“Todo escritor debe tener un compromiso con el mundo”: Vila-Matas, ganador del Premio FIL 2015
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“Todo escritor debe tener un compromiso con el mundo”: Vila-Matas, ganador del Premio FIL 2015

Vila-Matas nació en Barcelona en 1948 y es autor de una extensa obra que ha sido traducida a una treintena de lenguas, en la que destacan Bartleby y compañía (2001), El mal de Montano (2003), Doctor Pasavento (2006), Dublinesca (2010) y Exploradores del abismo (2007).
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7 de septiembre, 2015
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Enrique Vila-Matas, escritor español.

Enrique Vila-Matas, escritor español.

El escritor español Enrique Vila-Matas es el ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015. El jurado lo señaló como uno de los autores que más han contribuido a renovar la literatura de Europa y América Latina.

Los seis integrantes del jurado dieron por unanimidad el triunfo a Vila Matas, quien recibirá el galardón el próximo 28 de noviembre durante la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

El premio reconoce al conjunto de una obra de creación en cualquier género literario y está dotado de 150 mil dólares.

“La obra de Vila-Matas cuestiona incesantemente la frágil condición de la literatura y reflexiona sobre sus límites y desafíos en el mundo contemporáneo. Su concepción de la escritura como juego con el lector, en tanto que gestor de la obra, se inscribe en la gran tradición de Cervantes, Sterne y Cortázar”, señala el acta del jurado.

“Sus temas principales son el escritor que prefiere no escribir, el texto que reflexiona sobre sí mismo y la escritura como un salto al vacío que pone en riesgo, tanto al autor como al lector. Su obra cautiva por su inteligencia crítica, su humor e ironía”, añadió el jurado.

Vía telefónica, Vila-Matas dijo a la agencia AP que es un honor ser declarado ganador del premio.

“Yo creo que este premio parece conectado con mis relaciones muy estrechas, creo que de hace un cuarto de siglo, con la literatura latinoamericana”, dijo.

Para el autor, “este premio no lo veo tanto como un mérito mío, sino como un regalo muy generoso procedente del país México, país que primero apreció mi literatura”.

Dijo que espera que el premio no lo paralice y que le permita trabajar aún más en lo que hace y que sea un estímulo más para su creación.

El escritor dijo trabaja en una nueva novela “por llamarla de alguna forma”, porque consideró que siempre se aleja de la novela y acaba acercándose a ella. Sin embargo, no quiso dar detalles del texto, bajo el argumento que explicar la historia tomaría más de cinco horas.

Señaló que un motor de su literatura ha sido tomar riesgos en cada libro para salir adelante, por ello en su trabajo ha eliminado las fronteras y ha huido de la novela convencional.

“Es ridículo trabajar con un género determinado”, dijo y recordó que en El Quijote están mezclados todos los géneros.

Agregó que la globalidad permite que se vea con mayor amplitud el caos, pero añadió que el caos ha existido siempre, al igual que la crisis. Los dos, dijo, están en La Biblia y no vienen de ahora sino de siempre.

Todo escritor tiene que tener un compromiso con el mundo en el que vive y es evidente que la mayoría de los escritores lo tienen, tanto en la obra, como en ocasiones en la vida política o social. En mi caso estoy naturalmente atento a todo lo que sucede, con la angustia lógica de estar viendo los acontecimientos que estamos viviendo y preguntándonos siempre ¿hasta qué punto nosotros podemos hacer algo?”, expresó.

Vila-Matas nació en Barcelona en 1948 y es autor de una extensa obra que ha sido traducida a una treintena de lenguas, en la que destacan Bartleby y compañía (2001), El mal de Montano (2003), Doctor Pasavento (2006), Dublinesca (2010) y Exploradores del abismo (2007).

El presidente de la FIL, Raúl Padilla López informó que se recibieron 42 candidaturas de 14 países para esta edición del premio.

El ganador de la edición anterior fue el escritor italiano Claudio Magris.

Conoce más de Vila-Matas

Entrevista en Letras Libres: “Explorando el abismo”.

Entrevista en la revista Quimera: “Si supiera cómo es la novela del futuro la escribiría yo mismo”.

Entrevista con el diario El País: “Ahora soy más consciente de lo que huía: la realidad”.

Entrevista con el diario El Mundo: “Lo previsible es la muerte”.

Aquí, una charla de Vila-Matas con el escritor mexicano Juan Villoro:

“Lo mejor es inventarse tu propia vida”

 

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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