Lo que no se ha contado de la vida del multimillonario mexicano Carlos Slim
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Lo que no se ha contado de la vida del multimillonario mexicano Carlos Slim

El periodista Diego Osorno acaba de publicar el libro 'Slim. Biografía política del mexicano más rico del mundo', para el cual logró entrevistar al empresario y magnate mexicano durante siete horas, en tres encuentros que tuvieron lugar en su oficina en Ciudad de México.
Por BBCMundo
23 de noviembre, 2015
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Carlos Slim
Carlos Slim es, de acuerdo a la revista Forbes, la segunda persona más rica del mundo.

”La curiosidad genuina por tratar de entender quién es esta persona que representa mejor que nadie el neoliberalismo en estos tiempos”.

Eso movió al periodista Diego Enrique Osorno a una titánica investigación de ocho años y más de 100 entrevistas para arrojar luz sobre uno de los hombres más ricos del mundo, Carlos Slim.

Osorno, de 35 años, acaba de publicar el libro “Slim. Biografía política del mexicano más rico del mundo”, en el que logra entrevistar al empresario y magnate mexicano durante siete horas, en tres encuentros que tuvieron lugar en su oficina en Ciudad de México.

El autor se mete en aspectos desconocidos en la vida de Slim, considerado por la revista estadounidense Forbes la segunda persona más rica del mundo, que no forman parte de su biografía “oficial” y que llevaron a que el empresario “minimice” algunos de esos aspectos.

“Él se escabulle, es políticamente correcto, ahí se refleja también lo escurridizo que es, lo habilidoso que puede ser”, le dice Osorno a BBC Mundo.

Para este reconocido periodista mexicano el “primer hallazgo sorprendente” fue descubrir el pasado de uno de los hermanos de Slim, Julián, fallecido en 2011.

El padre del actual director del gigante Telmex, Héctor Slim Seade, integró el “grupo policíaco con más negra fama en la historia de México: la Dirección Federal de Seguridad”, escribe Osorno.

El autor asegura que no se ha investigado oficialmente la “posible ejecución extrajudicial” de un guerrillero que “antes de ser ejecutado estuvo declarando” ante el hermano de Slim.

El propio Slim le dice a Osorno: “A nadie de la familia le gustaba que estuviera en el gobierno. No te puedo decir muchas cosas, pero lo que sí te puedo decir es que (…) fue una gente muy honesta”.

Otro de los aspectos espinosos revelados es el del vínculo de su padre, Julián, con la polémica organización libanesa Al Kataeb, el Partido de las Falanges Libanesas, una organización de derecha acusada de matanzas en campos de refugiados en el Líbano.

Osorno asegura que el padre del empresario era “seguidor”, a lo cual Slim responde: “Mi papá, no mucho, no creo”.

“Sí, tengo una foto de una bienvenida que les ofreció”, continúa el periodista.

“Lo que hemos visto (…) es que mi papá no era un radical, para nada (…) no era un activista ni mucho menos”, replicó Slim.

Carlos Slim
Slim tiene una fortuna estimada de US$77.000 millones.

Estos dos elementos, apunta Osorno, no están mencionados en la biografía “oficial” de Slim en su página web, por lo que considera relevante haber escarbado en ellos.

“No estaban contados, estaban ocultos, y me parece que ayudan a complejizar al personaje”, le dice a BBC Mundo.

Otro de los aspectos expuestos es el de un momento crítico en su vida ocurrido en 1997 en el Texas Heart Institute, donde acudió para que le cambiaran una válvula del corazón.

En la operación sufrió una hemorragia que fue controlada luego de que se utilizaran 31 bolsas de sangre.

Pero por un momento se temió lo peor. “Me habían contado que lo habían declarado muerto”, explica Osorno, “finalmente él me lo dijo, ‘sí, sí, es verdad'”.

Un médico argentino, se cuenta en el libro, fue el que lo “saca adelante”. “Seguramente me dejaron en el cuarto pensando que ya no me iba a recuperar (…) son experiencias dolorosas”, narra Slim, quien por ese entonces tenía 57 años.

La investigación

Osorno, también autor de “El cártel de Sinaloa”, “La guerra de los Zetas”, “Nosotros somos los culpables” y “Oaxaca sitiada”, entre otros libros, no estaba acostumbrado a investigar al poder a este nivel.

Tomó la decisión entonces de hacer el “periodismo más básico”. Esto implicaba determinar quiénes podían darle información sobre el personaje en cuestión y buscarlos.

Diego Enrique Osorno
“No quería hacer un libro que lo linchara a Slim ni que tampoco lo glorificara”, explica el autor Diego Enrique Osorno.

Aunque logró más de 100 entrevistas, dice que fueron más los rechazos, incluidos los de otros de los hombres más ricos del mundo, como Warren Buffet y Bill Gates.

“No es nada fácil reportear sobre el poder en un país como México; es un espacio tan reducido donde ellos se conocen, donde ellos se protegen, donde hay una omertá (ley del silencio) para cuidar sus intereses, pero finalmente a costa de paciencia, de insistir, se fueron abriendo algunas fuentes”, afirma.

Sin embargo se sorprendió con el acceso que terminó teniendo, al punto de lograr entrevistas off the record con varios expresidentes mexicanos que terminó dejando fuera para evitar “leyendas y rumores que en lugar de generar luz sobre el personaje siguiera generando más confusión y más sombras”.

Los encuentros con “El ingeniero”

Osorno pensaba publicar su investigación sin contar con la versión del magnate, así fue que ,cuando lo llamaron de la oficina de Slim hace unos meses, cuatro años después de haber solicitado la entrevista, no entendía a qué se referían.

“El ingeniero le va a dar una cita para contestar sus preguntas”, le dijeron por teléfono.

“¿A qué ingeniero se refiere?”, recuerda, entre risas, que dijo Osorno.

Al llegar a la entrevista con un temario y un maletín cargado con documentos, una de las primeras cosas que Slim le dijo fue que no pusiera “demasiadas mentiras” y que la biografía oficial la estaba escribiendo él.

Finalmente, se reunirían otras dos veces en su oficina, en las que Osorno aprovechó para anotar los títulos de 130 libros que Slim tiene en su biblioteca,cuya lista aparece publicada al final del libro.

Uno de los aspectos de la forma de manejarse de Slim que más lo sorprendió fue que fuera alguien “tan calculador” y que “tuviera este control permanentemente de las situaciones más mínimas”.

Y menciona como ejemplos las conversaciones que mantuvo con empleados en obras, que le contaron cómo había recibido una llamada de Slim para reclamar por una perforación mal hecha o por gotera en un hotel de tres estrellas que había comprado en el Centro Histórico de la capital mexicana.

¿Es Slim una buena persona?

¿Es uno de los hombres más ricos del planeta una buena persona? Es uno de los temas que aborda el libro de Osorno.

“Era una pregunta que me iba haciendo porque el tema de la filantropía me parece un tema fundamental”, explica el periodista.

“¿Cómo mides la generosidad de alguien? Su filantropía evidentemente me parece no es una gran filantropía, es muy limitada en comparación con la de Buffett o la de Gates. Quizá esté inventando una nueva filantropía latinoamericana pero no creo”.

Slim, cuya fortuna se estima en US$77.000 millones, explica en el libro su visión sobre la filantropía al asegurar que “todo el dinero que puedan donar las personas no es funcional, no resuelve nada”.

“¿Por qué no se comprometen ellos? ¿Por qué no dan su tiempo?”, se pregunta.

Para asegurar que no cree que Slim haya sido positivo para México, donde el 46,2% es pobre (55,3 millones de personas), Osorno cita la página 62.

Allí menciona un estudio en el que se asegura que entre 2005 y 2009 el monopolio de las empresas de telecomunicación del empresario había significado una “pérdida de bienestar” para los mexicanos superior a los US$129.000 millones, alrededor del 1,8% del Producto Interno Bruto (PIB) anual.

En ese sentido Osorno, quien que Slim no merece la definición de “mero tacaño”,espera generar debate y reflexión sobre la desigualdad y la filantropía en México, pero se encarga de subrayar algo que menciona en la biografía.

“No quería hacer un libro que lo linchara a Slim ni que tampoco lo glorificara”, explica Osorno. “Entonces le dejo al lector conectar o no las cosas”.

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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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