Taxistas que sobrevivieron al ataque en Iguala refutan la “verdad histórica” de PGR
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Foto: Cuartoscuro

Taxistas que sobrevivieron al ataque en Iguala refutan la “verdad histórica” de PGR

Según PGR, los futbolistas del equipo Avispones y los tripulantes de dos taxis fueron acribillados por policías municipales que circulaban por la vía principal de Iguala a bordo de dos patrullas, quienes abrieron fuego contra sus vehículos al confundirlos con los normalistas a los que perseguían. Sin embargo, los sobrevivientes descartaron esta versión y aseguraron que se trató de una emboscada planificada.
Foto: Cuartoscuro
Por Paris Martínez
23 de septiembre, 2015
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La “verdad histórica” de la Procuraduría General de la República (PGR) sobre los hechos del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, no sólo tiene inconsistencias y debilidades en torno a la forma en que supuestamente fueron secuestrados, asesinados y calcinados los 43 normalistas de Ayotzinapa, sino también acerca de los ataques con arma de fuego que perpetraron fuerzas de seguridad en contra de la población civil que intentaba salir de la ciudad.

Según la versión de la PGR, los futbolistas del equipo Avispones y los tripulantes de dos taxis fueron acribillados por policías municipales que circulaban por la vía principal de Iguala a bordo de dos patrullas, quienes abrieron fuego contra sus vehículos al confundirlos con los normalistas a los que perseguían.

Sin embargo, sobrevivientes de este ataque descartaron que la agresión fuera accidental, producto de una supuesta confusión, y aseguraron que, por el contrario, se trató de una emboscada planificada, dirigida conscientemente contra la población civil no relacionada con la presencia de normalistas en Iguala.

Según Aureliano García y Enrique Hernández –conductores de los dos taxis atacados frente al Palacio de Justicia municipal–, la agresión no fue realizada por los tripulantes de dos patrullas que circulaban por la vía principal de Iguala, como afirma la PGR, sino por tiradores parapetados previamente a ambos costados de la carretera, ocultos entre los arbustos, quienes actuaron de forma coordinada, disparando desde distintos puntos de la carretera.

El ataque del que fueron víctimas estos conductores fue denominado por la PGR como “Tercer evento” de la “verdad histórica” –dada a conocer por el exprocurador Jesús Murillo Karam–, el cual, según la versión de las autoridades, inició a las 23:20 horas (es decir, luego de que ya se habían consumado distintas agresiones contra alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa esa misma noche).

A decir de la PGR, este “Tercer evento” se dio cuando “policías (a bordo de dos patrullas) buscaban a estudiantes sobre la vía principal (del municipio) y detectan un camión Volvo gris, placas 434 RK9, de la empresa Castro Torus, que era ocupado por el equipo de futbol Avispones de Chilpancingo, disparándole sin mediar palabra, matando a dos tripulantes, (mientras que) balas perdidas matan a un civil más que circulaba a bordo de un taxi”.

La persona que falleció iba a bordo del taxi que conducía el señor Enrique Hernández y, según su testimonio, el ataque no inició cuando pasó por la zona el autobús de los Avispones, sino varios minutos antes, cuando los agresores comenzaron a disparar contra todo vehículo particular que intentaba salir de Iguala.

“A nosotros nos dispararon antes que los Avispones llegaran ahí –afirma el taxista, quien recibió un disparo de arma larga en el hombro, mientras que su pasajera fue impactada en el rostro–. Pasaban de las 11 de la noche, y esa (el Palacio de Justicia de Iguala) es una zona muy oscura, no hay iluminación, y los atacantes se cobijaron en la oscuridad de la noche. Estaban emboscados en la carretera, esperando en los costados, para atacar desde ahí… mi carro tuvo tiros por todos los ángulos, entonces sí, yo creo que ya estaban ahí, esperando para atacar”.

El taxi de Enrique recibió 50 disparos en todos los ángulos de su carrocería, a pesar de que nunca se cruzó con las dos patrullas que supuestamente perpetraron la agresión.

¿El ataque no inició desde patrullas, directamente contra los Avispones, sino que era desde los arbustos, y generalizado contra los vehículos de la zona?

Así es, tu servidor, junto con la señora que iba en el taxi, llegamos antes que los Avispones. Inclusive, luego de que nos dispararon, yo salí del auto, e intenté parar algún vehículo que viniera pasando, y fue cuando vi que se acercaba el autobús de los futbolistas. Yo les hice señas para que se detuvieran, les grité pidiendo auxilio, pero el autobús no se detuvo, casi me arrolló, y se siguió derecho… entonces yo corrí de vuelta al taxi y ayudé a salir a la señora, que estaba en el asiento trasero. Ella se desplomó en el pavimento, moviendo la cabeza, como diciéndome que no podía caminar, y entonces se escuchan los disparos, que eran ahora sí para parar el camión (de los Avispones), les dispararon una serie de ráfagas, y yo no tuve otra opción que correr, para poder salvar mi vida, y la señora quedó en el asfalto.

Aureliano García, otro taxista que también circulaba por la salida de Iguala, confirma esta versión.

“Iba yo por la carretera –asegura– y no me dispararon desde la avenida (como señala la “verdad histórica”) sino que me dispararon desde unos bordos que están al lado de la carretera. Ahí me dispararon primero, pero yo seguí avanzando, quizás 20 o 30 metros más, y entonces, del borde de la carretera, me salieron otras personas, que estaban escondidas en la maleza, y me empezaron a disparar nuevamente, pero ahora de frente”.

Debido a la oscuridad y a los reflejos a contraluz que generaron los disparos de arma de fuego, Aureliano, al igual que Enrique, no pudo distinguir si sus atacantes eran integrantes de alguna corporación de seguridad pública, pero sí pudo distinguir claramente que estos estaban previamente dispuestos a los costados de la carretera, desde distintos puntos de ataque, y que éste fue perpetrado por varios grupos de tiradores, repartidos a lo largo del camino.

“Cuando comenzaron a dispararme de frente, yo ya no pude avanzar, porque el carro quedó prácticamente destrozado, lo único que pude hacer fue abrazar a la pasajera (que venía en el asiento del copiloto) para cubrirla de los disparos, y luego le abrí la puerta de su lado, para que se saliera… ella y su acompañante, que venía en el asiento de atrás, salieron corriendo, pero yo no pude seguirlos.”

Aureliano recibió dos disparos en las piernas: uno en la espinilla izquierda y otro en el tobillo derecho, que le fracturó tibia y peroné.

“Yo creo que fue el instinto de sobrevivencia, la desesperación, no sé, lo que me hizo salir del carro, brincando con un solo pie (sobre la pierna que recibió el disparo en la espinilla), intenté correr, pero sólo llegué al filo de la carretera, ahí caí y ya no pude avanzar más, y me escondí en un espino, y desde ahí estuve escuchando cómo le disparaban a más carros.”

–¿Eso ocurrió antes de que atacaran a los Avispones?

–Sí, la balacera no inició cuando pasaron los del equipo de futbol, sino tiempo antes. Yo estuve escondido en ese espino varios minutos, escuchando cómo le disparaban a los carros que pasaban y, de hecho, el último al que atacaron fue al autobús de los Avispones.

Así, según los testigos y sobrevivientes, este ataque no fue realizado desde la vialidad por dos patrullas que fortuitamente se cruzaron con un autobús a cuyos tripulantes confundieron con normalistas, sino que fue planificado previamente, dirigido de forma consciente contra población que nada tenía que ver con la presencia de los estudiantes de Ayotzinapa en Iguala, y coordinado por varios grupos de tiradores.

Hay un punto más del testimonio de los sobrevivientes que contradice la “verdad histórica”.

Según la PGR, los policías que dispararon contra los Avispones cesaron su ataque “al percatarse de su error”, por lo que “la policía solicitó servicios de emergencia para atender a estas personas”.

Sin embargo, Aureliano niega esta versión tajantemente: “Luego de que dispararon varias veces contra el autobús, yo pude escuchar cómo les gritaban a los futbolistas que salieran del vehículo, les empezaron a gritar, insultándolos, y siguieron disparando, pero no pudieron sacar a nadie porque la puerta del autobús se quedó trabada… entonces, los atacantes simplemente se fueron, y ahí quedamos todas las personas que fuimos agredidas”.

¿Por qué cambiar los hechos?

El ataque perpetrado el 26 de septiembre frente al Palacio de Justicia de Iguala quedó inicialmente relegado en el análisis de los hechos, debido a que la atención se centró en lo que ocurrió al otro extremo de la ciudad, en Periférico Norte y avenida Juan N. Álvarez, donde según la PGR fueron secuestrados los 43 normalistas de Ayotzinapa, que permanecen desaparecidos desde esa noche.

Sin embargo, la necesidad de aclarar y comprender los hechos que se desarrollaron frente al Palacio de Justicia cobró nueva relevancia luego de que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes –enviado a México por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)– descubriera evidencias de que en las agresiones en este lugar no sólo participaron policías municipales, sino también policías estatales y federales.

El Grupo de Expertos, además, comprobó que en ese mismo punto estuvo presente personal del Ejército cuando los ataques eran perpetrados, sin que esta dependencia hiciera nada por auxiliar a los civiles que eran atacados.

Esclarecer los hechos ocurridos frente al Palacio de Justicia permitiría determinar si en las agresiones ocurridas en Iguala tienen responsabilidad directa no sólo corporaciones de seguridad pública municipales, sino también instituciones estatales y federales, lo cual ha sido negado sistemáticamente por la PGR.

Tal como concluyó el Grupo de Expertos, frente al Palacio de Justicia de Iguala fueron realizadas distintas agresiones contra civiles, coordinadas por policías de los tres órdenes.

Primero, policías municipales, estatales y federales detuvieron ahí un autobús con entre 10 y 15 normalistas, los cuales fueron desaparecidos.

Luego, en una segunda acción, agentes de estas tres corporaciones detuvieron en ese mismo punto a un segundo autobús con normalistas, los cuales lograron huir, abandonando el vehículo.

La existencia de este autobús fue omitida por las autoridades en su “verdad histórica”, sin que hasta la fecha haya aclarado esta irregularidad en la investigación.

Según la hipótesis del Grupo de Expertos, los autores del ataque intentaban proteger un cargamento de droga oculto en ese autobús, mismo que los estudiantes de Ayotzinapa habían abordado, sin saber su carga oculta.

En la averiguación previa de la PGR existe una declaración firmada por el chofer de este autobús, en la cual reconoce plenamente a sus agresores como agentes federales, estatales y municipales.

Pocos minutos después de que en este punto se denunciara la acción coordinada de estos tres corporativos policiacos, según la versión de los sobrevivientes, fue cuando se dio la última agresión: la emboscada de hombres armados, divididos en distintos grupos y dispuestos a lo largo de la carretera, en la que fueron baleados los taxis de Aureliano y Enrique, así como el autobús de los Avispones.

Sobre todos estos hechos se tiene también comprobada la existencia de un video de seguridad captado por las cámaras de vigilancia del Palacio de Justicia de Iguala, el cual permitiría comprobar los testimonios de los sobrevivientes (incluido el del chofer que confirmó la participación activa de policías estatales federales). Sin embargo, tal como denunció el Grupo de Expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, este video se encuentra hasta la fecha extraviado.

Epílogo: abandono de víctimas

Según la “verdad histórica”, Aureliano y Enrique fueron atacados por fuerzas de seguridad pública, y en un supuesto reconocimiento de responsabilidad, las autoridades estatales y federales les hicieron todo tipo de promesas de atención: una indemnización por los daños sufridos en su persona y en sus propiedades; una casa para cada uno; becas de por vida para todos sus hijos en edad escolar; apoyos productivos para que pudieran emprender un negocio; una concesión de taxi; e incluso a Aureliano le ofrecieron una pensión vitalicia de 15 mil pesos, debido a que sus lesiones le impiden retomar su actividad laboral.

Nada de ello, sin embargo, ha sido cumplido.

La pensión “vitalicia” para Aureliano sólo duró tres meses, y luego se la redujeron a 5 mil pesos.

–¿Con ese dinero, alcanza usted a cubrir sus necesidades, y las de su familia?

–Claro que no… yo sufrí fractura múltiple en ambos huesos de la pierna, tibia y peroné, tengo una placa que me sostiene los huesos, pero aún así, no puedo caminar bien, pasé diez meses sin poder andar, y ahora camino con bastón, pero con mucho dolor… esto te lo cuento porque para cobrar esos 5 mil pesos tengo que ir hasta Chilpancingo, y para ir a esa ciudad tengo que tomar un taxi particular, que me lleve y me traiga, porque no puedo permanecer con la pierna doblada. Ese taxi me cobra mil pesos, así que de lo que recibo, inmediatamente tengo que pagar una quinta parte; de lo que me sobra, pago mil 500 pesos de renta, conservo mil pesos para vivir con eso todo el mes, y el resto se lo entrego a la mamá de mis tres hijas. Y por supuesto ese dinero no les alcanza a ellas para cubrir sus necesidades de estudio, de alimentación, de salud…

Enrique, por su parte, tuvo la suerte de que su lesión sanó favorablemente. “Puedo llevar una vida casi normal, puedo trabajar”, dice, pero la indemnización por los daños que el ataque de las fuerzas de seguridad pública le causó quedó en promesa.

Sólo recibió un apoyo: una donación del gobierno estatal para que pudiera comprar un auto usado y acondicionarlo como taxi.

Esa es toda la reparación del daño que les han cumplido.

Además, Aureliano y Enrique no han sido informados sobre el proceso emprendido por las autoridades para sancionar a sus atacantes.

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5 de mayo: claves para entender la relación de 'amor y odio' entre México y EU

Históricamente, la relación entre mexicanos y estadounidenses ha sido muy contrastante, tanto de admiración, como de rechazo. ¿A qué se debe?
5 de mayo, 2021
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Cada 5 de mayo, los estadounidenses celebran a México.

Una fecha que en el país latinoamericano no causa expectación, e incluso pasa desapercibida, en Estados Unidos es motivo para deleitarse con comida mexicana, ponerse sombrero y bigotes falsos. Y con una margarita en mano brindan por su vecino del sur.

La fecha marca el triunfo del ejército mexicano sobre los invasores franceses en la Batalla de Puebla, el 5 de mayo de 1862.

Y no es raro encontrar a estadounidenses -incluso latinos- que piensan que el Cinco de Mayo, como le llaman, es el día de la Independencia mexicana (en realidad es el 16 de septiembre).

Además de ese día, no hay otra fecha similar en las que EE.UU. celebre a su vecino.

Y es que la relación entre ambos países históricamente ha sido tan amistosa como conflictiva. Con una tendencia hacia lo negativo en los últimos años, según muestran los sondeos de opinión.

Tres personas celebrando el Cinco de Mayo

Getty Images
Los estadounidenses no dudan en tomar sombreros y bigotes falsos para “imitar” a los mexicanos en la fiesta del “Cinco de Mayo”.

La encuesta periódica del Pew Research Center (PRC) estadounidense muestra que la imagen positiva que tenían los mexicanos de EE.UU. desde 2002 -de entre 47% y 69%- cayó hasta el 30% en 2017, cuando el presidente Donald Trump impulsaba su agenda antiinmigrante.

Otro estudio de opinión de Gallup, de 2018, muestra cómo en la década de 2000 nueve de cada 10 estadounidenses consideraban a México como un “aliado” o “amigo”. Pero para 2018 cayó al nivel más bajo, de 72%.

“La gente de mi generación, de los años 50, 60 o 70, tienen esta relación amor-odio porque desde muy pequeños nos lo enseñaron en la escuela” en México, dice a BBC Mundo Rafael Fernández de Castro, director del Centro de Estudios EE.UU.-México de la Universidad de California en San Diego

“Pero las nuevas generaciones, los jóvenes tiene una relación pragmática con EE.UU.”, considera.

Por su parte, el internacionalista César Villanueva considera que hay admiración, más que amor, de mexicanos hacia estadounidenses. “Hay una relación simbiótica que hay que entender, yo creo que eso es central. Tanto como los estadounidenses se sirven de México, como los mexicanos de Estados Unidos”,

Del lado opuesto, señala que los estadounidenses solo llegan a admirar ciertos aspectos de México, pero asegura que es mayor su desconocimiento del país vecino: “Hay códigos culturales que nos llevan a una incomprensión muy muy marcada”.

¿Qué es lo que hace que mexicanos y estadounidenses vivan una relación tan contrastante, para muchos de “amor y odio”?

1. La herida abierta en México

Hay un punto en la historia de ambos países que ha definido el sentimiento de muchos mexicanos, principalmente de las generaciones que crecieron en el siglo XX, coinciden los expertos: la pérdida de la mitad del territorio mexicano a manos de EE.UU.

Separatistas del territorio mexicano de Texas -apoyados por el gobierno de EE.UU.- autoproclamaron la independencia en 1836. La disputa por ese territorio desembocó con el paso de los años en la invasión de EE.UU. a México en 1846.

Con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, firmado por ambos países el 2 de febrero de 1848, EE.UU. pasó a tener 2,1 millones de kilómetros cuadrados más bajo sus dominios. Y el territorio mexicano se redujo en un 55%.

Este episodio, uno de los más oscuros en la historia de México, ha definido históricamente el sentimiento de los mexicanos hacia los estadounidenses.

Fronteras durante los años de conflicto

BBC

“Teníamos un territorio enorme, el doble de lo que tenemos ahora, pero estaba muy poco poblado. En esa lógica se dio un choque histórico que siempre va a quedar como una huella. Una guerra de los dos países en la que hubo un ganador. Pero si esa expansión hubiera venido de China, Rusia o Canadá, el país era de todas maneras proclive a perder ese territorio“, dice Villanueva.

“Es una herida histórica que va a quedar ahí irremediablemente. Podría cambiarse, pero no hemos hecho un proceso de reconciliación para hacerlo”, añade.

Fernández considera que esto marcó la educación de generaciones como las de él, ya que en la educación pública se enseñó así durante décadas.

Se nos enseñó que la fuente de todos los males era EE.UU. Si hay violencia, es porque EE.UU. demanda droga, porque manda armas”, señala Fernández.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw

“Pero los jóvenes ya no tienen tanto el peso de esa historia de nuestra generación”.

2. La cultura como puente

Por otra parte, uno de los factores clave de simpatía entre mexicanos y estadounidenses es el ámbito cultural, artístico, deportivo y académico.

La gastronomía mexicana está entre las tres cocinas extranjeras favoritas de los estadounidenses, junto a la china y la italiana, según diversos sondeos, como los de Gallup.

Del lado mexicano, el consumo de cine, televisión y algunos deportes estadounidenses -como el basquetbol, el fútbol americano o el béisbol- supera al de cualquier otro país.

Incluso el español cada vez tiene más presencia en EE.UU., país en el que 60% de los latinos son de origen mexicano. “Se ha vuelto un vehículo de comunicación”, dice Villanueva.

Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón en Cannes, Francia

Getty Images
Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón son tres directores mexicanos que han triunfado en Hollywood, el principal cine de consumo mexicano.

“A través de la cultura es donde los acercamientos han sido más visibles y victoriosos, pero se da en dos niveles: uno natural, abierto, como los intercambios artísticos, organizaciones, generalmente anclados a lazos previos, familiares”, señala el investigador.

También en un “intercambio subterráneo, poco visible” de productos culturales como la medicina tradicional o en el ámbito de la industria de la moda.

El experto en la imagen de México en el extranjero señala que los mexicanos “admiran su ciencia, sus inventos, sus logros”, pues México no ha avanzado ese camino. “México no es un pueblo así. Es un pueblo que le ha costado llegar a la modernidad. Que prefiere las formas tradicionales que las modernas“.

Y curiosamente, las tradiciones culturales mexicanas son admiradas en Estados Unidos.

Miguel, personaje central de la película "Coco" (Foto: Disney/Pixar)

Disney/Pixar
“Coco” fue la película más taquillera en la historia de México, un intento de Hollywood de mostrar la cultura mexicana del Día de Muertos (para algunos, con muchos estereotipos).

Fernández de Castro advierte que hay un “estereotipo que ha venido ganando terreno” en la imagen que tienen los estadounidenses de México, difundida a través de los medios y productos culturales.

“Un México lleno de droga, muy violento, corrupción. Y no la sociedad vibrante que es el país. Sí hay muchos problemas en México, pero también muchos elementos de desarrollo. Está muy distorsionada la imagen de México en EE.UU.”, considera.

3. La unión comercial y el recelo

Muy ligado a la cultura o el deporte comercializada, señalan los analistas, está la forma en que ambos países se han relacionado económicamente.

Estados Unidos es el principal país de destino de lo que se fabrica o produce en México, y a su vez éste es el segundo de las estadounidenses.

“México está fascinado de ser vecino del mercado más grande del mundo”, señala Fernández de Castro. “Si la economía de EE.UU. está creciendo, hace que crezca le producto interno bruto mexicano”.

Pero esto en años recientes fue un punto que crispó las opiniones de los vecinos, cuando el presidente Trump criticó el déficit estadounidense en la balanza comercial y la mudanza de fábricas de EE.UU. a México que generaban desempleo en su país.

Una simpatizante de Trump con un cartel que dice "Construyan el muro"

Getty Images
“Construyan el muro”. Muchos republicanos en EE.UU. se conectaron con el discurso nacionalista de Trump en su campaña y a lo largo de su presidencia (2017-2021).

Una encuesta de Gallup en 2018 indicó que la imagen de México entre los estadounidenses tocó un nuevo nivel más bajo, con 26% de los encuestados que pensaban que el vecino del sur era “enemigo”.

En otro estudio de 2019, el PRC preguntó las primeras palabras que le vienen a la mente a los mexicanos al pensar en EE.UU.: “dinero”, “trabajo” y “mal”. Entre mexicanos, 31% usó palabras negativas y 40% neutrales para referirse a EE.UU.

“México tiene una admiración, no tanto al estadounidense en sí, sino a su modernidad. Una que no tiene México. Es un país que rápidamente se industrializó, se modernizó, con procesos de producción fuertes y se posicionó como una potencia mundial rápidamente en el siglo XX”, sostiene Villanueva.

La historia explica en parte esto, según el experto: “México vivió más de tres siglos de colonialismo y eso generó una visión colonial, de dependencia. Eso va marcando pautas de desarrollo”, señala.

porcentaje de mexicanos en las industrias estadounidenses

Cecilia Tombesi / BBC

A eso hay que añadir que en México históricamente se ha percibido que Estados Unidos le da un trato no prioritario. La frase “México es el patio trasero de EE.UU.” suele aparecer en los debates del tema.

“Las opiniones más negativas sobre México en el mundo vienen de los estadounidenses”, adelanta Villanueva sobre un nuevo estudio que prepara. “Sí, nos perciben como una amenaza, como un país dependiente y subdesarrollado. Y en pocos sentidos como un país aliado”, afirma.

4. Disfrutar el país vecino (o no)

Visitar al vecino, por turismo o para vivir ahí, es otra condición que marca sentimientos en la relación entre México y EE.UU.

En cuestión de turismo, 10,5 millones de estadounidenses llegaron a México por vía aérea en 2019, lo que representa 55% de todos los extranjeros que visitaron el país de esa manera. Además, 1,5 millones viven en el país, según el Departamento de Estado de EE.UU., lo cual es la mayor población estadounidense fuera de su país.

Grandes comunidades de jubilados residen en poblaciones turísticas de México. “Ven que pueden llevar una vida espectacular en México con sus ahorros de retirados”, señala Villanueva.

Pero también hay jóvenes, como Noelle Brooks, quien “ama a México” y a través de TikTok comparte su experiencia de vivir en Campeche.

“No sabes cuántos mensajes recibo de que me van a secuestrar, de que es peligroso”, cuenta en un video reciente en el que enfatiza que la gente en su país no entiende lo grande y diverso que es México.

“Para poner las cosas en perspectiva, la ciudad en la que vivo es significativamente, muy significativamente, más segura de las que he vivido en EE.UU.“, como Sain tLouis y Kansas City, explica.

Por otra parte, México es el principal país de origen de los visitantes a EE.UU., con casi 21,4 millones en 2019. Y se estima que allí viven unas 36 millones de personas mexicanas o de origen mexicano.

Ambas naciones comparten 3.100 km de una frontera catalogada como una de las más transitadas del mundo.

La frontera de Tijuana

Getty Images
La frontera de Tijuana con el área de San Diego es una de las más transitadas de México y el mundo.

Sin embargo, mientras los estadounidenses pueden entrar a México fácilmente, incluso mudarse si lo desean, para la mayoría de los mexicanos conseguir una visa de turista de EE.UU. es complicado, más aún un permiso de trabajo.

“Claramente es un asunto que es visto como rechazo de EE.UU. No es amistoso hacer eso. Cualquiera puede ir y solicitar la visa, pero por todo lo que se requiere la mayoría no logra conseguirla”, señala Villanueva.

“Lo que el mexicano ve es que a EE.UU. realmente no le interesa hacer una integración real de Norteamérica. Le interesa lo comercial, mejorar su competitividad, pero no integrar a una nación a la cual le teme”, considera.

Por otra parte, migrar sin documentos ha dejado de ser atractivo para los mexicanos, que desde la década de 2000 ha visto una gran disminución entre los que intentan cruzar la frontera, según muestran las estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

1 de cada 6 estadounidenses es de origen hispano

Cecilia Tombesi / BBC

El experto en migración Giovanni Peri dice a BBC Mundo que esto se debe a tres principales razones: el mejoramiento del ingreso en México que ofrece más oportunidades económicas; el hecho de que demográficamente hay cada vez menos jóvenes menores de 30 años en México, el principal grupo que migra; y el incremento de la seguridad fronteriza.

En ello coincide Villanueva: “Dejó de ser atractivo para muchos irse a Estados Unidos“.

5. El factor racial

Según la encuesta del PRC de 2019, palabras como “discriminación”, “racismo”, “racistas” e “injusticia” se encontraron entre las más frecuentes dichas por los mexicanos al pensar en Estados Unidos.

Villanueva y Fernández coinciden en que existe un componente racial en el sentimiento que hay entre naciones.

“El racismo en EE.UU. no solo se da hacia los afroestadounidenses, sino a quienes son diferentes a los blancos, que se hizo más evidente durante el trumpismo”, dice Fernández de Castro.

Un grupo de supremacistas blancos en EE.UU.

Getty Images
Los grupos radicales identificados con el supremacismo blanco han recobrado fuerza en EE.UU. en los últimos años.

Estados Unidos cada vez se hace más diverso. El último censo muestra que 60% de la población se identifica como blanca, seguida por los latinos (18,5%) y los afroestadounidenses (13,4%) en los primeros tres lugares.

En México, la mayoría de la población es mestiza, y los que se identifican como indígenas son casi el 6%. Pero también hay un componente de racismo en su población, que históricamente ha simpatizado hacia la gente blanca.

Los analistas señalan que hay un temor manifiesto entre la comunidad blanca de EE.UU. a que pueda ser “desplazada” por los grupos de otro origen racial, incluidos los latinos.

“A la migración más nueva se le tiende a ver con desconfianza. Y es algo que le pasó a los italianos en la década de 1930 y 1940. O a los irlandeses. Y hoy nadie diría que los italianos no son parte del mosaico de EE.UU.”.

Villanueva coincide: “A los mexicano-estadounidenses entienden que no van a ser aceptados en EE.UU. porque el racismo es muy fuerte”.


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