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México, el país de la OCDE con el mayor aumento de precios de alimentos

Entre 2005 y 2014, el aumento en el precio de los alimentos en México fue de 23.2%, el rango más alto entre los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), cuyo promedio fue de 8.8 puntos.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
16 de diciembre, 2015
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El huevo ha sido el alimento más encarecido, pues duplicó su precio en la última década. // Foto: Cuartoscuro.

El huevo ha sido el alimento más encarecido, pues duplicó su precio en la última década. // Foto: Cuartoscuro.

Quien compra alimentos en el súper o en el mercado comprueba que cada vez el dinero alcanza para comprar menos. La razón: algunos productos han duplicado su precio. Sólo de 2005 a 2014, el aumento de los precios de los alimentos en México fue de 23.2 puntos porcentuales, el rango más alto entre los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), cuyo promedio fue de 8.8 puntos.

Estos son datos del “Reporte sobre las condiciones de competencia en el sector agroalimentario”, realizado por la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE), en el que analiza las características estructurales, regulatorias y de funcionamiento en la comercialización de alimentos.

El análisis informa que el huevo ha sido el alimento más encarecido, pues duplicó su precio en la última década. Registró un incremento acumulado de 150% hasta abril del 2015; y aunque descendió en los últimos meses, el aumento hasta julio de 2015 fue de 95.7%.

De enero de 2005 a julio de 2015, los precios al consumidor de las carnes (alimento al que se destina 23% del gasto de alimentación en los hogares) subieron cerca de 89.1%.

Los cereales, que incluye tortillas y derivados del maíz, pan, galletas, pastas y harinas de trigo, arroz y cereales preparados, crecieron 87.1%, por lo que se ubicaron en promedio en el segundo lugar de más rápido crecimiento entre los diferentes grupos de alimentos.

Mientras que las legumbres y las frutas presentaron un aumento acumulado en la década de 70%. Pero algunos como los tubérculos (entre ellos la papa) alcanzaron un incremento acumulado de 93.2%. Los precios de las leguminosas y semillas al final de la década fueron 65.3% más altos.

En tanto, el promedio de precios de los aceites y grasas comestibles también se incrementó 65.8% y los precios del café y el azúcar aumentaron 86% y 45%, respectivamente. La leche y sus derivados y bebidas no alcohólicas se encarecieron 68.4% y 61.4%, respectivamente.

Estos aumentos fueron los más altos entre los países de la OCDE, pues Italia, por ejemplo, registró un aumento de 3.3%, mientras que  Estados Unidos y en España fue de 6.4 y 6.9, respectivamente. En Canadá fue de 13.7%; Reino Unido, 18.7%; Hungría, 19.7% y Turquía, 20.1%.

Gráfico: Omar Bobadilla.

Gráfico: Omar Bobadilla.

Pocos insumos; mucho subsidio

 Según la COFECE, los subsidios afectan la competencia porque modifica los costos de algunas actividades y, por lo tanto, incide en las decisiones de los productores. De acuerdo con el reporte, para minimizar el impacto negativo, los subsidios deben estar sujetos a criterios como: no beneficiar a unos productores en detrimento de otros;  tener claro el objetivo y el tiempo durante el cual se van a aplicar; ser transparentes; sujetarse a evaluaciones periódicas y abstenerse de dar con cualquier otro criterio que altere las condiciones de competencia y libre concurrencia.

Para realizar el reporte, la COFECE analizó 27 programas o componentes de programas de los 56 que integran el presupuesto federal sobre mercados agroalimentarios que en 2015, recibieron 60.9 mil millones de pesos.

Uno de los hallazgos es que existe el riesgo que un mismo productor pueda recibir subsidios de diferentes programas. Por ejemplo, los productores de maíz, chile y jitomate podrían obtener recursos públicos de hasta catorce programas federales diferentes. Algunos otros productos agrícolas pueden recibir apoyos de un mínimo de diez programas.

Por ello, la COFECE recomienda crear un padrón único de beneficiarios de los programas de subsidios a los productores y comercializadores de productos agropecuarios y así valorar el efecto de la entrega de apoyos en todos los programas.

Otro aspecto determinante en el mercado es la concentración de la venta de insumos en pocas empresas. De acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria 2014 (ENA 2014), 83.4% de los productores agropecuarios señala que el alto costo de los insumos y servicios es su problema principal en la producción.

Así, por ejemplo, poco más de 60% de las semillas certificadas por el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS) son de tres empresas: Semillas y Agroproductos Monsanto, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y PHI México, S. A. de C.V. (Pioneer). De ella, Monsanto, tiene 30% del mercado mexicano de semillas.

En tanto, la oferta de maquinaria agropecuaria, sobre todo de tractores proviene de cinco empresas ensambladoras establecidas en el país: John Deere, CNH de México (Case IH y New Holland), AGCO de México (Massey Ferguson y Challenger), McCormick Tractores de México y Foton.

La COFECE recomienda que para prevenir la concentración de oferta de insumos, se debe “ajustar la legislación en materia de propiedad industrial” para garantizar que toda persona que desee importar dichos productos desde cualquier otro país pueda hacerlo de manera legítima.

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Getty Images

El revolucionario material natural desarrollado en Finlandia para reemplazar el plástico

Se trata de una combinación única de materiales que supera en rigidez, resistencia y extensibilidad a los actuales productos sintéticos y naturales que, además, es biodegradable.
Getty Images
17 de septiembre, 2019
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Uno de los grandes desafíos de la ingeniería de los materiales ha sido lograr crear un producto que sea fuerte y extensible a la vez.

Hasta ahora, aumentar la rigidez de un material significaba reducir su extensibilidad, y viceversa.

No obstante, investigadores en Finlandia han resuelto el problema inspirándose en la naturaleza y con ingredientes biológicos para crear un producto realmente revolucionario.

Se trata de una combinación única de materiales que supera en firmeza, resistencia y extensibilidad a los actuales productos sintéticos y naturales y que, además, es biodegradable.

Madera y telaraña

Técnicos e ingenieros de la Universidad Aalto y el Centro de Investigación Técnica VTT, en Finlandia, adhirieron fibras de celulosa de madera a la proteína de la seda de telaraña.

Telaraña

Getty Images
La seda de telaraña es uno de los productos naturales más flexibles y resistentes.

El resultado es un material muy firme, elástico y resistente que bien podría reemplazar el plástico en múltiples usos.

Sus aplicaciones futuras incluyen compuestos con base biológica, productos médicos, fibras quirúrgicas, la industria textil, empaques y envoltorios.

Según el profesor Markus Linder, de la Universidad Aalto, la naturaleza ofrece excelentes materias primas que están fácilmente disponibles para el desarrollo de nuevos materiales, como la celulosa rígida y la resistente y flexible seda que se utilizaron en la investigación.

La ventaja de ambos materiales es que, contrario al plástico, son biodegradables y no dañan el medio ambiente ni constituyen un potencial riesgo para la salud como los microplásticos.

“Nuestros investigadores sólo necesitan poder reproducir estas propiedades naturales”, señaló el profesor Linder, que también dirigió la investigación.

Materiales y métodos

Uno de los productos naturales que utilizaron provino del abedul, un árbol abundante en los bosques del norte de Europa, que combinaron con proteína de seda clonada sintéticamente.

Bosque de abedules

Getty Images
El abedul es un árbol abundante en el norte de Europa.

La celulosa de la madera y la seda son biopolímeros que demuestran un gran potencial como futuros materiales sostenibles.

También tienen propiedades que se complementan y son aptas para combinarse en materiales compuestos donde la celulosa forma el elemento de rigidez y la seda la matriz resistente.

“Utilizamos pulpa de abedul, desintegrada para obtener nano fibrillas y éstas las alineamos en forma de un andamio firme. Al mismo tiempo, infiltramos esa estructura con una matriz adhesiva de seda de telaraña que es suave y disipa energía”, explicó Pezhman Mohammadi, científico investigador de VTT.

La seda es un producto natural que es secretado por animales como gusanos de seda y que también se encuentra en las telarañas.

Sin embargo, la seda utilizada por los investigadores de la Universidad de Aalto no fue realmente tomada de las secreciones de estos invertebrados sino producida por los científicos combinando bacteria y ADN sintético.

“Como conocemos la estructura del ADN, podemos copiarla y utilizarla para fabricar las moléculas de proteína de seda que son químicamente similares a las que se encuentran en los hilos de una telaraña”, indicó Linder. “El ADN contiene toda esta información”.

Imágenes microscópicas de material

VTT/Universidad Aalto
Los investigadores midieron la resistencia de varias combinaciones del material.

Nuevos compuestos

Los investigadores añadieron que su trabajo ilustra las nuevas y versátiles posibilidades de la ingeniería de proteínas.

“En el futuro, podríamos fabricar compuestos similares con materiales básicos ligeramente diferentes y lograr una colección de productos con características diferentes para otras aplicaciones”, dijo Pezhman Mohammadi.

“Actualmente, estamos trabajando en la producción de nuevos materiales compuestos como implantes, objetos resistentes a los impactos y otros productos”, concluyó el científico.

El proyecto investigativo es parte de un trabajo desarrollado por el Centro de Excelencia en Ingeniería Molecular de Materiales Híbridos Biosintéticos (Hyber).


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