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Visita del Papa Francisco a Cuba: cómo atravesó la Iglesia católica los años más radicales de la revolución

Cuando en 1959 Fidel y los suyos ingresaron triunfantes en La Habana, las imágenes de iglesias incendiadas y católicos perseguidos en la España de la Segunda República se instalaron en la mente de algunos creyentes en la isla.
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Por BBC Mundo
20 de septiembre, 2015
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En esta imagen del 10 de mayo de 2015, el papa Francisco se reúne con el presidente cubano, Raúl Castro. // Foto: AP.

En esta imagen del 10 de mayo de 2015, el papa Francisco se reúne con el presidente cubano, Raúl Castro. // Foto: AP.

Para la Iglesia católica cubana, sobrevivir a los años más radicales de la revolución fue como cruzar el desierto.

Cuando en 1959 Fidel y los suyos ingresaron triunfantes en La Habana, las imágenes de iglesias incendiadas y católicos perseguidos en la España de la Segunda República se instalaron en la mente de algunos creyentes en la isla.

Con menor o mayor identificación con el castrismo, los religiosos que conversaron con BBC Mundo coinciden en que ese fue el antecedente inicial de la accidentada relación entre la revolución y los católicos cubanos.

Relación que ahora todos los actores involucrados califican como “saludable”.

No por nada Cuba es el único país, junto con Brasil, en ser visitado por los tres últimos Papas.

A horas de la tercera llegada de un máximo representante de la Santa Sede a La Habana en menos de 18 años, te contamos cómo fue el “vía crucis” de los católicos en la Cuba de los Castro.

El temor en los “años grises”

Si bien la Revolución cubana no tenía al católicismo entre sus objetivos políticos, el rumbo socialista tomado en los primeros años de la década del 60 tensó la relación con todo el mundo religioso.

Tensión que duraría más de dos décadas, hasta los últimos años de los 80 y que tendría uno de sus momentos más significativos en 1976, cuando la Constitución cubana declaró el carácter ateo de la isla.

El texto constitucional de ese año declaraba al Estado cubano como: “socialista, que basa su actividad y educa al pueblo en la concepción científica materialista del universo”.

“La presencia de la iglesia fue difícil en los años más grises. Los primeros años de la Revolución fueron de confrontación y desconfianza”, resume el obispo cubano José Conrado, un sacerdote reconocido por sus críticas al gobierno de la isla.

El religioso recuerda que la iglesia Católica “quedó reducida al mínimo”.

“Laicos y curas abandonaron el país. La iglesia española hizo un gran llamado por temor a una ola de persecuciones y la posible prohibición de la religión”, explicó.

Conrado, en entrevista con BBC Mundo, recordó que en sus primeros años de cura le tocó ser el párroco en poblaciones de 80 o 90 mil personas “donde apenas cuatro niños asistían a la catequesis”.

“No teníamos ni 100 personas en las iglesias”, recuerda el obispo.

Frei Betto, un religioso mucho más cercano a Fidel Castro y a la revolución, señala que todos los temores de esos años eran infundados y obedecían a influencias extranjeras.

Fue la influencia franquista del catolicismo español en Cuba la que hizo que muchos católicos quedaran en contra del carácter socialista de la Revolución y de la influencia soviética. Sin embargo, ningún padre o pastor ha sido fusilado y ningún templo cerrado”, dijo el conocido teólogo de la liberación a BBC Mundo.

Fidel Castro, muchos años después, le explicaría a Frei Betto por qué se había establecido el ateísmo como política estatal en la isla.

“Lo que nosotros estábamos exigiendo era la adhesión plena al marxismo-leninismo. Se suponía que cualquier persona que se uniera al partido aceptaría la política del partido y de la doctrina en todos los aspectos”, le explicó el comandante cubano al teólogo brasileño en el libro “Fidel y la religión”, publicado en 1985.

Ser católico en 1970

Mercedes tiene 72 años y trabajó como contadora hasta jubilarse.

Ahora atiende una sala pastoral y es activa participante de la Iglesia católica cubana, pero de adolescente “pasó mucho trabajo”.

“Fui requerida muchas veces por ser católica, al extremo que decidí dejar la universidad. Era angustiante. Cada vez que pasaba algo sospechaban de los católicos”, dice Mercedes a BBC Mundo, mientras aclara que jamás participó en ninguna actividad en contra de la revolución.

“Simplemente defendía mi fe”, señala.

En las plazas e iglesias de La Habana no es difícil encontrar cubanos como Mercedes, dispuestos a contar historias de los años de radicalidad e intolerancia de la revolución.

No sólo contra los católicos, también contra homosexuales y otros grupos.

El obispo habanero Juan de Dios Hernández calificó la relación de la iglesia Católica con el gobierno cubano en los 60 y 70 como “desfavorable” e “inclusive hóstil“.

“El nudo del conflicto partió de una incomprensión de lo que significaba la iglesia y también la influencia de factores externos como el bloqueo o la crisis de los misiles de octubre (1962). Todo eso creó un clima desfavorable, hóstil inclusive”, señaló el religiosos que es colaborador del cardenal cubano Jaime Ortega.

En 1971, la Arquidiócesis de La Habana reportó que sólo se registraron 7.000 bautismos en toda la capital cubana, según el libro “Despertar religioso” de Enrique Pérez Oliva.

La misma investigación señala que esa cifra se multiplicó cuatro veces en 1989, cuando la isla ya atravesaba el llamado proceso de apertura a la religiosidad cubana.

Estudios como el Reporte Internacional de Libertad Religiosa y la encuesta anual del Pew Research Center señalan que entre el 59 y el 63% de los cubanos se identifican como cristianos.

El anuario estadístico del Vaticano señala que en Cuba, un país de más de once millones de habitantes, el 59,66% son católicos.

En el reporte de 2001 los católicos eran el 55,26% y en el de 1990 el 41,21%.

El “largo proceso” y el “periodo especial”

“Los momentos difíciles cada vez se han vuelto menos. El Estado cubano aprendió lenta y gradualmente el rol de la iglesia de sembrar a Jesucristo en el corazón de las personas que se presten a ello”, señala el obispo Hernández.

Al igual que él, y a pesar de sus diferencias, José Conrado y Frei Betto calificaron el paso de los “años grises” al presente como “un largo proceso”.

Más de cuatro décadas después de aquellos tiempos en los que sólo cuatro niños iban a la catequesis, Conrado señala que “la supervivencia de la iglesia Católica en Cuba fue heróica”.

“En 1992 nos lanzamos a la calle, a reencontrarnos y conversar puerta a puerta. Se cumplían los 500 años de la evangelización”, recordó.

No sólo eso. 1992 también fue el año en el que Cuba modificó su Constitución ydejó el ateísmo como política oficial para convertirse en un Estado secular.

Además, el “periodo especial” de escasez y limitaciones después de la caída del bloque soviético se encontraba en uno de sus momentos más críticos.

Conrado recuerda que el papel de las iglesias fue muy importante en aquellos momentos.

“Recuperamos la presencia en el campo, volvieron las multitudes. Era un momento muy difícil en el que faltaban muchas cosas y la iglesia colaboró mucho para atravesarlo”.

A la hora del balance, Frei Betto afirma que el cambio fue “bastante” desde los primeros años de la revolución hasta el presente.

“Cambió mucho, sobre todo en cuanto a las liberdades religiosas. Con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, Cuba se volvió más cubana, reasumiendo su identidad martiana, cristiana, de sincretismo religioso. Fidel estuvo de acuerdo y se cambió la Constitucion del país y los estatutos del Partido Comunista, ahora ambos oficialmente laicos. El pueblo de Cuba es esencialmente religioso, cristiano sin ser mayoritariamente católico y recibe a los Papas con mucho entusiasmo“, concluyó.

Así fue la “vía crucis” de los católicos en Cuba.

Desde los años de temores, controles a los universitarios, materialismo científico, poca presencia en las parroquias y la escasez del periodo especial hasta la visita de Francisco que empieza el sábado pareciera que ya cruzaron el desierto.

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Cuartoscuro

La mitad de los mexicanos vive en municipios donde Fuerzas Armadas han tenido enfrentamientos 

Un estudio de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México indica qué fuerzas armadas se vieron involucradas en enfrentamientos desde 2006, y cómo ha caminado el país hacia la militarización.
Cuartoscuro
22 de mayo, 2019
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Los enfrentamientos de las Fuerzas Armadas -Ejército y Marina- con presuntos delincuentes, entre 2006 y 2018, “tendieron a ocurrir en zonas más pobladas”, de hecho el 51% de la población vive en un municipio donde ocurrió un choque violento de ese tipo, indica el estudio de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México titulado Seguridad Pública Enfocada en el Uso de la Fuerza e Intervención Militar, citando cifras del Inegi.

Militares y presuntos huachicoleros se han enfrentado al menos 46 veces desde 2012

Con el contexto de la aprobación de las leyes secundarias de la Guardia Nacional, el análisis refiere qué Fuerzas Armadas estuvieron involucradas en enfrentamientos en los dos sexenios previos, además de analizar las coincidencias en el discurso de los presidentes Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, para justificar la actuación del Ejército y la Marina en tareas de seguridad pública, y de combate al crimen organizado.

“Un claro indicativo del papel predominante de las Fuerzas Armadas en la seguridad pública durante el periodo 2006-2018 es el número de enfrentamientos en que las diferentes fuerzas están involucradas. Esta cifra es un producto del nivel de actividad de las Fuerzas Armadas y las tácticas (por ejemplo, patrullajes) que dan raíz al enfrentamiento, así como el nivel de actividad y tácticas utilizadas por delincuentes”, se lee en el estudio.

Información proporcionada por la Sedena, la Semar y la Policía Federal para el periodo de los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, refiere el documento, indica que la gran mayoría de los 4,250 enfrentamientos entre fuerzas federales y presuntos delincuentes fueron protagonizados por la Sedena (75%), seguidos por la Policía Federal (18%) y la Semar (7%).

“Durante los sexenios de Calderón y Peña Nieto, el Ejército estuvo involucrado en enfrentamientos en casi 24% de los 2,463 municipios del país, el doble de la distribución geográfica de los enfrentamientos que ha sostenido la Policía Federal (12%)”.

“Los enfrentamientos tendieron a ocurrir en zonas más pobladas, ya que 51% de la población vive en un municipio en donde aconteció un enfrentamiento con las Fuerzas Armadas (Inegi)”.

Otro punto, en cuanto a la distribución geográfica, es que en los dos sexenios previos el 50% de los enfrentamientos de las Fuerzas Armadas se concentraron en solo 23 municipios, “todos en
los estados de Coahuila, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Sinaloa y Tamaulipas”.

Sedena insiste en negar datos sobre uso de la fuerza en enfrentamientos, pese a orden del INAI

El fenómeno de la militarización, apunta el estudio, se ha gestado en México.

“Aunque intereses externos, principalmente de los Estados Unidos, han puesto a la disposición del país recursos como armamento y capacitación militar -casi sin restricciones-, esto ha sido a petición expresa y pública del gobierno mexicano”, concluye el análisis.

“Las Fuerzas Armadas han incrementado su estado de fuerza significativamente, fortaleciendo su legitimidad con base en el papel histórico de defensa de la nación y de los intereses o amenazas exteriores. Asimismo, se han beneficiado de un programa importante de modernización y mejoramiento de condiciones laborales”.

Después de doce años de intervención militar, se insiste en el documento, “se han dispuesto cada vez más recursos militares, estatales y privados -cuya naturaleza nunca ha sido clara- para la militarización de la seguridad pública”.

Aunque Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador han conceptualizado de distinta forma  el problema de seguridad, señalan los autores, en los demás aspectos discursivos se adopta un discurso tendiente a la militarización.

Gobierno quiere enviar militares a la Guardia sin que pidan licencia; oposición lo rechaza

“Hay poca confianza en las instituciones civiles, nunca se han definido límites de tiempo u objetivos para el despliegue militar, ni se ha establecido la necesidad del mando civil sobre la intervención militar en estas tareas”. 

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