Reportan desaparición de dos surfistas australianos en Sinaloa
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Reportan desaparición de dos surfistas australianos en Sinaloa

Andrea Gómez, novia de Adam Coleman, señaló en entrevista con AP que ella y Josie Cox, novia de Dean Lucas, viajarían a Culiacán, Sinaloa el lunes por la mañana porque en ese estado se localizó una camioneta calcinada con dos hombres en su interior que podría ser la de los australianos. Lucas y Coleman tenían 33 años.
Especial
Por AP
29 de noviembre, 2015
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Reportan desaparición de dos surfistas australianos en Sinaloa. Foto: tomada de Facebook

Reportan desaparición de dos surfistas australianos en Sinaloa. Foto: tomada de Facebook

Familiares de dos surfistas australianos que realizaban un viaje desde Canadá a México buscan a los dos hombres que viajaban en una camioneta por el estado de Sinaloa, a quienes no se localizado desde el pasado 20 de noviembre.

Andrea Gómez, novia de Adam Coleman, señaló en entrevista con AP que ella y Josie Cox, novia de Dean Lucas, viajarían a Culiacán, Sinaloa el lunes por la mañana porque en ese estado se localizó una camioneta calcinada con dos hombres en su interior que podría ser la de los australianos. Lucas y Coleman tenían 33 años.

La joven ha difundido el caso en medios de comunicación y redes sociales, pero asegura que las autoridades estatales aún no han respondido al respecto.

Todo apunta a que podrían ser ellos porque la camioneta coincide, llevaban una bicicleta… pero no tenemos nada confirmado todavía, por eso Josie llega hoy a México desde Canadá y mañana lunes iremos temprano a Culiacán para ver los cadáveres y hacer pruebas de ADN”, indicó Gómez. Cox trae consigo datos dentales de Dean “y yo tengo unos pedacitos de rastas (mechones de cabello) que me regaló Adam y me dijeron que eso puede valer”, detalló.

Además, dijo que siguen recibiendo mensajes de gente que asegura haberlos visto pasar “pero ya no sabemos qué es cierto y qué no”.

Adam Coleman, uno de los surfistas desaparecidos junto con la camioneta en la que viajaban. Foto tomada de Facebook

Adam Coleman, uno de los surfistas desaparecidos junto con la camioneta en la que viajaban. Foto tomada de Facebook

Los dos turistas salieron de la localidad de Edmonton, en el centro de Canadá, con otro amigo, consiguieron la camioneta en Vancouver y bajaron por toda la costa del Pacífico hasta México, dejando a su amigo en Las Vegas. Tenían trabajos esporádicos para ganar dinero y poder continuar el viaje, explicó Gómez.

El 21 de noviembre tenían previsto reunirse con ella en Guadalajara, Jalisco, pero nunca llegaron. Según la joven mexicana, cuando lanzaron las alertas por las redes sociales después de poner las denuncias por desaparición, una persona la contactó para decirle que los había visto la noche del 20 de noviembre en un OXXO, cercano a la localidad de Los Mochis, Sinaloa, porque querían comprar un mapa.

“Tenían prisa por llegar y creo que por eso viajaron de noche”, recordó Gómez. “Yo les había dicho de la inseguridad pero nunca les dije de las cosas tan horribles que podían pasar. Me siento un poco responsable por eso”, lamentó.

La persona que les vio por última vez es la que también informó a Gómez del hallazgo de una camioneta calcinada de las mismas características que la de ellos en la localidad de Novolato, Sinaloa, la ruta que debieron tomar para ir destino a Guadalajara.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Australia emitió un comunicado en el que asegura que las autoridades consulares de su país están colaborando con las mexicanas y con las familias para poder confirmar el destino de sus dos connacionales.

Gómez, sin embargo, se quejó de la nula atención recibida y se mostró preocupada por su seguridad. “Pero tenemos miedo, estamos muy asustadas y no hemos tenido ayuda ni de la embajada de Australia ni de las autoridades mexicanas que ni siquiera me informaron del hallazgo de la camioneta”, se quejó.

Coleman tenía previsto quedarse a vivir en México mientras que Lucas planeaba irse con Cox a Reino Unido.

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Iquitos, ciudad escondida en la selva que se convirtió en 'isla bonita' de la población LGTB de Perú

En un país que no reconoce la unión entre personas del mismo sexo ni el cambio de identidad, el colectivo LGTB ha encontrado un colorido refugio en la selva amazónica.
29 de junio, 2022
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Ser una persona LGTB no es fácil en Perú.

Según muestran varios informes internacionales y el testimonio de personas homosexuales, la situación de este colectivo puede mejorar mucho.

Las leyes peruanas impiden el matrimonio y cualquier unión civil entre personas del mismo sexo y no se permite el cambio de identidad legal a las personas trans.

Un estudio de la ONG Promsex realizado en 2016 encontró que ocho de cada 10 estudiantes LGTB dijo sufrir acoso verbal por su condición sexual en la escuela, mientras uno de cada cinco refirió agresiones.

Y Perú ocupaba el puesto 71 en el índice global de igualdad que publica Equaldex, una red estadounidense que comparte datos de asociaciones LGTB en todo el mundo. Solo Bolivia y Paraguay mostraron una opinión pública más hostil a los no heterosexuales en Sudamérica.

Pero hay un lugar en el que las cosas son un tanto diferentes, según cuentan sus propios habitantes.

Es Iquitos, una ciudad de cerca de 150.000 habitantes, capital del Departamento de Loreto, en mitad de la Amazonía peruana y a la que solo se puede llegar en avión desde Lima.

“Aquí uno puede ser quién realmente es”, cuenta en conversación con BBC Mundo Carlos Vela, homosexual residente en Iquitos.

“En general, la aceptación es muy buena. Muchos visitantes europeos dicen cuando vienen que hay tanta tolerancia como en Europa”, corrobora Silvia Barbarán, activista que lleva años trabajando con personas LGTB en la ciudad.

Qué hace diferente a Iquitos

No es casualidad que la marcha del Orgullo Gay de Iquitos haya ganado fama como una de las más concurridas y coloridas de Perú.

“Aquí celebramos el Orgullo con mucho calor”, comenta Carlos. El calor húmedo de la Amazonía anima a los participantes a mostrar un desparpajo difícil de imaginar en otros lugares de Perú en los que el clima social no es tan abierto.

Valery La Mas es una mujer transexual que se mudó a Iquitos hace cinco años desde Leticia, la ciudad colombiana en la que nació. “En Colombia estamos mejor que en Perú, pero en Iquitos se ha avanzado mucho en los últimos años”.

“Aquí las mujeres trans tenemos alternativas a trabajar en la prostitución”, indica.

En esta ciudad rodeada de vegetación y flanqueada por dos afluentes del Amazonas, no es difícil encontrar negocios de peluquería y estética regidos por personas LGTB y la hostelería local emplea a mujeres trans en sus cocinas.

Map

Es un ambiente muy distinto al que reflejan los informes de Promsex o el que retrató la película “Retablo” en 2017.

En ella, el cineasta Álvaro Delgado Aparicio contaba a través de la historia de un artesano la crueldad que a veces pueden alcanzar los comportamientos homofóbicos en las pequeñas comunidades montañosas de los Andes.

El ambiente cálido y exuberante de la selva contrasta con el frío y la austeridad del paisaje andino, una diferencia que a menudo se refleja también en el carácter de la gente.

La riqueza de la selva amazónica y la sensualidad de sus culturas ancestrales, así como los contactos frecuentes con poblaciones de Brasil, han sido algunos de los factores a los que se ha aludido para explicar la mayor tolerancia de Iquitos.

“Siempre fue más fácil ser LGTB en la selva, quizá porque allí hay una cultura prehispánica que tolera mejor la idea de los tres géneros”, comenta Jorge Chávez, del Movimiento Homosexual de Lima.

No en vano, Iquitos y otros lugares de la selva se convirtieron en el refugio de las personas LGTB que en la década de 1980 huyeron de las campañas de “limpieza social” lanzadas contra ellas por los grupos armados de extrema izquierda MRTA y Sendero Luminoso, que dejaron decenas de muertos en matanzas aún recordadas como la de Tarapoto en mayo de 1989.

Campesinos con sus mulas, en la época de Sendero Luminoso.

MARIE HIPPENMEYER
La violencia de Sendero Luminoso y el MRTA contra los no heterosexuales desplazó a muchos de sus hogares.

Norma Muller, antropóloga de la Pontífica Universidad Católica del Perú, apunta que “la población de la selva es más abierta al amor y a la diversidad sexual, porque no lo asocian con el pecado, como ocurre en la tradición cristiana”.

Quizá el menor peso de la religión en estos territorios sea una de las razones por las que este lugar se convirtió en refugio para los perseguidos por la homofobia y hoy sea en palabras de Valery La Mas, la “isla bonita para los LGTB peruanos”.

Pero a sus 64 años, Silvia Barbarán recuerda que las cosas no siempre fueron fáciles. “Incluso en los medios locales era frecuente escuchar alusiones despectivas a los no heterosexuales”.

“Todo empezó a cambiar a partir de 2002, cuando comenzó a desarrollarse un movimiento con muchas asociaciones y un gran trabajo de educación y concienciación”.

Barbarán cuenta como la unión hizo la fuerza. “Una de las claves fue que todas las asociaciones íbamos juntas a protestar cada vez que se producía un episodio de discriminación. Cuando a una mujer trans le negaban la atención en el centro médico, salíamos todas las asociaciones con protestas en las calles y denuncias en los medios”.

“Así se fue ganando espacio, y ahora gais y trans tienen mucha visibilidad”.

Indígenas junto a una choza en la selva amazónica.

Getty Images
La diferente actitud ante la vida de los pueblos de la selva ha sido citada como una de las razones de la mayor tolerancia en Iquitos.

La bandera del VIH

Silvia Barbarán es una de las heterosexuales que se ha convertido en uña y carne con las personas LGTB.

En 2001 contrajo el virus del VIH y decidió lanzarse a concienciar a sus vecinos de los riesgos de una enfermedad que todavía hoy muestra una alta prevalencia en la región de Loreto.

Así montó Lazos de Vida, la asociación en la que atiende a niños portadores del virus, lo que la puso en contacto con muchos activistas LGTB comprometidos en la misma causa.

“El movimiento gay fue muy activo en educar a la población en que había que protegerse del virus. Eso ayudó mucho, porque la gente empezó a ver que no eran personas dedicadas solo a la fiesta, sino vecinos implicados en su comunidad”.

Su labor presionó además al gobierno en Lima para extender los tratamientos antirretrovirales contra el VIH, que entonces eran muy difíciles de encontrar en Iquitos.

Años de activismo y movilización desembocaron en la aprobación en 2010 de una ordenanza regional que reconocía una protección especial y una participación reforzada del colectivo LGTB. Más tarde se acompañó de una estrategia para la prevención del acoso escolar por motivos de género en las escuelas.

Barbarán concluye satisfecha que “hoy hay un movimiento LGTB muy fuerte”.

Un movimiento que en los años de la pandemia, cuando Perú era uno de los países que más sufría el golpe de la covid, recurrió a la imaginación para celebrar la fiesta del Orgullo sin violar las restricciones de las reuniones públicas y organizó una marcha que, en lugar de discurrir en carrozas por el centro de la ciudad, lo hizo en pequeñas embarcaciones por el río Itaya, uno de los que rodean Iquitos.

En 2022, tras una larga espera, el Orgullo volvió a tierra firme. “Vienen muchas familias, como antes de la pandemia”, celebra Barbarán.

Retos pendientes

Pero incluso desde dentro de la comunidad LGTB iquiteña hay voces que advierten de que no se deben lanzar las campanas al vuelo.

El panorama general en el país no invita al optimismo.

Pedro Castillo y Keiko Fujimori, en un debate electoral.

Getty Images
Pedro Castillo y Keiko Fujimori coinciden en su rechazo a las uniones no heterosexuales.

Tras una larga batalla judicial, el Tribunal Constitucional volvió a rechazar recientemente el recurso presentado por Susel Paredes, una congresista que reclama que se reconozca su matrimonio con otra mujer celebrado en Estados Unidos.

Y el Congreso aprobó en mayo un proyecto de ley que según sus detractores impedirá el enfoque de género y la educación sobre la igualdad y la diversidad sexual en las escuelas peruanas.

El rechazo a la unión entre personas del mismo sexo es uno de los aspectos en los que coinciden el presidente Pedro Castillo y la que fue su rival en las últimas elecciones, Keiko Fujimori, una coincidencia en la que muchos aprecian el peso que tienen en Perú visiones conservadoras de la sociedad y la familia defendidas por las iglesias católica y evangélicas.

BBC Mundo trató de recabar la visión del Gobierno, pero el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables no respondió inmediatamente a una dolicitud de comentarios.

En la región de Loreto la prevención del VIH sigue siendo asignatura pendiente.

Es la segunda región con más casos del país solo superada por Lima Metropolitana.

Carol Carobi, funcionaria del Gobierno Regional y una de las pocas mujeres trans que ocupa un cargo público en el país, destaca que “los trans todavía estamos peor que los gais y seguimos conviviendo con el estigma también en muchos lugares de Iquitos”.

“Hemos empezado a ganar espacios, pero aún estamos en un proceso”.

Silvia Barbarán señala cuáles deben ser los próximos desafíos: “En los últimos años en Iquitos hemos avanzado muchísimo, pero el reto es ahora ocupar otros espacios en la sociedad, también los cargos políticos. Y para eso hay que estudiar”.


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