En Veracruz hay campaña contra joven desaparecida, luego que su madre enfrentó a Duarte
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En Veracruz hay campaña contra joven desaparecida, luego que su madre enfrentó a Duarte

Araceli Salcedo denuncia que dos días después de que enfrentara a Duarte empezaron a circular en internet dos notas en las que se asegura que su hija Rubí estaba relacionada con el cártel de Los Zetas, “lo cual es una absoluta mentira”.
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Por Paris Martínez
27 de octubre, 2015
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protesta mama desaparecida

La señora Araceli Salcedo, mamá de una joven desaparecida desde 2012 en Veracruz, denunció el inicio de una “campaña de desprestigio y criminalización” contra su hija a través de medios informativos locales, luego de que reclamó al gobernador Javier Duarte la nula respuesta de su administración ante el secuestro de su hija. “Este señor Duarte quiere ahora limpiar su imagen”, dice la madre veracruzana.

En entrevista telefónica, la señora Salcedo denuncia que dos días después de que enfrentara a Duarte empezaron a circular en internet dos notas en las que se asegura que su hija Rubí estaba relacionada con el cártel de Los Zetas, “lo cual es una absoluta mentira”.

“El domingo –dice la señora Salcedo-, todo eso salió publicado en el periódico El buen tono de Orizaba, a ocho columnas”.

La joven Fernanda Rubí fue raptada el 7 de septiembre de 2012. Cuatro sujetos entraron al bar Bulldog e Orizaba y la sacaron a rastras, sin que nadie respondiera a sus gritos de auxilio.

La Fiscalía estatal informó a la madre de Rubí que su hija fue raptada “por su belleza física”. “Me dijeron (en la Fiscalía de Veracruz) que alguien la mandó pedir”.

El establecimiento del que Rubí fue secuestrada se encuentra a 50 metros de la comandancia de la policía municipal, en un punto rodeado de cámaras de vigilancia. Sin embargo, ninguna autoridad hizo nada por asistir a la joven en el momento en que fue raptada, ni por dar con pistas que permitieran ubicar su paradero o identificar a sus captores.

“Mi hija es una niña deportista, iba a estudiar para chef, ese es su sueño”, cuenta la mamá de Rubí, quien estaba a unas semanas de iniciar sus estudios universitarios cuando fue desaparecida.

No obstante, en su edición del 25 de octubre, el diario El buen tono de Orizaba publicó la nota titulada “Rubí, ligada a Los Zetas”, en la cual asegura que la joven era novia del fundador de la banda criminal de Los Zetas, Raúl Lucio Hernández Lechuga alias el Lucky, y que ésta es la razón por la que fue secuestrada.

Esta nota no presenta ninguna prueba e incurre en varias contradicciones.

Primero asegura que Rubí era novia de Raúl Lucio Hernández el Lucky y más adelante afirma que era novia de Leonel Oviedo el Muerto.

También, el diario asegura que la joven no sólo era novia de un líder de Los Zetas, sino que era integrante activo de este grupo criminal, aunque la identifica con otro nombre: “Abril”.

Finalmente, El Buen Tono remata su nota asegurando que “ninguna madre de una hija normal se iba a esperar tres años para irle a gritar al gobernador (…) si la hija era la amante del líder de plaza de los delincuentes, que ahora no exija justicia”.

Para intentar conocer el origen de esta información, Animal Político se comunicó ayer a las oficinas de El Buen Tono, pero la respuesta fue que no había nadie que pudiera fijar una postura al respecto.

“Esto es un acto de hostigamiento. No se me hace justo que el gobierno quiera revictimizar a mi hija, no se vale”, dice la señora Salcedo.

Araceli explica que el Lucky ni siquiera es mencionado en la investigación de la desaparición de su hija o en alguna otra declaración.

La señora Salcedo se prepara para salir al DF para presentar una denuncia contra El buen tono y otros medios que retomaron la nota, “para que su titular responda ante esta información, los voy a obligar a que presenten las pruebas, que digan de dónde sacaron eso, cuál es su fuente, y que lo sustenten.

“Los del Buen tono son tan estúpidos que dicen que mi hija salía con un delincuente en un momento en el que dicho sujeto llevaba más de un año preso. Esta prensa vendida va a tener que responder por sus mentiras. No se vale que luego de que Duarte no quiso ni siquiera detenerse a hablar conmigo, ahora quieran desprestigiar a mi hija”.

Araceli Salcedo asegura que el gobierno de Duarte no la ha buscado, aunque medios veracruzanos “han repetido hasta el cansancio” que ya pactaron una cita con ella y que Duarte le ofreció una audiencia. “Eso es mentira.  Nunca se han comunicado conmigo, mucho menos me han ofrecido algún tipo de ayuda”.

La señora Salcedo dice que la han hostigado a través de mensajes telefónicos y en redes sociales, “incluso me han amenazado de muerte”, asegura. “Ha habido casos en los que media hora después de haber estado en la Fiscalía me han llamado por teléfono para advertirme que ya saben lo que fui a hacer. Obviamente el crimen organizado tiene gente en el gobierno, y siempre me han hostigado.”

Este es el video del día que encaró a Duarte:

Tras la difusión del video, el gobernador Javier Duarte publicó un mensaje en su cuenta de Twitter en el que indica que ha tratado de hablar con la señora Araceli Salcedo; no obstante, la señora indica que no ha recibido ninguna llamada del gobierno estatal.

Desaparición forzada: las mentiras de Duarte

Actualmente, el registro oficial de la Secretaría de Gobernación señala que en Veracruz hay 589 víctimas de desaparición forzada, quienes fueron privadas de la libertad en la última década.

Sin embargo, el número real de víctimas es mayor, ya que del registro gubernamental se eliminaron los casos en que las personas agraviadas fueron rescatadas después, ya sea vivas o muertas.

Esta omisión por parte de las autoridades permite mantener las estadísticas de desaparición por debajo de su incidencia real.

En el tema del número de víctimas de desaparición, Javier Duarte ha inventado cifras de víctimas rescatadas.

Así ocurrió en febrero de 2015, cuando el gobernador de Veracruz se presentó ante representantes del gobierno federal y de otros cinco estados para asegurar que “de las 5 mil 717 personas no localizadas al inicio de la actual administración federal en la región sur-sureste (del país), ya fueron ubicadas 4 mil 403 personas”.

En ese momento, además, aseguró que de esas 4 mil 403 víctimas rescatadas, 97% fueron localizadas con vida y, subrayó, “ya se encuentran con sus familias”.

No obstante, todas estas cifras resultaron no sólo equivocadas, sino que fueron literalmente inventadas por el titular del Ejecutivo en Veracruz, tal como pudo comprobar El Sabueso de Animal Político.

En mayo pasado –y luego de cuatro meses de investigación de El Sabueso–, la administración de Duarte reconoció que los resultados presumidos por el gobernador veracruzano no se sustentan en ninguna base de datos oficial o en cualquier otro instrumento de medición gubernamental.

La oficina de Duarte, su dirección de prensa y la Fiscalía general del estado notificaron oficialmente a Animal Político que “no se localizó” ningún reporte que sustentara las cifras divulgadas por el gobernador.

Contrario a lo afirmado por Duarte, actualmente no existe ningún registro de víctimas de desaparición en Veracruz que hayan sido rescatadas. Las 5 mil 717 personas rescatadas de las que habló Duarte sólo existieron en su discurso.

Epílogo: sanción del público

Desde el mismo día en que El Buen Tono publicó la nota contra la señora Salcedo y su hija Fernanda Rubí, la publicación recibió críticas de los lectores veracruzanos, que la calificaron como “miserables chayoteros”, “lamebotas”, periódico “maiceado”, así como “pasquín coludido con Duarte”.

Las ocho veces que El buen tono difundió su nota en Facebook, ésta recibió comentarios reprobatorios, nunca favorables.

Gabriela Juárez Beltrán, por ejemplo, señaló al diario veracruzano: “Me imagino que no saben el dolor de esa pobre madre, porque ustedes no la tienen, vendidos”, mientras que Ale Miranda subrayó que “sólo en México exiges justicia y te bombardean con notas amarillistas”.

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Cómo una joven encontró a su familia 26 años después gracias a una foto en WhatsApp

Una niña que quedó huérfana en el genocidio de 1994 en Ruanda ha encontrado a sus familiares gracias a las redes sociales. Esta es su historia.
24 de septiembre, 2020
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Grace Umutoni de niña, a la izquierda, y en una imagen actual.

Grace Umutoni
“¿Me conocen?” Grace Umutoni publicó fotos de cuando era niña en las redes.

Para Grace Umtoni lo ocurrido ha sido “un milagro” obra de las redes sociales.

Umtoni quedó huérfana cuando solo tenía dos años. En 1994 sus padres fueron víctimas del genocidio que se cobró miles de vidas en Ruanda. Años después, ha podido encontrarse con algunos familiares.

La mujer, que no conocía su verdadero nombre, publicó fotos suyas de niña en grupos de WhatsApp, Facebook y Twitter el pasado abril con la esperanza de que miembros de su familia la reconocieran y pudiera reunirse con ellos.

Sus intentos anteriores, a través de cauces más formales, no habían dado resultado.

Todo lo que esta enfermera de 28 años sabía de su historia es que la habían llevado a un orfanato en Kigali, la capital ruandesa, después de encontrarla en el barrio de Nyamirambo. También fue acogido allí su hermano, de 4 años, que murió después.

En Ruanda hay miles de niños como ella, que perdieron a sus padres entre las 800,000 víctimas que se estima dejó la matanza sistemática de miembros de la etnia tutsi y hutus moderados en cien días de genocidio.

Muchos siguen buscando a su familia.

Después de que publicara sus fotos, aparecieron algunas personas que dijeron ser parientes suyos, pero pasaron meses hasta que apareció alguien que de veras parecía serlo.

Antoine Rugagi había visto las fotos en WhatsApp y se puso en contacto con ella para decirle que se parecía mucho a su hermana, Liliose Kamukama, muerta en el genocidio.

“El milagro por el que había estado rezando”

“Cuando lo vi, yo también noté que nos parecíamos”, le dijo Umtoni a la BBC.

“Pero solos las pruebas de ADN podían confirmar si éramos parientes, así que nos hicimos unas en Kigali en julio”.

Umutoni viajó desde el distrito de Gakenke, donde vive, mientras que Rugagi llegó desde Gisenyi, en el oeste, para que pudieran recoger los resultados juntos.

Grace Umutoni y su tío Antoine Rugagi .

Grace Umutoni
Grace Umutoni y Antoine Rugagi viajaron a Kigali para recoger los resultados de su prueba de ADN.

Resultó ser un gran día para ambos, ya que las pruebas revelaron un 82% de posibilidades de que ambos fueran famlia.

“Estaba impactada. No pude contener mis ganas de expresar mi felicidad. Todavía hoy pienso que estoy en un sueño. Fue el milagro por el que siempre había rezado”, cuenta Umtoni.

Su recién hallado tío le contó que el nombre que le pusieron sus padres tutsis era Yvette Mumporeze.

También le presentó a varios parientes de la rama paterna de la familia, como su tía Marie Josée Tanner Bucura, que lleva meses atrapada en Suiza a causa de la pandemia.

Grace Umutoni y su madre.

Grace Umutoni
Grace Umutoni y su madre, Liliose Kamukama, en una imagen de un álbum familiar.

Ella estaba convencida de que Grace Umtoni era su sobrina antes incluso de conocer el resultado de las pruebas genéticas por el parecido de la mujer de la foto de WhatsApp con el de la niña de los álbumes de la familia.

“Era claramente la hija de mi hermano Aprice Jean Marie Vianney y su esposa, Liliose Kamukama. A los dos los mataron en el genocidio”.

‘Pensamos que ninguno había sobrevivido’

La señora Bucura le contó también el nombre completo de su hermano, que llegó con ella al orfanato, Yves Mucyo, y que había tenido otro hermano, Fabrice, de un año.

El genocidio comenzó horas después de que el avión que transportaba a los presidentes de Ruanda y Burundi, ambos de la etnia hutu, fuera derribado en la noche del 6 de abril de 1994.

Milicias hutus recibieron la instrucción de dar caza a los miembros de la minoría tutsi. El suburbio de Nyamirambo, en Kigali, fue uno de los primeros en ser atacado.

Muchas de personas murieron a machetazos en sus casas o en barricadas levantadas para impedir el paso de quienes trataban de escapar. Algunos lograron ponerse a salvo en iglesias y mezquitas.

La señora Bucura dijo que alguien cómo una mujer agarraba del brazo al pequeño Yves y se lo llevaba corriendo de allí, pero no consiguieron más información. De su hermana no se supo nada.

El genocidio terminó meses después, cuando los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés, liderado por el hoy presidente Paul Kagame, se alzó con el poder.

Cráneos en el Memorial del Genocidio en Kigali.

Reuters
Muchos murieron por golpes de machete, como se aprecia en los cráneos conservados en el Memorial del Genocidio en Kigali.

“Pensamos que ninguno había sobrevivido. Incluso los recordábamos cuando cada abril llegaba el aniversario del genocidio”, explica Bucura.

Umtoni no había podido averiguar sobre su familia y lo único que le contaron es que Yves murió al llegar al orfanato como resultado de las heridas que sufrió por las balas de las milicias hutus de las que huía.

Cuando tenía cuatro años, la niña fue adoptada por una familia tutsi del sur de Ruanda que le dio el nombre de Grace Umtoni.

“Los responsables de mi escuela me ayudaron y volví al orfanato en Kigali para preguntar si había algún rastro de mi pasado, pero no había nada”, dice.

“He vivido siempre en la pena de ser alguien sin raíces, pero seguí rezando por un milagro”.

“Por bien que me tratara la familia adoptiva, no podía dejar de pensar en mi familia biológica, pero tenía muy poca información para siquiera empezar a buscar”.

Ahora tiene curiosidad por saber más de sus padres. Han planeado una gran reunión familiar con parientes que llegaran de diferentes lugares del país y del extranjero, aunque el coronavirus ha obligado a aplazarla.

Entretanto, le han presentado a algunos de sos familiares a través de WhatsApp y ha descubierto que tiene un hermano mayor en Kigali, fruto de una relación anterior de su padre.

“Estamos agradecidos con su familia adoptiva”

Desde 1995, casi 20.000 personas se han vuelto a reunir con sus familias gracias al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Su portavoz para Ruanda, Rachel Uwase, asegura que aún siguen recibiendo peticiones de ayuda de gente a la que el genocidio separó de su familia.

En lo que va de 2020, son 99 las personas que se han reencontrado con sus familiares.

Para la señora Bucura, descubrir que su sobrina había sobrevivido es algo que agradece.

“Estamos agradecidos con la familia que la adoptó, le dio un nombre y la crió”.

La joven mantendrá el nombre que le dio su familia adoptiva ya que es el que la ha acompañado la mayor parte de su vida.

Pero le tendrá siempre gratitud a las redes sociales por haberla ayudado a encontrar un sentido de pertenencia.

“Ahora hablo frecuentemente con mi nueva familia”, cuenta.

“He pasado toda mi vida con la sensación de que no tenía raíces, pero ahora me parece una bendición tener tanto a mi familia adoptiva como a la biológica, ambas pendientes de mí”.


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