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Estas son siete recomendaciones de la CIDH al Estado mexicano

Tras entrevistar a organizaciones sociales, víctimas y funcionarios, los comisionados de la CIDH constataron que en México ocurren “graves violaciones a derechos humanos” como lo son las desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y tortura, además de una atención “inadecuada e insuficiente” a las víctimas y familiares.
Cuartoscuro.
Por Nayeli Roldán
3 de octubre, 2015
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Integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ofrecieron una conferencia de prensa a propósito del término de su visita a México. // Foto: Cuartoscuro.

Integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ofrecieron una conferencia de prensa a propósito del término de su visita a México. // Foto: Cuartoscuro.

Al concluir su visita in loco, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) informó las observaciones preliminares dirigidas al Estado mexicano ante la “grave crisis de derechos humanos” que se vive en el país debido a una “situación extrema de inseguridad y violencia” con “una impunidad estructural”.

Luego de entrevistarse con organizaciones sociales, víctimas y funcionarios, los comisionados de la CIDH constataron en “terreno” que en México ocurren “graves violaciones a derechos humanos”, como lo son las desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y tortura, además de una atención “inadecuada e insuficiente” a las víctimas y familiares.

El informe de observaciones preliminares presentado este 2 de octubre en conferencia de prensa, sostiene que la desaparición de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa forma parte de un problema “generalizado” y no de un hecho aislado, toda vez que en Iguala se encontraron los cuerpos de 129 personas en fosas clandestinas y hay 450 personas desaparecidas desde 2008.

Por ello, respaldaron el trabajo del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) sobre la revisión a las investigaciones hechas por la Procuraduría General de la República (PGR) respecto al caso.

En México, dijo la presidenta de la CIDH, existen “graves deficiencias” en las investigaciones sobre estos hechos y la impunidad estructural y casi absoluta en la que suelen quedar estos graves crímenes.

Otra preocupación para el organismo internacional son las ejecuciones extrajudiciales y en Tlatlaya, Estado de México, los indicios sugieren que se trató de este delito, por lo que “debe haber una investigación debida”, aseguró el comisionado James Cavallaro.

Sobre la petición de organizaciones sociales para crear una Comisión Internacional contra la Impunidad, el relator sobre migración, Felipe González, advirtió que la CIDH “no está para derogar a gobiernos, sino para hacer recomendaciones” y, en todo caso, la participación del GIEI puede sentar un precedente del papel “subsidiario” del sistema internacional.

Emilio Álvarez Icaza, Secretario Ejecutivo de la CIDH, advirtió que esta propuesta “ya está en el debate”, sin embargo, la facultad para aceptar un mecanismo de investigación externo corresponde al Ejecutivo y Legislativo y no a la Comisión.

Familiares de víctimas de desaparecidos que asistieron a la presentación, afirmaron que la CIDH representa una “esperanza” ante la ineficacia del gobierno mexicano para atender sus casos.

Lucía de los Ángeles Díaz, quien busca a su hijo, Luis Guillermo Lagunes desaparecido en Veracruz, aseguró que la intervención de la Comisión Interamericana “es uno de los poquitos focos que tenemos de luz porque en México no camina la justicia ni investigación. Aquí hay atraso, impunidad, colusión”.

Aunque la Comisión reconoció los avances legislativos para el respeto a los derechos humanos, dejó en claro que “una y otra vez, en todo el país, la CIDH escuchó de las víctimas que la procuración de justicia es una ‘simulación’”.

Otro elemento que agrava la situación es la violencia y los pagos millonarios para corromper funcionarios por parte de grupos del crimen organizado, quienes manejan tráfico ilícito de drogas, armas y migrantes, así como redes de secuestro y extorsión, y utilizan el reclutamiento involuntario de personas.

Si bien la violencia se da en gran parte del país, afecta más a estados fronterizos con Estados Unidos —Baja California Norte, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas— y las principales zonas de tránsito de migrantes —el Istmo de Tehuantepec y los corredores migratorios de Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Estado de México, Tlaxcala, Veracruz y Tamaulipas—.

Estas son las recomendaciones:

  • Sobre la militarización de la seguridad ciudadana, es indispensable que el Gobierno federal presente un plan concreto y por escrito sobre el retiro gradual de estas tareas, que por su naturaleza corresponden a la policía civil.
  • Adoptar medidas a fin de garantizar los derechos a la vida, la integridad y la seguridad de los habitantes de Iguala, así como adoptar medidas especiales de protección y atención para los familiares de “Los Otros Desaparecidos” de Guerrero.

Sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa:

  • Reorientar el curso de la investigación. Pasar la responsabilidad de la investigación de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO). Designar, en consulta con el GIEI, un nuevo Fiscal Especial a cargo de la investigación. Entrevistar a todos los testigos, incluyendo los integrantes del 27 Batallón del Ejército.
  • Revisar la Ley General de Víctimas y el funcionamiento de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas a nivel federal y estatal, en consulta con organizaciones de la sociedad civil y con las víctimas para una efectiva implementación.
  • Adoptar una Ley Nacional sobre Desaparición y Desaparición Forzada y una Ley Nacional sobre Tortura. Para ello, adoptar todas las medidas necesarias para asegurar que tanto a nivel federal como estatal, la legislación y las prácticas se ajusten a los estándares internacionales en la materia.
  • Establecer lineamientos de aplicación federal y estatal sobre la recopilación de estadísticas uniformes en graves violaciones a los derechos humanos. En particular, el Estado debe mejorar el sistema de recopilación de información de forma desagregada, con una metodología consistente y transparente.
  • Fortalecer el mecanismo de protección de defensoras y defensores de derechos humanos y periodistas, garantizando su sostenibilidad económica en el largo plazo y dotándolo de mayor autonomía administrativa y exhortando a las entidades federativas a colaborar con el mismo.

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7 emociones que sentíamos los seres humanos y que ya no existen

Cuando pensamos en las emociones, tendemos a pensar que son fijas y compartidas por todo el mundo. Sin embargo, no solo varían de país en país sino que también cambian con los tiempos. Aquí te explicamos algunas que eran muy comunes en el pasado.
21 de abril, 2019
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Ilustración antigua

Getty Images
En el pasado, las emociones se asociaban con más frecuencia a determinados momentos o lugares.

Solemos pensar que las emociones son fijas y universales.

Sin embargo, estas varían de país en país (piensa por ejemplo en la palabra schadenfreude, que solo existe en alemán y que describe el disfrute ilícito de la mala fortuna ajena) y nuevas emociones aparecen todo el tiempo.

El cambio de los emoticones, que tanto usamos hoy día para expresar nuestros sentimientos, también refleja lo dinámicas que pueden ser las emociones.

BBC Radio 3 conversó con Sarah Chaney, experta del Centro para la Historia de la Emociones, en Reino Unido, sobre las emociones del pasado que pueden ayudarnos a entender cómo nos sentimos hoy.

Estas son algunas de ellas.

1. Acedía

La acedía era una emoción muy específica experimentada por hombres muy específicos en la Edad Media: monjes que vivían en monasterios.

Esta emoción surgía, por lo general, a raíz de una crisis espiritual.

Monjes

Getty Images
Se trataba de una emoción ligada directamente a los monjes de los monasterios.

Aquellos que la experimentaban sentían desazón, desgano, apatía y, sobre todo, un poderoso deseo de abandonar la vida santa.

“Es posible que hoy día esto sea catalogado como depresión”, explica Chaney. “Pero la acedía estaba específicamente asociada con una crisis espiritual y con la vida en un monasterio”.

Seguramente esto era una fuente de preocupación para los abades, que se desesperaban por la indolencia que acompañaba a la acedía.

De hecho, con el paso del tiempo, el término “acedía” se fue volviendo intercambiable con el de pereza”, uno de los siete pecados capitales.

2. Frenesí

“Esta es otra emoción medieval”, dice Chaney.

Hombre capturado

Getty Images
El frenesí iba acompañado de una agitación física: hubiera sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

“Es como la ira, pero es más específica que la ira que entendemos hoy. Alguien que experimentaba frenesí se habría sentido muy agitado. Habría tenido ataques violentos de furia, y habría hecho pataletas y mucho ruido”.

Habría sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

Esta emoción pone de relieve nuestra tendencia actual a pensar en las emociones como algo esencialmente interno, algo que podemos esconder si lo intentamos.

Esto sencillamente no podía aplicarse a la gente que experimentaba frenesí en el Medioevo.

Muchas emociones históricas están tan ligadas a un tiempo y a un lugar que es imposible sentirlas ahora.

3. Melancolía

Melancolía es una palabra que usamos para describir una especie de tristeza calma o un estado contemplativo.

“Pero en el pasado, la melancolía era diferente”, señala Chaney. “A comienzos del período moderno, se pensaba que la melancolía era una aflicción física que se caracterizaba por el temor“.

Melancolia

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Antes, se pensaba que la melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

Hasta el siglo XVI, se creía que la salud se veía afectada por el equilibrio de cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.

La melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

“Uno de los síntomas de la melancolía en ese entonces era el miedo. En algunos casos, la gente tenía terror de moverse porque pensaba que estaba hecha de cristal y se rompería”, cuenta Chaney.

El rey Carlos VI de Francia sufría de melancolía y por ello había hecho coser varas de hierro en su ropa para evitar hacerse añicos de forma accidental.

4. Nostalgia

Esta es otra emoción que quizás creas que ya conoces. “Usamos la palabra ‘nostalgia’ de manera muy frecuente en las conversaciones hoy día, pero cuando empezó a usarse, se refería a algo que se pensaba que era una enfermedad física“, afirma Chaney.

Marineros

Getty Images
La melancolía estaba asociada a los marineros que extrañaban su hogar en tierra firme.

“Era una enfermedad del siglo XVIII de los marineros: algo que les pasaba cuando estaban muy lejos de su casa, y estaba vinculada al anhelo de regresar”.

Un caso severo de nostalgia podía incluso llevar a la muerte.

No se compara realmente con nuestra definición actual de nostalgia, que describe la añoranza por los buenos tiempos.

5. Neurosis de guerra

Muchos habrán escuchado hablar de la neurosis de guerra, una condición que afectaba a los soldados en las trincheras durante la I Guerra Mundial.

Sodado

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Los soldados que sufrían neurosis de guerra a veces perdían la facultad de ver o escuchar pese a que no tenían un problema físico que se lo impidiera.

Al igual que la melancolía, la nostalgia y muchas otras experiencias emocionales a lo largo de la historia, la neurosis de guerra fue considerada a veces una emoción y otras una enfermedad, por la forma en la que se hablaba de ella y por cómo se trataba.

“La gente que sufría neurosis de guerra tenía extraños espasmos y con frecuencia perdía la capacidad de ver y escuchar, pese a que no tenían ningún problema físico que se lo impidiera”, explica Chaney.

“Al principio de la guerra, se pensaba que estos síntomas se debían a que las explosiones les habían sacudido el cerebro. Pero más tarde, pensaron que todos los síntomas eran provocados por las experiencias que había vivido el paciente y su estado emocional”.

6. Hipocondría

La hipocondría era otra condición médica que para el siglo XIX había adquirido asociaciones puramente emocionales.

Mujer desmayada

Getty Images
Algunas emociones eran tratadas como si fuesen enfermedades.

“Era básicamente la versión masculina de lo que los médicos victorianos llamaban histeria“, dice Chaney.

“Se creía que causaba cansancio, dolor y problemas digestivos. En los siglos XVII y XVIII, se pensaba que la hipocondría estaba ligada al bazo, pero más tarde se la asoció a los nervios”.

Los victorianos creían que los síntomas eran causados por la hipocondría, o por la preocupación obsesiva por el cuerpo (a pesar de que se notaban los síntomas físicos, era la mente y las emociones las que se creía que estaban enfermas).

7. Demencia moral

El término “demencia moral” fue acuñado por el doctor James Cowles Prichard en 1835.

“Efectivamente, significa ‘locura moral'”, explica Chaney, “porque por mucho tiempo la palabra ‘moral’ significaba ‘psicológica’, ‘emocional’ y también ‘moral’ en el sentido en el que usamos la palabra ahora”.

Demencia moral

Getty Images
El término que servía para describir muchas emociones extremas

Los pacientes que Prichard consideraba “dementes moralmente” eran aquellos que actuaban de forma errática o poco usual sin mostrar síntomas de un desorden mental”.

“Él sentía que había un gran número de pacientes que podían funcionar como cualquier otra persona, pero que no podía controlar sus emociones, o cometían crímenes de forma inesperada”.

La cleptomanía, por ejemplo, en mujeres educadas de alta sociedad, podía ser visto como un signo de demencia moral porque eran mujeres que no tenían motivos para robar.

Era un término que servía para describir muchas emociones extremas y se aplicaba con frecuencia a niños difíciles.


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