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Gasolina Pemex en EU vale la mitad de lo que cuesta en México ¿por qué?
El director corporativo de Alianzas y Nuevos Negocios de (Pemex), José Manuel Carrera, explicó que "es gasolina americana".
Pemex
Por Redacción Animal Político
7 de diciembre, 2015
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Petróleos Mexicanos abrió su primera franquicia en Estados Unidos. // Foto: Pemex.

Petróleos Mexicanos abrió su primera franquicia en Estados Unidos. // Foto: Pemex.

El litro que vende la primera gasolinería de Pemex en Houston (Texas) —abierta la semana pasadavale aproximadamente la mitad de lo que pagan los mexicanos en territorio nacional. Sin embargo, no se trata de la misma gasolina.

El director corporativo de Alianzas y Nuevos Negocios de Petróleos Mexicanos (Pemex), José Manuel Carrera, explicó el lunes 7 de diciembre que la diferencia no solo se debe a una política de precios distinta entre México y Estados Unidos (EU), sino a que “es gasolina americana, que se produce en el propio estado de Texas”.

El pasado 3 de diciembre, abrió la primera estación de servicio de la marca en el 7922 de la calle Park Place Boulevard, en Houston. La petrolera anunció que en total serán cinco gasolinerías las que se abrirán en los próximos meses.

En entrevista con Radiofórmula, Carrera señaló que “se vende bajo los términos y condiciones del mercado estadounidense” y afirmó que ese establecimiento y los próximos cuatro que ostentarán el logo de Pemex  son “negocios de privados extranjeros, que compran la gasolina a mayoristas dentro de Estados Unidos”.

Sobre las críticas que Pemex ha recibido por el precio del litro que tiene la marca en Texas, recordó que en los últimos años México ha tenido una política de precios fijos en la que se aumentaba mes con mes, independientemente del precio del crudo o las gasolinas a nivel internacional.

“Cuando los precios estaban arriba de los 100 dólares, era más barata aquí y ahora que están por debajo de los 40 dólares es más cara. Son estrategias de precio de hidrocarburo diferente”, dijo.

Precio del petróleo mexicano cae a 32.06 dólares, el nivel más bajo desde 2008

Reiteró que antes del estreno de la marca en EU, la estación vendía gasolina al mismo precio, pero con el logotipo de otro empresa.

Lo que tenemos ahorita, dijo, “es un acuerdo de licencia de marca” con el que pueden utilizar el nombre de la petrolera mexicana, pero que “ni nos pagan ni les pagamos”.

“Es una prueba piloto de seis meses para entender cuál es el valor de la marca en el territorio extranjero, particularmente en la ciudad de Houston, y cómo la perciben los consumidores allá, frente a lo que será a partir de 2018 un mercado competido en México”, comentó.

La reforma energética, aprobada por el Congreso de la Unión y 17 congresos locales en diciembre de 2013, estipula la liberación de los precios de la gasolina en 2018. Incluso, la Secretaría de Hacienda propuso que esta comience desde 2016.

Carrera explicó que “estamos apostando a que nuestros connacionales y al mercado hispano en general le atraiga la marca Pemex, se quiera acercar y que ellos representen para los distribuidores americanos ventas adicionales”.

Con información de Radiofórmula

 

 

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Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente
Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
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¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

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Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

foto

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


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