Acciones campesinas contra el calentamiento global hacen volver al tucán... y más felices a las vacas
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Acciones campesinas contra el calentamiento global hacen volver al tucán... y más felices a las vacas

Un grupo de ejidatarios creó la Cooperativa Pichichi y "lo primero que hicimos fue sembrar árboles, porque estaba todo desértico", dice uno de los integrantes del colectivo. A partir de estos esfuerzos, en 15 años de existencia, la Cooperativa ha reforestado 40 hectáreas con especies nativas.
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Por Paris Martínez
7 de diciembre, 2015
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Las parcelas de la Cooperativa Pichichi cuentan con áreas donde se permite el crecimiento de arbustos y pastos silvestres, como la leucoena, el pasto bermuda, el colocho y la campanita. // Foto: Animal Político.

Las parcelas de la Cooperativa Pichichi cuentan con áreas donde se permite el crecimiento de arbustos y pastos silvestres, como la leucoena, el pasto bermuda, el colocho y la campanita. // Foto: Animal Político.

Los tucanes…

A un costado del río Coapa, en Pijijiapan, Chiapas, crece un bosque de sauces, robles y papaturros en el que, dicen los pobladores, han comenzado a verse de nuevo los tucanes que se extinguieron en la región hace décadas, luego de que pobladores y empresas extranjeras talaran los manglares de la zona, con fines domésticos y comerciales.

“Poquito a poquito van volviendo las aves –narra Aurelio Cabrera, un hombre delgado, moreno y de risa fácil, que cuida sus vacas, mientras éstas retozan a la sombra de esos mismos árboles–, volvió el tucán, que se fue hace muchos años… pero hace un mes vimos uno, y poquito antes se contaron cinco tucanes en otras parcelas de Salto del Agua, nuestro ejido.”

A su lado está Melvin Chirino, su vecino y amigo, cubriéndose del sol, al igual que las vacas.

“La principal razón de que se acabaran aquí los árboles, y las aves, fue una empresa estadounidense que taló toda la zona, en los años 40 –narra Melvin–, incluso, aún quedan las ruinas de una carreta gigante, jalada por bueyes, que usaban para llevar los troncos al aserradero, entonces, ellos (la empresa extranjera conocida entonces como Maderas Coapa) fueron realmente los que se acabaron el manglar.”

Sin embargo, reconoce Melvin, “no nada más fueron ellos, sino también nosotros. Antes decíamos: ‘vamos a tirar esa montaña, órale, todos los árboles, para hacer potrero (es decir, una zona libre de árboles para que paste el ganado)’, o sea, hacíamos lo que se conoce como ganadería extensiva. Y también decíamos: ‘ese palo me estorba’, y a cortar el árbol; o ‘necesito leña’ y otro árbol, o ‘necesito 500 postes para vender, y tumbaban 500 árboles, y se hizo costumbre eso, y ya luego hasta venía aquí gente de otras regiones, a cortar madera, libremente, cada vez que necesitaba… y así nos acabamos casi todo el manglar… Y luego, en 1999, vino el desastre natural (el huracán Paulina) que en un ratito tumbó los poquitos árboles que quedaban. Y entonces, de un día para otro, todo aquí, en Pijijiapan Región Costa, quedó como si fuera un desierto.”

La desaparición de la cortina de árboles que formaba el manglar, recuerdan Melvin y Aurelio, permitió a Paulina entrar al pueblo y a las parcelas, “el desastre fue tremendo, nuestro zacate, que era con lo que alimentábamos a nuestras vaquitas, quedó bajo la arena, todo se perdió: no había para alimentar a nuestros animales, ni para alimentar a nuestras familias.”

Para entonces, no sólo los tucanes se habían ido de Salto de Agua, sino prácticamente toda la fauna: “no había nada –recuerda Aurelio–, se fueron las aves, las ardillas, las iguanas. Sólo nos quedamos nosotros, porque, ¿a dónde íbamos a ir? Esto era verdaderamente un desierto”.

Los árboles…

Según estimaciones del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, el incremento de la temperatura en México vinculado al calentamiento global, oscilará de 1 a 2.5 grados centígrados –según la región del país–, entre los años 2015 y 2039.

Este mismo organismo establece (en su estudio “Escenarios del cambio climático. Futuro lejano”), que para el año 2099, habrá puntos del país en los que, en los meses más cálidos, la temperatura será hasta 6.5 grados centígrados mayor a la actual.

En la misma medida, para el año 2039, la costa de Chiapas, donde se ubica Pijijiapan, experimentará un incremento en la temperatura de hasta hasta 1.5 grados centígrados; y de 3 grados centígrados para finales del siglo XXI.

“Luego del desastre natural (del 99), vino gente del gobierno y vino gente de organizaciones (no gubernamentales) –cuenta Melvin–. Los ganaderos teníamos veíamos un problema grande, porque el tiempo de lluvia se fue deteriorando, fue cambiando, ahí conocimos del famoso cambio climático, todos empezamos a preguntarnos qué hacer, porque el ganado se podía morir, y entonces empezamos a trabajar.”

 

México durante 2039: de 1 a 2.5 grados más caliente.

México durante 2039: de 1 a 2.5 grados más caliente.

Viendo sus tierras devastadas, 16 ejidatarios y ejidatarias de Santa Clara crearon la Cooperativa Pichichi, y “lo primero que hicimos fue sembrar árboles, porque estaba todo desértico –dice Aurelio–. Esos árboles que se ven ahí, no estaban. Ahí no había nada. Esos árboles los plantamos nosotros, y ahora todas nuestras parcelas tienen una zona de reforestación”.

A partir de estos esfuerzos, en 15 años de existencia, la Cooperativa Pichichi ha reforestado 40 hectáreas con especies nativas.

–¿Piensan, en algún momento, pasar a la explotación forestal? –se pregunta a Benjamín Morales, representante legal de la cooperativa, quien aguarda junto con ellos.

–No estamos sobre eso –dice Benjamín–, no es viable, porque estaríamos deforestando lo que nos ha costado tanto reforestar. La idea es ya no tocar esas áreas. Y, además, en donde sembramos maíz (ya que no por ganaderos, dejan de ser campesinos) también metemos árboles frutales, como el chicozapote, y cuando esos árboles crezcan, ahí tampoco va a poder sembrarse ya nada, hay que jugar con eso, pensamos que en el futuro tendremos fruta para comer, y también para vender, y eso nos complementará lo que obtenemos por la producción de leche.

Bajo este esquema de trabajo, en el mediano plazo, la mayor parte de las tierras de estos 16 ejidatarios se convertirán nuevamente en zonas reforestadas, una parte con especies silvestres y otra con frutales, y sólo prevalecerá una fracción de sus tierras para uso ganadero.

E incluso en las zonas delimitadas para las vacas, hay árboles, “porque una vaca necesita sombra. La vaca come, toma agua y busca sombra dónde echarse a descansar. Si tú ves un campo con vacas, sin árboles, las vacas van a estar caminando, porque su instinto es buscar un lugar fresco, aunque no lo haya, si en uno de esos campos ves una vaca echada, es porque ya la venció el sol, entonces, hasta en los potreros hay que tener suficiente sombra, para que las vacas no sufran”, dice Aureliano.

–Además del tucán, ¿hay alguna otra especie animal que haya vuelto a esta zona, a partir de la reforestación?

–Sí –explica Melvin–, ahora también vemos mucha ardilla, y eso está bien, porque ya casi no había, y hasta iguanas. Poco a poco, la cosa es poco a poco…

México durante 2099: de 2.5 a 6.5 grados más caliente.

México durante 2099: de 2.5 a 6.5 grados más caliente.

 

Las vacas…

“Hay quienes piensan que mientras más grande es tu terreno trabajado, más grande será tu producción, pero esa es una equivocación –explica Benjamín–. Si a tus vacas las tienes en espacios pequeños, suficientes pero confinados, su producción de leche será mayor, porque camina menos, se cansa menos, está más contenta.”

Siguiendo un modelo de trabajo propuesto por la organización internacional The Nature Conservacy, los ejidatarios agrupados en la Cooperativa Pichichi encontraron nuevos aprovechamientos agrícolas, que les permiten mantener a las 300 vacas que entre todos reúnen, y por esta vía dejar de consumir alimento industrializado.

“Nosotros no engordamos ganado para venta, no criamos a nuestras vacas para venderlas como carne –explica Melvin–, obviamente, cuando un animalito ya está viejito, o cuando está muy enfermo, lo sacrificamos, pero eso es otra cosa. Nosotros tenemos a nuestras vacas para producir leche, y ahí es donde se mezcla esto del calentamiento climático: que ahora la temporada de sequía es más fuerte, y en esos meses, marzo, abril, mayo, los animales sufren, porque no tienen qué comer.”

Y si las vacas dejan de comer y se estresan por el calor, dejan de dar leche.

Por ello, además de tener árboles que dan sombra, la fracción de sus tierras reservada para el ganado cuenta con espacios donde cultivan maíz y zacate, para alimentar para su ganado.

“Afortunadamente, tuvimos ayuda de organizaciones (no gubernamentales), nos apoyaron para montar una ensiladora para forraje (herramienta que permite picar productos agrícolas), con la que procesamos lo que les damos de comer a nuestras vacas en la sequía.”

Este alimento, que no lleva agroquímicos, sólo melaza –residuo de la caña de azúcar–, se almacena fresco y permite dar al ganado alimento verde, “y la producción de leche se mantiene, no baja durante la sequía. Entonces, con estas prácticas, lo que hacemos es mejorar un poco nuestra economía, no nos estamos haciendo ricos, pero sí podemos procurar mejor a nuestras familias.”

Humberto Cruz, uno de los ejidatarios de la Cooperativa Pichichi, con sus vacas.

Humberto Cruz, uno de los ejidatarios de la Cooperativa Pichichi, con sus vacas.

 

Las parcelas de la Cooperativa Pichichi, además, cuentan con áreas donde se permite el crecimiento de arbustos y pastos silvestres, como la leucoena, el pasto bermuda, el colocho y la campanita, a los que llevan a las vacas una hora al día.

“Es nuestro ‘banco de proteínas’, y con eso mantenemos a nuestros animales nutridos y sanos. Con una hora que dejes a una vaca pastar ahí, al día siguiente te da un litro más de leche. Así ya no tenemos que darle hormonas a la vaca para que le baje la leche, o pollinaza (excremento industrializado de gallinas), nuestra leche es de la más sana que puede encontrarse.”

Mediante estas prácticas agrícolas y ganaderas, estos ejidatarios han logrado limitar a una cuarta parte de su terreno las áreas donde pastan las vacas, evitando la compactación del resto del suelo (lo que impide el crecimiento de vegetación) así como evitar gastos en alimentación industrializada (dar alimento procesado a 10 vacas cuesta, en promedio mensual, 12 mil pesos), además de que su producción de leche por animal pasó de 3 litros al día, a seis litros.

“Nuestro objetivo es ahorrar, mejorar nuestra economía y cuidar la naturaleza. Es el tiempo de cuidar nuestro bosque, nuestra agua y nuestra flora. El manejo que damos a nuestro ganado, en terrenos chiquitos, con técnicas agrosilvopastoriles, le hace un bien a la conservación del medio ambiente. Antes, aquí todo era potrero. Hoy, hay bosque, y cada vez habrá más…”

Epílogo: la caca…

Todo este proceso de empoderamiento de este grupo campesino, señalan sus integrantes, se dio de frente con el tradicional “coyotaje” que impera en la región, mediante el cual, intermediarios acaparan la producción de los lecheros locales, imponiendo precios injustos.

“El coyote viene –dice Melvin–, se lleva la leche y la vende a precio más alto a las productoras de queso. Por eso, nosotros decidimos hacer nuestro propio queso, el Queso Pichichi.”

Con apoyo gubernamental, los ejidatarios levantaron una pequeña planta quesera, de 20 metros cuadrados, en la que procesan de forma natural la leche que ellos mismos ordeñan.

“Cuajamos la leche de forma natural, y aunque en el proceso se emplea gas, nuestro gas es natural, lo generamos con un biodigestor que nos donó el gobierno, en el que echamos todos los días dos cubetas de caca de vaca… con eso tenemos gas suficiente.”

Si emplearan gas licuado de petróleo, explica Melvin, tendrían que desembolsar cerca de 20 mil pesos al mes, dinero que se ahorran reaprovechando el estiércol de su ganado.

“Luego, ese biodigestor convierte la caca en abono, y con eso abonamos nuestras cosechas, entonces, ni lo que comen las vacas, ni lo que comemos nosotros, está contaminado con agroquímicos.”

Planta de queso de los ejidatarios de Salto del Agua, Cooperativa Pichichi.

Planta de queso de los ejidatarios de Salto del Agua, Cooperativa Pichichi.

–Por ser natural su proceso de producción, ¿obtienen mejores precios por su queso, que el de los productores convencionales?

–Fíjate que todavía no –se lamenta el ejidatario–, nos ha costado hacerle ver al consumidor que los productos convencionales son más baratos, pero también son de menor calidad. Por ejemplo, aquí, en Pijijiapan, las fábricas de queso usan leche en polvo, que rinde más que la natural; o usan titanio para blanquear el quesillo (queso tipo Oaxaca), y usan sosa cáustica para cuajar el requesón… ¿te imaginas lo que eso le hace a tu cuerpo?

En la actualidad, la Cooperativa Pichichi comercializa su queso (tipo Oaxaca y tipo crema) en Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Tapachula, Tabasco y Quintana Roo, pero el plan es crecer.

“En un par de años estaremos con los precios que soñamos. Nuestro queso es saludable y se produce de manera responsable con el ambiente… y con las vacas”, subraya Aureliano, sonriendo.

 

* El presente reportaje fue elaborado gracias al apoyo de la Alianza México REDD +, proyecto de conservación forestal financiado por las organizaciones The Nature Conservacy, Rainforest Alliance, The Woods Hole Reserch Center, y Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable.

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Género fluido: "Ahora sé quién soy"

Para algunas personas, la identidad y la expresión de género no son fijas, sino que pueden cambiar, incluso a diario.
27 de septiembre, 2022
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Carla Hernando, de 26 años, nunca sintió que encajara en un género en particular. Después, cuando la covid-19 se afianzó en marzo de 2020, tuvo mucho tiempo a solas para reflexionar sobre su identidad.

El trayecto continuó durante el mes del Orgullo en junio, cuando Hernando encontró un artículo y un documental sobre identidades de género no binarias, de la publicación Time Out Barcelona, que abrieron aún más su mente a las posibilidades que existen más allá del género binario de “mujer” u “hombre”.

“ está muy por detrás en términos de género”, cree Hernando, quien reside en Barcelona, y usa los pronombres “elles” y “ella”.

“No sabía lo que significaba no binario. Me he sentido completamente diferente toda mi vida“. Pero cuanta más educación recibió sobre el rango de posibilidades fuera del género binario de “mujer” u “hombre”, más sintió que se relacionaba con ello.

Esa experiencia fue la puerta de entrada a otro descubrimiento: el término “género fluido”. Hernando sintió que era una descripción aún más adecuada para su identidad de género.

“Un día me despierto y me siento más femenina, y tal vez quiera usar una blusa corta y ponerme aretes. Y luego hay momentos en los que pienso, ‘necesito mi faja (del pecho) para minimizar (la apariencia de mis senos)’, porque me siento así”, dicen.

La experiencia vivida de la fluidez de género (usar una faja un día y un atuendo más femenino al siguiente) es lo que finalmente ayudó a Hernando a descubrir que el término se aplicaba a ellos.

El concepto “fluidez de género” logra describir mejor la forma en la que algunas personas sienten que encajan fuera del género binario.

El término reconoce que el género no tiene que ser fijo y quita énfasis a la necesidad de alinearse con un género específico, un concepto del que cada vez más personas se alejan, a medida que proliferan las conversaciones sobre formas alternativas de expresar y experimentar el género.

La fluidez de género se ha vuelto aún más visible a medida que celebridades como Miley Cyrus, Ruby Rose y Cara Delevingne la abrazan ante el ojo público.

Persona de género fluido

Getty Images

El término es difícil de definir con precisión, ya que describe una gran variedad de personas y experiencias, dicen los expertos.

“Hay tantas formas de navegar por la fluidez de género como personas con fluidez de género”, dice Liz Powell, una psicóloga de fluidez de género en Filadelfia, que trabaja con muchos clientes de género fluido.

Pero en su base, explica, la fluidez de género permite que las personas adopten su identidad y expresión un día a la vez, en lugar de sentirse atadas a una única etiqueta de género general.

Para muchas personas que tienen género fluido, el descubrimiento del término ha sido liberador, ayudándoles a entenderse a sí mismos y la forma en que viven.

El género “no es un punto fijo”

El origen de la fluidez de género tiene sus raíces en la noción de fluidez sexual: la idea de que existen orientaciones sexuales más allá de heterosexuales, bisexuales u homosexuales, y pueden cambiar a lo largo de la vida de una persona.

“En muchos sentidos, nuestras definiciones de fluidez de género que usamos ahora están tomadas del lenguaje que nos ayudó a comprender la fluidez sexual”, dice Lisa Diamond, profesora de Psicología y Estudios de Género en la Universidad de Utah, EE.UU., quien comenzó a estudiar el tema en la década de 1990.

“Solíamos pensar que la gente venía en dos formas, heterosexuales y homosexuales… luego nos dimos cuenta de que hay algunas personas que sienten que no encajan en ninguna de las dos categorías“.

Eso dio origen al término bisexual, pero, como explica Diamond, tampoco funcionaba para todo el mundo.

“Otros dijeron: ‘Eso no me queda bien porque no tiendo a permanecer en una categoría de manera completamente consistente con el tiempo'”, señala Diamond.

“La fluidez sexual fue una forma de tratar de describir y explicar ese fenómeno de cambio, desarrollo, oscilación, crecimiento y sensibilidad a los contextos ambientales… Rápidamente descubrimos que el mismo problema se aplica al género”.

Portada de National Geographic

Twitter
El género está dando lugar a múltiples reflexiones.

Todas las personas con las que BBC Worklife habló para este artículo describieron la fluidez de género de maneras ligeramente diferentes, pero todas llegaron a la misma idea: que el género “no es un punto fijo”, como dice Powell, sino más bien flexible y capaz de cambiar dependiendo de varios factores, tanto dentro del yo interno de una persona como de su entorno externo.

Por ejemplo, ciertos entornos pueden dictar cómo se expresa una persona con fluidez de género, dice Erin Davis, profesora de Sociología en Cornell College en Iowa, EE.UU.

Tal vez un ambiente de trabajo tradicional pueda hacer que una persona con fluidez de género se presente más femenina o masculina para encajar con sus colegas, sugiere.

Al igual que Hernando, Powell se viste diferente según cómo se sienta en un determinado día o momento.

Al mismo tiempo, sin embargo, Powell dice que las normas sociales de género también influyen en cómo deciden vestirse para presentar mejor su identidad de género.

“Para mí personalmente, porque tengo un cuerpo muy curvilíneo… si uso ropa que sea femenina, la gente simplemente me verá como una mujer y no me sacará de la categoría de mujer”, explica Powell.

Para retratar mejor que no son simplemente una mujer, Powell tiende a vestirse con atuendos más masculinos, de modo que sea más probable que otros reconozcan su fluidez de género.

Sin embargo, Davos dice que es importante tener en cuenta que la expresión de género de alguien en un día determinado no necesariamente tiene que reflejar cómo percibe su propia identidad de género en general.

Por ejemplo, en los días en que Hernando se presenta exteriormente más femenina, no necesariamente se identifica con ser mujer.

Vivir como género fluido

Mucho antes de enterarse de la fluidez de género, Hernando, a quien se le asignó el sexo femenino al nacer, se sentía diferente de quienes se identificaban como hombre o mujer.

Incluso en la infancia, dicen, su madre recordó que Hernando “quería ser un niño”.

Sin embargo, a medida que Hernando crecía, se dieron cuenta de que su género no era tan simple como “querer ser un niño”.

Pero sin un nombre para describir cómo se sentían, se quedaron con la opción predeterminada: mujer.

“Sentía que supuestamente tenía que ser una mujer, pero tal vez eso significaba que era una mujer más masculina”, dicen. “Tampoco me sentía cómodo con eso, así que era una constante que no encajaba en ninguna parte”.

Ahora, Hernando siente “libertad” en “no darle forma al género”, dicen. Expresan esa libertad tanto en su forma de vestir como en su forma de relacionarse con los demás.

Hernando ha notado que hay menos suposiciones automáticas de que deba representar un cierto rol de género entre conocidos, y pueden comunicar mejor lo que quieren o necesitan.

En el pasado, por ejemplo, si un hombre cisgénero se dirigía a ellos como una “chica muy bonita”, Hernando dice que podrían haber seguido el juego e incluso tratar de actuar de manera más femenina.

Persona de género fluido

Getty Images

Hoy, Hernando responde a tales comentarios indicando su identidad de género y pronombres preferidos. Si la persona no respeta eso, es una bandera roja para Hernando y se mantienen alejados.

Pero también hay desafíos. Si bien sus padres finalmente aceptaron su identidad de género, Hernando todavía tuvo problemas para explicarle a su madre el concepto del uso de pronombres sin género. Y los amigos a veces hacen preguntas invasivas, como “¿Qué tipo de baño usas?”.

Además, todavía hay lugares donde Hernando no se sienten tan cómodos identificándose públicamente como género fluido.

Por ejemplo, muchos consultorios médicos aún requieren que los pacientes se identifiquen como “hombre o mujer” en los formularios de admisión. “Si voy al ginecólogo y quiero hablar con ella sobre , recibir este formulario me empieza a poner un poco ansiosa”, dice Hernando, “porque pienso, ¿entenderá lo que yo necesito decirle?”.

En general, sin embargo, Hernando dice que entenderse a sí mismos como una persona de género fluido ha sido una bendición.

“Como sé quién soy, puedo establecer límites muy claros cuando me relaciono con ciertas personas, límites que antes no ponía porque sentía que tenía que complacer a todos todo el tiempo para ser aceptada”, dice Hernando.

Por ejemplo, han podido ser más explícitos con los demás sobre lo que les resulta cómodo sexualmente. “He hecho del placer de este cuerpo una prioridad, sea cual sea el aspecto de ese placer”, dicen, una prioridad que ha facilitado encontrar parejas que muestren respeto por Hernando y los hagan sentir seguros.

Más jóvenes que expresan fluidez de género

Algunos datos indican que experiencias como la de Hernando pueden estar en aumento.

Según la investigación de Diamond de 2020, la cantidad de niños y adolescentes que reportan identidades o expresiones de género que difieren de lo que se les asignó al nacer está creciendo.

En un estudio de 2018 de más de 80.000 estudiantes de 9º y 11º grado en Minnesota, EE.UU., el 3% dijo que se veían a sí mismos como “transgénero, queer, género fluido o inseguros de su identidad de género”.

Símbolo transgénero en un semáforo

BBC
Los sentimientos sobre la identidad de género pueden surgir tan pronto como a la edad de 2 o 3 años.

En una encuesta de la revista Splinter de 2015 citada en el artículo de Diamond, en la que los investigadores encuestaron a más de 1.000 adultos jóvenes, más de la mitad de los milenials dijeron que “creían que el género existe en un espectro y no debería limitarse a categorías masculinas y femeninas”.

Sin embargo, Diamond cree que esto no indica que la fluidez de género sea un fenómeno nuevo.

“El aumento en las expresiones de fluidez de género no significa que esté ocurriendo una nueva experiencia en el mundo”, señala.

“Hay un nuevo vocabulario disponible para describir lo que ha estado sucediendo en el mundo”.

Ese vocabulario, sugiere, se ha difundido ampliamente a través de internet. “ les dio a las personas en sus sótanos que nunca habían oído hablar de transgénero o queer ni nada, desde Mozambique hasta Francia y Nebraska, de encontrar instantáneamente y sin costo financiero sus experiencias reflejadas en las voces de los demás”, dice.

“Eso era impensable para aquellos de nosotros que alcanzamos la mayoría de edad… en la era anterior a internet”.

Dado que Hernando dice que no han visto conversaciones extensas sobre la fluidez de género en Barcelona, y España en general, se han basado mucho en internet para obtener información.

En particular, han recurrido a las cuentas de redes sociales de personas no binarias o de género fluido en EE.UU. y Reino Unido, donde ven que estas conversaciones ocurren de manera más amplia y abierta.

“Parece que hay más conciencia sobre esto que aquí”, dicen, y agregan, sobre España, que “vamos por buen camino”.

A pesar de que sienten que aún queda trabajo por hacer, Hernando se encuentra en un lugar positivo, particularmente porque ya no sienten la necesidad de complacer a las personas que les asignan características de género, como quienes los llaman “chica bonita”.

Como dice Hernando, “algo realmente poderoso sucede cuando… ya no necesitas esa validación , porque estás realmente feliz con quien eres”.


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