La península de Yucatán busca financiamiento para enfrentar el cambio climático
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Chicza México

La península de Yucatán busca financiamiento para enfrentar el cambio climático

Los gobiernos de Quintana Roo, Campeche y Yucatán están en la COP 21 de París. Buscan recursos para conservar las áreas naturales de la región y reducir emisiones contaminantes.
Chicza México
Por Tania L. Montalvo
8 de diciembre, 2015
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El cultivo y explotación sustentable del árbol de chicle, ha permitido la conservación de 1.3 millones de hectáreas de la selva maya. Foto: Chicza México

El cultivo y explotación sustentable del árbol de chicle, ha permitido la conservación de 1.3 millones de hectáreas de la selva maya. Foto: Chicza México

Los gobiernos de Campeche, Quintana Roo y Yucatán están en la vigésimo primera Conferencia de las Partes (COP 21) de París, Francia en busca de financiamiento.

El objetivo es obtener recursos para replicar en la región actividades productivas sustentables, como la que realiza la empresa Chicza, formada por 56 cooperativas que se encargan de la producción y comercio de la goma de mascar tras el cultivo y explotación sustentable del árbol de chicle, lo que permite mantener los bosques tropicales de la selva maya del sureste mexicano sin necesidad de dañar el ecosistema.

“Los tres estados tenemos listo el Fondo Climático de la Península de Yucatán (FCPY) para poder llevar a cabo actividades de reforestación, restauración de nuestro espacio natural y para frenar la degradación de nuestra selva. Buscamos el financiamiento para generar empleos en la región a través de estas actividades económicas sustentables”, explica en entrevista en París, Rafael Muñoz, secretario de Medio Ambiente de Quintana Roo.

Los mexicanos quieren valerse de algún instrumento de financiamiento que pudiera surgir o ampliarse en la COP 21 de París, por lo que acuden este martes 8 de diciembre al Grupo de Trabajo de los Gobernadores sobre el Clima y Bosques (GCF, por sus siglas en inglés) para arrancar su búsqueda de recursos entre países desarrollados que estén apoyando proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático, asociaciones civiles o iniciativa privada.

Aunque han desarrollado un plan de combate al cambio climático desde hace cinco años —lo pactaron tras la COP 16 de Cancún de 2010— no existe un monto estimado para arrancar las operaciones de este Fondo Climático.

Pero uno de los objetivos es tener en la región un piloto de la herramienta REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de bosques) para que el país pueda implementarla en el año 2020 y con ello cumplir con los compromisos de disminución de gases de efecto invernadero y de deforestación que presentó ante la Convención de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático.

Poner en acción el piloto y mostrar que México está listo para el plan REDD+ internacional cuesta e implica desafíos, dice Sébastian Proust, de la Alianza México REDD+, otro de los impulsores en París del FCPY.

“México se fijó la meta de lograr cero deforestación para 2030 y para hacerlo esperamos que se aplique el marco REDD internacional. Para ello necesitamos cuatro elementos: una estrategia contra la deforestación; tener la instalación de salvaguardas (garantizar que las actividades no dañen la biodiversidad y respeten los derechos de las comunidades); tener herramientas para monitorear cómo disminuye la deforestación; y financiamiento. En la península de Yucatán ya tenemos los tres primeros y hoy en París estamos buscando el cuarto”.

La península de Yucatán busca financiamiento para enfrentar el cambio climático. Mapa: Chicza México

La península de Yucatán busca financiamiento para enfrentar el cambio climático. Mapa: Chicza México

Los estados de la península de Yucatán consideran que con los recursos de este Fondo podrán disminuir sus emisiones contaminantes y adaptarse al cambio climático; con lo que México estaría avanzando con sus compromisos ante la Convención.

“Con los recursos que consiga este Fondo estaremos listos para trabajar de la mano con la naturaleza, restaurar manglares, por ejemplo, permite adaptarte al cambio climático, son barreras naturales ante fenómenos naturales. Proteger la selva provee biodiversidad y es una barrera de protección ante vientos fuertes. Invertimos en la naturaleza y al mismo tiempo luchamos contra la deforestación. En la península de Yucatán por deforestación se emiten 5 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Si pasamos a cero deforestación, vamos a disminuir esas emisiones”, explicó Sébastian Proust.

Deforestación y ganadería

En la península de Yucatán se pierden cada año 80 mil hectáreas por deforestación. La principal causa es la ganadería, pues la actividad económica se lleva a cabo en potreros: grandes campos sólo con pasto que los pobladores “limpian” de árboles.

Con el Fondo Climático se busca tener recursos para transitar de esos campos a la ganadería silvopastoril, la crianza de ganado en combinación con árboles.

“Lo que cuesta es la transición, se necesita tener nuevas capacidades y tecnología”, dice Proust.

En la COP 21, además de las bases para implementar la herramienta REDD+, se negocia cómo garantizar transferencia de tecnología a países en vías de desarrollo y aumento de sus capacidades para adaptarse al cambio climático.

Según los cálculos hechos por los tres estados del sureste mexicano costará al menos 30 mil pesos —unos mil 700 dólares— transformar una hectárea de ganadería normal a un campo silvopastoril. En la región hay al menos cuatro millones de hectáreas dedicadas a la ganadería.

“El Fondo busca disminuir actividades que generan gases de efecto invernadero, modificar modelos agrícolas que resultan perjudiciales para el tema ambiental, contener el cambio de uso de suelo y promover la recuperación de áreas degradadas”, explicó en entrevista, Roberto Alcalá Ferráez, Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Campeche que también viajó a París para presentar la iniciativa.

Uno de los temas más importantes en la COP 21 vinculados al financiamiento es la transparencia: cómo harán los proyectos receptores de recursos para garantizar que éstos se usen en el combate al cambio climático.

Los secretarios estatales de Medio Ambiente dicen que para garantizar la transparencia se cuenta con la participación de la sociedad.

El proyecto del Fondo Climático para la Península de Yucatán es apoyado por la Alianza México REDD+ y The Nature Conservancy, que liderará el Consejo encargado de la operación de los recursos.

Desde este martes 8 de diciembre, Yucatán, Campeche y Quintana Roo esperan llenar este Fondo Climático y ser la primera región mexicana en llegar a la meta de cero deforestación antes del 2030.

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Las rarezas del pueblo de EU al que solo se llega a través de Canadá

Cuando se trazó el límite entre Estados Unidos y Canadá, Point Roberts, una pequeña localidad en la punta de una península, se convirtió en un territorio estadounidense separado del resto del país. Y eso hace que tenga muchas peculiaridades.
25 de enero, 2020
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El tráfico fluye con facilidad por la calle 56, una carretera arbolada en los suburbios de Vancouver, Canadá, hasta que un laberinto de barreras de cemento lo interrumpe abruptamente.

Conduje mi auto alquilado a través de los obstáculos y me detuve en un quiosco, donde un guardia fronterizo de Estados Unidos escaneó mi pasaporte estadounidense. Le dije que acababa de llegar del otro lado del continente, y él se volvió para dirigirse a mí por lo que parecía ser una preocupación genuina.

“¿Sabe a dónde va?”, me preguntó, sugiriendo gentilmente que tal vez estaba perdido. No es común que Point Roberts reciba visitantes de fuera de la región.

Pero precisamente por eso había venido: a ver una mancha estadounidense de casi 13 kilómetros cuadrados que está unida a Canadá, pero físicamente separada del resto de Estados Unidos. Esta rareza geográfica es esencialmente una comunidad cerrada custodiada por el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

Su presencia muestra cómo un acuerdo diplomático aparentemente simple puede tener profundas implicaciones en la vida cotidiana siglos después.

La frontera entre Estados Unidos y Canadá se estableció en el paralelo norte 49ºen 1846 y este cruza una península canadiense, de modo que su extremo inferior, a unos 40 kilómetros al sur de Vancouver, quedó como parte de EE.UU.

Los geógrafos lo llaman “exclave funcional“, un área de un país que, en términos prácticos, solo se puede alcanzar al pasar por otro país. A excepción de los pocos que llegan en avión privado o en barco, todos los que vienen a esta comunidad estadounidense conducen desde Canadá.

Barco en el mar

Larry Bleiberg
Solo se puede llegar a Point Roberts, Washington, en barco, avión o conduciendo a través de Canadá.

El historiador local Mark Swenson dice que Point Roberts no fue un descuido. Conservarlo le otorgó a EE.UU. valiosos derechos de pesca de peces y cangrejos y un punto de apoyo estratégico en el noroeste del Pacífico.

Durante décadas, este lugar remoto se mantuvo como reserva militar, pero en 1908, EE.UU. le otorgó la tierra a colonos; la mayoría, inmigrantes islandeses. Hace más de 30 años, el presidente de Islandia honró a estos colonos dedicándoles un monumento en el cementerio más antiguo de la comunidad.

Hoy, Point Roberts es una localidad rural boscosa, hogar de casi 1.300 residentes durante todo el año, cientos de águilas calvas y algunas manadas de orcas que pasan el verano aquí. Es un lugar con un semáforo intermitente, algunas tiendas y poco más.

El “suspiro” de Point Roberts

Los residentes que llegan desde la floreciente área metropolitana de Vancouver, donde la población está acercándose a los 2,5 millones, afirman que comienzan a relajarse en el momento en que cruzan a esta parte de Estados Unidos.

“Lo llamamos el suspiro de Point Roberts”, me dijo Pat Grubb, quien junto a su esposa publica el periódico local, el All Point Bulletin.

De hecho, visto el foco en temas de seguridad que se pone en la frontera entre Estados Unidos y México, la vida parece relajada en este límite con Canadá.

Conduciendo por Roosevelt Way, la calle más septentrional de Point Roberts, la frontera internacional es poco más que una zanja de drenaje que da a setos cuidadosamente recortados, plantados para preservar la privacidad del patio trasero de los propietarios canadienses, no su soberanía nacional.

Mapa

BBC

En otras partes, columpios y arcos de fútbol ocupan el límite. Lo más parecido a un muro fronterizo es una barrera de hormigón que llega a la altura de la espinilla y que marca el fin de una carretera local de la colindante ciudad canadiense de Tsawwassen.

Pero las cosas pueden no ser tan plácidas como parecen.

Existe un rumor persistente que describe a Point Roberts como un destino popular del Programa Federal de Protección de Testigos de EE.UU., una iniciativa para ayudar a los informantes que testifican contra criminales.

Según este rumor, a decenas de personas se les ha dado nuevas identidades y han sido reubicadas aquí. En 2012, Atlantic.com’s City Lab sugirió que 50 residentes podrían formar parte de este programa.

Después de todo, cualquier persona que llegue en automóvil desde cualquier otra parte de EE.UU. debe pasar por dos puestos fronterizos internacionales: uno para ingresar a Canadá y un segundo para volver a entrar a territorio estadounidense en Point Roberts.

Y Canadá tiene regulaciones especialmente estrictas que prohíben la entrada a personas con antecedentes penales, lo que proporciona garantías adicionales.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Point Roberts es una porción de Estados Unidos en Canadá, unos 40 kilómetros al sur de Vancouver.

Tracy Evans, subgerente general del club de golf Bald Eagle de Point Roberts, se cree el rumor. Algunas personas e incidentes le han parecido sospechosos y algunos de sus vecinos se mantienen completamente aislados.

“Piénsalo. Es un buen lugar para poner a alguien. Es una ubicación remota. Si te metes en problemas en Miami, tendría sentido que vinieras aquí”.

Como muchos lugareños, Grubb se ríe ante la sugerencia. Pero sí comenta que alguna vez sacó su cámara en una reunión pública para tomar una foto para publicarla y que la gente prácticamente salió zumbando para evitar ser fotografiada.

Incluso si este rumor no se puede confirmar, la ciudad atrae a personajes distintos.

“Conocerás a alguien y preguntarás: ‘¿Cuál es tu historia de Point Roberts? “, me dijo Swenson, autor de Point Roberts Backstory(“La historia detrás de Point Roberts”), un libro sobre la historia de esta localidad.

“Tienes una divertida colección de espíritus libres. Tienes a gente a la que le gusta lo orgánico y otra que cuida a las águilas y las conoce por su nombre. Tienes a gente a la que le gusta hacer colchas, tienes apicultores, coleccionistas de sellos. Quizás muchas ciudades tengan lo mismo, pero el hecho de que todos estemos metidos en 13 kilómetros cuadrados lo hace más pronunciado”.

Los inconvenientes

La geografía también crea rutinas diarias inusuales. Point Roberts tiene una escuela primaria, pero los estudiantes que pasan del tercer grado deben tomar un autobús para ir a clase en Blaine, en el estado de Washington, un viaje de ida y vuelta de más de 80 kilómetros que pasa por Canadá para volver a ingresar a Estados Unidos, lo que requiere cruzar fronteras cuatro veces al día.

Un esfuerzo que se ha vuelto algo común para los residentes, que hacen viajes similares cuando tienen citas con el médico o deben recoger recetas o placas de automóviles.

Y luego están las peculiaridades y molestias de vivir al lado de una frontera. “Hay un gran libro de regulaciones sobre lo que puede pasar por la frontera y cambia con frecuencia, y es obligación de ellos mantenerse al día”, afirmó Swenson. “Estas reglas pueden ser muy, muy específicas”.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Una barrera a la altura de la espinilla separa este pequeño enclave estadounidense de sus vecinos canadienses.

Algunas parecen desafiar la lógica, aunque están destinadas a proteger la agricultura estadounidense de plagas y enfermedades.

Por ejemplo, los residentes no pueden trasladar tomates enteros, pero si los llevan cortados en rodajas, no hay problema. Dado que traer cordero a los Estados Unidos está muy controlado debido a las preocupaciones sobre la introducción de enfermedades, los dueños de mascotas deben tener cuidado con la comida para perros que compran.

Durante el apogeo de los temores sobre la enfermedad de las vacas locas, a los escolares de Point Roberts les confiscaron sus almuerzos porque sus padres les habían mandado sándwiches de carne asada.

Para muchos, el atractivo de Point Roberts es puramente económico. Los canadienses poseen casas de verano aquí porque los inmuebles frente al mar son mucho más baratos que en el área de Vancouver.

Y hay un tráfico constante durante todo el año gracias a los precios más bajos de la gasolina, la leche y el alcohol, ya que los impuestos a estos productos en EE.UU. son de menor cuantía que en Canadá, donde además, la gestión de su producción láctea mantiene los precios altos.

Una encuesta de 2013 y 2014 del Instituto de Investigación de Políticas Fronterizas de la Universidad Occidental de Washington indicó que casi el 40% de los cruces fronterizos hacia Point Roberts tenían como objetivo comprar gasolina, según Swenson, lo que puede proporcionar a los conductores canadienses un ahorro de entre el 20% y el 30%.

Eso explica por qué la ciudad tiene 60 surtidores de combustibles y por qué los grifos no muestran los precios en galones, como se hace en EE.UU., sino en litros, que es cómo se vende el combustible en Canadá.

Otros vienen a recoger paquetes en uno de los varios negocios de envíos que hay en la ciudad. Al usar una dirección de Point Roberts, los canadienses pueden recibir sus compras por Internet en Estados Unidos.

Generalmente, el precio no solo resulta más barato, sino que existen productos que no se envían al extranjero. Como señaló el geógrafo Mark Bjelland en la revista académica Geographical Review, el número de canadienses con buzones registrados en Point Roberts es 40 veces mayor que el número de residentes permanentes de esta localidad.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Los visitantes del exclave de Point Roberts deben conducir a través de Canadá para ingresar a Estados Unidos.

La ciudad también tiene un supermercado con más productos de los que se podrían consumir en esta pequeña comunidad.

La tienda de productos comestibles extranjeros International Marketplace trata de hacérselo fácil a sus clientes, indicándoles qué productos se pueden llevar a Canadá: patatas de Idaho, por supuesto que sí; manzanas Honeycrisp, claro que no. También tiene dos cajas para pagos en metálico: una para dólares estadounidenses y otra para dólares canadienses.

Los visitantes ocasionales pueden verse tentados a probar una hamburguesa a medio cocer. Los estrictos reglamentos sanitarios canadienses prohíben la venta de carne cuyo centro todavía esté rojo, ya que temen que transmita E. coli y otras enfermedades. Pero al sur de la frontera, todo vale, al menos cuando se trata de carne a la parrilla.

Según Evans, los clientes canadienses del club de golf nunca están seguros de cómo reaccionar cuando se les pregunta cómo quieren que cocinen su hamburguesa. “Muchos de ellos se sorprenden de que se les dé opciones”.

Tales rarezas forman parte de la vida aquí.

Al cruzar la frontera de regreso a Canadá al día siguiente, pensé en cómo Louise Mugar, coeditora del periódico local, describió a su comunidad. “Vivir en Point Roberts es como vivir en un sueño“, me dijo. “Cuando estás en ella, tiene sentido, pero cuando te alejas, dices. ‘¿De qué se trataba todo eso? ”

Pero lo que no mencionó fue cómo puedes encariñarte con la ciudad rápidamente. Unos minutos más tarde, sentado en el tráfico matutino de la hora pico del área metropolitana de Vancouver, detrás de filas kilométricas de autos, Point Roberts, con sus peculiaridades, personajes e inconvenientes, parecía muy lejano y aún más atractivo.


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