Observaciones de la CIDH no reflejan la situación de México en derechos humanos: Segob
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Observaciones de la CIDH no reflejan la situación de México en derechos humanos: Segob

El subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, Roberto Campa Cifrián, dijo que las observaciones realizadas en cinco días y sobre casos particulares no puede reflejar la situación del país.
2 de octubre, 2015
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Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Derechos Humanos de la Segob. // Foto: Cuartoscuro

Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Derechos Humanos de la Segob. // Foto: Cuartoscuro

El subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, Roberto Campa Cifrián, dijo que el reporte preliminar de la CIDH no refleja la situación de los derechos humanos que se vive en el país.

En conferencia de prensa, Campa Cifrián dijo que el gobierno federal no comparte que las observaciones realizadas por la CIDH “en cinco días y sobre casos particulares pueda reflejar la situación general” de México.

“Las observaciones tienen como base la visita a solo seis de las 32 entidades. El Estado mexicano considera que si bien algunos casos específicos que se observaron son preocupantes, no reflejan la situación del país”, explicó el funcionario federal.

Campa Cifrián dijo que “el caso Ayotzinapa es una situación extraordinaria. No hay posibilidad de compararla con ninguna otra en el país y mucho menos plantear que esta situación es generalizada en el país (…) Por distintos motivos, razones y características ésta es una situación absolutamente extraordinaria”.

Aunque no está de acuerdo con el diagnóstico, el funcionario federal dijo que el gobierno mexicano refrenda su “absoluta apertura y compromiso con la transparencia para trabajar de la mano con la CIDH y otras instancias internacionales en el ramo”.

Para Campa Cifrián, las conclusiones que emitió la CIDH tampoco reflejan el “amplio intercambio de información” que ha existido entre las distintas autoridades y los integrantes de ese organismo dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El funcionario federal dijo que el Estado mexicano estará atento a la entrega del informe definitivo que hará la CIDH en el primer semestre de 2016, como ellos mismos adelantaron, una vez que hayan procesado “a plenitud” la información que las autoridades mexicanas proporcionaron.

Campa Cifrián dijo que se coincide con la Comisión en que los retos que el país enfrenta en materia de derechos humanos no pueden solucionarse con respuestas de corto plazo, sino requieren que sean integrales, por lo que refirió lo que se está haciendo para dar respuestas de Estado y enfrentar cada reto.

El subsecretario declaró que un documento como el que se presentó requiere un tiempo de estudio, por lo que “confiamos en que el definitivo sea un informe objetivo que refleje a plenitud la situación de México en materia de derechos humanos”.

“Creemos que el informe preliminar no refleja la situación del país, que se circunscribe a zonas y regiones en donde sabemos que tenemos enormes retos, particularmente en el caso de Guerrero”, expuso el titular de la Subsecretaría de Derechos Humanos.

Respecto a la posibilidad de crear una comisión contra la impunidad como la que existe en Guatemala, expuso que “ni en el sistema interamericano y menos en nuestra legislación se prevén acciones para sustituir instituciones”.

Añadió que en el caso de México “la historia acredita que las soluciones del país las tenemos que encontrar los mexicanos. Las que vengan de fuera a resolvernos, sustituyendo a las instituciones de los mexicanos, son siempre salidas fáciles y que conducen al fracaso”.

Roberto Campa manifestó su convicción de que se requiere un cambio de fondo al sistema de justicia penal y que bajar los niveles de violencia y de inseguridad implica necesariamente reducir los índices de impunidad.

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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