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¿Cuánta gente más cabe en el planeta Tierra?

La población mundial continúa en crecimiento ¿terminaremos ocupando todos los sitios que son habitables en la tierra?
NASA
Por Rachel Nuwer de BBC Mundo
4 de noviembre, 2015
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Buena parte del crecimiento poblacional no ocurrirá en el continente europeo, sino en países en desarrollo. // Foto: NASA.

Buena parte del crecimiento poblacional no ocurrirá en el continente europeo, sino en países en desarrollo. // Foto: NASA.

A veces es difícil imaginarse un mundo más poblado que en la actualidad, pero lo cierto es que el número de habitantes del planeta inevitablemente seguirá en aumento.

Lee también: ¿Cuántos habitantes tendrá el planeta en 2050? ¿Y en 2300?

Es imposible pronosticar las cifras exactamente, pero cálculos divulgados en julio por Naciones Unidas vaticinan que para 2030, pasaremos de 7.300 millones personas a 8.400 millones.

Y el número aumentaría a 9.700 millones para 2050 y a 11.200 millones para 2100.

¿Cuántos seremos?

  • 7.300.000.000 Ahora
  • 8.400.000.000 En 2030
  • 9.700.000.000 En 2050
  • 11.200.000.000 En 2100
Getty

Ya hoy en día es difícil escaparnos de los demás. Si, por ejemplo, manejas varias horas fuera de grandes metrópolis como Nueva York o San Francisco para buscar la montaña o el mar, encontrarás a habitantes de la ciudad obstruyendo senderos y playas.

Para quienes pueden darse el lujo de evadir ocasionalmente a los miembros de nuestra propia especie, hacerlo suele significar viajar a sitios cada vez más lejanos.

Pero la huella de la humanidad se extiende incluso hasta los lugares aparentemente más aislados.

Así encontrarás pastores nómadas en el desierto Gobi de Mongolia, bereberes en el Sahara y campamentos de científicos en la Antártica.

Y eso nos hace pensar si terminaremos ocupando todos los espacios habitables.

Aumento urbano

Los expertos pronostican que, reflejando las tendencias actuales, un número cada vez mayor de personas se radicarán en ciudades.

A medida que la agricultura se vuelva más eficiente, la gente abandonará los empleos en ese sector y, en su lugar, trabajarán en las empresas de producción urbanas o en las de servicios.

Es lo que ha estado sucediendo desde hace varias décadas. En 1930 apenas el 30% de la población mundial vivía en ciudades, comparado con el 55% hoy en día.

Y para 2050 se espera que dos terceras partes estén radicadas en las ciudades.

“Casi todo el crecimiento poblacional hasta el final del siglo ocurrirá en ciudades”, apunta el académico Joel Cohen, autor del libro “¿Cuánta gente puede soportar la Tierra?” (How many people can the Earth support?)

“Equivale a tener más de un millón adicional de personas viviendo en la ciudades cada cinco a seis días de aquí hasta 2100”.

Mega-regiones

Se calcula que aproximadamente la mitad de la población mundial vivirá en ciudades de medio millón a tres millones de residentes.

El resto estará en mega-ciudades localizadas en economías en países en desarrollo o emergentes como China, India y Nigeria.

Sin embargo, debido a los retos que implica gobernarlas, no excederán de mucho más de diez millones de personas.

La norma serán las mega-regiones, lugares donde la expansión urbana se prolonga por kilómetros, abarcando varias ciudades, como la Gran Nueva York y el delta del río de las Perlas en China.

La gente sí puede vivir en ciudades densamente pobladas“, acota John Wilmoth, director de la División de Población de Naciones Unidas. “Como habitante de Manhattan, tengo que decir que no es horrible”.

Las oportunidades educativas, culturales y laborales -además de las opciones de asistencia médica, normas de seguridad y la infraestructura relativamente eficiente- contribuyen a la alta calidad de vida que disfrutan sus residentes.

Sin embargo, esas no son garantías urbanas universales y no necesariamente se desarrollan uniformemente a medida que una ciudad o un país van creciendo.

Como indica Adrian Raftery, profesor de estadísticas y sociología en la Universidad de Washington, “los aumentos de población tienen que ser planificados”.

Es necesario tener gobiernos e instituciones competentes para organizar los servicios básicos.

“Sin embargo el problema es que el talento gerencial escasea“, destaca Cohen.

Reto africano

Lo más preocupante es que los lugares que más necesitan esa supervisión son también los sitios donde está previsto que ocurra el mayor crecimiento poblacional.

Una gran parte del futuro aumento de la población corresponderá a África que, de su cifra actual de 1.000 millones de personas, se disparará a más de 4.000 millones en 2100.

“Las proyecciones africanas son realmente aterradoras”, sostiene John Bongaarts, vicepresidente del Consejo Poblacional, una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York.

Una gran proporción terminará en barriadas urbanas pobres“.

El problema, añade Bongaarts, es que las grandes ciudades africanas y, hasta cierto punto las asiáticas también, no están equipadas para absorber la llegada de tantas personas.

Y lugares como Lagos, Dhaka y Mumbai ya enfrentan tremendos retos actualmente.

“La gente compra agua a precios muy altos a los vendedores ambulantes, hay excrementos por todas partes y la basura no se recoge”, dice Cohen.

“Eso, sin siquiera hablar de espacios verdes alrededor de la ciudad o la calidad de la vivienda”.

Tampoco en los países en desarrollo

Incluso en los países desarrollados, los niveles de vida probablemente no seguirán mejorando al mismo ritmo.

“Hemos tenido algunas décadas de rápido crecimiento económico con niveles de pobreza que disminuyen, tanto en los países ricos como en los pobres”, señala Bongaarts.

“Sin embargo eso será mucho más difícil en el futuro”.

Y destaca tres motivos:

  • Primero, los países ricos tienen una población que está envejeciendo.
  • En segundo lugar, el costo ambiental del crecimiento. Ya hemos agotado el uso de la tierra más productiva, embalsado los ríos más rentables energéticamente y aprovechado el agua subterránea de más fácil acceso.
  • Por último, la inequidad se está volviendo un problema cada vez mayor. Mientras el ingreso del estadounidense promedio no ha variado mucho, el 1% que más gana está cada vez mejor.

El cambio climático es otra variable incierta que podría tener un impacto significativo sobre el futuro de los centros urbanos.

Cerca del 60% de todas las ciudades que actualmente tienen un millón de residentes o más están en riesgo de por lo menos un tipo de catástrofe natural, muchas relacionadas con el clima.

Aunque el impacto de muchos de esos temas podría disminuir con una apropiada planificación, aparte de unas pocas naciones y ciudades progresivas, no hay mucha evidencia de que eso esté ocurriendo.

¿A qué precio?

“Sin duda los problemas se solucionarán de una manera u otra”, apunta Cohen. “Sin embargo, probablemente a un costo tremendo y un sufrimiento humano evitable“.

Hasta los lugares rurales y remotos que no están estrictamente protegidos probablemente tendrán un modesto aumento de habitantes.

Eso también significa que, para quienes tienen los medios para hacerlo, encontrar una esquina libre de la huella humana será más difícil.

Simplemente, habrá demasiadas personas pensando lo mismo.

Nada de eso, sin embargo, significa que no tendremos verdadero espacio donde vivir.

Yo diría que no hay amenaza de que las selvas sean tomadas por las ciudades“, dice Karen Seto, profesora de geografía y urbanismo en la Universidad de Yale.

La mayor amenaza es el impacto indirecto de la urbanización en ese panorama”.

Ciertamente, las ciudades requieren madera para los edificios, tierra arable para cultivar alimentos, espacio para eliminar toneladas de basura generadas diariamente y mucho más.

Wilmoth dice que a la larga la población mundial probablemente se nivelará.

Incluso disparándose miles de millones, el crecimiento en este siglo ya está dando señales de reducirse y se proyecta que siga en esa tendencia.

Dentro de muchas décadas, incluso podría comenzar a disminuir.

En el futuro cercano, sin embargo, vamos hacia un planeta cada vez más poblado con unas condiciones que aun siguen siendo inciertas.

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#YoSoyAnimal

"Soy perezosa y estoy orgullosa de ello": la mujer que asegura que la pereza no es mala

Lucy Gransbury ha aprendido a llevar su vida por la ley del mínimo esfuerzo.Para ella eso es un reconocimiento a su eficiencia al resolver problemas y hacer tareas, y que sabe administrar su energía.
4 de noviembre, 2019
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Lucy Gransbury confiesa que es una “persona perezosa” y se siente “orgullosa” de ello.

“No nos gusta causar drama porque no queremos molestarnos en lidiar con eso”, dice Lucy al hablar de sí misma y de otras personas perezosas que conoce.

¿Te suena familiar?

Bueno, si tú eres propenso a la pereza -la aversión o indisposición a esforzarse- te puedes sentir culpable por tu comportamiento.

Pero tal vez deberías pensarlo dos veces.

Gransbury, quien trabaja como actriz en Melbourne, Australia, argumenta que ser perezosa no es tan malo como se piensa y las investigaciones en la materia la respaldan.

Lucy Gransbury

BBC
Gransbury es actriz de profesión en Melbourne, Australia.

“La gente perezosa merece más crédito. Encontramos el camino más eficiente al objetivo, y no vamos a perder el tiempo tomando el camino complicado”, dice Gransbury.

Reconoce que la pereza se ve sobre todo como un comportamiento negativo, pero ella sostiene que el ser perezoso debe ser visto como un atributo positivo.

Hace a las personas mejores en priorizar las tareas, más eficientes con su energía, y ayuda a encontrar la manera más rápida de hacer un trabajo de una sola vez.

Pereza o atajos

Al observar algunos atajos que toma Lucy para enfrentar las tareas cotidianas que son aburridas, se puede juzgar si es pereza o eficiencia.

Uno es limpiar la ducha mientras todavía la está usando; planchar solo con el aire cuando se está secando la ropa; hacer la cama mientras se encuentra todavía en ella haciendo una serie de movimientos de estrellas de mar o patadas hasta que todas las sábanas caen en su lugar… o saber exactamente qué toma corriente es la adecuado para enchufar la aspiradora para evitar perder tiempo.

Gransbury en su sofá

BBC
Gransbury ha ideado varias estrategias para realizar tareas cotidianas que no son estimulantes.

¿Madre de la invención?

Gransbury asegura que muchos grandes inventos fueron motivados por la pereza.

“La rueda fue algo grande. La inventaron debido a que era demasiado difícil arrastrar cosas por todas partes… Las invenciones son en realidad un método de conveniencia. Como el teléfono, pues tomaba demasiado tiempo caminar hasta la casa del vecino y saludar”, dice.

Y no está sola en este razonamiento.

El fundador de Microsoft, Bill Gates, es a menudo citado por decir que él contrataría a una persona perezosa para hacer un trabajo duro, ya que esa persona encontraría la manera más fácil de hacerlo.

La pereza hace trabajar al cerebro

Una investigación del profesor Masud Husain en la Universidad de Oxford (Reino Unido) sugiere que ser perezoso podría hacer que el cerebro trabaje más, lo cual respalda la teoría de Lucy.

Dos mujeres en una oficina

Getty Images
La pereza ha sido calificada por generaciones como algo muy negativo.

Husain diseñó un experimento para ver las diferencias que podría haber entre los cerebros de las personas perezosas y las que no lo son.

Varias personas fueron puestos a prueba después de ser clasificados en categorías: motivados, apáticos y un punto medio.

“Les pedimos que hicieran una prueba que les hacía decidir si vale la pena un esfuerzo físico por una recompensa en concreto”, explica.

Quizás no fue una sorpresa que el grupo perezoso fuera menos propenso a esforzarse para obtener una recompensa, pero cuando los escáneres cerebrales revelaron por qué, los científicos se sorprendieron.

“Los cerebros de las personas apáticas eran diferentes de los que estaban más motivados, no en términos de estructura, sino en términos del nivel de actividad que esos cerebros mostraban cuando tomaban estas decisiones”, explica Husain, profesor de Neurociencia Cognitiva en Oxford.

“Sorprendentemente, encontramos que los cerebros de las personas apáticas eran en realidad más activos en esas circunstancias que los cerebros de las personas motivadas”, continúa.

Un hombre viendo televisión

Getty Images
Sorprendentemente, las personas perezosas tienen cerebros más activos, que queman más energía.

“Era como si les fuera más difícil tomar esa decisión. Y había un costo más alto para sus cerebros en términos de tratar de determinar si valía la pena o no”, añade.

El profesor explica que eso representa “un trabajo mucho más difícil” que el realizado por el cerebro de las personas que están más motivadas.

“Por supuesto, la actividad cerebral tiene un costo. Quemas combustible, quemas azúcar en el cerebro para tomar estas decisiones: cuando tus neuronas están activas, están consumiendo combustible”.

Entonces, si los cerebros de las personas perezosas queman más energía mientras están ocupados decidiendo lo que van a hacer, ¿por qué la pereza se considera un comportamiento negativo?

Adoctrinamiento

Catherine Carr, de la BBC, analizó por qué la sociedad en su conjunto desprecia la pereza en el programa de radio del Servicio Mundial de la BBC “The Why Factor“.

En un campamento militar de entrenamiento físico en Cambridge, en Reino Unido, una mujer que asistía a la clase de acondicionamiento físico le dijo a Catherine que acostumbraba a hacer flexiones en un parque frío, en lugar de pasar una mañana perezosa en la cama, porque “le encanta y es un buen comienzo de su día”.

Una mujer le grita a otra

Getty Images
El no hacer nada es criticado como parte de un adoctrinamiento cultural, según los defensores de la pereza.

Pero, ¿por qué se percibe esto como algo positivo, y no quedarse en casa?

Un hombre le dijo a Catherine que es lo que te enseñan a creer desde la infancia.

“Es moralmente incorrecto. Me han adoctrinado para creer que tienes que estar haciendo algo, constantemente. Creo que mis padres y la sociedad me lo impusieron. Deberías estar constantemente haciendo cosas, logrando cosas”, manifiesta.

Otra mujer de la clase estuvo de acuerdo.

“La perspectiva de la sociedad es que la pereza es algo malo. La verdad es que, cuando era niña, nunca se nos permitía recostarnos porque eso se consideraba malo. Mis padres siempre nos despertaban temprano en la mañana y los fines de semana porque teníamos que ‘levantarnos y hacer cosas'”.

“Pereza criminal”

Anastasia Burge, quien enseña e investiga filosofía en la Universidad de Cambridge, reconoce que esta actitud ha sido tan fuerte en el pasado que incluso las personas han sido severamente castigadas por tener flojera.

“En la antigua Unión Soviética procesaban a las personas por lo que llamaron parasitismo social, que en realidad era una especie de pereza criminal”.

Una mujer y una niña meditando

Getty Images
Tomarse un tiempo para disfrutarlo en sí mismo es parte del cuidado mental.

“El poeta Joseph Brodsky -que llegó a ser premio Nobel tras dejar la URSS- fue cuestionado en un juicio: ‘¿Qué haces? ¿Cuál es tu trabajo? ¿Cuál es tu profesión?'”, cuenta Burge.

“Él respondió ‘Soy poeta’. Eso fue completamente incomprensible para los jueces, por lo que terminó siendo enviado a hacer trabajos forzados y forzado a exiliarse de la Unión Soviética para que se fuera a un lugar donde hubiera espacio para la poesía”.

Se trata de la salud mental

Son exactamente estas actitudes las que para Gransbury forman parte de una mentalidad del pasado y son un peligro para la salud mental.

“Creo que desconectarse y tener tiempo de inactividad es una gran parte de dejar que tu cerebro se apague, que tu cuerpo se apague; lo que significa realizar una siesta o acostarse en el sofá”, dice.

“Nuestra generación realmente incorpora estos momentos de cuidarse a uno mismo y preocuparse de la salud mental de cada uno, lo que para, algunas personas, puede significar ser perezoso por un corto periodo de tiempo”.

Lucy Gransbury

BBC
Gransbury no solo no se disculpa por ser lo que muchos consideran “perezosa”, sino que alienta a otros a seguir su ejemplo.

“Creo que es más probable que nuestra generación lo acepte y hable de ello que quizás las generaciones anteriores, para las que lo que se compensaba realmente era trabajar duro. Nuestra generación se está cuidando a sí misma”, opina.

En estos días, dice, se trabaja duro y no se cosechan el tipo de recompensas que solía haber.

“No podemos pagar nuestras hipotecas incluso después de trabajar durante 60 años”.

Gransbury no solo no se disculpa por ser lo que muchos consideran “perezosa”, sino que alienta a otros de su generación a seguir su ejemplo.

“Nos estamos moviendo más hacia reflexionar qué tipo de estilo de vida podemos mantener y somos capaces de hacerlo el resto de nuestra vida. Y eso incluye cuidar de uno mismo y ser conscientes de nuestro cuerpos y nuestra mentes, y eso incluye tomarse un descanso”.

Este texto es una adaptación del programa de radio del Servicio Mundial de la BBC The Why Factor.


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https://www.youtube.com/watch?v=ZxEkMGziyDU

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