar una base de datos que ofreció acceso al público a estadísticas sobre crimen.

Pero sus esfuerzos no consiguieron el apoyo esperado.

“Kamala es la policía” se convirtió en una frase habitual en las primarias demócratas, lo que se convirtió en un obstáculo en sus intentos de ganarse a la base más liberal del partido.

Con las actuales tensiones raciales en el país, además, ha crecido el escrutinio sobre los casos de supuesta brutalidad policial y Harris ha tomado un rol destacado, utilizando su plataforma para amplificar las voces más progresistas.

Kamala Harris

Getty Images
Harris ha tomado un rol destacado, utilizando su altavoz para amplificar las voces más progresistas.

En intervenciones de televisión, Harris ha pedido cambios de las prácticas policiales en todo Estados Unidos; en Twitter, ha abogado por la detención de los agentes que mataron a Breonna Taylor, una mujer afroestadounidense de 26 años de Kentucky; y suele hablar con frecuencia de la necesidad de desmantelar el racismo sistémico en el país.

En cuanto a la controvertida apuesta por “retirar la financiación” de la policía para derivar los fondos a programas sociales -un planteamiento al que se opone Biden-, Harris suele contestar con evasivas, pidiendo en su lugar “reinventar” el concepto de seguridad pública.

Harris ha considerado a menudo que su identidad la sitúa en una posición idónea para representar a aquellos en los márgenes de la sociedad.

Al llegar a la Casa Blanca, tendrá la oportunidad de demostrarlo.


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