El día en que Islandia se convirtió en el país más feminista del mundo
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Woman history Archives

El día en que Islandia se convirtió en el país más feminista del mundo

Era noviembre de 1980 y Vigdis Finnbogadottir, una madre soltera divorciada, había ganado las elecciones presidenciales de Islandia ese verano. Fue la primera mujer presidenta en Europa y la primera en el mundo elegida democráticamente jefa de Estado.
Woman history Archives
Por BBCMundo
2 de noviembre, 2015
Comparte
Islandia

Un día como hoy, hace 40 años, las mujeres de Islandia no fueron a trabajar, ni cocinaron, ni cuidaron de sus hijos: estaban de huelga.

Cuando Ronald Reagan se convirtió en presidente de los Estados Unidos, un joven muchacho islandés se mostró muy indignado.

“¡No puede ser presidente, es un hombre!”, exclamó a su madre, al conocer la noticia en televisión.

Era noviembre de 1980 y Vigdis Finnbogadottir, una madre soltera divorciada, había ganado las elecciones presidenciales de Islandia ese verano.

El chico no lo sabía, pero Vigdis fue la primera mujer presidenta en Europa y la primera en el mundo elegida democráticamente jefa de Estado.

Muchos otros niños islandeses seguramente crecieron dando por hecho que presidir un país es cosa de mujeres.

Vigdis ocupó el cargo durante 16 años -que sembraron el camino para que Islandia llegara a ser conocido como “el país más feminista del mundo”.

El “día libre” de las mujeres

Pero Vigdis insiste en que jamás hubiera llegado a la presidencia de no haber sido por los eventos que tuvieron lugar un soleado 24 de octubre de 1975.

Ese día, el 90% de las mujeres del país estaban de huelga.

El Día Libre de las Mujeres en Islandia, 1975

Más de 25.000 mujeres salieron a las calles de Reikiavik. Paralizaron el país por completo, y los bancos, escuelas y tiendas tuvieron que cerrar.

En lugar de ir a la oficina, dedicarse a las labores del hogar o a cuidar de sus hijos, tomaron las calles de Islandia para manifestarse por la igualdad de género.

Fue un evento -conocido en Islandia como “El Día Libre de las Mujeres”- que cambió la percepción sobre las mujeres en el país y ayudó a situarlo a la vanguardia de la lucha feminista.

Vigdis asegura que fue un momento decisivo.

“Lo que ocurrió ese día estableció el primer paso para la emancipación de las mujeres en Islandia. Paralizó el país por completo y abrió los ojos de muchos hombres“, le contó Vigdis a la BBC.

Un “viernes largo” para los padres

Bancos, fábricas y tiendas tuvieron que cerrar, al igual que las escuelas y las guarderías, dejando a muchos padres sin más remedio que llevar a sus hijos al trabajo.

Fue una prueba de fuego para algunos de ellos, lo que explica el otro nombre con el que se conoce a este evento: el “Viernes Largo”.

“Escuchábamos a los niños jugar mientras los locutores leían las noticias en la radio. Era bueno escucharlos, pues sabíamos que los hombres tenían que estar a cargo ese día”, dice Vigdis.

Cuando los presentadores de radio llamaban a los hogares de zonas remotas del país, en un intento de averiguar cuántas mujeres se estaban tomando el día libre, quienes atendían el teléfono eran, la mayoría de las veces, los maridos que se habían quedado en la casa cuidando a los niños.

Un evento sin precedentes

“Lo que ocurrió ese día fue el primer paso para la emancipación de las mujeres en Islandia. Paralizó el país por completo y abrió los ojos de muchos hombres”

Vigdis Finnbogadottir
Kirstie Brewer

En su casa de Reikiavik, en entrevista con la periodista de BBC Kirstie Brewer, Vigdis sostenía en su regazo una fotografía en blanco y negro del mitin en el centro de la plaza principal de la ciudad -el mayor de los más de 20 que tuvieron lugar en todo el país.

Vigdis, su madre y su hija de tres años estaban entre la multitud de más de 25.000 mujeres que se reunieron para cantar, escuchar arengas y discutir ideas.

Fue un gran evento para una isla de tan sólo 220.000 habitantes.

En esa época, ella era la directora de arte de la Compañía de Teatro de Reikiavik y abandonó los ensayos generales para unirse a la manifestación, al igual que sus colegas femeninas.

“Había un gran sentimiento de solidaridad y fuerza entre todas esas mujeres que estaban en pie, en la plaza, bajo el sol”, explicó Vigdis.

Las mujeres en Islandia obtuvieron el derecho a voto hace 100 años, en 1915 -tan sólo por detrás de Nueva Zelanda y Finlandia.

Sin embargo, en los 60 años que siguieron, sólo nueve mujeres ocuparon asientos en el Parlamento.

En 1975 había solamente tres mujeres diputadas, el 5% del Parlamento.

En comparación con el porcentaje de otros países nórdicos -entre el 16% y el 23%- la cifra de Islandia era una gran frustración.

La idea de la huelga fue una propuesta de las Red Stockings (medias rojas), un movimiento radical femenino fundado en 1970, que algunas mujeres islandesas consideraban demasiado confrontacional.

“El movimiento de las Red Stockings causó un gran revuelo por sus ataques contra la visión tradicional hacia las mujeres, especialmente por parte de generaciones anteriores, que siempre trataron de ser las perfectas amas de casa”, le contó a BBC Ragnheidur Kristjansdottir, profesor de Historia de la Universidad de Islandia.

Pero cuando la huelga fue rebautizada como “El Día Libre de las Mujeres” consiguió un apoyo casi total.

“El programa del evento reflejaba el énfasis que se puso en la unidad de las mujeres de todos los estratos políticos y sociales”, dice Ragnheidur.

———————————————————————————-

El sufragio femenino en el mundo

1883: Nueva Zelanda

1902: Australia

1906: Finlandia

1913: Noruega

1917: Rusia Soviética

1918: Canadá, Alemania, Austria, Polonia

1919: Checoslovaquia

1920: Estados Unidos y Hungría

1928: Reino Unido (sufragio limitado desde 1918)

1971: Suiza

Fuente: Enciclopedia Británica

—————————————————————————

¿Y los hombres?

Pero, ¿cómo se sintieron los hombres al respecto?

“Creo que lo encontraron divertido, no recuerdo a ningún hombre enojado”, dice Vigdis.

“Los hombres se dieron cuenta de que si se oponían a ello o se negaban a dejar que las mujeres hicieran la huelga, perderían su popularidad”.

Pero hubo uno o dos casos reportados de hombres que no se comportaron tal y como describe Vigdis.

Women's History Archives

Miembros del comité organizador preparaban el evento.

Al parecer, al marido de una de las principales oradoras le preguntó un compañero de trabajo: “¿Por qué dejas que tu mujer aúlle así en lugares públicos? Yo nunca dejaría que mi mujer hiciera ese tipo de cosas”.

Pero que el marido de la oradora le respondió: “Ella no es el tipo de mujer que se casaría con un hombre como tú”.

Styrmir Gunnarsson era en esa época el redactor jefe de un periódico conservador, Morgunbladid, pero no tuvo ninguna objeción a la idea.

“Creo que jamás he apoyado una huelga, pero yo no vi esa acción como una huelga”, le dijo a BBC.

“Era una petición de igualdad de derechos. Fue un acontecimiento positivo”.

Ninguna mujer trabajó en el periódico ese día. Y, de acuerdo con Styrmir, ninguna dejó de cobrar o fue obligada a gastar un día de sus vacaciones.

Regresaron a medianoche para ayudar a terminar el número del periódico del día siguiente, que se publicó con menos páginas de las habituales (16 en lugar de 24).

“Probablemente, la mayoría de la gente subestimó el impacto de este día en aquella época; más tarde, tanto hombres como mujeres comenzaron a darse cuenta de que marcó un hito”, dice Styrmir.

“Muchas empresas e instituciones se detuvieron y mostró la fuerza y la necesidad de las mujeres. Cambió por completo la forma de pensar”.

El

El 90% de las mujeres de Islandia salieron a manifestarse en calles del país, un hito histórico.

Cinco años más tarde, Vigdis venció a tres candidatos masculinos en las presidenciales.

Se hizo tan popular que fue reelegida sin oposición en dos de las tres elecciones que siguieron.

Además, en la parlamentaria de 1983 aparecieron las primeras listas compuestas sólo por mujeres y un nuevo partido, el Women’s Alliance (Alianza de Mujeres), ganó sus primeras diputadas.

En el año 2000 se introdujo el permiso de paternidad remunerado, y en el 2010 una mujer, Johanna Sigurdardottir, asumió por primera vez el cargo de primera ministra de Islandia -y fue la primera líder gubernamental en el mundo abiertamente homosexual.

Pero Saadia Zahidi, directora de Iniciativas de Género del Foro Económio Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) dice que Islandia todavía tiene un largo camino por recorrer.

“A pesar de que hay más mujeres que hombres en la universidad, la brecha de género persiste en el trabajo y las mujeres ganan menos que los hombres en puestos de liderazgo”, advierte.

No obstante, Islandia encabeza el Índice Global de la Brecha de Género del WEF desde 2009, lo que significa que es el país del mundo donde hay más igualdad entre mujeres y hombres.

Y cuenta a día de hoy con 28 mujeres en su parlamento (el 44%).

“En Islandia decimos que los pasos se llenan rápidamente de nieve porque hay una tendencia a relegar las cosas a la historia, pero todavía hablamos de ese día. Fue maravilloso”, dice Vigdis.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

COVID: las personas que han estado encerradas desde el comienzo de la pandemia

Rafael, de 38 años, habla de los temores que lo llevaron a seguir encerrado en su departamento a pesar de que ya se han levantado las restricciones y cuarentenas por el coronavirus.
14 de septiembre, 2022
Comparte

Rafael A.* recuerda las últimas tres veces que salió de casa como si fuera hoy.

“Paseé al perro en la cuadra de mi condominio, fui a sacar copias de documentos en una tiendita y tuve que ir a un shopping”, cuenta.

Estos episodios ocurrieron en marzo de 2020. Desde entonces, nunca ha salido del departamento de 45 metros cuadrados que habita en la Zona Norte de Río de Janeiro.

Para Rafael, la necesidad de permanecer encerrado por la pandemia de covid-19 hizo que su propia casa se convirtiera en una prisión, de la que aún hoy no puede salir, por temor a contagiarse de coronavirus y desarrollar la enfermedad más grave.

“Extraño mucho sentir el sol, ir al supermercado, ir al centro comercial…”, dice.

Como prueba viviente de este período, guarda varias botellas de alcohol que compraba para desinfectar alimentos u objetos, y una bolsa donde acumula la mayoría de los cabellos que comenzaron a caerse de su cabeza con mucha frecuencia durante este período.

Cuando se puso en contacto con BBC News Brasil para contar su historia, Rafael esperaba poder desahogarse, además de ayudar a otras personas en todo el mundo, que se encuentran en situaciones similares.

“¿Cuántas personas podrían estar atrapadas en casa ahora mismo, sentirse solas y no tener el apoyo necesario para salir de esta situación?”, se pregunta.

Cambio de hábitos

A sus 38 años, Rafael relata que ya hacía un tratamiento psicológico mucho antes de que estallara la pandemia, y podía salir de su casa con normalidad.

Otras crisis de salud recientes, como la gripe H1N1 en 2009 y el zika en 2015, no habían tenido un impacto tan grande en su rutina ni habían cambiado sus hábitos.

Las botellas vacías de alcohol que guarda Rafael como 'evidencia' de su época del aislamiento.

Archivo personal
Las botellas vacías de alcohol que guarda Rafael como ‘evidencia’ de su época del aislamiento.

Rafael trabaja como freelancer: da asistencia y apoyo a una persona con autismo, a la que ayuda con los trámites y las tareas del día a día.

Con la pandemia, todas las tareas pasaron a hacerse de forma remota, con intercambio de mensajes y llamadas.

De hecho, con la necesidad de un confinamiento por la propagación del virus, esta persona con autismo comenzó a ayudar mucho al propio Rafael, brindándole apoyo emocional y ayudándolo con tareas básicas, como llevarle algunas compras de supermercado.

Antes de la propagación del covid, Rafael compartía el departamento con su madre y dos sobrinos.

Sin embargo, el recrudecimiento de la pandemia, la necesidad de quedarse en casa y las exigencias de redoblar los cuidados de higiene generaron algunos conflictos entre ellos, lo que hizo que los otros tres familiares cambiaran de domicilio en 2020.

Durante ese período, Rafael desarrolló todo un sistema para adaptarse al día a día.

En el pasillo de entrada de su departamento, que da acceso a la sala de estar, colocó un pequeño baúl que delimita hasta dónde pueden ingresar mensajeros y familiares.

Al lado del baúl, instaló una mesa. Aquí es donde se dejan los pedidos de comida y farmacias. También hay bolsas con basura reciclable que se acumulan y solo se tiran cuando pasa alguien que conoce y se las lleva.

Sin embargo, cuando ocurren estas visitas, Rafael nunca se encuentra en el mismo ambiente. Al enterarse de que viene alguien, deja la puerta principal abierta y se encierra en la habitación hasta que la persona se va.

Al principio, la preocupación por la higiene era tan grande que incluso pedía comida a través de aplicaciones de entrega, pero, por temor al coronavirus, volvía a poner la comida en el horno.

“Muchas veces comía bocadillos y papas fritas quemadas porque dejaba la temperatura demasiado alta o por mucho tiempo”, dice.

“Hoy he mejorado un poco y ya no siento la necesidad de llegar a ese punto“, agrega.

Miedo

En estos dos años y medio de pandemia, algunos episodios han reforzado aún más los temores de Rafael.

Uno de los principales fue la muerte por covid-19 del comediante Paulo Gustavo, en mayo de 2021.

“Siempre he sido un gran admirador de su trabajo y pensé: ‘Si se muere un tipo rico como ese, imagínense lo que me puede pasar a mí, que no tengo dinero'”, recuerda.

Otro momento decisivo tuvo que ver con la vacunación contra la covid-19.

Cuando las dosis estaban disponibles para su grupo de edad, Rafael se enfrentó a un verdadero dilema: por un lado, sabía que las vacunas garantizarían una mejor protección contra el coronavirus; por otro lado, no se sentía cómodo saliendo de casa, exponiéndose y acudiendo a un centro de salud.

Comenzó entonces una verdadera epopeya en la que Rafael y sus compañeros y familiares intentaron convencer a un profesional de la salud para que acudiera al apartamento y le administrara allí la vacuna.

Después de mucho buscar, en diciembre de 2021, dos enfermeras de una clínica de salud familiar del barrio finalmente acudieron a la casa de Rafael, quien las recibió vestido con ropa especial, la que usan los científicos en situaciones de emergencia y con alto riesgo de contagio.

Rafael recibe una de las dosis de la vacuna contra la covid-19, equipado con un traje especial.

Archivo personal
Rafael recibe una de las dosis de la vacuna contra la covid-19, equipado con un traje especial.

El proceso se repitió unas semanas después, en enero de 2022, cuando necesitaba la segunda dosis.

“Tenía miedo de tener una reacción y tener que ir a un hospital, pero por suerte no sentí nada”, dice.

Y es precisamente por el miedo a los eventos adversos —además de la dificultad de convencer al equipo de un puesto de salud para que acuda al apartamento— que Rafael aún no se ha puesto la tercera dosis de la vacuna que protege contra la covid.

¿Cuál es el límite?

Rafael se angustia al ver que la gente está volviendo a la vida y abandonando todas las restricciones que han marcado los dos últimos años, como el uso de mascarilla, la higiene de manos y el distanciamiento físico.

La pandemia no ha terminado“, apunta.

“En el Carnaval vi a la gente de lejos, a través de la ventana del apartamento, celebrando, todos muy felices. No lo puedo entender”, admite.

Consultado sobre en qué situación cree que estará dispuesto a salir de casa y retomar la rutina, Rafael dice que revisa todos los días las noticias y gráficos sobre las muertes por covid registradas en Brasil.

“Para mí, el número ideal sería cero. Pero creo que a lo mejor me sentiré un poco más cómodo para salir cuando vea entre cinco y diez muertos por covid“, estima.

Además del seguimiento psicológico semanal, dice que también hizo citas con el psiquiatra, quien le recomendó el uso de medicamentos para aliviar la ansiedad.

Pero el miedo a sufrir algún efecto secundario —y tener que ir a urgencias— le hizo desistir de la idea de iniciar un tratamiento farmacológico.

Paulo Gustavo

Instagram
La muerte del comediante Paulo Gustavo por covid reforzó algunos de los temores de Rafael.

Más común de lo que se piensa

A pesar de llamar la atención, la historia de Rafael se repite, en mayor o menor medida, con otras personas, según expertos con los que habló BBC News Brasil.

Aunque no hay estadísticas oficiales sobre a cuántos les cuesta salir de casa y retomar su rutina en esta “nueva normalidad”, el psiquiatra Rodolfo Furlan Damiano, que no trata directamente con Rafael, admite que “esas historias aparecen en la rutina diaria de la oficina”.

“Son casos muy particulares, vinculados con un aumento en la prevalencia de los trastornos mentales en los últimos años”, contextualiza el médico, quien realiza un doctorado en el Instituto de Psiquiatría (IPq) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo.

Damiano explica que, en los primeros meses de la pandemia, hubo incluso una disminución de padecimientos como la ansiedad y la depresión.

“Cuando nos enfrentamos a un gran problema colectivo, la tendencia inicial es a olvidarnos de las otras dificultades de la vida y enfocarnos solo en eso. Esto, en cierto modo, suma y genera sentido de pertenencia”.

“Pero a medida que pasa la pandemia sucede otro fenómeno. Vuelven las dificultades anteriores, que estaban latentes, y agregamos todos los dilemas extras relacionados con ese momento”, agrega.

Y, para las personas que ya tienen algún tipo de vulnerabilidad, todo esto representa una carga emocional muy alta, explica Damiano.

“Algunas personas pueden tener dificultades para adaptarse nuevamente y desarrollar condiciones como ansiedad, depresión o fobias”, concluye.

Rafael guarda en una bolsa el pelo que se le ha caído de la cabeza desde el inicio del confinamiento.

Archivo personal
Rafael guarda en una bolsa el pelo que se le ha caído de la cabeza desde el inicio del confinamiento.

“El mayor confinamiento de la historia”

El profesor Paul Crawford, del Instituto de Salud Mental de la Universidad de Nottingham, en Reino Unido, coincide en que el encierro prolongado y el aislamiento social tienen varios efectos nocivos sobre el bienestar, pero afirma que existen antídotos que ayudan a lidiar con esta condición.

En 2020 escribió un libro llamado “Claustrofobia: sobreviviendo el encierro durante la pandemia de coronavirus”, en el que exploró este tema en detalle.

Crawford define lo que hemos vivido en los últimos dos años y medio como “el mayor confinamiento de la historia”.

“Para algunos, quedarse en casa fue bienvenido y brindó la oportunidad de profundizar las relaciones con personas cercanas, como parejas e hijos. Para otros, la falta de contacto físico y la interminable comunicación digital tuvo un impacto emocional muy negativo“, compara.

Al recordar situaciones y episodios en los que las personas también están aisladas, como en prisiones, secuestros, viajes alrededor del mundo o vuelos espaciales, Crawford cita algunas estrategias que pueden funcionar y son buenas para la mente.

“En estos contextos, tener una estructura, establecer metas y crear propósitos para cada día son factores cruciales”, le dice a BBC News Brasil.

“También es importante tener acceso a áreas verdes, aceptar psicológicamente la ‘nueva normalidad’, ajustar las necesidades a la realidad, conectarse con otras personas, aunque sea en medios digitales, percibir el hogar como un santuario -y no como una prisión-, cuidar la salud, especialmente la alimentación y el ejercicio físico, y realizar actividades creativas y artísticas”, añade.

Crawford comprende la dificultad que algunos pueden sentir cuando se relajan las restricciones y la gente regresa a las calles.

“Muchos sienten ansiedad ante la posibilidad de tener contacto con el virus, ya sea por alguna vulnerabilidad de salud o por la muerte traumática de conocidos, amigos o familiares”, describe.

“Y algunos han convertido su hogar en un santuario tan cómodo y perdurable que, quizás, prefieren seguir viviendo adentro”.

El investigador cree que “todavía no se ha establecido una línea clara sobre cuándo un comportamiento así, basado en un confinamiento voluntario, es comprensible o patológico”.

“Lo que han hecho la pandemia y el confinamiento más grande de la historia es intensificar y hacer más palpables las formas en que el aislamiento social puede conducir al declive mental y la calamidad, y cómo el sufrimiento y los desafíos mentales a menudo llevan a las personas a aislarse o esconderse socialmente”, concluye el experto.

No está en tu cabeza

Para Damiano, ante la dificultad de retomar la rutina, el umbral entre la salud y la enfermedad está definido por la pérdida de la libertad.

“Cuando la persona ya no puede tomar sus propias decisiones y el contexto en el que vive es fuente de sufrimiento y angustia, ha llegado el momento de buscar un profesional de la salud”, indica.

La consulta con el psiquiatra y el psicólogo es fundamental para diagnosticar el trastorno, investigar los orígenes del problema y, por supuesto, iniciar el tratamiento más eficaz.

Un psicólogo tomando notas

Getty Images
Ver a un especialista en salud mental es uno de los primeros pasos para deshacerse de los trastornos que causan angustia.

Algunos casos se resuelven con psicoterapia. El método consiste en sesiones estructuradas de conversaciones con un especialista, quien analizará comportamientos, emociones y pensamientos para cambiar lo que no es ideal.

En otros, la medicación también es fundamental para complementar este proceso y estabilizar el cuadro.

Damiano insiste en que, como ocurre con cualquier otra enfermedad, los trastornos mentales deben tratarse con respeto: tener depresión o ansiedad no es “solo algo que está en la cabeza” o “un tema de fuerza de voluntad”, como algunos dicen de manera equivocada.

“Son problemas que cualquiera puede tener, y es importante que la gente busque ayuda cuando sienta la necesidad”, señala.

Entre miedos y adaptaciones, Rafael sigue viviendo su vida, con la esperanza de algún día volver a sentir el sol.

“No estoy loco. No robo dinero. No hago daño a la gente. Sé hablar bien”, dice.

“Pero mi situación siempre me hace pensar en otras personas que pueden estar en una situación similar, o personas con ansiedad, bipolaridad o esquizofrenia, que quizás no tengan el apoyo de nadie”, concluye.

*El apellido de Raphael se ha omitido para proteger su identidad.

Este texto fue publicado originalmente en portugués aquí: https://www.bbc.com/portuguese/geral-62834973


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/user/BBCMundo/featured

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.