Los adolescentes que crearon un imperio de pago que mueve millones
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Pagar.me

Los adolescentes que crearon un imperio de pago que mueve millones

Henrique Dubrugras y Pedro Franceschi se conocieron por Twitter y hoy son dueños de un sistema de pago que genera transacciones por millones de reales cada año. Conoce su historia.
Pagar.me
Por Luana Ferreira de BBC Mundo
9 de noviembre, 2015
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Henrique Dubrugras y Pedro Franceschi crearon Pagar.me, que emplea a 30 personas, factura anualmente varios millones de dólares, con lo que se ganaron becas de la Universidad de Stanford. // Foto: Pagar.me.

Henrique Dubrugras y Pedro Franceschi crearon Pagar.me, que emplea a 30 personas, factura anualmente varios millones de dólares, con lo que se ganaron becas de la Universidad de Stanford. // Foto: Pagar.me.

Muchos padres observan cómo sus hijos adolescentes se quedan pegados a sus consolas de videojuegos y pantallas de computador, preocupados por su futuro.

Pero las madres de Henrique Dubrugras y Pedro Franceschi ya no se preocupan por eso.

Los dos adolescentes brasileños solían pasar cerca de un tercio del día frente a las pantallas, pero para ellos eso resultó productivo.

Y si bien hay un montón de empresarios de internet que comienzan bastante jóvenes, su historia se destaca.

Con 19 años cuentan con un exitoso emprendimiento, Pagar.me, que emplea a 30 personas, factura anualmente varios millones de dólares y se ganaron becas de la Universidad de Stanford.

Programadores amateur

Cuando Henrique tenía 12 años, era un gran seguidor del juego Ragnarok. Como sus padres no estaban dispuestos a pagar por la versión Premium, Henrique comenzó a programarla él mismo.

“Yo solía hacer mis propios servidores, así que no tuve que pagar por la versión original”, cuenta.

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Posteriormente se las ingenió para lograr ganar dinero con sus habilidades. Al principio sus padres estaban un poco asustados, creyendo que estaba apostando en línea.

Pedro Franceschi, cofundador de Pagar.me, comenzó aún más joven, jugando con el software desde los 9 años.

“Los dos empezamos a programar como una forma de lograr cosas que queríamos”, dice.

Pedro quería usar el nuevo ciberasistente de Apple, Siri, pero este sólo hablaba inglés. A la edad de 15, se las había arreglado para hacer que Siri hablara portugués.

Cuando tenían 16 y 17, los dos adolescentes se conocieron por Twitter.

A diferencia de la típica charla de adolescentes sobre música o fútbol, en su primer encuentro debatieron sobre los méritos de los diferentes programas de edición de texto para programación.

Pronto se dieron cuenta de que sus ambiciones y sueños eran más parecidos que diferentes.

“Fue entonces cuando comenzó nuestra amistad. Pedro comenzó a usar mi editor de texto. Gané la discusión y gané un socio“, dice Henrqiue.

En esa época Henrique vivía en Sao Paulo, pero Pedro estaba a más de 400 kilómetros de distancia, en Río de Janeiro, así que inicialmente la asociación desarrolló en línea.

Invítame a salir

Por esa época también se enfrentaban a los mismos problemas que históricamente han afectado a los adolescentes durante generaciones.

“¿Qué pasa si invito a una compañera de clase a salir y ella dice que no? Va a ser difícil incómodo seguirla viendo todos los días después de eso”, dice Henrqiue, explicando el viejo dilema.

Asistió a una hackathon y a su equipo se le ocurrió una aplicación basada en Facebook: AskMeOut (InvítameASalir).

Como Tinder, la plataforma le dio a los jóvenes románticos la oportunidad de mostrar interés en alguien y ver si es correspondido, sin arriesgar el rechazo cara a cara.

El equipo de Henrique ganó el primer premio y 50.000 reales (unos US$ 13.200).

Pero Henrique se dio cuenta de que los hombres y las mujeres (¿o niños y niñas?) estaban usando la aplicación de distintas maneras: mientras las mujeres eran más exigentes, los hombres la utilizaban para hacer clic a cuanta fémina se le apareciera en la lista.

Su solución fue cobrarles a los usuarios masculinos. Y al tener que pagar cada “me gusta”, estos se hicieron más selectivos.

AskMeOut fue un éxito, pero Henrique quería un mejor sistema de pago para ella.

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Por suerte fue entonces cuando conoció a Pedro. Hicieron una lluvia de ideas y en ese momento Pagar.me comenzó a evolucionar.

Hoy Pagar.me maneja pagos por valores que alcanzan millones de reales al año, ha ganado una serie de premios y atrajo 1 millón de reales de inversionistas extranjeros (unos US$264.000).

Adolescentes “normales”

En resumen, la plataforma ofrece una forma barata y sencilla para que los clientes paguen por productos en línea, que combina el bajo costo de un servicio de terceros como PayPal con la simplicidad de pagar directamente en el sitio del proveedor sin tener que conectarse a otro sistema.

Pagar.me cobra una comisión de 1,5% en cada compra más un impuesto de medio real. Los clientes también pagan una comisión a los socios de pagar.me que oscila entre 3% y 5%.

“La gente no creía que pudiéramos crear un producto tan innovador”, dice Henrique.

El joven admite que no habría sido posible sin el equipo adecuado, o el apoyo de mentores y de sus familias.

Las 30 personas que trabajan en Pagar.me tienen entre 16 y 45 años. Sin embargo, según los fundadores, su relativa juventud no ha afectado a su relación con el personal.

“Creemos que los buenos líderes son los que logran sus objetivos, junto con su equipo. No es una cuestión de género, calificaciones o edad”, dice Henrique.

“Dirigir una empresa es un camino lleno de obstáculos, pero tenemos la suerte de que en los momentos difíciles hemos sido guiados por personas a las que admiramos. Esto nos ahorró un montón de tiempo durante la evolución de la compañía”, añade.

A pesar de la magnitud de su éxito, Henrique no se siente tan diferente a los de su edad.

“En realidad, todavía somos adolescentes. Nos gusta jugar videojuegos y salir con amigos. Creo que es cada vez más común que las personas persigan sus ambiciones en su juventud. Somos sólo dos personas comunes y corrientes con un negocio”.

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UNSM

Las vacunas para el COVID que se desarrollan en América Latina (además de la de AstraZeneca-Oxford)

Científicos de América Latina están trabajando a contrarreloj para desarrollar una vacuna para el SARS-CoV-2 que dé seguridad sanitaria a sus propios países.
UNSM
14 de agosto, 2020
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En la búsqueda mundial de una vacuna contra el COVID-19, América Latina, la región del mundo más golpeada por el coronavirus, está haciendo sus propios esfuerzos.

Además de colaborar en investigaciones mundiales, como la asociación de México y Argentina con el proyecto de vacuna de AstraZeneca y la Universidad de Oxford, en cuatro países de la región están trabajando decenas de científicos para asegurar una vacuna propia.

Y es que sin importar cuán avanzadas estén otras investigaciones mundiales, una regla de oro en el desarrollo de este tipo de investigaciones es que mientras no haya una vacuna plenamente comprobada y distribuida, no se pueden bajar las manos.

“No sabemos todavía qué disponibilidad habrá realmente de las vacunas desarrolladas por otros países. La posibilidad de tener una vacuna nacional da mucha seguridadal poseer un biológico para proteger a la población”, dice a BBC Mundo Edda Sciutto, una de los científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que realiza su propio desarrollo.

Desde Argentina, Jorge Geffner, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que desarrolla una vacuna con la Universidad Nacional San Martín (UNSM), lo remarca: “Si no se hace, inevitablemente vamos a mantener una dependencia estricta con países desarrollados. Para la perspectiva de una nación, eso es muy pobre”.

Y conseguir una vacuna plenamente probada no es sencillo ni rápido, pese a que en la actual pandemia se están rompiendo récords de tiempos.

La situación apremia: más de 20 millones de contagios y 750,000 muertes en el mundo han acelerado la investigación biomédica.

De ahí que en América Latina se haya anunciado la producción de la vacuna de AstraZeneca-Oxford aún sin saber si realmente funcionará.

Y en la región también habrá pruebas en decenas de miles de personas de vacunas que están siendo desarrolladas en otras partes del mundo.

El trabajo de América Latina

La Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogó la propagación de COVID-19 como una pandemia el 11 de marzo. Cinco meses después, el organismo contabiliza 29 proyectos de vacuna que ya están en la etapa de estudio clínico.

Hasta este 13 de agosto, solo seis se ubicaban en la fase 3, la más avanzada, la cual implica la experimentación en grandes grupos de personas: AstraZeneca-Oxford, Sinovac, Sinopharm-Instituto de Productos Biológicos de Wuhan, Sinopharm-Instituto de Productos de Pekín, Moderna-NIAID y BioNTech-Fosun Pharma-Pfizer.

Personal de pruebas de vacunas en Oxford.

OXFORD UNIVERSITY/John Cairns
La Universidad de Oxford, en Reino Unido, realiza las pruebas más avanzadas de su vacuna con AstraZeneca.

Al mismo tiempo hay otros 138 estudios en la etapa preclínica, la inicial, en la que las vacunas todavía se encuentran en proceso de investigación y sus pruebas se realizan en animales o receptores de laboratorio.

De estas últimas tres proyectos enlistados por la OMS están en América Latina.

Brasil tiene dos, el de la Fundación Oswaldo Cruz-Instituto Butantan y el de la Universidad de Sao Paulo, además de Argentina con la investigación CONICET-UNSM.

Sin embargo, en México con la UNAM y Perú con el proyecto de la Universidad Peruana Cayetano Heredia también están trabajando en sus propias investigaciones contra el coronavirus.

“El cuello de botella no es tanto el desarrollo científico de la vacuna, sino el escalamiento para producirla. El reto es lograr las alianzas con farmacéuticas para conseguir un escalamiento suficiente“, explica Juan Pedro Laclette, quien participa en el proyecto de la UNAM en México.

Seguirán su propia marcha

Sobre este punto, Laclette y Geffner explican que para el desarrollo de esta vacuna ya se cuenta con el conocimiento científico de las creadas para otros dos coronavirus epidémicos: el SARS y el MERS.

“Hasta ahora todos los intentos para desarrollar una vacuna parten de los considerables conocimientos que ya tenemos sobre este tipo de infecciones. Y claramente se va a lograr la vacuna”, señala Laclette.

Ya sea a partir del desarrollo a partir de proteínas,como se hace en México y Argentina, de vectores como en Brasil, o de una salmonela genéticamente modificada en Perú, los experimentos buscan encontrar el antígeno que muestre mayor efectividad en ensayos preclínicos.

Una científica en la Universidad Peruana Cayetano Heredia

UPCH
La investigación de Perú se lleva a cabo en la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Después pasarán a las fases clínicas 1, 2 y 3 en las que se pondrán a prueba en voluntarios, desde unos pocos hasta decenas de miles.

Para que una vacuna se considere segura, deberá garantizar alrededor del 90% de protección.

“El punto que llama la atención es que en general todas las vacunas han tardado entre cinco y diez años en desarrollarse. Y las vacunas que se están desarrollando hoy ya están entrando en fase 3 y empezaron en marzo”, señala Geffner.

Cómo funcionan las vacunas

BBC

Incluso en la región se está trabajando en innovaciones, como en el caso de Perú, en donde Mirko Zimic, quien lidera la investigación nacional, dijo que trabajan para que las dosis sean de administración oral.

“Ya no se necesitaría un ejército especializado de vacunadores que puedan aplicar inyecciones”, explicó en un comunicado.

De otros países para América Latina

Además del desarrollo de vacunas propias, los gobiernos latinoamericanos están estableciendo acuerdos con diversos proyectos de otros países.

Es el caso de México y Argentina con AstraZeneca-Oxford, con los que -de lograr la aprobación final en unos meses- buscan producir y distribuir la vacuna para todos los países de América Latina (excepto Brasil, que tiene su propio acuerdo).

Vacunas en ampolletas

Reuters
En el mundo había más de 160 estudios de vacunas para el covid.19 hasta agosto, según la OMS.

Argentina, explicó el presidente Alberto Fernández, se encargará de la producción en el laboratorio mAbxience, mientras que en México se hará el envasado y la distribución.

Pero también Argentina, Brasil y México han llegado a acuerdos para que se prueben vacunas en decenas de miles de personaspara completar las fases 3 de experimentación, la cual no supone un riesgo sanitario ya que las fases anteriores probaron su beneficio en animales y en algunos voluntarios.

“Empezar a vacunar con algo que no te haga daño puede tener el riesgo de que la gente cambie su conducta y se exponga más al virus porque se siente segura o protegida con una cosa que no se sabe si sirve. Por eso es importante la fase 3”, explica Edda Sciutto.

“Aunque hay muchas vacunas en marcha y muchas muy avanzadas, aún no conocemos la efectividad. Y ese es un gran desafío, pues requiere vacunar a decenas de miles de personas y requiere tiempo“, explica.

De ahí que para la comunidad científica occidental sea llamativo que Rusia haya aprobado su vacuna sin ofrecer las pruebas correspondientes de las diferentes fases. Incluso las autoridades rusas han asegurado que producirán estas vacunas en Cuba y Brasil.

Por ello es importante que cada país cuente con su investigación, señala Laclette.

“Se está dando una competencia despiadada, porque hay objetivos comerciales muy importantes. La producción de cientos de miles de vacunas tiene en la mira ganancias económicas considerables”, alerta.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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