En México, la desigualdad es evidente hasta en las opciones para superar la drogadicción
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En México, la desigualdad es evidente hasta en las opciones para superar la drogadicción

Si necesitas tratamiento contra las drogas en México, procura no ser pobre. Porque si es así, puedes enfrentar con tus recursos tu adicción o puedes entrar en un centro de rehabilitación privado no regulado, donde las condiciones sanitarias son atroces y el abuso físico y mental es rampante.
Por Paul Imison/El Daily Post
4 de noviembre, 2015
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Menores, los más propensos a las adicciones. Foto: Cuartoscuro.

Menores, los más propensos a las adicciones. Foto: Cuartoscuro.

Para leer el texto original en inglés, visita El Daily Post. 

En 2010, la familia de Ricardo Sánchez, de 34 años, le urgió a buscar un tratamiento contra su adicción. El consumo excesivo de alcohol, marihuana y cocaína le habían cobrado una factura muy alta en su vida diaria.

“El trabajo, la familia, sus relaciones, todo se había visto afectado”, dijo a El Daily Post el mecánico y padre divorciado de tres niños. “Estaba viviendo solo un momento y luego otro, incapaz de controlar mis acciones sólo con mi fuerza de voluntad”.

Sin embargo, cuando fue llevado a un centro privado de rehabilitación en el Estado de México, Sánchez encontró que una experiencia aún más aterradora lo esperaba.

En una ocasión fue esposado a su cama durante seis horas por desobedecer las reglas que establecieron en la casa los “padrinos”, o directores del centro, un grupo de adictos en recuperación que aseguraban tener las calificaciones para tratar a los enfermos.

“Al principio yo quería creer en sus métodos porque estaba desesperado por recibir ayuda”, dijo Sánchez. “Esa es la naturaleza de la bestia contra la que estaba peleando. Pero dejé la clínica en peores condiciones mentales y físicas que cuando entré”.

De acuerdo con la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic), hay más de 2 mil centros de rehabilitación privados en México cuyas normas y su nivel de respeto por la ley son muy variables. Negar el derecho a las visitas, negar los alimentos, condiciones sanitarias atroces, e incluso abusos sexuales han sido violaciones denunciadas en los peores centros existentes.

“Era como un campo de concentración allí adentro”, dijo Sánchez refiriéndose la clínica. “Los chavos estaban siempre pensando en formas de escapar. Pero si te descubrían, el castigo era brutal”.

Estas clínicas –también conocidas como “anexos”–, se pueden encontrar en todo el país, llenando el vacío dejado por la inexistencia de centros de salud públicos. De acuerdo con Carlos Zamudio, un investigador del Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas (CUPIHD), sólo uno de cada cuatro centros de ese tipo está regulado por la ley, y los abusos dentro de ellos son comunes.

“Ha habido intentos por acabar con la negligencia pero estos han provocado que los centros con más opacidad se muden a lugares del país en donde pueden escapar de la vista de las autoridades”, dijo Zamudio en una entrevista. Familiares de los adictos que entienden poco de la enfermedad –o aquellos simplemente desesperados por encontrar un tratamiento efectivo para sus seres queridos– son engañados para que paguen por esos tratamientos, y con frecuencia firman para eliminar su derecho de pedirle cuentas a esas instituciones.

“La ironía es que la mayoría de esos centros fueron fundados y son dirigidos por otros adictos en recuperación y se basan en la idea del apoyo mutuo”, dijo Zamudio. “Pero qué tan bien administrados y transparente son, eso varía enormemente. Los peores son lugares realmente perturbadores”.

De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Adicciones, realizada por el Conadic, el alcohol y el consumo de drogas está en aumento en México, especialmente entre los jóvenes. Aunque todavía es significativamente más baja que los niveles en Estados Unidos, se cree que la tasa de consumo de drogas ilícitas en México se suplicó en los últimos 15 años, tras pasar de 0.8 por ciento de la población en 2002, al 1.5 por ciento en 2011. Los hombres y los habitantes de zonas urbanas registraron un aumento aún mayor, en esos dos segmentos las tasas son de 2.6 y 2.9 por ciento de la población, respectivamente.

De acuerdo con la misma encuesta, aproximadamente 6.2 por ciento de los hombres mexicanos y 2 por ciento de las mujeres sufren dependencia del alcohol, mientras que 0.7 por ciento de la población sufriría de la adicción a las drogas ilícitas.

El problema de drogas del país es particularmente notable a lo largo de la frontera norte, donde el desbordamiento de narcóticos como la heroína destinada al mercado de Estados Unidos ha producido un aumento en la dependencia. Sin embargo, el fenómeno está creciendo en el interior del país, en el gusto de los habitantes de la Ciudad de México, Monterrey y el Estado de México.

De acuerdo con el médico Gerardo González Torres, especialista en adicciones, las razones para que se haya dado el aumento en los niveles de dependencia en el país son varios.

“La migración del campo a la ciudad, la ruptura de la tradicional unión familiar, la desigualdad y la falta de un componente educativo en el tratamiento de problemas de adicción se dan todos en México”, dijo. “Y los jóvenes son los más vulnerables a estos factores. Ellos son los que corren mayor riesgo de meterse en problemas graves”.

Mientras la conciencia de este problema crece, México posee un número creciente de centros de rehabilitación de lujo. Ofrecen de todo, desde equipos de alta tecnología para el acondicionamiento físico o para terapias, como Monte Fénix y Oceánica –este último inaugurado en 1993 por el ex presidente estadounidense Gerald Ford en el visitado balneario de Mazatlán, en la costa del Pacífico–. Son los centros que eligen para sus tratamientos los ricos del país.

Sin embargo, cuando se trata de centros de rehabilitación con financiamiento público, las opciones son escasas. Alrededor de 300 clínicas patrocinadas por el gobierno, conocidas como “Centros Nueva vida”, proporcionan actualmente tratamiento a través de la Secretaría de Salud. Parte de una iniciativa que comenzó en 2007, los centros fueron financiados en parte por los 200 millones de dólares incautados en la mansión del empresario chino-mexicano Zhenli Ye Gon en ese año, en conexión con una operación de tráfico de metanfetaminas

Los Centros Nueva Vida se enfocan en el tratamiento preventivo y asistencial y son gratuitos para el público. Conadic también envía cada vez más personal especialmente entrenado a escuelas, prisiones y comunidades vulnerables para educar a los ciudadanos, especialmente gente joven, en peligro de caer en abuso.

“Este es un gran paso adelante en la lucha contra el ciclo de la adicción en México”, dijo Raúl Martín del Campo, director de la oficina de Atención y Tratamiento de Conadic. “Estamos tratando de mirar a los factores asociados con el abuso de sustancias y de llegar a los más frecuentemente afectados. La escala del programa en curso de tratamiento público no tiene precedente en México.

“¿Podría hacerse más? Absolutamente. Pero este es un nuevo enfoque por parte del Estado mexicano que se espera se expanda en futuras administraciones para seguir transformando vidas”.

Jorge Hernández Tinajero, experto en política de drogas en México, cree que las autoridades apenas han comenzado a reconocer la importancia de una política integral para hacer frente a las adicciones.

“Lo más preocupante es que el problema es todavía profundamente incomprendido”, dijo Hernández. “Todavía hay un gran estigma asociado con el abuso de drogas y con las adicciones, en términos más generales, y el resultado ha sido la falta de una política pública efectiva.”

Para los que son como Ricardo Sánchez, cuyos bajos ingresos e ingenuidad por parte de su familia lo llevó en las garras de los dueños de las clínicas privadas sin escrúpulos, el problema de la adicción es uno que sin duda merece más atención por parte de las autoridades.

“Desde mi propia experiencia, espero que se haga algo para tratar el tema,” dijo Sánchez, quien ha estado limpio y sobrio durante dos años. “Nadie está pidiendo un pase libre; el adicto tiene que poner el esfuerzo también, pero algo se tiene que hacer para crear conciencia y evitar que los oportunistas abusen de la situación. Este es un tema que afecta a todos los mexicanos en el largo plazo”.

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Guayaquil en manos del narco: las vidas destrozadas por la violencia histórica que azota a la ciudad ecuatoriana

Un fiscal que investigaba redes de narcotráfico fue asesinado a tiros. 72 ataques con bombas se registraron en la ciudad entre enero y agosto de 2022. Los habitantes de Guayaquil cuentan a BBC Mundo cómo afrontan el acecho del crimen organizado.
27 de septiembre, 2022
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Jeremy dormía en una habitación que miraba hacia la Calle 8, donde la música del bailadero más cercano se filtraba a través de las ventanas a las 3:00 de la mañana, como cualquier otra madrugada de domingo en el barrio Cristo del Consuelo, al sureste de Guayaquil.

Tras escuchar una ráfaga de disparos, su madre Roxana lo llamó a gritos para prevenirlo.

El niño de 7 años se levantó de un salto y se dejó guiar por Roxana para abandonar la casa familiar ubicada en los márgenes del Estero Salado, un brazo de mar proveniente del océano Pacífico, en la costa suroeste de Ecuador.

Voces de la calle presagiaban una bomba.

Mientras bajaban por las escaleras, un estruendo sacudió la casa. Luego Jeremy divisó el fuego.

Cuando recobró la consciencia, se descubrió sobre el techo de un auto. Envuelto en la oscuridad, no logró distinguir quiénes lo cargaban y lo llevaban al suelo. Quizás se había quedado sordo, no podía escuchar lo que decían.

“Mami, levántese”

Cuando Nayelis llegó media hora después, descubrió que el fuego consumía la fachada de la casa donde vivía con su hija, su madre, su abuela y su hermano Jeremy.

Mientras corría en dirección opuesta a las personas que escapaban de la explosión, la joven de 21 años encontró a Roxana tirada en el suelo.

“Mami, levántese”, dijo mientras la sacudía. El rostro de Roxana estaba impregnado de sangre. “¡Llamen a una ambulancia!”, gritó a los agentes de la Policía Nacional que custodiaban el lugar, aunque sabía que su madre estaba muerta.

Nayelis Barrios en Cristo del Consuelo.

Donald Díaz / BBC
Nayelis Barrios encontró el cadáver de su madre en la calle después de la explosión.

Rodeada por heridos y escombros, Nayelis avistó a Jeremy en una esquina. Aturdida por el temor de perderlo también, lo revisó cuidadosamente para evitar causarle más daño.

Jeremy tenía la cara cubierta de sangre, un hueco en la cabeza y otro en el brazo.

“Estaba como traumado. Yo le hablaba pero no me escuchaba, hacía como si no me conociera”, contó Nayelis a BBC Mundo tres semanas después del estallido. “Perdí a mi mami y mi casa por la bomba. Si hubiese dormido allí esa noche, quizás estaría muerta”.

Guerra contra el Estado

El Ministerio del Interior y la Policía Nacional han registrado 145 atentados con explosivos en Ecuador entre enero y agosto de este año, un récord en la historia del país. 72 de ellos, casi la mitad, han ocurrido en Guayaquil. El de Cristo del Consuelo es el primero que ocasiona muertes.

Las autoridades ecuatorianas reportaron 5 fallecidos, 17 heridos y 117 personas afectadas por el estallido de Cristo del Consuelo, un barrio conocido por sus discotecas clandestinas, los caldos de salchicha para prevenir la resaca, y las procesiones religiosas de Semana Santa.

A las 8:30 de la mañana de aquel domingo 14 de agosto de 2022, cinco horas después de la explosión, el ministro del Interior, Patricio Carrillo, afirmó por Twitter que el ataque constituía “una declaración de guerra al Estado” por parte de “mercenarios del crimen organizado”.

https://twitter.com/CarrilloRosero/status/1558793994573910016

El presidente Guillermo Lasso declaró estado de excepción durante un mes en los cantones de Guayaquil, Durán y Samborondón, para contener la violencia y facilitar el despliegue de policías y militares en las calles.

Los explosivos más comunes usados en los ataques de este año han sido dinamita y dinamita en gel, granadas y pentolita, un compuesto que se emplea para fabricar armamento militar como las ojivas.

Sin embargo, el ministro del Interior aseguró que la bomba del Cristo del Consuelo, que alcanzó una onda expansiva de 70 metros, se habría confeccionado con una mezcla de sustancias químicas de fabricación casera, disponibles comercialmente como acetona.

Cristo del Consuelo en Guayaquil

Donald Díaz / BBC
La bomba en Cristo del Consuelo estalló de madrugada.

“Lo que más nos preocupa es cómo van llegando a estas capacidades para cometer toda esta barbarie”, dijo Carrillo en una entrevista con el canal local Teleamazonas.

Cumplidos los 30 días del estado de excepción, el gobierno ecuatoriano renovó el decreto hasta mediados de octubre. El lunes 19 de septiembre, mientras estaba en vigencia la medida, fue asesinado a tiros el fiscal de la Unidad de Personas y Garantías de Guayaquil, Édgar Escobar, quien investigaba a organizaciones del crimen organizado relacionadas con el narcotráfico.

“Me quedé sola”

Mónica Medina, la madre de Roxana, construyó la planta baja de la casa familiar hace más de 30 años. Comenzó con paredes de caña, y poco a poco juntó el dinero para reemplazarlas por vigas y cemento. Roxana levantó el segundo piso con madera y techo de zinc.

Apenas ocurrió la explosión, una vecina levantó a Mónica del suelo y la llevó al hospital, con vidrios y escombros incrustados en el rostro y el pecho. Aunque intentaba abrir los párpados, todo estaba oscuro. El dolor le hizo suponer que sus ojos se habían desprendido del rostro.

Mónica Medina en Cristo del Consuelo

Donald Díaz / BBC
Vidrios y escombros se incrustaron en el pecho y el rostro de Mónica Medina durante la explosión.

Testigos reportaron a la policía haber visto a dos hombres, a bordo de una moto, cuando descargaron una ráfaga de disparos y luego soltaron el bolso que contenía la bomba frente a la casa de Mónica.

La explosión arrasó el techo, las paredes, la fachada y todo lo que había dentro de la casa de Mónica. También la de sus vecinos. Quedó un hueco en el asfalto que permite ver las aguas del Estero Salado detrás de las viviendas.

Las autoridades hicieron un censo para repartir ayudas a los afectados, pero no entrevistaron a Mónica. “En esa explosión perdí a mi única hija y mi casa. Me quedé sola y ahora no tengo dónde vivir”.

Código de silencio

La Policía Nacional instaló un patrullaje permanente en la esquina que da acceso a la Calle 8, parcialmente cerrada por una reja donde cuelga un aviso que dice “Queremos solución!”, en referencia a las viviendas perjudicadas por la explosión.

La casa de Leida Guerrero, vecina pared con pared de Mónica y Roxana, acabó fracturada tras el estallido. “Las paredes están rajadas, el piso está colapsado y los pilares se movieron. Mi casa en cualquier momento se puede venir abajo”.

Cristo del Consuelo en Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Leida Guerrero teme que su casa se derrumbe después de la explosión.

Leida es la única habitante de la Calle 8 que accedió a revelar su identidad para esta historia. Los transeúntes se mostraban dispuestos a contar dónde estaban cuando explotó la bomba o qué lesiones tuvieron sus familiares —la mayoría en la vista o los oídos—, pero se retiraban con una despedida cortés al preguntarles sobre posibles responsables o la seguridad en el barrio.

Al menos una decena coincidió en que el estallido de una bomba era inimaginable en Cristo del Consuelo. Aunque las fiestas solían prolongarse desde los viernes hasta los domingos, el fin de semana que BBC Mundo visitó el barrio estaba sumido en el silencio.

Todos temen que ocurra otra explosión.

Ataque contra alias “Cucaracha”

El Ministerio del Interior inició la investigación a partir de dos hipótesis: el ataque era una represalia por parte de bandas del crimen organizado contra las autoridades por el decomiso de 250 kilos de drogas dos días antes, o se trataba de una revancha contra alias “Cucaracha”, quien “aparentemente tenía en zozobra” a los habitantes del Cristo del Consuelo, dijo el ministro Carrillo.

Los vecinos de la Calle 8 contaron que “Cucaracha” es propietario de un bailadero, un hombre a quien todos conocen y que también resultó herido en el ataque. Algunos sospechaban que la bomba era un castigo por haberse negado a “pagar vacuna”, un término que los ecuatorianos usan para referirse a las extorsiones.

“Cucaracha” pidió no ser identificado con nombre y apellido y negó haber sido víctima de extorsiones. Aunque dijo que no quería responder mi llamada para evitar exponerse, le pregunté por qué las autoridades suponían que él era el objetivo del ataque. “No lo sé. Gracias a Dios yo no ando metido en cosas malas y no tengo por qué meterme en cosas que no me incumben”, respondió.

Lamentó que el ministro lo hubiera involucrado en la explosión sin siquiera conocerlo. “Quiero que algún día él salga y diga que se confundió, pero nunca lo hará”.

Cristo del Consuelo en Guayaquil

Donald Díaz / BBC
El Estero Salado es un brazo de mar que rodea al Cristo del Consuelo.

Mientras tomábamos imágenes de las viviendas afectadas, se acercaron agentes de la Policía Nacional.

Uno de ellos aseguró que no podía identificarse, y bajó la voz para afirmar que las fiestas de madrugada en la Calle 8 encubrían el traslado y embarque de droga en lanchas que zarpan del Estero Salado hacia aguas abiertas, donde la mercancía se introduce en buques que la llevan a puertos internacionales.

El gobernador de la provincia de Guayas, Lorenzo Calvas, le explicó a BBC Mundo que la conexión de Guayaquil con el océano Pacífico, así como el puerto marítimo y el puerto de aguas profundas de Posorja, convierten a la ciudad en un “sitio ideal” para la exportación de sustancias ilícitas.

Los policías que vigilaban la Calle 8 se mantuvieron cerca hasta que nos marchamos de Cristo del Consuelo.

Cristo del Consuelo en Guayaquil

Donald Díaz / BBC
La Policía Nacional custodia la Calle 8 desde la explosión.

Guayaquil, el hub de la cocaína

Ecuador se encuentra entre Colombia y Perú, los dos mayores productores de cocaína del mundo, por lo cual ha sido un país de tránsito en el tráfico de narcóticos.

En 2022, figura como el tercer país donde se incauta más cocaína después de Colombia y Estados Unidos, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga.

Las autoridades ecuatorianas confiscaron 18 toneladas de drogas en 2010. Diez años más tarde fueron 128 toneladas. Un año después, en 2021, se decomisaron 201 toneladas, la mayor cifra de incautación en la historia de Ecuador.

Guayaquil, el mayor puerto marítimo del país, también es el principal puerto de salida de la droga que navega por el Pacífico hacia el norte del continente americano.

Cristo del Consuelo en Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Policías y militares hacen redadas en las calles bajo el estado de excepción.

La Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos de Estados Unidos ha definido a la ciudad ecuatoriana como el mayor hub para la cocaína que va a Europa y al resto del mundo.

Las autoridades de Guayaquil confiscaron 46 toneladas de droga entre enero y agosto de 2021. Los decomisos escalaron a 78 toneladas para el mismo período este año, precisó el gobernador de Guayas.

Añadió que ocho de cada diez muertes violentas en Guayaquil derivan del narcotráfico.

“Guayaquil es el lugar de exportación, consumo, lavado de dinero y producción de cocaína más significativo de Ecuador”, explicó el experto ecuatoriano en seguridad Fernando Carrión. En ese contexto, “un 75% de los homicidios en la ciudad son ocasionados por bandas, mafias y carteles vinculados al narcotráfico”.

Cinturón de marginalidad

El economista Uriel Castillo nació en el norte de Esmeraldas, una provincia ecuatoriana fronteriza con Colombia, permeable durante décadas a las actividades de las guerrillas colombianas y de organizaciones del narcotráfico.

Su familia se instaló en Cristo del Consuelo cuando emigró a Guayaquil hace más de 40 años, al igual que la mayoría de los habitantes de este barrio que nació como un asentamiento de los pobladores de comunidades afroecuatorianas.

Castillo recuerda que Cristo del Consuelo era una barriada segura a principios de los 90. Sin embargo, asegura que en las últimas décadas se ha creado en Guayaquil un “cinturón de marginalidad, en el que se fusiona la delincuencia, la precariedad social y las bandas organizadas”.

Cristo del Consuelo en Guayaquil

Donald Díaz / BBC
El economista Uriel Castillo se crió en Cristo del Consuelo.

Una semana antes de que estallara la bomba en Cristo del Consuelo, las autoridades encontraron seis cuerpos en una fosa común en el Guasmo, una zona de manglares al sur de Guayaquil.

Tres semanas después de la explosión se ordenó la militarización de la barriada guayaquileña Socio Vivienda II, luego de que bandas se enfrentaran a tiros con armas de guerra, y la balacera quedara registrada en videos que circularon por las redes sociales.

Esa semana, el domingo 4 de septiembre, fui a almorzar al centro de Guayaquil. Al llegar a la turística calle Panamá, me topé con una mujer que lloraba mientras contaba a un grupo de agentes de la Policía Nacional que dos hombres en moto acababan de apuntarla con un arma para arrancarle la cartera.

Calle Panamá en Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Una mujer denuncia ante la policía que fue asaltada en Guayaquil.

“Esto se jodió. Ya no tenemos paz, ahora nos matan en cualquier parte”, dijo un empleado del restaurante de la esquina que presenció el asalto.

La actuación de la Fiscalía

Cristo del Consuelo forma parte de la zona 8, cuya seguridad es coordinada por el general de la Policía Nacional Víctor Zárate.

Después de 34 años en el oficio, Zárate considera que el tráfico de drogas es la mayor amenaza de seguridad que afronta Ecuador.

“El peor momento de inseguridad puede ser ahora. El tema más grave es el microtráfico. He pasado 20 años de mi vida en grupos especiales, he trabajado en el tema de delincuencia organizada, secuestro y narcotráfico. Hoy estamos en un punto crucial porque todo se ha elevado“, dijo en una entrevista desde su despacho en Guayaquil.

Añadió que la ola de violencia también se debe “a la incautación de drogas y a la pugna de estas organizaciones por ganar espacios de territorio”.

Indicó que la policía investiga si la bomba en Cristo del Consuelo fue producto del enfrentamiento entre Los Choneros y Tiguerones, dos de las bandas armadas más temidas en Ecuador.

Víctor Zárate

Donald Díaz / BBC
El general de la Policía Nacional Víctor Zárate combate el crimen organizado.

La Fiscalía ecuatoriana confirmó a BBC Mundo que investiga los delitos de terrorismo, asesinato y tráfico ilícito de armas de fuego en el caso de Cristo del Consuelo. Ordenó la detención de Darío Arturo C. S., alias “Morado”, como uno de los sospechosos de participar en la fabricación y activación del explosivo.

Cuando fue capturado, “Morado” tenía en su poder “una pistola marca Glock con su respectiva alimentadora, 17 cartuchos sin percutir, un fusil calibre 5,56, con 30 cartuchos del mismo calibre; cuatro teléfonos celulares, una laptop, una tablet, droga en pequeñas cantidades y dinero en efectivo”, informó la Fiscalía.

Zárate cuestionó que “Morado” haya estado libre antes del ataque, dado que era investigado por tráfico y tenencia de armas de fuego y tentativa de asesinato, luego de verse involucrado en un ataque que ocasionó siete heridos en el Distrito Sur.

El sospechoso “estaba con grillete electrónico y medidas sustitutivas o alternativas a la pena”, precisó.

El general de la Policía Nacional lamentó que el sistema judicial no procese a los sospechosos de delitos, aunque existan evidencias que los incriminen.

“Como policía entregamos los insumos necesarios para que reciban la sanción correspondiente a través de los jueces, impulsados por Fiscalía. Pero muchos de ellos no valoran las pruebas y los ponen en libertad, a pesar de haber sido encontrados con armas o en posesión de drogas”.

Guayaquil

Reuters

“Es él o yo”

Un “rey” de los Latin King, una de las bandas armadas más conocidas en Ecuador, explicó a BBC Mundo que la policía y los miembros de otras organizaciones armadas son los principales enemigos de las personas que integran el crimen organizado.

“Todo el mundo sabe quién manda en dónde. Nadie se atreve a meterse en el territorio de otro, pero si eso ocurre no se perdona”, afirmó desde un barrio de Guayaquil bajo la condición de mantenerse anónimo.

Aunque dijo que nunca ha asesinado a nadie, aseguró que matar no causa remordimiento. “Si el otro tiene familia, yo también. Es él o yo, es un asunto de sobrevivencia”.

Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Guayaquil se encuentra bajo estado de excepción hasta mediados de octubre.

Olvidar jamás, pero sí pasar página

Después de perder a su madre y su casa en la explosión, Jeremy se mudó con su abuela paterna. Elvia Cacao Zambrano cuenta que su nieto se ha vuelto más retraído desde la muerte de Roxana. “Ahora quiere que lo abrace todo el tiempo. Antes no hacía eso”.

“Sé que mi nieto nunca podrá olvidar lo que pasó, pero sí me gustaría que pudiera pasar página y seguir adelante”, dijo Elvia en la sala de su casa, desde otra orilla del Estero Salado.

La psicóloga clínica Paola Cercado se ofreció a brindarle asistencia a Jeremy, luego de que Mónica trabajara para ella durante seis años como empleada doméstica.

Cercado vio crecer a Jeremy dentro de su casa como un miembro más de la familia.

La psicóloga se reunió con Jeremy hace pocos días. Parecía tranquilo, aunque la abuela contó que cuando el niño se llena de coraje golpea las almohadas.

“Hay que hacer un trabajo psicológico porque a Jeremy le mataron a su mamá. Esa herida tiene que sanar para que en el futuro no busque venganza”, afirmó.

Cristo del Consuelo en Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Los familiares de Jeremy buscan formas de ayudarlo a superar el trauma de la explosión.

Cuando le pregunté por su madre, a Jeremy le tembló la mandíbula y se le humedecieron los ojos. Evitó mirarme, se contuvo y no lloró. Su padre le ha dicho que es mejor no hablar de la explosión.

Jeremy quiere ser policía cuando sea grande.

Le gusta el uniforme.

Y las armas.


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