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Los “bonos” a diputados, opacos y sin rendición de cuentas: Auditoría

La Cámara de Diputados aprobó la entrega de un bono por 180 millones de pesos que fue repartido de manera proporcional entre cada bancada partidista, sin mecanismos de control, ni de transparencia. Hasta el momento, Movimiento Ciudadano es el único partido que regresó los 5 millones de pesos que le correspondían.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
17 de diciembre, 2015
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La Cámara de Diputados aprobó la entrega de un bono por 180 millones de pesos que fue repartido de manera proporcional al número de diputados que tiene cada bancada partidista. // Foto: Cuartoscuro.

La Cámara de Diputados aprobó la entrega de un bono por 180 millones de pesos que fue repartido de manera proporcional al número de diputados que tiene cada bancada partidista. // Foto: Cuartoscuro.

A tres meses de iniciar el periodo legislativo, la Cámara de Diputados aprobó la entrega de una “subvención extraordinaria”, es decir, un bono, por 180 millones de pesos que fue repartido de manera proporcional al número de diputados que tiene cada bancada partidista, sin mecanismos de control, ni de transparencia.

Pero esta ha sido una práctica constante señalada por la Auditoría Superior de la Federación, que en 2013 recomendó a la anterior legislatura “fortalecer sus mecanismos de control y supervisión” en la entrega de “subvenciones”. Esto porque los diputados se había repartido bonos mensuales por 250 mil pesos para cada uno.

Además, la repartición de recursos del fondo “opaco” continuará para 2016, pues los diputados aprobaron para la partida “Otros Subsidios y Subvenciones” un presupuesto por mil millones 241 mil pesos en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

Este monto es equiparable a los mil 500 millones de pesos etiquetados en el presupuesto de 2016 para el programa Escuelas de Calidad, operado por la Secretaría de Educación Pública y que atiende a los estudiantes en zonas vulnerables del país.

Hasta el momento, sólo Movimiento Ciudadano regresó la subvención extraordinaria por 5 millones de pesos que le correspondía, según informó el coordinador de la bancada, Clemente Castañeda.

El análisis de la Cuenta Pública reportó que sólo en 2013, el monto de las “subvenciones” ascendió a poco más de mil cien millones de pesos, cifra superior a los 700 millones de pesos asignados a los diputados para atención ciudadana, asistencia y actividades legislativas, informes y otros apoyos.

No sólo se trata de un monto millonario sino que los 500 diputados no rindieron cuentas de ello. La Auditoría ni siquiera pudo comprobar que los diputados gastaron los recursos públicos en acciones legislativas.

“No se contó con la información que permitiera evaluar la razonabilidad del gasto o comprobar si los recursos se ejercieron en trabajos legislativos, por lo que persiste una limitada rendición de cuentas en el ejercicio de los recursos por concepto de Subvenciones”, advirtió el informe.

Además, en 2013, dicho concepto tuvo ampliaciones presupuestarias netas por 308 millones de pesos, lo que representó 35.4% adicional al presupuesto original.

El informe de auditoría detalla que hubo varias entregas. Una se trató de una “subvención especial a los grupos parlamentarios” por 250 mil pesos. Esto como parte del Acuerdo del Comité de Administración del 4 de diciembre de 2012 para la Asignación de una Subvención Extraordinaria para los Grupos Parlamentarios en la Cámara de Diputados de la 62 Legislatura, en el 2012.

Luego, los diputados hicieron una adecuación presupuestaria el 30 de abril de 2013, con movimientos de 11 millones de pesos nombrada como “subvención ordinaria variable”, para entregarlo sólo a dos Grupos Parlamentarios a través de mensualidades de 464 mil pesos mensuales a cada uno para el ejercicio 2013. Esto conforme al acuerdo del Comité de Administración del 26 de noviembre de 2012.

Sin embargo, ésta es violación a la Norma para Regular la Transferencia y Control de Recursos Financieros Asignados a los Grupos Parlamentarios de la Cámara de Diputados, donde se advierte que “las subvenciones especiales son autorizadas en situaciones excepcionales y tienen el carácter de únicas para atender asuntos específicos”.

Pero los mismos diputados aprobaron la autorización para la entrega de recursos en el acuerdo séptimo de la Junta de Coordinación Política (los coordinadores de las bancadas), por el que se crea el Comité de Administración de la Cámara de Diputados en la LXII Legislatura.

Y es que en el artículo 11 de la Norma para regular estos recursos se establece que la Junta de Coordinación Política podrá autorizar, en casos excepcionales, subvenciones adicionales por única vez para atender asuntos específicos, siempre y cuando exista disponibilidad presupuestal para ello.

En 2012, en el reporte de la Cuenta Pública ocurrió lo mismo. Los coordinadores de los grupos parlamentarios aprobaron que como parte de la “Subvención Ordinaria Variable” se registraron recursos provenientes de 12 subvenciones adicionales por 514 millones de pesos, lo que representó 133.3 % respecto del presupuesto original previsto para la partida.

Esto “permite presumir que las subvenciones adicionales no correspondieron a casos excepcionales como lo establece la norma respectiva”.

Por lo tanto, la Auditoría recomendó que la Cámara de Diputados realizara las acciones necesarias para que las asignaciones adicionales cumplieran con la normativa que corresponden a “casos excepcionales para atender asuntos específicos”.

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Cómo sobrevivió una mujer transgénero a las terapias de conversión

Durante años, el sistema de sanidad británico llevó a cabo terapias agresivas con el fin de "curar" a homosexuales y transexuales. Carolyn Mercer, sobreviviente de estos tratamientos, cuenta su historia.
24 de agosto, 2019
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Otoño de 1964. Dos doctores atan a un joven de 17 años a una silla de madera en una habitación oscura, sin ventanas, y le cubren el cuerpo con electrodos.

Le electrocutan durante horas mientras le enseñan fotos de ropa de mujer.

Es parte de una terapia.

En un café en el Soho de Londres, Carolyn Mercer, ahora de 72 años, sonríe al ver las fotografías de ese niño. “Esa persona ha crecido y se ha desarrollado”, dice.

“Pero sigue siendo yo”.

Carolyn – quien prefiere no mencionar su nombre de niño – recuerda la primera vez que se dio cuenta de que era diferente.

Con 3 años, jugando en las calles de Preston, al noroeste de Inglaterra, persuadió a su hermana menor para intercambiar sus ropas.

Carolyn, vistiendo el uniforme de preescolar de su hermana, se situó frente a la tienda de su madre esperando que las personas vieran una niña pequeña ahí parada.

“Jamás se trató de la ropa… era algo dentro de mí”, cuenta.

Era un niño, y yo no quería serlo”.

Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

Carolyn Mercer
Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

La ropa de su hermana

Cuando Carolyn nació en 1947, la actitud de la sociedad hacia el colectivo homosexual y transgénero era muy poco tolerante.

Inglaterra y Gales se hallaban lejos de legalizar las relaciones homosexuales o de incluso usar la palabra “transgénero”.

Vestida con la falda de su hermana, Carolyn no tuvo palabras para describir sus sentimientos. Pero sabía que era una niña transexual con disforia de género.

Su sexo asignado al nacer no se correspondía con su identidad de género.

“Me fui a dormir con el deseo de que alguien inventara un trasplante para poner mi cerebro en un cuerpo más apropiado”, recuerda Carolyn.

Durante la infancia, su deseo secreto de vivir como mujer se transformó en un autodesprecio que le consumía.

Fotos de Carolyn como niño

Carolyn Mercer
“Sabía lo que quería ser, y ese pensamiento se consolidó desde los 3 años en adelante”

“Ese desprecio a mí misma se trataba de que yo quería algo muy absurdo”.

Carolyn se sentía “sucia” porque la sociedad veía a las personas transgénero como algo “incorrecto” y “malévolo”. “Si era incorrecto y malévolo, debía ser porque yo era mala y estaba equivocada”, dice que pensó entonces.

Creció en el cuerpo de un fuerte adolescente y se dedicó a ser “un buen tipo”, jugando deportes “masculinos” como rugby o boxeo. Aún así, no podía desplazar el profundo e incómodo sentimiento de pretender ser alguien que no era.

Descargas eléctricas

Carolyn comenzó a sentirse deprimida y suicida. Pensaba que “sería más fácil” para su familia y amigos si muriese antes que contarle a alguien cómo se sentía.

Pero los 17 años, compartió su secreto con un vicario. La llevó a ver a un médico en un hospital psiquiátrico y se organizaron “cinco o seis” sesiones de terapia de aversión en un hospital de Blackburn.

“Pedí eso porque quería curarme”, afirma.

Terapias de descargas eléctricas

Getty Images
Terapias de descargas eléctricas de diversos tipos se han utilizado en medicina desde la década de 1930.

Carolyn estaba atada a una silla de madera en una habitación oscura mientras los doctores le adherían electrodos previamente sumergidos en salmuera. A la vez, le proyectaban imágenes con ropa de mujer en la pared de enfrente.

A cada cambio de fotografía, un corrientazo a través de los electrodos le propinaba un doloroso shock eléctrico. Carolyn recuerda vívidamente el naciente shock desgarrando con dolor desde su mano hacia arriba mientras su brazo permanecía adherido a la silla.

A pesar de su agonía, los doctores siguieron presionando. Estaban convencidos de que si ella “aprendía” a asociar sus pensamientos con los recuerdos de dolor, dejaría de pensar que era una mujer.

Meses de tratamiento después, Carolyn decidió no recibir más. Para entonces el trauma era tan grande que la experiencia de los temblores y los recuerdos le atormentó por los siguientes 40 años.


¿Qué es una terapia de conversión?

La llamada terapia de conversión o “cura de gays” asegura ayudar al cambio de la sexualidad o identidad de género de una persona. Los métodos incluyen hipnotismo, exorcismo y tratamientos de aversión como choques eléctricos y fármacos para vomitar.

Este tipo de terapias estuvieron disponibles en el sistema nacional de sanidad británico (NHS, por sus siglas en inglés) hasta los años 70. El sistema y el gobierno sostienen que no hay archivos sobre el número de pacientes que fueron tratados o que murieron como consecuencia del tratamiento.

A pesar de que la evidencia científica indica que son dañinas e inefectivas, varias terapias continúan llevándose a cabo alrededor del mundo.

Organizaciones trabajan para poner fin a estos tratamientos, pero las complejas y arraigadas creencias que fomentaron su propagación dificultan su erradicación.


Durante un tiempo, Carolyn pensó que la terapia había funcionado.

Llevó la vida tan “masculinamente” como era posible. A los 19 años tenía esposa e hija, se había convertido en profesora de matemáticas y había sido promovida rápidamente, convirtiéndose pronto en una de las más jóvenes directoras en su provincia.

Pero su disforia no había sido sofocada.

Carolyn Mercer con 19 años

Carolyn Mercer
Carolyn, con 19 años, en su primer día como profesora, dos años después de la terapia.

Su depresión empeoró y le sacudían temblores incontrolables cada vez que pensaba en el tratamiento recibido.

“¿Funcionó la terapia con respecto a mi cuerpo? Sí”, dice Carolyn. “¿Funcionó con respecto a mi mente? Solo para odiarme más”.

Después de años lidiando con la disforia, Carolyn comenzó a tomar hormonas para que se le desarrollaron los senos a comienzos de los 90.

Fue el inicio de un proceso descrito por muchos en la comunidad transgénero como “transición” o, como Carolyn prefiere, “alinear mi expresión de género con mi identidad de género”. Es “un poco pretencioso, pero se ajusta a mi realidad”.

Su familia no apoyó su decisión de forma activa. “Les gustaba la persona que veían, una diferente a la que yo me reflejaba“, reconoce.

Mastectomía doble

En el trabajo, Carolyn se vendaba sus senos en desarrollo para ocultar los efectos de su tratamiento.

Pero, en 1994, un periodista se enteró de que estaba tomando hormonas y la vida personal de Carolyn se reprodujo en los tabloides alegando que era de “interés público” informar del secreto de una maestra de alto perfil.

El episodio hizo que Carolyn se replanteara su consumo de hormonas y, al verano siguiente, le extirparon sus senos en una cirugía normalmente reservada a pacientes con cáncer.

Una vez más, un vacío infranqueable se había alojado entre quién era Carolyn y quién quería ser.

Pero varios años difíciles después, y a pesar del apoyo de amigos, alumnos, familiares y colegas, Carolyn se jubiló para someterse a la operación que soñó durante décadas.

Tenía entonces 55 años.

Carolyn Mercer

Carolyn Mercer
Carolyn, a los 67 años, disfrutó en Estados Unidos de unas vacaciones donde finalmente era quien siempre soñó ser.

Ahora la vida es mucho mejor. Ya no tengo ese secreto oculto todo el tiempo”.

Algunos miembros del colectivo transexual afirman que la persona antes de la cirugía ya está muerta. Pero para Carolyn, el niño pequeño vistiendo la ropa de su hermana menor sigue vivo.

“Sigo siendo la misma persona con las mismas experiencias”.

Sin embargo, sigue con dificultades para ser feliz. Siguiendo su terapia de conversión, se acostumbró tanto a enterrar sus más profundos deseos que ahora le cuesta abrirse a la felicidad.

“Cuando me enseñan el menú de un restaurante y preguntan qué prefiero, no sé qué responder”.

“Muchos lo encuentran triste, pero es algo que he asimilado… ya no tengo esa luz o ese tipo de emociones por haberme reprimido durante tanto tiempo”, concluye.


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