La periodista que dio la primicia del inicio de la Segunda Guerra Mundial
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La periodista que dio la primicia del inicio de la Segunda Guerra Mundial

La periodista Clare Hollingsworth fue una de las protagonistas de uno de los eventos más importantes de la historia moderna.
BBC
Por Elías García Navas de BBC Mundo
10 de octubre, 2015
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Clare Hollingworth cumple 104 años siendo una genuina leyenda viviente del periodismo de guerra. // Foto: BBC.

Clare Hollingworth cumple 104 años siendo una genuina leyenda viviente del periodismo de guerra. // Foto: BBC.

Clare Hollingworth tenía menos de una semana trabajando como reportera en el diario inglés The Daily Telegraph, cuando la enviaron a Polonia para averiguar más detalles de las tensiones que desde ese país hacían eco en toda Europa.

La decisión del diario no era un encargo menor. Por lo que Clare asumió la misión con la determinación que posteriormente le merecería la admiración de todos sus colegas.

Al llegar a Polonia pidió a su viejo amigo y cónsul británico en Katowice, al sur del país, John Anthony Thwaites, que le prestara su carro y su chofer para trasladarse hasta la frontera y adentrarse en Alemania.

Ese viaje cambiaría su historia, y lo que descubrió haría lo propio con el rumbo de la humanidad.

Vienen los tanques

Aunque la frontera estaba cerrada, los autos oficiales podían transitar libremente.

Logró cruzar el límite, y comprar del lado alemán aspirinas, vino y otras cosas que ya eran difíciles de encontrar en Polonia. Era el 29 de agosto de 1939.

Cuando se desplazaban de regreso a territorio polaco, pudo detectar repentinamente una amplia formación de tropas alemanas, incluyendo tanques y vehículos blindados, ocultos en un valle tras la frontera.

Con la adrenalina y la desesperación de saberse con la noticia de su vida, de inmediato se movilizó de regreso a su hotel para reportar la información.

Cuando le devolvió el auto al cónsul le dijo: “Tengo una muy buena historia. Los tanques están alineados y listos para invadir Polonia”. Thwaites no dijo nada, pero envió de inmediato un mensaje secreto a la cancillería británica.

Clare se comunicó con el corresponsal del Telegraph en Varsovia, Hugh Carleton Green, y le dio toda la noticia. “1.000 tanques reunidos en la frontera polaca. 10 divisiones listas para dar un rápido golpe”, fue el título del periódico.

Cabe recordar que en ese momento, las grandes potencias mundiales de ese entonces, en particular Reino Unido, sostenían intensas negociaciones con Alemania para evitar el inicio de un conflicto bélico de proporciones impensables.

Tres días después, se comunicó con Robin Hankey, secretario de la embajada en la capital polaca.

Le gritó “¡comenzó la guerra!”, pero Hankey no le creyó. “Todavia están en negociaciones”, le dijo el funcionario.

Fue entonces cuando Clare sacó el auricular por la ventana de su habitación para que escucharan el sonido de los tanques alemanes entrando a la ciudad.

Ese fue el primer reporte sólido que el mundo obtuvo de las verdaderas intenciones de Adolfo Hitler. Ahí comenzó la Segunda Guerra Mundial.

De la granja a la guerra

Clare nacio en Knighton en 1911, en la región central de Inglaterra, y su familia se mudó a una granja durante los primeros años de la guerra.

Su padre no era un soldado, pero le inculcó su pasión por la historia militar. Solía llevarla a los campos de batallas en Inglaterra y describirle minuciosamente cómo están plantados los ejércitos, cuál fue la estrategia, los errores, por qué se habían producido esos conflictos.

Eso le permitió tener la visión de que la guerra era la extensión de la política, y evidenciaba las fallas de los estadistas para mantener la paz.

Desde el principio le gustaron los libros y escribir. También supo con claridad que la vida de granjera no era para ella.

Comenzó a trabar como secretaria en la Liga de las Naciones Unidas, en Worcestershire, y ganó una beca para estudiar la cultura eslava en la Universidad de Londres, y luego otra para aprender croata en la Universidad de Zagreb.

En 1936 se casó, pero el rol de esposa tampoco estaba en sus planes, y dos años más tarde terminó en Varsovia, trabajando en una organización que apoyaba a los miles de judíos, católicos, comunistas y socialistas que huían del avance de los nazis en Europa oriental.

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Fue cuando comenzó a escribir para un medio local. Tenía 27 años.

Durante una visita a Londres, conoció a Arthur Watson, editor del Daily Telegraph, quien había leído algunos de sus trabajos publicados.

Constatando su conocimiento de Polonia, Watson tuvo entonces la afortunada idea de contratarla como corresponsal en Katowice. El resto es literalmente historia.

“Me gusta estar en la guerra”

Con semejante estreno como corresponsal extranjera, y en ese periodo, la guerra fue un escenario natural para Clare.

“Debo admitirlo. Me gusta estar en la guerra. No sé por qué, porque no soy valiente”, le dijo en una entrevista años a tras al periódico donde hizo historia, The Telegraph.

Después de la Segunda Guerra Mundial, estuvo presente en diferentes conflictos siempre con sus dos armas inseparables: su cepillo de dientes y la máquina de escribir.

Se habituó rápido al peligro. En julio de 1946, cuando cubría los conflictos en Israel, estuvo a unos 270 metros del Hotel King David, en Jerusalén, cuando estalló una bomba que mató a 91 personas.

Luego vendrían las guerras en Argelia, India y Vietnam.

Terminó su carrera como corresponsal en China, donde dejaría el Telegraph cuando cumplió 70 años, aunque nunca se desligó del mundo informativo.

Charles Moore, antiguo editor del Daily Telegraph, la describe como “una de las grandes reporteras del siglo 20, una leyenda del periodismo y una pionera para las mujeres reporteras”.

John Simpson, el veterano corresponsal de la BBC, comentó a The Guardian que “Clare tuvo un extraordinario impacto en el periodismo”, y agregó que entre sus grandes historia figuraba haber hecho la primera entrevista al Sha de Irán, y la útima, luego que fuera derrocado.

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También es descrita como alguien con una vida personal muy reducida, que sólo ha vivido para trabajar.

Una vez le confió a un periodista de The Guardian que “trabajo todo el tiempo. Durante el día estoy reporteando, y en las noches y fines de semana escribo libros. Tengo muy poco de vida privada. En realidad estoy más interesada en mi trabajo, que en mi vida privada”.

El lugar más peligroso

Aunque vivió una vida de peligro y riesgos mortales, este 10 de octubre cumple 104 años.

Hoy está prácticamente ciega.

En una entrevista en el 2011 le comentó al periódico The Guardian que había dejado uno de sus “hábitos característicos” (dormir en el piso, según decía para no “ablandarse” con comodidades que no tendría en los sitios donde solía ir reportear).

Una suerte de ataque debilitó seriamente su salud, por lo que anda acompañada de una enfermera, quien comenta que Caire no deja de escuchar las noticias que transmite la BBC.

Asiste a las reuniones del Club de Corresponsales Extranjeros en Hong Kongcon regularidad. En el 2011, cuando cumplió 100, le hicieron un extraordinario agasajo con unos 150 invitados.

“Mi madre tuvo una idea negativa del periodismo, como si fuese un oficio, no una profesión. Nunca creyó nada de lo que escribían los periodistas”, cuenta Clare a The Telegraph.

Sin embargo, el periodismo y el riesgo parecen haber sido la fuente de su vigor.

Al preguntarle si la llamaran de alguna redacción para que cubriera una historia, cuál elegiría, contestó: “Miraría los periódicos y diría: ¿cuál es el lugar más peligroso en este momento? Porque ahí siempre se encuentran buenas historias”.

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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