Hoy nos toca a las mujeres dar más guerra: Lila Downs habla de los problemas de México
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Especial

Hoy nos toca a las mujeres dar más guerra: Lila Downs habla de los problemas de México

Lila Downs es fruto de esa aleación sociocultural que produce la vecindad entre Estados Unidos y México. “Por bien que le vaya a uno, hoy es difícil sentirse pleno. Por un lado, canto para un público maravilloso, que se entrega al folclor y al arte, pero al mismo tiempo hay problemas muy graves en el país que te afectan a diario”, dice.
Especial
Por El Daily Post
15 de diciembre, 2015
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Lila Downs está ahí, en el pequeño estudio, contenta, con un vestido lleno de colores, el listón en su pelo negro, piel morena, y un escote del que no se dirá más. Como cuando canta en el escenario, Lila ríe sin restricciones, mientras la maquillista aprovecha las pausas para matarle esos brillos de la cara que las cámaras aborrecen.

Hace unos días, Lila Downs sumó a su vitrina un nuevo Grammy Latino por “Raíz”, una producción compartida con la española Niña Pastori y la argentina Soledad Pastorutti.

Además, desde hace ya un rato, Lila anda por los escenarios de América Latina, Europa y Estados Unidos como perro por su casa, acumulando diletantes sin pudor. Su octavo álbum de estudio, Balas y Chocolate, está sonando bien y augura más premios para una carrera sólida que arrancó en los años 90. Pero, más importante que todo, es que Downs se consolida como referencia acabada de la identidad mexicana que se expresa en música.

Lila Downs dice que nomás no puede sentirse plena. Lo que le quita luz a su rostro cuando habla con la prensa no es el polvo de la maquillista, ni la sombra en la pared… es una cosa, dice, que se llama “la realidad del país”.

“Yo soy de Oaxaca y en Oaxaca es difícil hablar por ‘uno’ solo. Por bien que le vaya a uno, hoy es difícil sentirse pleno. Por un lado, canto para un público maravilloso, que se entrega al folclor y al arte, pero al mismo tiempo hay problemas muy graves en el país que te afectan a diario”.

¿Quiénes son tus referentes? ¿Qué pasos son los que sigues?

Me identifico fuertemente con gente que ha dicho y hecho cosas profundas. Creo que hoy nos toca a las mujeres dar más guerra, por eso, dentro de mi voz interna encuentro conexiones con Chavela Vargas, Frida Kahlo, Anaïs Nin…  ahora que vivimos tiempos tan difíciles siento que las palabras y ejemplos de esos personajes nos dan fuerza.

¿Qué no entienden los mexicanos de EU, y los estadounidenses de México?

Tenemos mucho en común, historias similares, en términos de cómo nos relacionamos con nuestro “salvaje interior”. La gente puede ser desinhibida y libre en Estados Unidos y en México ocurre igual, pero no nos conocemos lo suficiente. Sé que podemos conocer la grandeza de Norteamérica y de México a través del arte.

Aunque la gente pueda pensar que sólo tenemos una manera de ser, o ciertos rasgos culturales, en realidad tenemos muchos. El arte y la música pueden expresar la diversidad que somos y permitirnos conectar y amarnos más.

Carlos Santana me dijo un día que la música podía poner fin a la violencia en México. Jalisco, el estado donde él nació, está casi en llamas hoy. ¿Santana se equivocó?

No. Estoy de acuerdo con él. Cuando yo era más joven quería estudiar agronomía. La región de la que yo vengo está muy árida por las terrazas (sembradíos) de nopales que se pusieron ahí y que lo erosionaron todo. No podía sembrarse nada. Quería estudiar agronomía porque no encontraba una mejor forma de ayudar a mi tierra.

Nos falta musicalizar a algunos gobiernos entonces…

Creo que los líderes en nuestros países no le han dado (a la música) la importancia que tiene. Si incluyéramos en nuestra educación una capacitación artística y musical más profunda, de ahí saldría más cariño, más respeto, más alegría y menos ansiedad y menos temor.

La campaña presidencial en EU va con todo. Donald Trump se ha llevado los reflectores. De un hombre que parece tenerlo todo, ¿cómo puede surgir un discurso con tanto desdén por el otro?

– Creo que hay ciclos en la historia… El odio y el miedo resurgen de vez en vez en nuestras sociedades. Tenemos que culpar a alguien por nuestros males. En México pasa igual, a veces culpamos a los centroamericanos por los problemas que tenemos… en lugar de mirarnos y decir “quizás algo dentro de nosotros nos impulsa a mentir, a engañar, a fingir, a mirar para el otro lado”. Es difícil admitirlo, porque creo que todos tenemos dentro esos defectos, aunque por supuesto, tenemos dentro también cosas hermosas. Lo que escuchamos de Trump es odio… instigar odio, uno en contra del otro, y en todos lados pueden verse los resultados.

Parece que sabes de lo que hablas…

El odio es algo a lo que le he temido siempre, desde que era niña. Mi padre era un hombre blanco y yo no, así que sentí eso personalmente.

¿Qué sentiste?, ¿te discriminaron?     

Sí, sentí la discriminación. Y al mismo tiempo sentía que ellos, quienes me discriminaban eran también mi gente y me sentí responsable de su actitud de alguna manera. Yo pensaba, ¿cómo puedo hacerlos menos extraños para mí? Ahora sé que enseñando a la gente quienes somos, igual que se hizo durante el movimiento por los derechos civiles. Todo es un asunto de respeto, de instalar en la gente un poco de humanidad para que entiendan que somos, también, seres humanos.

Los mexicanos y los estadounidenses somos sociedades complejas. Estamos mezclados, venimos de diferentes razas. Algunos somos blancos, otros no; algunos somos nativos americanos, otros somos afroamericanos… pero nuestra historia es impresionante, hermosa y creo que a través del arte podemos hacer que la gente cambie, y lo entienda.

Lila Downs es fruto de esa aleación sociocultural que produce la vecindad entre Estados Unidos y México. Es hija de Anastasia Sánchez, una indígena mixteca, que huyó de su casa en Oaxaca a los 15 años para ir a cantar a las cantinas de la Ciudad de México. Su padre, Allen Downs, era un profesor de arte de la Universidad de Minnesota, que un día escuchó cantar a Anastasia y ya no pudo vivir sin ella.

Downs hizo su vida entre Oaxaca y Minnesota y nutrió sus querencias musicales con una baraja de influencias variopinta, en la que han cohabitado en armonía el folk de Bob Dylan con las guitarras y voces ásperas de José Alfredo Jiménez. Y “La Negra” Mercedes Sosa y sus cantares sudamericanos de protesta con las doloridas rancheras de Lucha Reyes… Todo aderezado con buenas dosis de Blues, Cumbia, Mariachi, Jazz, Sandunga del Istmo e, incluso, una pizca de Hip Hop.

Estudiar vocalización en la Universidad de Minnesota le permitió desarrollar una potente voz de amplio espectro, su sello. Estudiar antropología, por otro lado, le permitió cultivar una sensibilidad que la ha llevado a convertirse en megáfono de migrantes vejados, trabajadores explotados y de indígenas olvidados… de esa muchedumbre, pues, que enfrenta siempre duras batallas por la vida en las periferias sociales de México y Estados Unidos.

La entrevista con Lila Downs se realizó como parte de la promoción de su más reciente producción “Balas y Chocolate”, su octavo álbum de estudio. El disco está inspirado en una de las tradiciones más añejas y extendidas del México de hoy, el Día de Muertos.

Lee la nota completa en El Daily Post.

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Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

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