Por qué la masturbación femenina sigue siendo un tabú en el siglo XXI
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Por qué la masturbación femenina sigue siendo un tabú en el siglo XXI

¿Es una práctica normalizada? ¿Cuál es su estatus en comparación con la práctica masculina? BBCMundo preguntó a varios expertos.
26 de noviembre, 2015
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La palabra “klittra” no está en ningún diccionario, pero en Suecia ya se le conoce significado.

Nace de la combinación de clítoris y glitter, brillantina en inglés.

Es un verbo y denomina el acto de masturbarse cuando lo hace una mujer.

Fue escogida entre las 200 propuestas que recibió la Asociación Sueca para la Educación Sexual (RFSU, por sus siglas en sueco) cuando en junio lanzó una campaña para inventar un nuevo nombre a la autoestimulación genital femenina.

“En los países del norte de Europa la actitud hacia el sexo es bastante liberal”, le explica a BBC Mundo Hedvig Nathorst-Böös, miembro de la asociación.

“Pero siempre más con los hombres que con las mujeres”, añade.

“Por eso lanzamos la campaña, para promover la igualdad entre géneros”.

Diferencia entre hombres y mujeres

La tendencia de la que habla Nathorst-Böös es general y, en otras partes del mundo, la diferencia es mucho más acusada que en la región nórdica.

De hecho, hasta en los países más liberales es común que desde la adolescencia los varones hablen con sus amigos sobre cuánto y cómo se masturban.

Mientras que entre mujeres sigue sin ser un tema de conversación recurrente, incluso cuando son adultas.

La masturbación masculina está más aceptada en cualquier sociedad, coinciden los expertos.

También puede resultar normal, “una necesidad”, que un niño se toque los genitales.

Pero si es una niña la que lo hace se le reprenderá e insistirá que “no hay que tocarse”.

Las diferencias también se hacen patentes en internet.

Las entradas sobre la masturbación femenina son en su mayoría pornográficas, mientras que las dedicadas a la práctica masculina suelen ser páginas informativas o de consejos.

Los pocos estudios científicos que existen sobre el tema también reflejan esta disparidad.

Y aunque ninguno de ellos es global, todos, aunque con distintos porcentajes, coinciden en que las mujeres se masturban menos o al menos les cuesta más admitir que lo hacen.

¿Mentiras o verdades a medias?

De acuerdo al titulado Comportamiento sexual en Estados Unidos (2010), de la investigadora y educadora sexual Debby Herbenick, el 44% de los hombres se masturbaban dos o tres veces por semana, algo que sólo hace el 13% de las mujeres.

Y la versión en español del Inventario de Actitudes Negativas hacia la Masturbación, de 2009, reveló que era mucho mayor el porcentaje de los varones que informaba haberse masturbado en el último mes (46,9% frente al 4%).

Pero los resultados de estas investigaciones no son del todo fiables, advierten los expertos consultados por BBC Mundo.

“En temas de sexualidad siempre es difícil calibrar las estadísticas, datos o publicaciones que hablan de unos u otros comportamientos, modos o usos”, le cuenta a este medio la mediática sexóloga española Lorena Berdún.

“La sexualidad es algo tan íntimo que seguramente no somos completamente sinceros al decir lo que nos gusta y lo que no, lo que hacemos y lo que no”, explica.

Aun así, los especialistas reconocen que el estatus la práctica masculina y la femenina es distinto en cualquier sociedad.

“Las mujeres a nivel mundial siempre hemos tenido la masturbación como una tarea pendiente”, le dice a BBC Mundo Luz Jaimes, médica sexóloga y secretaria de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual, a BBC Mundo.

En Occidente la situación es variada, pero en general “todavía existen profundas desigualdades en el género”, señala la sexóloga venezolana Michela Guarente.

“Aun cuando la visibilización de los derechos sexuales de la mujer es cada vez mayor, también existen hombres y mujeres que bajo la visión machista sentencian y señalan las manifestaciones del placer femenino con una amplia lista de adjetivos: busconas, salidas…”, le explica a BBC Mundo.

“Incluso mal utilizan el término de ninfómanas”.

El peso de la religión

La sexóloga Luz Jaimes coincide con esta opinión y comparte cuál es en su opinión el origen de esa desigualdad.

“Nacemos con un cuerpo organizado para sentir, hay funciones específicas que se activan en el momento de recibir un estímulo agradable (…), pero las normas culturales y religiosas no permiten que las mujeres disfruten a plenitud de su sexualidad“.

Como consecuencia, “la educación sexual que las mujeres reciben es pobre o restringida en comparación a la del varón”, concluye.

Como ella, todos los expertos consultados por BBC Mundo subrayan el papel que la religión tiene en esto.

Y es que, aunque la Biblia, por ejemplo, no menciona la masturbación, durante siglos las autoridades de diversas iglesias cristianas la trataron como algo prohibido para ambos sexos.

Desde la Edad Media se multiplicaron los textos religiosos y pseudomédicos que hablaban de la “enfermedad post-masturbatoria”, especialmente perjudicial para las mujeres.

“Por ser su sistema nervioso (el de las mujeres) más débil y con una mayor inclinación natural por los espasmos, los problemas son más violentos”, escribió 1760 el neurólogo francés Samuel Tissot.

Masturbación y prohibición son dos términos que también se conjugan en el islam.

“El Corán dice que la masturbación no está permitida y es igual para hombres que para mujeres”, le dice a BBC Mundo Rehan Aslam, de Sakoon Counselling, un servicio de consejería islámica de Reino Unido.

Y remite al Consejo de la Sharia, un organismo creado en 1982 para “resolver los problemas matrimoniales de los musulmanes de Reino Unido a la luz de la ley musulmana de la familia”.

Pero Heba Kotb, una sexóloga islamista con su propio programa de televisión en Egipto, no opina igual.

“La masturbación no es totalmente haram (prohibido) o halal (permitido) en el Corán, sino que depende del criterio de cada experto”, explica.

La situación más extrema

“A diferencia de hace 14 años, cuando comencé mi práctica como sexóloga, hoy decenas de mujeres de todas las edades y de muchos países me preguntan sobre el tema”, asegura la doctora Kotb.

Aunque reconoce que la apertura no es tanta en los países del Golfo Pérsico, donde las mujeres tienen la vida pública totalmente restringida, como en los del norte de África.

Sin embargo, el escritor y activista Fadi Zaghmout dice que la sociedad de su país, Jordania, tampoco es tan abierta para con el tema.

“Tener sexo con un compañero antes de casarse no es aceptable. Y tener sexo con uno mismo es vergonzoso a los ojos de la sociedad”, escribe en su blog.

“Para los hombres no es problema (…). Pero para las mujeres es una vergüenza”, remarca.

Y hay partes del mundo en el que la situación es más extrema.

En algunas regiones de África la extirpación del clítoris para que las mujeres no puedan sentir placer es una práctica extendida, recuerda Uwemedimo Esiet, de la Federación Africana para la Salud y los Derechos Sexuales (AFSHR, por sus siglas en inglés).

Las organizaciones calculan que en ese continente el 30% de las menores de 15 años serán sometidas a ese procedimiento no quirúrgico en la próxima década.

Hasta un 98% en algunas comunidades de Somalia.

Empoderamiento

Ante esto, son muchas las voces que hoy reclaman la normalización del tema, alegando los beneficios para la salud física y mental de esta práctica.

Pero su argumento principal tiene que ver con el empoderamiento, algo por lo que el feminismo lleva décadas luchando.

“Hay que cultivar la sexualidad para hacer a la mujer más independiente de la idea que es el hombre exclusivamente el que le puede dar placer sexual”, dice en relación a esto Luz Jaimes, de FLASSES.

La sexóloga española Lorena Berdún cree que ya se está caminando en esa dirección.

“Creo que cada vez más mujeres hablan de su sexualidad sin tapujos y además se ha puesto muy de moda lo de los juguetes eróticos, que muchas mujeres usan y dicen, además, que usan”, dice a BBC Mundo.

Por ello, considera que el tema está dejando de ser un tabú.

Mark Regnerus, del Instituto el Estudio de la Familia y la Cultura, de la Universidad de Austin, en Texas (EE.UU.) tiene otra perspectiva.

“En general, a la gente todavía no le gusta hablar de masturbación”, le dice a BBC Mundo.

“Aunque las evidencias sostienen la noción de que la frecuencia en la que tanto hombres como mujeres se masturban ha aumentado”, remarca.

Y es que ya lo dijo Richard Michod, del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Arizona (EE.UU.): “Tener sexo es natural. Hablar de ello no. Es un problema evolutivo”.

En Suecia empezaron por inventar una palabra.

Aunque la realidad sobre la masturbación femenina esté lejos de ser tan brillante y luminosa como sugiere klittra.

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COVID-19: el gráfico que te ayuda a evaluar el riesgo de contagio en una reunión social

Científicos de la Universidad de Oxford y MIT advierten que hay que considerar distintos factores como la ventilación del local o el volumen de voz de los asistentes, entre otros.
9 de octubre, 2020
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¿Cuán seguro es atender a un evento o reunión en medio de la pandemia de covid-19?

Con el número de casos todavía en aumento en todo el mundo, puede que te preguntes cuán prudente es asistir a esa reunión familiar o a ese cumpleaños que te invitaron.

Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, quiere ayudar al público a evaluar el riesgo en cada situación.

Para eso, idearon una tabla que clasifica el riesgo según la cantidad de asistentes, si usan o no mascarillas, la actividad que hacen (si hablan, cantan, gritan o están en silencio) y el nivel de ventilación del local.

El artículo original fue publicado en el British Medical Journal (Revista Médica Británica).

“El riesgo de infección está determinado por muchos factores y todos ellos están conectados. Aún no hay ningún estudio que determine el riesgo absoluto, pero queremos empoderar a la gente para que evalúe el riesgo relativo a cada situación“, dice a BBC Mundo Lydia Bourouiba, directora del laboratorio de dinámica de fluidos en la transmisión de enfermedades de Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y una de las autoras del estudio.

Gráfico de evaluación de riesgo

BBC

Por ejemplo, si te invitan a un karaoke en un salón cerrado donde la gente estará gritando y cantando, lo recomendable es quedarse el mínimo tiempo posible y asegurarse de que habrá poca gente. Sin olvidarse de usar la mascarilla.

O quizás puedes sugerir una reunión con los mismos amigos en un sitio abierto, donde sea posible mantener una mayor distancia entre los asistentes. Evita la música alta para que no te veas obligado a gritar.

Distancia, ventilación y tiempo

Estudios más recientes muestran que los virus pueden dispersarse en gotitas en el aire hasta seis u ocho metros, dependiendo de la situación. Por eso, los investigadores argumentan en el artículo que los dos metros de distancia recomendados debe ser, en algunos casos, la distancia mínima – no la máxima – a mantener con alguien.

“La regla de los dos metros no consideraba el cuadro total de la exhalación de partículas suspendidas en el aire y de cómo estas se mueven. Hoy sabemos que no es solo porque mantienes esos dos metros de distancia que estás seguro”, dice Bourouiba.

Una mujer con mascarilla en la calle.

Getty Images
Si vas a un evento social, la mascarilla puede reducir el riesgo de contagio.

Ahí entran otros factores considerados en el gráfico, como la duración del evento o el tiempo que uno permanece en contacto con los asistentes.

¿Pero qué es exactamente un período corto o largo? Según la investigadora, aún es difícil contestar a esa pregunta.

“Algunas agencias de salud están considerando que más de 15 minutos es un período largo. Pero no hay justificación científica para apoyar esa cifra. Por eso decidimos no especificarlo en la tabla”, explica.

De la misma manera, definir si un evento tiene una ocupación alta o baja, según Bourouiba, no depende sólo de cuántas personas hay en local.

También es importante saber si hay suficiente aire fresco y que los asistentes no estén dentro de la zona de respiración ajena. Es decir, tiene que haber más de 25 centímetros de distancia entre la boca y la nariz de uno (que respira de forma normal) y del otro.

“Cada persona debe tener al menos 10 a 15 litros de aire fresco por segundo. No tenemos cómo calcular eso en nuestro día a día, pero esa es una medida importante para los dueños de espacios de eventos, de restaurantes, de oficinas, etc. Ellos tienen que saber si esos espacios necesitan ser ampliados o renovados”, advierte.

Restaurante

Getty Images
En un restaurante, por ejemplo, no basta con tener la ventana abierta, hay que tener en cuenta hacia dónde circula el aire, dice la experta.

Lo más importante, dice Bourouiba, es garantizar la circulación de aire limpio, de preferencia que venga de afuera. “No es suficiente con mover el aire, como hace un ventilador o el aire acondicionado. Hay que renovarlo para diluir las partículas que exhalamos en el aire nuevo.”

Por esa razón, es mejor estar en espacios abiertos o con ventanas que permitan que el aire circule. Y aún así, es importante fijarse en cómo circula.

“En un restaurante, por ejemplo, si hay clientes delante de una ventana abierta, el aire pasará siempre por esas personas llevándose consigo sus gérmenes y posiblemente transmitiéndolos a otras personas”, dice la investigadora del MIT.

¿Qué hacer en cada situación?

Según Lydia Bourouiba, se deben tener algunos cuidados básicos en cada situación de la tabla:

  • Riesgo bajo– Intenta mantener al menos dos metros de distancia y usa la mascarilla. “No porque estés a dos metros significa que puedes quitarte la mascarilla y no porque lleves la mascarilla significa que puedes estar más cerca de la gente”, dice.
  • Riesgo mediano – Sé más riguroso con la regla de los dos metros. Si es posible, toma un poco más de distancia dependiendo de los otros factores.
  • Riesgo alto – Dos metros debe ser la distancia mínima, aunque lo ideal es estar más alejado y usar una mascarilla de buena calidad.

“Sabemos que es complicado, pero intentamos organizar la información de manera que todo el mundo lo entienda, desde la familia que quiere organizar una barbacoa hasta el gerente de la oficina. Todos tendremos que manejar estas situaciones.”, concluye la científica.


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