¿Qué significan para Europa los ataques de París?
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¿Qué significan para Europa los ataques de París?

Los ataques ponen de manifiesto la vulnerabilidad de Europa, ya que expertos en seguridad esperaban un atentado de esas características pero no pudieron evitarlo.
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Por BBC Mundo
14 de noviembre, 2015
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Al menos 127 personas murieron en los ataques. // Foto: AP.

Al menos 127 personas murieron en los ataques. // Foto: AP.

Diez meses después de los ataques contra el semanario satírico Charlie Hebdo, el terror volvió a París en la noche de este viernes en el peor golpe que sufre Francia desde la Segunda Guerra Mundial.

La capital francesa permanece en estado de excepción tras la muerte de al menos 127 personas en varios ataques, casi simultáneos, en distintos puntos de la ciudad.

Tras unas primeras horas de incertidumbre, el presidente francés, François Hollande, atribuyó los ataques a un “acto de guerra” organizado por el grupo autodenominado Estado Islámico, durante una declaración en la mañana de este sábado.

Tras una reunión de seguridad, Hollande dijo que Francia “no tendrá piedad con los bárbaros” y que actuará “con todos los medios en cualquier parte, dentro y fuera del país”.

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Image captionHollande culpó a Estado Islámico y el grupo se atribuyó los ataques.

Lo que pasó en París es exactamente lo que los servicios de seguridad europeos temen desde hace tiempo y han tratado de evitar“, asegura Peter Neumann, profesor de Estudios de Seguridad de King’s College, Londres.

De hecho, este mismo sábado el autodenominado grupo radical Estado Islámico reivindicó los ataques en un comunicado distribuido a través de Internet. Es la primera vez que los militantes se autoatribuyen un ataque perpetrado en territorio europeo.

Estado Islámico dijo haber estudiado los lugares de los ataques y haberlos llevado a cabo utilizando a “ocho hermanos con cinturones explosivos y rifles de asalto”.

Lee también: Francia, lo que se sabe de los ataques que dejaron al menos 127 muertos en París

El comunicado dice que París es la “capital de la abominación y la perversión, la que lleva la pancarta de la cruz en Europa”.

“Oriente Medio en Europa”

La brutalidad de los ataques y las circunstancias en que se cometieron suponen un salto con respecto a otros recientes ataques en suelo europeo.

Es el atentado más importante desde el de Madrid en 2004, en el que murieron 191 personas.

Tras los ataques de enero contra Charlie Hebdo, la gente se preguntó si París seguía siendo una ciudad segura, pero en el fondo “la mayoría no se sintieron amenazados”, dijo Hugh Schofield, corresponsal de la BBC en París.

“Hoy es diferente. Los ataques fueron Oriente Medio llegado a Europa”, aseguró Schofield.

“Su ferocidad, su amplitud y su arbitrariedad las asociamos con Beirut o Bagdad, pero no con París o Londres”, dijo.

Por muy pertubadores que hayan sido los ataques, los expertos consideran que no han sido del todo sorprendentes.

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Image captionEl aumento de seguridad no pudo evitar el ataque.

Los atacantes golpearon de forma casi simultánea con armas automáticas y suicidas en el centro de París y en lugares muy concurridos, entre ellos una sala de conciertos y las inmediaciones del Estadio de Francia, del que tuvo que ser evacuado el propio Hollande, durante un partido amistoso de fútbol entre Francia y Alemania.

Lee también: “Caían como piezas de dominó”, horror en la sala Bataclan de París donde murieron al menos 80 personas

Al contrario que en enero, donde varios individuos radicales atacaron un semanario satírico y un supermercado judío, estos ataques han sido “mucho más aleatorios”, aseguró Neumann

“Casi inevitables”

Una pregunta evidente es por qué no fueron detectados previamente los atacantes, especialmente teniendo en cuenta que Francia reforzó la seguridad tras el traumático golpe de enero.

Desde ese mes, las calles francesas están vigiladas por varios miles de militares y 25.000 policías patrullan lugares que pueden ser objeto de ataques.

El problema es que las autoridades “no pueden predecir dónde se va a producir el siguiente ataque”, dijo Frank Gardner, corresponsal de Seguridad de la BBC.

“Una vez que entran en la Unión Europea, no es tan difícil para los terroristas hacerse con armas como los rifles kalashnikovs usados ahora y en el ataque contra Charlie Hebdo”, explicó Gardner.

“Un ataque como este no es inevitable, pero es muy probable que suceda”, agregó.

Lee también: “Había sangre por todas partes”: el relato de los testigos de los ataques de París

Para Neumann, las agencias de seguridad europeas ya trabajan a máxima capacidad en los últimos años.

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Image captionLos aficionados se congregaron a pie de campo en el Stade de France.

“Poner a una persona bajo vigilancia las 24 horas requiere 30 policías. No puedes monitorear a cientos de personas”, dice.

“Es casi inevitable que algo así suceda”.

Un riesgo “persistente”

El riesgo de que ataques de este tipo se produzcan en Europa es “persistente”, según la empresa de inteligencia geopolítica Stratford Global Intelligence.

Una de las cosas que tendrá que determinarse es hasta qué punto los asaltantes recibieron instrucciones del extranjero, aunque Hollande ya ha dicho que los ataques fueron “organizados y planeados desde fuera” con ayuda de personas dentro del territorio francés.

Muchos individuos franceses y de otros países europeos han viajado a Siria para unirse a grupos extremistas. 

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Image captionLas autoridades pidieron a la gente que no salga a la calle.

Y, según la firma Stratford, el reciente flujo de refugiados hacia Europa de países como Siria “subraya el riesgo de que grupos yihadistas hayan situado a algunos de sus miembros entre los grandes flujos para llevar a cabo ataques en Europa”.

El corresponsal de Seguridad de la BBC, Frank Gardner, contemplaba antes de las declaraciones de Hollande, en las que confirmó el papel de Estado Islámico, que los ataques estuvieran relacionados con la política exterior francesa y la participación de Francia en la coalición liderada por Estados Unidos en Siria.

La intención podría ser “castigar a Francia e intentar que cambie su política“, opinó Frank Gardner.

Alerta

Los brutales ataques han puesto en alerta a las autoridades de muchos países europeos.

Todos los líderes europeos han debido despertarse pensando que esto podría haber pasado en su país“, anotó Neumann.

El gobierno italiano ha decidido aumentar el nivel de seguridad en el país y proporcionar una especial atención a Roma y Milán

Además, el primer ministro Mateo Renzi se reunirá en la tarde de este sábado con los representantes de los principales partidos.

En Reino Unido, el primer ministro David Cameron dijo que el país “se enfrenta a la misma amenaza” que Francia.

Mientras, es probable que la respuesta de la sociedad francesa sea distinta a la de enero, cuando miles de personas se lanzaron a la calle a apoyar a las víctimas y a defender la libertad de expresión, simbolizada por la revista Charlie Hebdo, objetivo de uno de los ataques.

Por el momento, la alcaldía de París ha pedido a los ciudadanos que se queden en casa y ha ordenado el cierre de establecimientos públicos como mercados, piscinas o escuelas.

“El miedo será mucho más importante (que en aquel entonces)”, señaló Sylvain Courage, redactora jefa de la revista de actualidad francesa Nouvel Observateur.

Para Neumann, los ataques pueden suponer “cambios profundos” en el país.

El experto cree que los ataques pueden causar el efecto de “polarizar y dividir a la sociedad” francesa y generar una situación en la que los partidos de extrema derecha “se aprovechen” de un momento “muy frágil en la historia europea”.

Esto es algo que parece que los aficionados que estaban en el Stade de France y tuvieron que ser evacuados entendieron rápidamente, ya que se pusieron a cantar el himno nacional francés, La Marsellesa, mientras salían del estadio.

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Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

La sintomatología de este síndrome que padecen muchos migrantes puede confundirse con depresión o estrés postraumático y no tratarse bien.
6 de agosto, 2022
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“No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza”, decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3.6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79.5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una “planta monstruosa”. Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno

El psiquiatara español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. “Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia”, cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: “Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante”.

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban “un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple”.

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que “el estrés y el duelo son cosas normales en la vida”, pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises

Normalmente asociamos la palabra “duelo” al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

“Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo”, explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo “parcial, recurrente y múltiple”.

Paisaje de Caracas

Getty Images
Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres… O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, “el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad”.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién “echar un pie” y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Ilustración persona migrante con preocupaciones a su alrededor.

BBC MUNDO
Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. “Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados”, remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, “que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida”.

Dos hombres en una fiesta.

Getty Images
Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que “lo peor” ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta

Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

“Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo”, sostiene Achotegui.

Grupo de mujeres jugando al fútbol.

Getty Images
Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o “se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo”.

Qué hacer y qué no hacer

“Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias”, señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya “menos riesgo de trastorno mental”, pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. “Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio”.

Al final se trata de mantener “la raíz” con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que “los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas” ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás

La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

“Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas” ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo “ya se te pasará”, “no es para tanto”, “eso son miedos tuyos” o “todo saldrá bien”.

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: “Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante”.

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.


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