Infonavit pierde invirtiendo el patrimonio que le confían los trabajadores
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Infonavit pierde invirtiendo el patrimonio que le confían los trabajadores

Los intereses generados por el Fondo de Apoyo a las Necesidades de Vivienda de los Trabajadores FANVIT (margen financiero) se incrementaron 7% respecto al cierre de 2014, mientras que los gastos para su administración (sueldos, infraestructura, entre otros) y los gastos por intermediación (compra-venta de valores) incrementaron 5,000%.
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Por Rindecuentas
13 de octubre, 2015
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Alejandro Murat Hinojosa, director del Infonavit. Foto: Cuartoscuro/Archivo

Alejandro Murat Hinojosa, director del Infonavit. Foto: Cuartoscuro/Archivo

mexicoleaks-cintillo

El Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) ha disminuido el patrimonio que le confían los trabajadores. En febrero de 2014 el Consejo de Administración aprobó la creación de un fideicomiso a través del cual se invertirían las aportaciones de los trabajadores -que no se utilizaran como créditos en el corto plazo- para hacerlas crecer: el Fondo de Apoyo a las Necesidades de Vivienda de los Trabajadores (FANVIT). A tan sólo ocho meses de comenzar operaciones en julio de 2014, el fideicomiso reportó un rendimiento negativo por 102 millones de pesos.

La razón de los números rojos se explica con matemática básica: al primer trimestre de 2015 los gastos fueron mayores que los ingresos. Los intereses generados por el FANVIT (margen financiero) se incrementaron 7% respecto al cierre de 2014, mientras que los gastos para su administración (sueldos, infraestructura, entre otros) y los gastos por intermediación (compra-venta de valores) incrementaron 5,000%.

Durante el primer trimestre de 2015 la manutención del FANVIT costó 537 millones de pesos, mientras que generó intereses por 435.1 millones de pesos, lo que representó una pérdida de 102 millones.

Al segundo trimestre de 2015 el FANVIT no se recuperó del todo; sus ganancias -intereses cobrados menos gastos- fueron menores que durante el primer trimestre a pesar de que entre abril y junio el fideicomiso generó dos veces más intereses que durante los primeros tres meses del año. Ello se debió a un incremento de 46% en los gastos del segundo trimestre respecto del primero.

Durante el segundo trimestre de 2015 el FANVIT generó intereses por 953 millones de pesos; sin embargo, los gastos para su manutención crecieron a 787 millones. Como resultado las ganancias ascendieron a sólo 17% de los ingresos que obtuvo por el cobro de intereses, es decir, a 165.4 millones. En cambio, al cierre de 2014 con intereses generados por 400.7 millones de pesos, las ganancias resultaron casi intactas al contabilizarse en 397 millones de pesos.

Desafortunada inversión

Alrededor de 80% de los gastos del fideicomiso durante el primer y segundo trimestre de 2015 -por más de mil millones de pesos- corresponden al concepto “resultados por intermediación”, es decir, al costo en que se incurre por la compra-venta de valores. El 90% de la inversión en valores del Infonavit se realizó en UDIBONOS, un título de deuda gubernamental cuyos rendimientos están en línea con la inflación. A mayor inflación mayor rendimiento y viceversa.

En 2015 las inversiones en este instrumento están dando rendimientos negativos porque la inflación ha disminuido paulatinamente y se encuentra en mínimos históricos, explicó el economista Samuel García.

Al cierre de 2014 el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) -con base en el cual se mide la inflación- registró una tasa anual de 4.08% que en junio de 2015 disminuyó hasta 2.87%, de acuerdo con datos del Banco de México.

Las decisiones sobre cómo administrar el FANVIT recaen en Nacional Financiera (Nafinsa), el banco de desarrollo dirigido por Jacques Rogozinski que funge como administrador del patrimonio del fideicomiso. Como custodio del fideicomiso, el consejo de administración eligió a BBVA Bancomer.

Tecnologías millonarias

El restante 20% de los gastos en que ha incurrido el fideicomiso durante el primer semestre de 2015 -más de 354 millones de pesos- se reparten en una serie de conceptos poco claros.

Por ejemplo, hay un contrato por 553 millones de pesos con la empresa mexicana Pro Asset Management para el desarrollo y mantenimiento de una plataforma tecnológica para operar el sistema de gestión de inversiones. Una adquisición que tan sólo a diciembre de 2014 le costó al Infonavit 63 millones de pesos por concepto de mantenimiento.

En contraste, en diciembre de ese año el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) contrató un sistema de gestión de inversiones y riesgos con la firma estadounidense Blackrock Financial Management con un costo de 74 millones de pesos. Este monto es siete veces menor que la oferta que le hizo Pro Asset Management -empresa fundada hace tres años y dirigida por exalumnos del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE)- al Infonavit.

La plataforma del FANVIT generó gastos incluso antes de su compra. Entre 2013 y 2014 el Infonavit pagó al ITAM 12 millones de pesos por diversos servicios de análisis y elaboración de estudios para la implementación del fideicomiso, algunos inclusive en dólares.

Fue precisamente esta institución académica, de la cual egresaron los dirigentes del Infonavit y Nafinsa, la que recomendó a los administradores del FANVIT -mediante uno de sus estudios- comprar la plataforma (sistema de gestión de inversiones) a Pro Asset Management.

Tal es la confianza en su alma mater que los integrantes del consejo de administración del Infonavit acordaron en julio de 2014 que las empresas sugeridas por el ITAM son las mejores del mercado y, por tanto, no escatimarían en costos, es decir, que el precio del servicio no sería el factor clave para decidir a quién contratar.

La recomendación del ITAM para la compra de la plataforma no generó un conflicto de interés, o por lo menos eso aseguraron los miembros del consejo de administración en su sesión de julio de 2014. “Ningún funcionario, empleado, o asesor del ITAM involucrado en la elaboración de la Opinión del ITAM es accionista, de manera directa, de PRO Asset Management”, así lo asentaron en el acta.

Lo que sí hubo fue una puerta giratoria de actores clave. Uno de los gerentes de la subdirección general de planeación y finanzas del Infonavit, Omar Flores Violante, fue director de operaciones y gestor de inversores de Pro Asset Management por casi cuatro años, inclusive continúa en el directorio de la empresa como parte del equipo directivo. Flores ingresó al Infonavit en julio de 2015 según su perfil de LinkedIn, donde se describe como “head trader” del Instituto.

Plataforma de peso, pero en los estados financieros

No queda claro el destino del 80% de los gastos causados por el nuevo régimen de inversión registrados en los estados financieros del Infonavit -sin contar los resultados por intermediación-. Se trata de 291 millones de pesos erogados entre el inicio de operación del fideicomiso en julio de 2014 y junio de 2015. El único dato conocido son los 63 millones de pesos que el Infonavit gastó en el mantenimiento de la plataforma al cierre de 2014 y que informó en su estado financiero de ese año. Pero en total los gastos para el periodo señalado ascienden a 354 millones.

Los estados financieros del Infonavit no ofrecen un desglose de los gastos que permite conocer los detalles. Tampoco aparece en la lista de contratos publicada por el Instituto el firmado con Pro Asset Management en julio de 2014, a pesar de ser -por mucho- uno de los más cuantiosos signados en el año.

Hasta diciembre de 2014 el Infonavit tenía pendiente un pago por 290 millones de pesos para el desarrollo de la plataforma tecnológica, según lo informa en sus estados financieros. Un monto que cabe muy bien en los 291 millones de pesos cuyo rastro no es claro.

En mayo de 2014 el Infonavit firmó un contrato con la empresa Grupo de Tecnología Cibernética por un monto similar al acuerdo con Pro Asset Management, 598 millones de pesos. Esta adquisición para la implementación de un software y hardware sí aparece en la lista de contratos del Infonavit, mientras el contrato con Pro Asset no aparece.

FANVIT pega a la rentabilidad

La rentabilidad de capital del Infonavit o ROE ha disminuido 2.8 puntos porcentuales desde que comenzó a operar el FANVIT. Pasó de 17.36% en junio de 2014 a 14.54% un año después. De acuerdo con el economista Samuel García la disminución no es alarmante -pues no está por debajo del ROE promedio de la banca comercial ubicado en 13.09% a junio pasado- pero, sí es significativa.

En enero de 2012 se reformó el artículo 43 de la Ley del Infonavit para brindar al Instituto la posibilidad de diversificar las inversiones de la subcuenta de vivienda, antes concentradas en instrumentos gubernamentales. Ahora la subcuenta de vivienda se puede invertir en instrumentos financieros menos conservadores, es decir, con mayores rendimientos, aunque mayor volatilidad.

“Anteriormente estábamos limitados a invertir en instrumentos gubernamentales de muy poco riesgo y eso genera muy poco rendimiento. Lo que se permitirá con el nuevo régimen de inversión es que se pueda desarrollar una estrategia financiera de poder destinar recursos a diferentes productos”, dijo a la prensa el subdirector de crédito del Infonavit, Jorge Gallardo, el 28 de febrero de 2014.

Por ello hoy más de 10% de los recursos de los trabajadores se invierten en títulos de empresas privadas como Grupo Radio Centro, Grupo Herradura Occidente, Consubanco y la propia Nacional Financiera, entre otras. Todo indica que este porcentaje podría crecer.

A poco más de un año desde que arrancara la administración del FANVIT, su falta de transparencia imposibilita conocer si eran necesarios los gastos de administración en que incurrieron y que en marzo causaron perdidas. El hecho de que el fideicomiso haya reportado números rojos a pesar de que el 90% de los fondos se invierta en valores gubernamentales -considerados más seguros- cuestiona el desempeño que tendrán los administradores ahora que la ley les brinda la posibilidad de invertir la subcuenta de vivienda en títulos de empresas privadas considerados más volátiles.

Con base en información obtenida a través de la plataforma Méxicoleaks.

Consulta aquí los documentos obtenidos.

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Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

La sintomatología de este síndrome que padecen muchos migrantes puede confundirse con depresión o estrés postraumático y no tratarse bien.
6 de agosto, 2022
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“No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza”, decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3.6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79.5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una “planta monstruosa”. Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno

El psiquiatara español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. “Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia”, cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: “Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante”.

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban “un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple”.

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que “el estrés y el duelo son cosas normales en la vida”, pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises

Normalmente asociamos la palabra “duelo” al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

“Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo”, explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo “parcial, recurrente y múltiple”.

Paisaje de Caracas

Getty Images
Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres… O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, “el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad”.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién “echar un pie” y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Ilustración persona migrante con preocupaciones a su alrededor.

BBC MUNDO
Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. “Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados”, remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, “que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida”.

Dos hombres en una fiesta.

Getty Images
Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que “lo peor” ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta

Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

“Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo”, sostiene Achotegui.

Grupo de mujeres jugando al fútbol.

Getty Images
Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o “se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo”.

Qué hacer y qué no hacer

“Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias”, señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya “menos riesgo de trastorno mental”, pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. “Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio”.

Al final se trata de mantener “la raíz” con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que “los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas” ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás

La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

“Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas” ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo “ya se te pasará”, “no es para tanto”, “eso son miedos tuyos” o “todo saldrá bien”.

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: “Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante”.

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.


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