El rumor y la crisis de derechos humanos que disparó 5 veces la detención de cubanos en México
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Manu Ureste

El rumor y la crisis de derechos humanos que disparó 5 veces la detención de cubanos en México

En octubre de 2015, México detuvo a dos mil 449 migrantes cubanos, cifra superior a las detenciones de todo el año 2014. Animal Político entrevistó a migrantes cubanos, académicos y autoridades para explicar los motivos por los que miles de personas están abandonando la Isla.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
23 de diciembre, 2015
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Migrantes a bordo de balsas cruzando el río Suchiate, en la frontera entre Guatemala y México. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Migrantes a bordo de balsas cruzando el río Suchiate, en la frontera entre Guatemala y México. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

A Ángel, un cubano alto, joven, de pelo negro y barba áspera brotándole por las mejillas de tez morena, los agentes de Migración no lo quieren detener esta mañana.

“Ya les he dicho que me vengo a entregar –insiste el migrante, que apunta con la barbilla a la garita que hay en la entrada de la Estación Siglo XXI de Tapachula, en Chiapas-. Pero me contestaron que tengo que esperar aquí hasta que regrese la volanta con los centroamericanos”.

El cubano sonríe y encoge los hombros como restando importancia al asunto. Quizá porque sabe que su comentario es una cruel ironía para los 147 mil migrantes hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, que han sido capturados en México hasta octubre de este 2015; el año con más detenciones de centroamericanos desde 2006.

Para matar el tiempo, Ángel observa el reloj de su celular y se sienta en una banqueta de piedra. Lleva consigo una bolsa de deporte colgada del hombro, y viste pants y una gorra azul cobalto a juego; como si en lugar de querer ingresar a una estación migratoria con anatomía de reclusorio de máxima seguridad, más bien estuviera a punto de agarrar un bate de béisbol para asestar un poderoso strike a una bola de cuero.

“Hace un año que salí de Cuba –empieza a narrar tras echar un vistazo al cielo apretado de nubarrones que está a punto de reventar sobre Tapachula; ciudad ubicada a 20 kilómetros del río Suchiate, el afluente por el que cruzan ilegalmente a México miles de migrantes desde Guatemala-. Volé a Ecuador porque es el único país que tiene una visa abierta para los cubanos, aunque dicen que ya están poniendo límites”.

El migrante hace una pausa y se ajusta la gorra sobre la frente.

“De Ecuador viajé a Colombia; estuve en Cali y en Medellín. Luego tomé una lancha y después de unas dos horas de travesía por el mar llegué a una playa. De ahí me llevaron hasta Puerto Obaldía, en Panamá. En ese país estuve varios días, hasta que me dieron un salvoconducto y me fui en autobús hasta la frontera con Costa Rica”.

El cubano murmura mientras cuenta con los dedos para no dejarse ningún país fuera de su periplo por Sudamérica y Centroamérica hasta la frontera mexicana.

“Luego, en San José (capital de Costa Rica) tomé otro bus para llegar a la frontera con Nicaragua. Ahí también me fui a entregar y me metieron a una estación como esta de Tapachula. Estuve cuatro días”.

-¿No es muy poco tiempo cuatro días? –se le interrumpe la narración para entablar un diálogo-.

Ángel esboza una sonrisa de medio lado.

-Mira, si tienes dinero es muy poco tiempo el que tú estás encerrado –explica-. Pero si no lo tienes, los de migración de Nicaragua también te tienen encerrado hasta que alguien te lo mande. Igual pasa en Colombia, que fue lo peor de mi viaje, sin duda. Allá si tú no pagas por todo, no pasas. Es así de simple.

-¿Cómo sabías los lugares a los que debías llegar entre un país y otro?

-Todo el viaje lo haces con guías (polleros); ellos son los que te llevan a que tomes la lancha en tal sitio, o te llevan a las casas donde te puedes alimentar. A cambio, claro, tú tienes que pagarles buenos dólares.

-¿Y cómo establecías el contacto con ellos?

-No, tú no los contactas –el cubano suspira, como si la respuesta fuera demasiado obvia-. Son ellos los que te encuentran a ti. Mira, esas personas están ya muy acostumbradas, muy entrenadas, y te identifican así de rápido –chasquea los dedos-. Al momento que ellos me vieron, ya sabían que yo era cubano.

-¿Están conectados entre ellos? –se le insiste-.

-No lo sé, supongo que sí. Ellos sólo te dicen: ‘Oye, en Cali te va a recibir esta persona que te va a llevar hasta Panamá’. Y allá, ya te está esperando otro guía. Es una cadena. Tú no preguntas nada. Sólo llegas con la persona, pagas lo que te piden, y sigues tu camino.

Ha transcurrido algo más de media hora de conversación y Ángel empieza a mostrarse impaciente. Asegura que no tiene miedo, aunque admite que está “un poco nervioso” por lo que le puede esperar en la estación migratoria. No obstante, una cubana que acaba de salir tras el chirrido de una puerta de hierro forjado lo tranquiliza.

“Si tú no te metes con nadie ahí adentro, nadie se mete contigo. Aguanta y en dos semanas tienes tu pasecico para irte a Estados Unidos”, le aconseja su compatriota, quien hace referencia al codiciado salvoconducto -u oficio de salida- que el INM entrega a la gran mayoría de cubanos en virtud del ‘Memorándum de entendimiento’ entre México y Cuba.

Ese acuerdo, que data del año 2008, establece un proceso por el que México no deporta automáticamente a los cubanos –al contrario de lo que sucede con los centroamericanos, por ejemplo- sin una autorización previa del consulado de ese país. Esto ha generado que si bien en la teoría los cubanos detenidos deben ser devueltos, en la práctica el gobierno de Raúl Castro no acepta a muchos de sus connacionales que llevan más de un año fuera de la Isla, por lo que el INM les entrega el oficio de salida para que en 20 días abandonen el país.

Ángel asiente con la cabeza y le agradece las palabras.

-¿Por qué decidiste salir de Cuba, ahora que tu gobierno y el de Estados Unidos han retomado las relaciones y se supone que puede haber una mayor apertura democrática? –se le cuestiona por última vez-.

El cubano encoge de nuevo los hombros.

“Porque en Cuba sigue todo igual, mi familia me dice que la situación no ha cambiado nada”, contesta lacónico Ángel, quien ante el aguacero da por concluida la entrevista para resguardarse debajo de un portal, donde esperará a que, por fin, la volanta de Migración llegue cargada de centroamericanos.

“En Cuba hay pánico a que se acabe la ley ‘pies secos-pies mojados’”

Para miles de cubanos ese es precisamente el problema. Que la relación entre Washington y La Habana se esté descongelando. Especialmente, desde que el pasado 17 de diciembre de 2014 se anunció un proceso para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, el cual se hizo efectivo el 20 de julio cuando Cuba y Estados Unidos reabrieron mutuamente sus embajadas en sendos territorios.

Ernesto Rodríguez, investigador del ITAM, explica que ese restablecimiento de relaciones ha traído la apertura de un debate acerca de si se debe eliminar “a corto o mediano plazo” la llamada Ley de Ajuste Cubano. Una ley del año 1966 más conocida como ‘Ley de pies secos-pies mojados’, que otorga una serie de privilegios a los cubanos que llegan vía terrestre a suelo estadounidense, los cuales pueden acceder como refugiados a la residencia después de permanecer un año en el país.

“Este restablecimiento ha originado un incremento de la llegada de cubanos irregulares a Estados Unidos a través de terceros países, debido a que hay un temor a que esta ley pueda desaparecer y con ella los privilegios”, expone Rodríguez.

“El gobierno de Obama ha insistido en que la Ley de Ajuste no va a cambiar –añade el investigador-. Pero eso no quiere decir que a la larga la mantenga, porque lo cierto es que es una ley anacrónica, que además no tendría sentido bajo el restablecimiento de las relaciones”.

Yanisleidy, cubana que hace diez años emigró de la Isla para llegar a la frontera estadounidense a través de suelo mexicano, asevera que ese debate del que habla Ernesto Rodríguez, aunado a algunas declaraciones advirtiendo del posible fin de la ley, como las que dio en enero de 2015 el congresista cubano-americano Marco Rubio –hoy candidato a la Casa Blanca-, es lo que desencadenó un fuerte rumor acerca del fin de los privilegios.

“En Cuba hay mucho miedo a que esa ley de ‘pies secos-pies mojados’ se acabe. Incluso, los cubanos que son residentes en Estados Unidos tienen pánico a que se termine, porque una vez que se les acabe la residencia se tendrán que ir de vuelta para Cuba si no tienen la nacionalidad”, comenta Rodríguez, quien es residente en el estado de Florida y tiene un hermano varado en una estación migratoria de Chiapas a la espera de su salvoconducto que le permita continuar con el viaje.

En un mes, México detuvo a más cubanos que en un año

A su vez, ese rumor ha repercutido en diversos países de Latinoamérica. Hasta el punto de desencadenar una crisis internacional por la situación de miles de cubanos retenidos por las autoridades migratorias en Costa Rica y Nicaragua –aquí puedes leer el comunicado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), haciendo un llamado de urgencia ante la situación de “extrema vulnerabilidad” en la que se encuentran miles de cubanos en Paso Canoas, la frontera entre Costa Rica y Nicaragua-.

Mientras, en México las estadísticas oficiales muestran un espectacular incremento en las cifras de detención. Aunque cabe señalar que, tal y como precisa Omar de la Torre, titular de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, una gran mayoría de cubanos se entregan voluntariamente a las autoridades para obtener un salvoconducto y poder continuar su camino hacia el norte.

Así, de enero a octubre de 2015, 9 mil 046 cubanos fueron detenidos e internados en estaciones migratorias mexicanas; hasta 498% más que en 2014 y 647% más que en 2013.

Desde que México tiene registro, nunca antes la cifra de cubanos detenidos había rebasado los 3 mil –los picos más altos fueron en 2005, 2008, 2012 y 2014, en los cuales la cifra máxima fue 2 mil 660 (ver gráfica)-.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

De hecho, en 10 meses de 2015 se detuvo a más cubanos que en 2014, 2013, 2012, 2011, 2010 y 2009, juntos. Y sólo en el mes de octubre de 2015, cuando se contabilizaron 2 mil 449 eventos, se detuvo a más cubanos que en todo 2014.

Incluso, las capturas de cubanos que intentan acceder a México por vía marítima se han multiplicado. De acuerdo con la Secretaría de Marina, en 2015 llevaron a cabo siete eventos de detención en aguas mexicanas –cuatro en Quintana Roo, tres en Yucatán-, con un total de 100 cubanos interceptados. En 2014, sólo se registró un evento, con 15 detenidos. Y en 2013, ningún evento.

Esta fuerte tendencia de detenciones al alza –de enero a octubre la cifra aumentó 1 mil 049%-, ha generado, por un lado, preocupación en las autoridades mexicanas ante la ‘avalancha’ de cubanos que están saturando especialmente la estación Siglo XXI de Tapachula; y por otro, que los grupos del crimen organizado y algunos funcionarios corruptos se froten las manos, tal y como denunció públicamente el albergue Hermanos en el Camino que dirige el sacerdote y activista Alejandro Solalinde.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

 

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

“Para los grupos delictivos los migrantes centroamericanos son sinónimo de dinero. Pero los cubanos son un verdadero botín para ellos, porque la mayoría tienen familia en Estados Unidos o vienen con algo de dinero después de vender sus casas y pertenencias”, expone Jessica Cárdenas, promotora de derechos humanos de Hermanos en el Camino, quien denuncia que las agresiones también vienen de las propias autoridades migratorias mexicanas, e incluso por parte de abogados que les cobran “entre 2 mil y 3 mil dólares por trámites que son gratuitos”.

“Esto no pasaría si los agentes no lo permitieran o no estuvieran coludidos. Se están aprovechando de la desesperación y del miedo que tienen estas personas a ser deportados por las condiciones en las que viven en Cuba”, sentencia la activista.

Edición video: Omar Bobadilla (@obobadilla)

“A muchos cubanos se les ha violado sus derechos hasta hacerles imposible la vida”

Precisamente, ese último punto que apunta Jessica Cárdenas acerca de “las condiciones” en las que se vive en Cuba en la actualidad, es el otro gran detonante del “destierro” masivo cubano.

Así lo denuncia en un informe enviado a la ONU Moisés Leonardo Rodríguez, coordinador de Corriente Martiana Cuba, en la que señala que “la situación de los derechos humanos en Cuba no ha mejorado sustancialmente, a pesar de algunos “cambios” realizados por el gobierno” de Raúl Castro.

En el informe ‘Segunda Moción Ciudadana Sobre Derechos Humanos en Cuba’, el cual está firmado por activistas, periodistas y ciudadanos cubanos, se denuncian prácticas de tortura, arrestos, detención o prisión arbitraria, y destierros.

“Agentes y funcionarios de los cuerpos policiales y carcelarios gozan de impunidad ante violaciones de la integridad y dignidad de las personas”, plantea el documento, que también evidencia que “a diario, se viola lo legalmente establecido para arrestar, detener y encarcelar a las personas sin cumplir los requisitos previstos por la ley al respecto”.

Asimismo, se hace hincapié en que “suman miles” de activista pro democracia y defensores de derechos humanos “que han sufrido arbitrariedades al detenerlos por varias horas o condenarlos a largas e injustas prisiones por la sola razón de discordiar, de pensamiento y acción pacífica, con los criterios oficialmente impuestos”.

“A muchos se les han violado sus derechos hasta el punto de hacerles imposible la vida en su país, por lo que han sido obligados a establecerse fuera del suyo, en una nueva forma de destierro”, denuncia el informe dirigido a la ONU, que puedes leer íntegro aquí.

Al margen de este informe, el presidente cubano Raúl Castro firmó el pasado 8 de noviembre un acuerdo migratorio con Enrique Peña Nieto durante su visita oficial a Mérida, estado de Yucatán. Según dijo el mandatario mexicano el objetivo del nuevo acuerdo es “garantizar” el flujo “legal, seguro y ordenado” entre sus países y evitar la trata de personas.

El acuerdo, del que poco más ha trascendido en los medios, supone una actualización del Memorándum de Entendimiento de 2008, y por ahora se desconoce si propiciará que el INM deje de entregar salvoconductos a los migrantes cubanos que abandonan la Isla para llegar a la frontera de Estados Unidos por suelo mexicano.

No obstante, cuestionado en un encuentro con la prensa acerca de cuáles serán las acciones del gobierno mexicano ante otra posible ‘oleada’ de cubanos que se encuentran varados en Costa Rica y Nicaragua, Omar de la Torre dijo que el trato será el mismo que hasta ahora.

“Ellos (los cubanos) pueden cruzar por nuestro país. Es el mismo trato que sean dos que dos mil. Se van a respetar sus derechos, y esa es la instrucción que hay en las delegaciones del INM”, aseguró el funcionario.

*En este reportaje participó el periodista Conrad Fox, integrante de la organización civil estadounidense Round Earth Media. 

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'Los talibanes no aceptan la justicia impartida por mujeres': la desesperada huida de una jueza afgana

Como otras mujeres que desempeñaron posiciones en el poder judicial afgano antes de que el Talibán tomara el poder en 2021, esta jueza temía que su trabajo pudiera representar una amenaza para su vida y la de su familia.
17 de agosto, 2022
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Cuando desembarcó en Brasil con su familia, Sahar* sólo tenía una maleta con una o dos mudas de ropa.

La jueza salió de Afganistán a toda prisa el año pasado, huyendo de los talibanes y tuvo que dejar todo atrás.

Como muchas otras mujeres que ocuparon cargos en el poder judicial afgano antes de que el grupo fundamentalista tomara el poder en agosto de 2021, temía que su trabajo pudiera representar una amenaza para su vida y la de su familia.

“Tuve que dejar atrás todo lo que construí en Afganistán: mi casa, mis posesiones y parte de mi familia”, le dijo la jueza a BBC News Brasil.

“Tenía una vida completa y lo perdí todo”.

En los últimos 20 años, 270 mujeres se han desempeñado como magistradas en Afganistán. Muchas de ellas lograron escapar con la ayuda de la Asociación Internacional de Juezas (IAWJ) y se refugiaron en varios países del mundo.

Brasil otorgó visas humanitarias a siete de estas juezas y a tres magistrados. Todos llegaron al país en octubre pasado y fueron recibidos por la Asociación de Magistrados Brasileños (AMB).

Pero alrededor de 90 juezas siguen atrapadas en su país, escondidas.

“Salir de allí”

En su relato, Sahar detalla los momentos de miedo y desesperación que precedieron a su huida de Afganistán.

La jueza y su familia tuvieron que dejar su hogar para esconderse en otro lugar después de que los talibanes tomaron el poder.

Los talibanes tomaron el control de Afganistán en agosto del año pasado.

Getty Images
Los talibanes tomaron el control de Afganistán en agosto del año pasado.

Con la caída del gobierno afgano, jueces de todo el país comenzaron a ser perseguidos por su participación en los juicios y condenas de miembros del grupo extremista durante el período de ocupación estadounidense.

Los talibanes incluso abrieron prisiones en todo el país, liberando a hombres que los magistrados habían encarcelado.

La vida de las mujeres también cambió drásticamente con el establecimiento del régimen. Se prohibió a las niñas recibir educación secundaria, se disolvió el ministerio de la mujer y, en muchos casos, se impidió que las empleadas regresaran al trabajo.

“Grupos como los talibanes, Daesh (Estado Islámico) y otros no aceptan la justicia impartida por mujeres”, dice Sahar.

“La situación se volvió realmente desesperada cuando los talibanes comenzaron a registrar las casas de todos los jueces. Invadieron la Corte Suprema y obtuvieron acceso a todo tipo de información sobre nosotros, como fotos, direcciones y documentos”.

“Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que realmente no podíamos quedarnos en Afganistán porque era demasiado peligroso”, dice.

La ayuda

La jueza inicialmente se refugió en la casa de los familiares.

“Estábamos encerrados sin poder salir. No podíamos volver a nuestro departamento ni sacar nuestras cosas porque los talibanes patrullaban nuestra cuadra”.

Después de que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, miles de afganos intentaron huir del país.

AFP
Después de que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, miles de afganos intentaron huir del país.

“Fue realmente difícil. No podía cocinar ni lavar ni hacer nada, solo pensaba en que tenía que salir de allí“.

Pasaron dos meses antes de que Sahar recibiera la noticia de que iba a ser rescatada y de que recibiría refugio en Brasil.

“Le informamos sobre nuestra situación a la IAWJ y ellos entraron en contacto con varios países en busca de ayuda y visas para nosotras, las juezas”.

“Cuando me tocó a mí, me dijeron que íbamos a Brasil”.

La magistrada se mudó con sus familiares más cercanos. Por razones de seguridad, no se revelaron los detalles de la operación que los sacó de Afganistán y los trajo a Brasil.

“Dijeron que no podíamos llevar muchas cosas con nosotros, porque todo tenía que ser discreto. Así que no trajimos casi nada, tal vez solo una o dos mudas de ropa”, le dijo Sahar a BBC News Brasil.

“Tengo que controlarme para no llorar cuando recuerdo el día que nos fuimos. Fue una gran desgracia para nosotros”.

“Teníamos una buena casa, un buen salario y nuestra familia en Afganistán y dejamos todo atrás. Fue una situación muy mala, apenas puedo describirla con palabras”.

Miedo por lo que queda atrás

En sus más de cuatro años como magistrada en Afganistán, Sahar estuvo involucrada principalmente en casos penales.

Esta imagen de archivo muestra a una maestra en Afganistán, donde mujeres y niñas fueron excluidas de la escuela secundaria.

Getty Images
Esta imagen de archivo muestra a una maestra en Afganistán, donde mujeres y niñas fueron excluidas de la escuela secundaria.

La jueza dice que está orgullosa de su trabajo, especialmente en casos relacionados con la seguridad y el bienestar de otras mujeres.

“Tiene que haber espacio para que las mujeres sean juezas, porque una mujer confía en la otra. Las mujeres que fueron a la corte pudieron abrirse más con nosotras”, cuenta.

Era muy feliz en mi trabajo. Desde pequeña soñaba con ser jueza y hacer justicia para las familias y los niños”.

Sahar dice que no le tocó juzgar ningún caso directamente relacionado con el Talibán, pero admite que pudo haber participado en juicios por delitos comunes cometidos por miembros del grupo.

“Procesé todo tipo de casos, como asesinato, secuestro, robo, corrupción, casos de familia”.

Debido a su trabajo, teme por la vida de algunos miembros de su familia que aún se encuentran en Afganistán.

“Tengo miedo porque tienen todo tipo de datos e información sobre nosotros. Podrían estar en peligro“, dice.

“Cuando salimos de Afganistán todos se mudaron y se escondieron en otros lugares”.

“Hablo con ellos a veces, pero no mucho porque creo que nuestros números pudiesen estar siendo interceptados”.

E incluso a millas de distancia de Afganistán, Sahar dice que todavía teme por lo que dejó atrás.

“A veces todavía tengo miedo, porque soy humana y pienso demasiado en las cosas”.

Vida en brasil

Sahar y los otros nueve magistrados que se refugiaron en Brasil recibieron visas humanitarias emitidas sobre la base de una ordenanza interministerial publicada en septiembre de 2021, por los ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia y Seguridad Pública.

Entre jueces y familiares, 26 personas llegaron al país en octubre pasado.

“Todos llegaron a Brasil muy asustados, preocupados por la seguridad y sin hablar una palabra de portugués”, dice Renata Gil, presidenta de la Asociación de Magistrados Brasileños que coordinó la recepción de las familias.

Para que pudieran reiniciar sus vidas, todos recibieron alojamiento, alimentación y atención médica proporcionada por esa organización y sus socios.

Los magistrados y sus familias también están estudiando inglés y portugués y sus hijos han obtenido becas en escuelas locales.

“Todas las juezas que recibimos tienen profundas cicatrices por todo lo vivido y un gran dolor por lo perdido. Es un proceso de adaptación intenso”, indica Gil.

“Pienso en mi país”

Después de un período inicial viviendo en alojamientos militares, Sahar ahora vive con toda su familia en una propiedad alquilada.

Una vista de Kabul

BBC
Una vista de Kabul.

Fue empleada como asistente legal por un bufete de abogados, donde investiga casos relacionados con inmigración.

La jueza dice que, antes de mudarse a Brasil, sabía muy poco sobre el país. “No había oído mucho sobre la gente, la cultura o el idioma”, precisa.

Y aunque está muy agradecida por la cálida bienvenida y la ayuda que ha recibido, Sahar dice que no pasa un día sin pensar en volver a casa.

“Pienso en mi país, mi familia y mi antiguo trabajo todos los días. Afganistán es mi patria y la extraño cada día”.

“No puedo decir que estoy disfrutando mi tiempo en Brasil, porque esta situación no es nada fácil”, señala la jueza.

“Pero estamos muy agradecidos por toda la ayuda que hemos recibido. La gente aquí es muy amable, al igual que el pueblo afgano”.

“Espero que todo salga bien para poder volver. Sé que la situación no es fácil, pero si Alá lo quiere, tal vez todo se resuelva pronto”.

*El nombre de la jueza ha sido cambiado para proteger su identidad y garantizar su seguridad y la de su familia.

Este artículo fue originalmente publicado en BBCBrasil


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