Cinco historias escondidas detrás de ‘Star Wars’
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Cinco historias escondidas detrás de ‘Star Wars’

Cuando La guerra de las galaxias apareció en los cines a finales de los 70 pasó algo raro. Ni siquiera los más allegados al director concedían posibilidad alguna de éxito al film, que veían extraño, arriesgado y narrativamente pobre. Otros, sin embargo, explican a toro pasado que el hecho de que la película se convirtiera en un icono cultural tiene mucho que ver con el momento exacto en el que apareció.
Por Yorokobu
26 de diciembre, 2015
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Star Wars//Foto: Tomada de YouTube

Star Wars//Foto: Tomada de YouTube

Sobre la saga de La guerra de las galaxias se ha escrito mucho, especialmente en estas semanas previas al estreno de la séptima entrega. Sin embargo, más allá de la historia en sí, hay otras subhistorias. Algunas son reales en las películas, otras son interpretaciones verosímiles y más o menos serias.

Cuando La guerra de las galaxias apareció en los cines a finales de los 70 pasó algo raro. Ni siquiera los más allegados al director concedían posibilidad alguna de éxito al film, que veían extraño, arriesgado y narrativamente pobre. Otros, sin embargo, explican a toro pasado que el hecho de que la película se convirtiera en un icono cultural tiene mucho que ver con el momento exacto en el que apareció.

La primera lectura que se dio a la película más allá de su argumento fue sencilla. Se describía como una historia ‘artúrica’, es decir, una reedición de las novelas fantásticas medievales ambientadas en la historia del rey Arturo, con una orden de caballeros (en este caso los jedi) combatiendo con sus espadas contra un mal superior.

De alguna forma una lectura tan simple como esa, tan manida y repetida, caló. Algún genio del marketing decidió que esa primera película se presentara como el Episodio IV, lo que daba pie a que hubiera entregas anteriores. Se ejecutaron dos entregas más, completando la forma de trilogía, y sucedieron otras dos cosas sorprendentes: primero, que el personaje que quedó para la posteridad no era el bueno, sino el malvado Darth Vader; segundo, que otro genio del marketing vio la posibilidad de alimentar el universo con producciones supuestamente posteriores al aparentemente definitivo Episodio VI.

Así, libros, cómics, merchandising de todo tipo y videojuegos mantuvieron la llama encendida hasta que muchos años después decidieron aventurarse con la primera trilogía, la primigenia, la que contaba cómo se llegó a los acontecimientos de la saga original.

De las aventuras a la política y la economía

Las cintas, aunque triunfaron en taquilla, no convencieron a los fans -especialmente la primera-. Sin embargo, introducían dos lecturas interesantes para complementar esa visión meramente caballeresca. La primera era la histórica, con múltiples referencias por ejemplo a la cultura antigua: las ágoras asamblearias de los jedi o la decadencia del Senado de la República que da paso al Imperio Galáctico, en una suerte de Roma galáctica que acaba partida en dos.

La trama de la trilogía original se basaba en el heroísmo, y en la tensión amorosa y familiar de sus protagonistas. La trama de la precuela, sin embargo, hablaba de otras cosas como la economía y la política. Es la ambición lo que pervierte al protagonista, la ambición por alcanzar más poder y, a la vez, el conservadurismo por querer proteger lo suyo. Lo que algunos ven como una crítica poco velada al sistema económico describe la caída del personaje central, la construcción psicológica del malo más icónico del cine.

La segunda lectura es la política. La estrategia del emperador, que le lleva de ser un senador a dominar la galaxia y de su habilidad para pulsar las debilidades del sistema. Primero tienta a los poderes económicos, la Federación de Comercio, para iniciar un conflicto a través del bloqueo comercial a un territorio periférico. Después, alienta un movimiento independentista de nuevo bajo promesa de mejorar su concierto económico y comercial. Y finalmente, a través de la activación de la herramienta económica más potente que existe: la maquinaria de guerra.

En la estrategia del nuevo emperador, la inversión en Defensa -la creación de un Ejército- y la justificación de su uso con un conflicto que él mismo crea le lleva a la situación de círculo perfecto para ejecutar su plan.

Las teorías paralelas: las rimas y los ewokscaníbales devoradores de humanos

Hasta aquí las lecturas posibles y llegan las teorías. La más célebre es la conocida como ‘teoría del anillo’, que algún fan expuso a través de una página web que montó exclusivamente para darla a conocer al mundo.

Según su visión, todo en la saga está conectado, lo cual abre a su vez grandes interrogantes de cara a la nueva trilogía. Así, por ejemplo, hay réplicas argumentales y correspondencias entre las distintas películas de las dos trilogías, con un esquema como este:

Según esta teoría, hay escenas calcadas entre unas y otras películas, con guiños y tomas pretendidamente idénticas. Lo llama ‘la rima’, y luce así:

Hay otras lecturas que van más allá, incluso, y reparan en el hecho de que toda la saga está marcada por una especie de alternancia, de forma que en los episodios impares ganan los malos (Episodios I, III y V) y en los pares, los buenos (Episodios II, IV y VI). Si la séptima entrega confirma la tendencia eso lleva a una inquietante conclusión: la última película de la tercera trilogía será la novena, lo cual indica que… ¿ganarían los malos?

Hay, pero, otras teorías algo menos sesudas aunque igualmente inquietantes. Por ejemplo, la que defiende que los ewoks son caníbales devoradores de humanos. Sí, esas hermosas criaturas que parecen entrañables… y que si lo piensas bien intentaron secuestrar (¿para comerse?) a los protagonistas, y que en una fiesta tocan música usando huesos como baquetas y cascos de ‘stormtroopers’ (¿dónde están sus cueros?) como tambores (el gif, y la teoría, vienen de Vox, donde explican otras genialidades como la aparición de Yoda en ET o de ET en La amenaza fantasma).

Sin duda uno de los motivos principales que causan que una película haya acabado siendo un símbolo cultural es la capacidad que tiene la historia para alentar otras nuevas. Y eso que aún falta la última trilogía…

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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