El uso de tecnologías en las escuelas no garantiza el aprendizaje: UNESCO
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El uso de tecnologías en las escuelas no garantiza el aprendizaje: UNESCO

Si bien se invierten recursos millonarios en equipar escuelas con computadoras, tabletas y conexiones a internet, esto no se traduce automáticamente en un mayor rendimiento de los estudiantes.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
12 de octubre, 2015
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Foto: Cuartoscuro

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Si bien se invierten recursos millonarios en equipar escuelas con computadoras, tabletas y conexiones a internet, esto no se traduce automáticamente en un mayor rendimiento de los estudiantes, ni en elevar la calidad de la educación si no está acompañado de mejores prácticas pedagógicas, capacitación a los docentes y currícula orientada al fortalecimiento de las habilidades.

Así lo concluye el estudio Tecnología para la mejora de la educación, elaborado por Francesc Pedró, jefe de la División de Políticas Sectoriales, TIC y Educación de la UNESCO, que fue presentado el 9 de octubre pasado.

El documento recoge la base de datos de la prueba PISA 2012 aplicada por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), donde se revela que los estudiantes de 15 años ocupan la tecnología en la escuela al menos una vez por semana sobre todo para entretenimiento.

83% navega por placer; 80% la usa para aplicaciones sociales; 78% para chatear; 68% para descargar música, videos y juegos; para revisar el correo electrónico 62%; 40% juega en solitario; 38% juega en línea con más personas y 30% sube a la red contenido propio.

Estos números revelan que la tecnología “puede tener tan sólo efectos marginales sobre la calidad de la educación”, dice el estudio, porque dotar a cada alumno un dispositivo o dotarse de una plataforma escolar “es solo el comienzo y nunca el final de un proceso que puede conducir a la mejora del rendimiento de los estudiantes”.

El investigador advierte que con la simple adquisición de computadores y tabletas y disponer de un banda ancha para el acceso a internet es insuficiente si no se combinan con “herramientas y contenidos digitales con nuevos métodos de enseñanza y nuevas estructuras organizativas”.

En México, la más reciente iniciativa fue la distribución de tabletas entre alumnos de quinto de primaria; sin embargo, el secretario de Educación, Aurelio Nuño, informó que “replanteará” el programa porque no hay evidencia sobre su eficacia.

Aún así, el gobierno Federal entregó 700 mil tabletas a estudiantes de Puebla, Tabasco, Estado de México, Distrito Federal, Sonora y Colima y significó una erogación de mil 500 millones de pesos en 2014. Para 2015, la Secretaría de Educación Pública (SEP) hizo otra licitación para comprar más dispositivos con un presupuesto de 2 mil 500 millones de pesos.

Durante el gobierno de Felipe Calderón se lanzó el programa Habilidades Digitales para Todos, que consistía en la entrega de laptops y en el sexenio de Vicente Fox se puso en marcha Enciclomedia, un pizarrón electrónico con contenidos curriculares precargados. Para ambos programas se invirtieron millones de pesos y ambos fueron reemplazadas al inicio de cada administración.

La investigación concluye que el uso de los dispositivos digitales –computadoras, laptops o tabletas– “como sustitutos de los profesores no ha producido resultados significativos en la mejora de los aprendizajes de los estudiantes”. En contraste, cuando estas herramientas son utilizadas con apoyo directo apoyo de los profesores, “han conseguido que los estudiantes progresen en sus aprendizajes de forma notoria”.

Para lograr mayor efectividad se requiere capacitar a los profesores en el uso de nuevas tecnologías como herramientas para su labor en el aula, incluso desde que ellos están estudiando en las universidades antes de dar clase.

La UNESCO recomienda que cada país establezca su propia estrategia con los mismos profesores, pues “de la mano de ellos mismos se pueda establecer una ruta metodológica clara en la que él pueda practicar sus propias ideas, reflexionen sobre los obstáculos a los que se enfrenta y a que afiance sus logros”.

No es sencillo lograr el cambio radical de prácticas, pero la UNESCO recomienda generar tres niveles de que podrían alcanzar una capacitación gradual entre maestros y alumnos:

1) Alfabetización digital o de nociones básicas de las tecnologías;

2) profundización del conocimiento

3) y generación del conocimiento.

Para Pedró es evidente que las competencias no se desarrollan por el solo hecho de usar la tecnología y aunque “si se quiere que el acceso equitativo a la tecnología se traduzca efectivamente en una sociedad más igualitaria, las pruebas empíricas muestran que las escuelas no están haciendo este trabajo como corresponde”.

Ante este panorama, el investigador Francesc Pedró hace estas siete recomendaciones para generar políticas públicas para mejorar el uso de las nuevas tecnologías:

1. Promover el aprendizaje activo, interactivo y cooperativo.

El aprendizaje orientado al desarrollo de competencias por medio de tareas o proyectos complejos, particularmente cuando precisa de la colaboración entre estudiantes, con una adecuada orquestación de los recursos, es una herramienta eficaz para que los alumnos adquieran competencias de investigación y otras competencias relacionadas con el procesamiento de la información. Para ello, los estudiantes deben poder conectarse a fuentes de información cuidadosamente estructuradas que puedan informar el proceso de resolución de problemas en el momento apropiado.

2. Ofrecer una mayor personalización del aprendizaje.

La forma más eficaz de mejorar los resultados pedagógicos de una clase es tener una aproximación pedagógica individualizada a los alumnos de bajo rendimiento o con dificultades escolares, como lo es también para dar salida a las distintas necesidades de los estudiantes con mayor capacidad académica. En un entorno en el que cada estudiante trabaja a su propio ritmo, soportado por la tecnología, se consigue el progreso esperado.

3. Reformar el currículo para darle un enfoque competencial.

Dada la presión social para que las personas aprendan más que nunca, es particularmente importante explorar la contribución de la tecnología a las reformas curriculares que buscan extender aprendizajes de competencias complejas a un mayor porcentaje de los estudiantes que décadas atrás. El tipo de currículo que una escuela adopta tiene un impacto significativo en las posibilidades de que la tecnología y los recursos digitales se puedan integrar de manera efectiva en el aula y fuera de ella.

4. Evaluar los aprendizajes de forma consistente con los objetivos.

El tiempo dedicado a la preparación de los estudiantes para rendir bien en exámenes de cálculo, vocabulario o inglés es tiempo que no puede dedicarse a otros aprendizajes más complejos y consonantes con las necesidades y expectativas contemporáneas. Es importante prestar la adecuada atención a la evaluación y graduación de las competencias digitales en la escuela.

5. Adoptar una aproximación sistémica a la gestión del cambio pedagógico.

La incorporación exitosa de tecnología en la escuela requiere una serie de intervenciones coordinadas para mejorar planes de estudio, evaluación, desarrollo de los profesores y todas las demás piezas del rompecabezas de la educación. Probablemente se haya hecho poco hasta el momento para aprender de aquellos centros escolares que se esfuerzan por colocar todas estas piezas del rompecabezas en su lugar y lo consiguen.

6. Desarrollar un liderazgo pedagógico potente.

La calidad del liderazgo tiene un gran impacto sobre el uso de la tecnología en la escuela y su capacidad de llegar a hacer posibles cambios pedagógicos que conduzcan a mejores resultados de los estudiantes. Muchos profesores están de acuerdo en que es imposible que su escuela mejore más allá de lo que permiten las capacidades de quienes tienen la responsabilidad de ejercer el liderazgo en ellas.

7. Apoyar a los profesores.

El uso de la tecnología es más común en aquellas escuelas donde los profesores tienen tiempo suficiente para intercambiar con sus colegas y tienen más oportunidades de visitarlos en sus aulas en tiempo lectivo. Estudios sugieren que la relación entre el uso de la tecnología y la reforma de la educación es recíproca: aunque el uso de la tecnología es una ventana de oportunidad para el cambio escolar, los esfuerzos de transformación pedagógica de la escuela también ayudan a apoyar un uso eficaz de la tecnología.

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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