Las batallas por el software libre que vale la pena conocer
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Foto: @Xavs_

Las batallas por el software libre que vale la pena conocer

En 30 años la Free Software Foundation ha peleado para que el software esté en control del usuario y no de las empresas; en cada logro se obtienen beneficios invaluables, como la garantía de privacidad del usuario.
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Por Javier Bárcenas
6 de octubre, 2015
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La Free Software Foundation cumplió 30 años; sus logros, que parecen invisibles, son más importantes de lo que crees. //Foto: @Xavs_

La Free Software Foundation cumplió 30 años; sus logros, que parecen invisibles, son más importantes de lo que crees. //Foto: @Xavs_

En el mundo entero hay software incorporado a los objetos que usamos, desde el automóvil hasta el refrigerador; el uso de este ingenio matemático que se traduce en aplicaciones funcionales para nuestra vida diaria puede estar limitado por empresas. La Free Software Foundation (FSF) lucha para que esto no sea así y haya software libre; esta batalla es inagotable.

Un ejemplo tangible está en los autos. A través del software existente en un auto actual, el fabricante podría limitar el acceso a las funciones del mismo y evitar que cualquier persona – el mecánico de preferencia, por ejemplo – haga una reparación, por lo que el cliente tendría que acudir forzosamente a la compañía para resolver un problema.

Gracias al trabajo de organizaciones como la FSF las marcas deben permitir el acceso al software y así dar flexibilidad al propietario del vehículo.

En palabras de Richard Stallman, fundador de la FSF, el software ‘propietario’ es controlado por una empresa, y el software libre es controlado por el usuario.

En pro de la libertad le debemos mucho al software libre

El software libre es el que, una vez obtenido – usualmente se distribuye por internet – se puede utilizar, copiar, modificar, mejorar y mantenerlo en circulación de forma que otras personas puedan realizar el mismo ciclo con él.

“Un caso conocido es el de Volkswagen. La FSF peleó para que el software de los automóviles se pudiera revisar y ganó el caso… Después la agencia ambiental de EU decidió que la parte que tenía que ver con las emisiones no podía ser software libre, supuestamente para evitar que la gente hiciera trampa. Recientemente salió a la luz que Volkswagen tenía años engañando esto. Si el software hubiera sido libre la gente se hubiera dado cuenta desde mucho antes”, dice el director de tecnología en OPI: Open Intelligence, Adolfo de Unánue.

Richard Stallman, fundador de la Free Software Foundation. //Foto: stallman.org

Richard Stallman, fundador de la Free Software Foundation. //Foto: stallman.org

Además de los autos, el trabajo de la FSF ha permitido en los EU avanzar en el desbloqueo de celulares para poder usar el dispositivo con cualquier operador en lugar de que éste venga ‘atado’ a la empresa con la que se compró el producto.

Otra aportación de la FSF envuelve a Apple. A través de la campaña ‘Defective by design’ (defectuoso desde el diseño) – que la FSF usa para combatir la gestión de derechos digitales o DRM – se tuvo un impacto positivo y en 2009 la empresa removió la restricción de la música que se adquiría en iTunes y limitaba el número de dispositivos donde se podía reproducir una canción.

Los DRM son reglas incorporadas a la tecnología que consumimos y que limitan la forma como utilizamos los dispositivos por los que pagamos. Según este sitio de Defective by Design, Apple es uno de los más grandes promotores del uso de DRM, pues sus dispositivos están bloqueados para funcionar únicamente como lo dicta la empresa.

30 años de programar… y litigar

Fundada el 4 de octubre de 1985, la Free Software Foundation es una organización compuesta no sólo por programadores y personas afines al tema informático; aquí intervienen también abogados, quienes coadyuvan a lograr que se modifiquen instrumentos legales que limitan o afectan el uso de software libre.

El sábado 3 de octubre los colaboradores y entusiastas del trabajo de la FSF – organización sin fines de lucro y que se financia casi en su totalidad a través de donaciones – realizaron un festejo en ocho países distintos para celebrar el 30 aniversario de la organización. En México la fiesta llegó a Sinaloa y al DF.

En su inicio los miembros de la FSF crearon un sistema operativo llamado GNU como muestra de lo que  se puede hacer con el software libre; en la actualidad el trabajo en programación no es mayor que el que se realiza en las cortes para pelear por los derechos digitales y completar el ideal de que el software “no se puede patentar”, como menciona de Unánue, pues es un concepto matemático.

En el evento del DF, de Unánue usó una Mac, no sin aclarar que su software nativo fue removido para ser completamente libre y comulgar con los ideales 'anti Apple' de la FSF. // Foto: @Xavs_

En el evento del DF, de Unánue usó una Mac, no sin aclarar que su software nativo fue removido para ser completamente libre y comulgar con los ideales ‘anti Apple’ de la FSF. // Foto: @Xavs_

Jesús Lugo, un hacker ético ‘whitehat’ (de sombrero blanco) que radica en Sinaloa forma parte de la organización del evento principal que se llevó a cabo en Spiral Media, ubicada en Los Mochis. Lugo se acercó al software libre desde muy joven y hoy participa en diversos proyectos relacionados sin obtener ingresos por ello.

Lugo explica que una de las tareas de la FSF es mantener vigente el ‘copyleft’, que contrario al ‘copyright’ (derechos de reproducción) trata de conservar los derechos para quien crea software pero no restringe a otras personas para retomar dicha creación, mejorarla y redistribuirla. Lo que sí se evita al usar copyleft es que alguien tome el programa, lo haga privado y evite que circule con libertad.

Así, la FSF sigue trabajando para que más personas entiendan la importancia del software abierto. No es una tarea fácil; la mayoría de los usuarios no dejarían Facebook para usar una red social libre y ‘desconocida’, llamada Diaspora, a pesar de que los beneficios en términos de libertad serían muchos: no habría una empresa conociéndote mejor de lo que te conoces tú mismo, para empezar.

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#YoSoyAnimal

#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
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“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


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https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

https://www.youtube.com/watch?v=AYRg2DPj-FM

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