Investigan muerte de una bebé de 10 meses ocurrida en una guardería del Estado de México
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Investigan muerte de una bebé de 10 meses ocurrida en una guardería del Estado de México

La bebé falleció a causa de una broncoaspiración, informó la Procuraduría General de Justicia del Estado de México; la madre acusa al personal de la guardería de homicidio y señaló antecedentes de presuntos malos tratos y violencia física.
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Por Redacción Animal Político
22 de diciembre, 2015
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La muerte de la menor ocurrió en la estancia infantil "Julieta Lechuga de Pichardo", en Toluca, Estado de México. // Foto: Tomada de Google Maps.

La muerte de la menor ocurrió en la estancia infantil “Julieta Lechuga de Pichardo”, en Toluca, Estado de México. // Foto: Tomada de Google Maps.

Personal de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (Codhem) y autoridades estatales investigan la muerte de una bebé de 10 meses de edad ocurrida en la estancia infantil “Julieta Lechuga de Pichardo”, perteneciente al sistema municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Toluca.

La muerte de la menor ocurrió el pasado jueves 10 de diciembre y la causa fue una broncoaspiración, de acuerdo con la Procuraduría General de Justicia del Estado de México.

Reportes de medios locales indican que alrededor del mediodía del pasado 10 de diciembre, una de las trabajadoras se dio cuenta de que la bebé no respiraba, por lo que avisó a los equipos de emergencia.

Al lugar llegó una ambulancia de la Subdirección de Urgencias del Estado de México (SUEM); sin embargo, no pudieron salvar la vida de la menor.

Luego de constatar el fallecimiento, las autoridades detuvieron a la persona que se encargaba de cuidada a la bebé y la trasladaron a la agencia del Ministerio Público con el objetivo de deslindar responsabilidades.

Tras la muerte de la bebé, la madre y la abuela acusaron al personal de la guardería de homicidio y señalaron omisiones y antecedentes de presuntos malos tratos y violencia física.

Elisa Chedid González, madre de la menor, dijo que las autoridades de la estancia infantil tardaron más de una hora en avisarle sobre la muerte de la menor.

“Cuando me avisaron me vine volando, vi a los paramédicos del SUEM y les pregunté qué pasaba, intentaron encerrarme en una cocina, pero me escapé y fui hasta la sala de lactancia, donde normalmente estaba la niña, y ahí la encontré, ya estaba muerta, y ellos me dijeron que le estaban dando los primeros auxilios”, dijo Laura Leticia González, abuela de la bebé.

“Me la entregaron con todo el babero lleno de alimento, lo que indica que a la niña la estaban forzando a comer de más”, agregó la abuela, de acuerdo con un reporte de la agencia de noticias MVT.

La madre agregó que dos meses antes de morir, la niña presentó vómito con sangrado, por lo que la llevó a la clínica de la XXII Zona Militar, donde el médico le informó que la bebé presentaba un golpe abdominal.

Añadió que frecuentemente le entregaban a la bebé con golpes en la cara o en la cabeza, los cuales eran justificados como “resbalones” por parte del personal de la estancia infantil.

Este martes 22 de diciembre, la Procuraduría General de Justicia del Estado de México señaló a Animal Político que la investigación permanece abierta, aunque por el momento no se ha procedido contra ninguna persona debido a que no existen elementos.

El titular de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, Baruch Delgado, explicó que el ayuntamiento de Toluca también es responsable por la muerte de la bebé.

“Vamos a esperar los resultados de las investigaciones, pero es innegable que hubo un fallecimiento y que hay una responsabilidad institucional, con independencia de la responsabilidad penal y administrativa que les resulte a los servidores y servidoras públicas que tenían la responsabilidad directa de esta menor a la que se le prestaba un servicio de guardería, y el ayuntamiento deberá responder por este acontecimiento”, dijo.

Precisó que los hechos quedaron asentados en la queja de oficio radicada con el expediente 1345/2015 de la Visitaduría General de Toluca.

Con información de la agencia de noticias MVT.

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'Los talibanes no aceptan la justicia impartida por mujeres': la desesperada huida de una jueza afgana

Como otras mujeres que desempeñaron posiciones en el poder judicial afgano antes de que el Talibán tomara el poder en 2021, esta jueza temía que su trabajo pudiera representar una amenaza para su vida y la de su familia.
17 de agosto, 2022
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Cuando desembarcó en Brasil con su familia, Sahar* sólo tenía una maleta con una o dos mudas de ropa.

La jueza salió de Afganistán a toda prisa el año pasado, huyendo de los talibanes y tuvo que dejar todo atrás.

Como muchas otras mujeres que ocuparon cargos en el poder judicial afgano antes de que el grupo fundamentalista tomara el poder en agosto de 2021, temía que su trabajo pudiera representar una amenaza para su vida y la de su familia.

“Tuve que dejar atrás todo lo que construí en Afganistán: mi casa, mis posesiones y parte de mi familia”, le dijo la jueza a BBC News Brasil.

“Tenía una vida completa y lo perdí todo”.

En los últimos 20 años, 270 mujeres se han desempeñado como magistradas en Afganistán. Muchas de ellas lograron escapar con la ayuda de la Asociación Internacional de Juezas (IAWJ) y se refugiaron en varios países del mundo.

Brasil otorgó visas humanitarias a siete de estas juezas y a tres magistrados. Todos llegaron al país en octubre pasado y fueron recibidos por la Asociación de Magistrados Brasileños (AMB).

Pero alrededor de 90 juezas siguen atrapadas en su país, escondidas.

“Salir de allí”

En su relato, Sahar detalla los momentos de miedo y desesperación que precedieron a su huida de Afganistán.

La jueza y su familia tuvieron que dejar su hogar para esconderse en otro lugar después de que los talibanes tomaron el poder.

Los talibanes tomaron el control de Afganistán en agosto del año pasado.

Getty Images
Los talibanes tomaron el control de Afganistán en agosto del año pasado.

Con la caída del gobierno afgano, jueces de todo el país comenzaron a ser perseguidos por su participación en los juicios y condenas de miembros del grupo extremista durante el período de ocupación estadounidense.

Los talibanes incluso abrieron prisiones en todo el país, liberando a hombres que los magistrados habían encarcelado.

La vida de las mujeres también cambió drásticamente con el establecimiento del régimen. Se prohibió a las niñas recibir educación secundaria, se disolvió el ministerio de la mujer y, en muchos casos, se impidió que las empleadas regresaran al trabajo.

“Grupos como los talibanes, Daesh (Estado Islámico) y otros no aceptan la justicia impartida por mujeres”, dice Sahar.

“La situación se volvió realmente desesperada cuando los talibanes comenzaron a registrar las casas de todos los jueces. Invadieron la Corte Suprema y obtuvieron acceso a todo tipo de información sobre nosotros, como fotos, direcciones y documentos”.

“Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que realmente no podíamos quedarnos en Afganistán porque era demasiado peligroso”, dice.

La ayuda

La jueza inicialmente se refugió en la casa de los familiares.

“Estábamos encerrados sin poder salir. No podíamos volver a nuestro departamento ni sacar nuestras cosas porque los talibanes patrullaban nuestra cuadra”.

Después de que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, miles de afganos intentaron huir del país.

AFP
Después de que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, miles de afganos intentaron huir del país.

“Fue realmente difícil. No podía cocinar ni lavar ni hacer nada, solo pensaba en que tenía que salir de allí“.

Pasaron dos meses antes de que Sahar recibiera la noticia de que iba a ser rescatada y de que recibiría refugio en Brasil.

“Le informamos sobre nuestra situación a la IAWJ y ellos entraron en contacto con varios países en busca de ayuda y visas para nosotras, las juezas”.

“Cuando me tocó a mí, me dijeron que íbamos a Brasil”.

La magistrada se mudó con sus familiares más cercanos. Por razones de seguridad, no se revelaron los detalles de la operación que los sacó de Afganistán y los trajo a Brasil.

“Dijeron que no podíamos llevar muchas cosas con nosotros, porque todo tenía que ser discreto. Así que no trajimos casi nada, tal vez solo una o dos mudas de ropa”, le dijo Sahar a BBC News Brasil.

“Tengo que controlarme para no llorar cuando recuerdo el día que nos fuimos. Fue una gran desgracia para nosotros”.

“Teníamos una buena casa, un buen salario y nuestra familia en Afganistán y dejamos todo atrás. Fue una situación muy mala, apenas puedo describirla con palabras”.

Miedo por lo que queda atrás

En sus más de cuatro años como magistrada en Afganistán, Sahar estuvo involucrada principalmente en casos penales.

Esta imagen de archivo muestra a una maestra en Afganistán, donde mujeres y niñas fueron excluidas de la escuela secundaria.

Getty Images
Esta imagen de archivo muestra a una maestra en Afganistán, donde mujeres y niñas fueron excluidas de la escuela secundaria.

La jueza dice que está orgullosa de su trabajo, especialmente en casos relacionados con la seguridad y el bienestar de otras mujeres.

“Tiene que haber espacio para que las mujeres sean juezas, porque una mujer confía en la otra. Las mujeres que fueron a la corte pudieron abrirse más con nosotras”, cuenta.

Era muy feliz en mi trabajo. Desde pequeña soñaba con ser jueza y hacer justicia para las familias y los niños”.

Sahar dice que no le tocó juzgar ningún caso directamente relacionado con el Talibán, pero admite que pudo haber participado en juicios por delitos comunes cometidos por miembros del grupo.

“Procesé todo tipo de casos, como asesinato, secuestro, robo, corrupción, casos de familia”.

Debido a su trabajo, teme por la vida de algunos miembros de su familia que aún se encuentran en Afganistán.

“Tengo miedo porque tienen todo tipo de datos e información sobre nosotros. Podrían estar en peligro“, dice.

“Cuando salimos de Afganistán todos se mudaron y se escondieron en otros lugares”.

“Hablo con ellos a veces, pero no mucho porque creo que nuestros números pudiesen estar siendo interceptados”.

E incluso a millas de distancia de Afganistán, Sahar dice que todavía teme por lo que dejó atrás.

“A veces todavía tengo miedo, porque soy humana y pienso demasiado en las cosas”.

Vida en brasil

Sahar y los otros nueve magistrados que se refugiaron en Brasil recibieron visas humanitarias emitidas sobre la base de una ordenanza interministerial publicada en septiembre de 2021, por los ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia y Seguridad Pública.

Entre jueces y familiares, 26 personas llegaron al país en octubre pasado.

“Todos llegaron a Brasil muy asustados, preocupados por la seguridad y sin hablar una palabra de portugués”, dice Renata Gil, presidenta de la Asociación de Magistrados Brasileños que coordinó la recepción de las familias.

Para que pudieran reiniciar sus vidas, todos recibieron alojamiento, alimentación y atención médica proporcionada por esa organización y sus socios.

Los magistrados y sus familias también están estudiando inglés y portugués y sus hijos han obtenido becas en escuelas locales.

“Todas las juezas que recibimos tienen profundas cicatrices por todo lo vivido y un gran dolor por lo perdido. Es un proceso de adaptación intenso”, indica Gil.

“Pienso en mi país”

Después de un período inicial viviendo en alojamientos militares, Sahar ahora vive con toda su familia en una propiedad alquilada.

Una vista de Kabul

BBC
Una vista de Kabul.

Fue empleada como asistente legal por un bufete de abogados, donde investiga casos relacionados con inmigración.

La jueza dice que, antes de mudarse a Brasil, sabía muy poco sobre el país. “No había oído mucho sobre la gente, la cultura o el idioma”, precisa.

Y aunque está muy agradecida por la cálida bienvenida y la ayuda que ha recibido, Sahar dice que no pasa un día sin pensar en volver a casa.

“Pienso en mi país, mi familia y mi antiguo trabajo todos los días. Afganistán es mi patria y la extraño cada día”.

“No puedo decir que estoy disfrutando mi tiempo en Brasil, porque esta situación no es nada fácil”, señala la jueza.

“Pero estamos muy agradecidos por toda la ayuda que hemos recibido. La gente aquí es muy amable, al igual que el pueblo afgano”.

“Espero que todo salga bien para poder volver. Sé que la situación no es fácil, pero si Alá lo quiere, tal vez todo se resuelva pronto”.

*El nombre de la jueza ha sido cambiado para proteger su identidad y garantizar su seguridad y la de su familia.

Este artículo fue originalmente publicado en BBCBrasil


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