Violencia, detenciones, deportaciones: Los problemas de los migrantes en su paso por México
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Laura Yaniz, alumna de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos

Violencia, detenciones, deportaciones: Los problemas de los migrantes en su paso por México

Miles de migrantes son víctimas de la falta de políticas que obliguen a los países a priorizar los derechos humanos por encima de la seguridad. Los países de paso de migrantes fallan como anfitriones y México no es la excepción.
Laura Yaniz, alumna de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos
Por Reyna Mora, Julene Iriarte, Paola Díaz, Laura Yaniz / Alumnos del tercer semestre de la Maestría de Periodismo y Asuntos Públicos del CIDE
17 de diciembre, 2015
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Nelson A., de Nicaragua, ha considerado ya no regresar a Estados Unidos. Su hija le ha dicho que aunque lo extraña, lo prefiere vivo. // Foto: Laura Yaniz, alumna de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos.

Nelson A., de Nicaragua, ha considerado ya no regresar a Estados Unidos. Su hija le ha dicho que aunque lo extraña, lo prefiere vivo. // Foto: Laura Yaniz, alumna de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos.

En la década de los ochenta, al inicio del conflicto armado en El Salvador, México reconocía el problema de los desplazados y le otorgaba el estatus de refugiado a quien lo necesitara, recuerda Gabriela Hernández, coordinadora de un albergue para migrantes en el DF.

Sin embargo, la situación cambió. Las historias ya no cuentan viajes sencillos, sino episodios violentos, que pocas veces son atraídos por las autoridades mexicanas. Tal es el caso de una migrante hondureña, víctima de violencia en Tabasco, cuyo testimonio leyó el secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Emilio Álvarez Icaza:

“Estábamos caminando de noche por la carretera que va de El Ceibo (cruce de Guatemala a México) a Tenosique, Tabasco, porque pensamos que así sería más seguro. Cuando íbamos pasando por el basurero aparecieron cuatro hombres, dos tenían pistolas y los otros dos machetes.

“Me dijeron, te vamos a revisar muy bien, no te resistas porque te va a ir peor. Me empezaron a tocar, me bajaron el pantalón (…) Cuando fui a poner la denuncia, los de medicina forense no estaban porque andaban de vacaciones. Hago esta denuncia para que no les pase a otros”, leyó con voz entrecortada Álvarez Icaza.

El funcionario de la CIDH refirió este caso como un ejemplo de las violaciones a derechos humanos que sufren los migrantes centroamericanos en su paso por México y criticó la falta de políticas que vean la migración como un asunto de derechos humanos.

El ombudsman de la CIDH lamentó que el Programa Integral Frontera Sur, instaurado por el gobierno federal en julio de 2014, se sustente en el programa de Seguridad Nacional y no en el Plan Nacional de Desarrollo, con un enfoque de protección a los derechos humanos.

La respuesta de México

En 2014, una ola de menores de edad que viajaban solos hacia Estados Unidos encendió las alarmas. Muchos de los menores fueron enviados por sus padres, quienes apostaron a que sus hijos sobrevivan en el camino, en lugar de condenarlos a morir víctimas de la violencia de Centroamérica.

Ante este fenómeno, el presidente Barack Obama llamó a contener el flujo de migrantes y México reaccionó con la creación del Programa Frontera Sur, que incluye más agentes del Instituto Nacional de Migración (INM), más retenes itinerantes y las verificaciones en hoteles y alojamientos, incluidos parques y jardines donde pernoctan migrantes.

Además, las autoridades mexicanas instalaron barreras físicas y aumentaron la velocidad de ‘La Bestia’, con lo que buscan evitar que los migrantes se suban al tren, el medio de transporte más popular en el flujo migratorio. No obstante, estos cambios no han detenido la migración, sólo la hacen más peligrosa.

El reforzamiento de los operativos y el aumento de las detenciones y deportaciones obligan a los migrantes a optar por rutas más riesgosas, lo que los hace más vulnerables a sufrir delitos y violaciones a los derechos humanos.

El cambio en las rutas hace inoperantes las redes de apoyo, como los albergues, o el trabajo de Las Patronas, que tradicionalmente proporcionaban agua y alimentos a los migrantes.

Omar de la Torre, jefe de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, reconoce que uno de los objetivos principales del Programa Frontera Sur es la contención del flujo migratorio, por lo que se privilegian las detenciones y deportaciones, aunque asegura que el gobierno federal tiene interés en proteger los migrantes, por lo que trabaja con organizaciones civiles, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Sin embargo, el Programa Frontera Sur es criticado por organizaciones de la sociedad civil. “Su política (del gobierno federal) ha funcionado muy bien, han contenido la frontera y las acciones que se han escogido no han tenido costo político”, señala Gretchen Kuhner, fundadora del Instituto para las Mujeres en la Migración A.C. (IMUMI). “Como sociedad civil no hemos presionado lo suficiente para que los derechos humanos de los migrantes en la frontera sur sean respetados”, agrega.

La misión de IMUMI es trabajar para que se concedan más “visas humanitarias”, las cuales concede la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), a extranjeros que hayan sido víctimas de algún delito en suelo mexicano, lo que les da la posibilidad de establecerse y trabajar durante un año.

Los problemas de los albergues

En la zona de Observatorio, al poniente del DF, se encuentra el alberge “Tochan, Nuestra Casa”, administrado por Gabriela Hernández, quien dejó de ser una burócrata hace 20 años para volcarse a defender a los centroamericanos en México.

El albergue no cuenta con apoyo gubernamental, por lo que no hay presupuesto para contratar ayuda y las labores domésticas las realizan los propios migrantes. La coordinación de las actividades está en manos de Víctor, un refugiado de la guerra salvadoreña, quien también se desempeña como consejero y se encarga de enseñar carpintería para que los migrantes puedan tener algún ingreso.

Víctor, refugiado salvadoreño, ha visto en los últimos años cómo el camino y las historias son cada vez más violentas. Apoya y enseña carpintería a los migrantes que llegan al albergue. // Foto: Laura Yaniz, alumna de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos.

Víctor, refugiado salvadoreño, ha visto en los últimos años cómo el camino y las historias son cada vez más violentas. Apoya y enseña carpintería a los migrantes que llegan al albergue. // Foto: Laura Yaniz, alumna de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos.

“Todos traemos problemas, distintos. Unos llegan en buena onda en querer ver el albergue como su casa, a otros les cuesta mucho. Empiezan a aprender que están en otro lado”, dice Víctor.

Tochan recibe hasta a 20 migrantes al mismo tiempo y les da hospedaje por un periodo de entre 15 días y tres meses, por lo que es un albergue para migrantes que no sólo están de paso, sino que por una u otra razón han tenido que hacer una pausa y esperar.

Uno de esos migrantes es Nelson, quien dejó El Salvador desde muy joven para ir a Estados Unidos, se estableció en California, donde vivió por nueve años y tuvo un hijo. Pero tras la muerte de su madre, regresó a su país para acudir al entierro, asumiendo el riesgo que significaba el viaje de regreso sin papeles. Nelson ya lleva cuatro meses en México.

“Quiero regresar, pero se ha puesto muy difícil. Hay asaltos, a veces los mismos policías nos quitan las cosas. Está difícil. Chiapas y Oaxaca, son las dos partes más difíciles para pasar (…) tenemos que andar en la vía, te quitan el dinero, la ropa, los zapatos, uno tiene que buscar la manera de sobrevivir”, cuenta.

Nelson B., de El Salvador, dejó su hogar en California para ir al entierro de su madre. No ha podido regresar, pero dice que lo va a intentar. // Foto: Laura Yaniz, alumna de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos.

Nelson B., de El Salvador, dejó su hogar en California para ir al entierro de su madre. No ha podido regresar, pero dice que lo va a intentar. // Foto: Laura Yaniz, alumna de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos.

De migrante a migrante

Luis Alberto López es un salvadoreño que desde 2001 busca a su hermano Juan Carlos, quien despareció en su tránsito por México hacia Estados Unidos. Luis Alberto narra que, cuando vino a México a denunciar la desaparición de su hermano, las autoridades lo maltrataron, le tomaron su declaración y la archivaron en un cajón.

Frustrado ante la inacción de la justicia mexicana, Luis Alberto fundó el Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos de El Salvador (Cofamide) de la mano de Anita Zelaya, cuyo hijo de 22 años desapareció en mayo de 2002.

En 2009, el Cofamide realizó una caravana en México para denunciar las desapariciones de migrantes centroamericanos y un año después firmaron un acuerdo con la PGR, la Cancillería y el Equipo Argentino de Antropología Forense para organizar un banco de perfiles genéticos para identificar los restos de centroamericanos desaparecidos y entregarlos a sus familiares, ya que ha habido casos en los que familias reciben restos equivocados.

Desde su creaciòn, el Cofamide ha logrado que 36 familias recuperen los restos de sus familiares fallecidos en suelo mexicano; no obstante Luis Alberto señala que los avances han sido lentos y no hay justicia ni reparación del daño por parte de los gobiernos de México o de El Salvador.

Las propuestas de mejora

Hace dos años y medio se fundó el Consejo Ciudadanos del Instituto Nacional de Migración, único espacio formal de participación ciudadana con el Instituto. Rodolfo Córdova, investigador de Fundar, un centro de análisis e investigación que busca generar cambios estructurales que transformen positivamente las relaciones de poder entre sociedad y gobierno, fue su director durante dos años.

A partir de su experiencia, Córdova reflexiona sobre la situación actual: “Existe un contexto muy delicado para las personas que migran desde o a través de este país. La situación de vulnerabilidad se incrementa cuando son personas sin documentos. Además, el hecho de que una proporción importante sean personas refugiadas, que escapan de una situación de violencia en sus países de origen, obliga a pensar en respuestas que, de inicio y sin duda alguna, van mucho más allá de la gestión y control migratorio”.

Por ello propone que “el Ejecutivo asuma las responsabilidades que el Estado mexicano tiene de velar por la seguridad de las personas que se encuentran en su territorio, de acuerdo con los instrumentos internacionales y la legislación nacional en términos de derechos y bienestar de las personas”.

Entre las recomendaciones que hace para el futuro se encuentran:

  • Elaborar una propuesta para la expedición de visas por razones humanitarias,
  • realizar un protocolo de uso de la fuerza con enfoque de derechos humanos,
  • incluir indicadores de derechos humanos en el Plan Anual de Trabajo del INM,
  • echar a andar a la Dirección General de Asuntos Internos que da seguimiento a los abusos cometidos por los agentes migratorios.
  • crear una política de asilo y refugio digna del Estado mexicano y
  • asegurar que los presupuestos sean suficientes para implementar el Plan Especial Migratorio, y ampliar el Programa Temporal de Regularización Migratoria hasta diciembre de 2018.
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Carlos III: cuáles son los desafíos que enfrenta el nuevo rey

El nuevo soberano británico ascendió al trono en momentos en que en su país se experimentan dificultades económicas y un descenso del apoyo público a la monarquía.
20 de septiembre, 2022
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Sobre el papel, pocas transiciones han sido tan fluidas como esta sucesión de la monarquía británica: menos de 48 horas después de la muerte de la reina Isabel II, el rey Carlos III había sido proclamado oficialmente como el nuevo soberano de Reino Unido.

Sin embargo, las cosas no son tan simples como parecen: Carlos ha ascendido al trono en un momento difícil para Reino Unido y su familia real.

Los historiadores entrevistados por la BBC creen que el nuevo rey enfrenta “desafíos sin precedentes” que definirán, para bien o para mal, su reinado y los que le seguirán.

Se avecinan tiempos difíciles para Carlos III: desde lidiar con el impacto de la crisis energética en su país hasta enfrentar las percepciones cambiantes hacia la monarquía, tras 70 años del reinado de su madre.

Estos son algunos de los principales temas y problemas que podrían necesitar la atención del nuevo rey.

¿Una monarquía “con los pies en la tierra”?

Millones de familias en Reino Unido se enfrentan a una posible pobreza energética este invierno debido a la escalada de los precios de la energía provocada por la guerra en Ucrania.

Los pronósticos más pesimistas dicen que hasta 45 millones de personas tendrán dificultades para pagar sus facturas, es decir, dos tercios de la población del país.

La reina Isabel II en un carruaje dorado en su coronación en junio de 1953.

Getty Images
Algunos expertos creen que la coronación de Carlos III será más pequeña y menos pomposa que la de la reina Isabel, en 1953.

Es probable que tal escenario ponga las finanzas de la familia real bajo más escrutinio de lo usual.

De hecho, incluso antes de la guerra había rumores en la prensa británica de que el entonces príncipe de Gales estaba dispuesto a reducir la pompa y las condiciones de los eventos de la realeza, más concretamente, su coronación.

El periódico Daily Telegraph especuló el 13 de septiembre que el evento será una desviación de la opulenta coronación de la reina en 1953, la primera ceremonia de este tipo en ser televisada.

Citando fuentes de la realeza, el periódico dijo que la coronación de Carlos III, que no se espera que se realice antes de junio del próximo año, será más breve, “menos costosa” y, lo que es más importante, más multicultural para reflejar la diversidad de la sociedad británica.

Carlos ha hablado previamente de su deseo de tener una monarquía reducida, lo que probablemente se traduzca en un núcleo más pequeño de miembros de la realeza en funciones, con el rey y la reina consorte Camilla, el príncipe William y su esposa Catherine en el centro.

“Es muy probable que veamos cosas reducidas, especialmente la coronación”, le dice a la BBC la historiadora de la realeza Kelly Swab.

“La familia real debe ser vista como que sabe lo que ocurre en el país durante estos tiempos difíciles”, señala.

Las finanzas de la familia real son un tema complejo que a menudo está en el centro de los argumentos antimonárquicos: los fondos provienen principalmente de un pago anual financiado por los contribuyentes, conocido como Subvención Soberana.

Para 2021-2022, esta subvención se fijó en US$99,8 millones, lo que equivale a US$1,49 dólares por persona en Reino Unido, pero esto no incluye los sustanciales costos para cubrir la seguridad de los miembros de la familia real.

Reputación menguante

Manifestante con una pancarta que dice "No Mi Rey" el 12 de septiembre en Londres

Getty Images
El apoyo público a la monarquía ha disminuido en los últimos 30 años, según la Encuesta Británica de Actitudes Sociales.

El apoyo a la monarquía está en su punto más bajo en más de 30 años, según la Encuesta británica de actitudes sociales, que mide regularmente los sentimientos de una muestra de la población británica hacia la realeza.

La última edición de la encuesta, publicada en 2021, mostró que solo el 55 % de los británicos pensaba que era “muy importante” o “bastante importante” tener una monarquía. En décadas pasadas, ese apoyo oscilaba entre el 60 % y el 70 %.

En mayo de este año, Carlos apareció de tercero en una lista de los miembros de la realeza favoritos de la gente, detrás de la reina y su hijo mayor, el príncipe William.

Si bien las encuestas realizadas después de la muerte de Isabel II han mostrado un apoyo cada vez mayor al nuevo rey, hay señales de que Carlos III tiene trabajo por hacer en términos de la reputación de la realeza.

“Uno de los desafíos para el rey Carlos III es hacer que la monarquía sea atractiva para las generaciones más jóvenes“, dice el historiador de la realeza Richard Fitzwilliams.

La opinión de Fitzwilliams está respaldada por la Encuesta británica de actitudes sociales, que muestra que en 2021 solo el 14 % de las personas de entre 18 y 34 años consideraban “muy importante” que Reino Unido tuviera una monarquía, mientras que la proporción entre los mayores de 55 años era del 44 %.

Y según una encuesta de YouGov, realizada para el grupo antimonárquico Republic en mayo, el 27 % de la población apoya la abolición total de la monarquía, eso es un aumento notable del 15 % que ha sido la norma durante la mayor parte de este siglo.

Y se registra una insatisfacción considerablemente mayor entre las generaciones más jóvenes.

Kelly Swab también señala que “las cosas han cambiado mucho desde 1952” (el año en que Isabel II se convirtió en reina). Se refiere en concreto a las esporádicas protestas antimonárquicas que se han producido en los últimos días.

Hay menos deferencia a la monarquía en estos días y mucho más escrutinio de la familia real”, indica.

“Esto es algo que el rey Carlos debe tener en cuenta”.

La situación también varía entre las distintas naciones de Reino Unido.

El experto en encuestas y profesor de política en la Universidad de Strathclyde John Curtice dice que las encuestas realizadas antes de la muerte de Isabel II indicaron que una clara mayoría enInglaterra y Gales elegiría mantener la monarquía antes que establecer una república.

En Escocia, sin embargo, aunque la monarquía seguía siendo la opción preferida de los dos, el apoyo a la misma estaba por debajo del 50%. En esta nación también se promueve la celebración de un segundo referendo sobre la independencia de Reino Unido, aunque la línea del gobernante Partido Nacional Escocés es mantener la monarquía aunque se logre la independencia.

En Irlanda del Norte, las actitudes hacia la monarquía tienden a estar vinculadas a la identidad nacional, señala el corresponsal de la BBC Chris Page.

Para los unionistas, que quieren que Irlanda del Norte permanezca en Reino Unido, el monarca es la personalidad británica, que encarna la autoridad de la Corona como fuerza unificadora en las cuatro naciones del Reino Unido. Los nacionalistas, que quieren que Irlanda del Norte se convierta en parte de la República de Irlanda, generalmente no reconocen la soberanía de la Corona.

El resultado de las elecciones parlamentarias norilandesas del pasado mes de mayo ofrecen una perspectiva sobre la cuestión constitucional, aunque debido a las complejidades de la política local, como señala Page, no puede tomarse como definitiva.

En esas elecciones aproximadamente el 42% de las personas votaron por un político unionista. Mientras el 40% votó por los nacionalistas, y el resto, el 18%, por candidatos neutrales.

“Nunca te quejes, nunca te expliques”

El rey Carlos III en la ceremonia de proclamación el 10 de septiembre de 2022

Getty Images
El rey Carlos III es el jefe de Estado de Reino Unido, pero sus poderes son principalmente simbólicos y ceremoniales.

Carlos III es el jefe de Estado de Reino Unido. Pero bajo el modelo de monarquía constitucional británica, los poderes del soberano son en su mayoría simbólicos y ceremoniales.

Por lo tanto, se espera que los miembros de la familia real se mantengan políticamente neutrales.

Muchos vieron la moderación de la reina como resultado de su creencia en el adagio “nunca te quejes, nunca expliques”.

Habiendo dicho eso, Carlos, en el pasado, solía hablar sobre diferentes temas que le importaban.

En 2015, se reveló que había escrito decenas de cartas a ministros del gobierno expresando preocupaciones sobre temas que van desde las finanzas hasta las Fuerzas Armadas y la medicina herbaria.

¿Cambiará su postura? El profesor Vernon Bogdanor, destacado experto constitucional, así lo cree.

“Desde sus primeros días, él ha sabido que su estilo tendrá que cambiar. El público no querrá un monarca en campaña“, dice el profesor.

El 12 de septiembre, mientras se dirigía a los miembros del Parlamento, el recién proclamado rey ya daba señales de un acercamiento que se ajustaba.

Además de reconocer que había intereses que ya no podía perseguir, Carlos III dijo que el Parlamento era “el instrumento vivo y que respira” de la democracia británica.

Commonwealth y legado colonial

La reina Isabel II durante una visita a Jamaica en 2002.

Getty Images
En los últimos años, algunas naciones de la Commonwealth comenzaron a debatir su relación con la Corona británica.

Tras la muerte de su madre, el rey Carlos III se ha convertido en el Jefe de la Commonwealth, una asociación política de 56 países, en su mayoría antiguas colonias británicas.

También es el jefe de Estado de 14 países junto con Reino Unido, una lista que incluye a Australia, Canadá, Jamaica y Nueva Zelanda.

En los últimos años, sin embargo, algunas naciones de la Commonwealth han comenzado a debatir su relación con la Corona británica.

Como parte de este proceso, Barbados tomó la decisión de convertirse en república a fines de 2021, con lo que destituyó a la reina como jefa de Estado y puso fin a los siglos de influencia de Reino Unido sobre la isla, que fue un centro para el comercio transatlántico de esclavos durante más de 200 años.

La gira del príncipe William por el Caribe a principios de 2022 provocó protestas anticoloniales y pedidos de reparación por la esclavitud, y el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, le dijo públicamente a la realeza que el país “avanzaría”.

Sean Coughlan, corresponsal de la realeza de la BBC, cree que redefinir una relación más moderna con la Commonwealth será “un gran desafío” para el rey Carlos.

“Como su nuevo jefe, ¿cómo pueden sus visitas a los países de la Commonwealth navegar el difícil legado del colonialismo y asuntos como la esclavitud?”

Un rey “veterano”

El príncipe William saluda a un niño en el Castillo de Windsor.

Getty Images
Se espera que el príncipe William asuma una parte de los deberes reales.

A los 73 años, Carlos III es la persona de mayor edad en ser proclamada rey en Reino Unido.

Una de las preguntas sobre el día a día de su reinado es cuánto de la extensa lista de deberes reales se espera que lleve a cabo él mismo.

Hay mucha especulación de que su hijo y heredero de la Corona, el príncipe William, intervendrá para compartir la carga de los compromisos de la realeza, especialmente las giras en el extranjero.

La propia reina Isabel II dejó de viajar al extranjero cuando tenía 80 años.

“Carlos es un rey mayor. No puede hacerlo todo”, cree la historiadora Kelly Swab.

“Espero que, como resultado, veamos mucho más del príncipe William”.

Ponerse unos zapatos enormes

Rey Eduardo VII

Getty Images
El rey Eduardo VII ascendió al poder en circunstancias similares, dicen los historiadores.

Como lo demuestra la avalancha de demostraciones de luto en muchas partes del país tras conocerse su muerte, Isabel II fue una monarca muy popular.

Eso en sí mismo representa un desafío para el nuevo rey, pero no uno insuperable, según la historiadora de la realeza Evaline Brueton.

Se refiere a las circunstancias en las que Eduardo VII heredó la Corona en 1901, tras la muerte de la reina Victoria, otra monarca muy querida por los británicos.

“Hay similitudes interesantes entre el momento que estamos viviendo ahora y el final de la era victoriana”, dice Brueton.

“Tanto Eduardo VII como Carlos III se hicieron cargo de los períodos de cambio social en Reino Unido. Y ambos no eran tan populares como sus madres“.

Eduardo VII estuvo en el poder solo nueve años (1901-1910), pero se le recuerda con cariño como un rey que participó en esfuerzos diplomáticos que sentaron las bases de la famosa Entente Cordiale, una serie de acuerdos innovadores entre Reino Unido y Francia firmados en 1904.

“A Eduardo VII le fue extremadamente bien y no hay nada que sugiera que Carlos tampoco será recordado como un rey importante”, cree Brueton.

“Tuvo a la reina Isabel II como un gran modelo a seguir y ha tenido tiempo para prepararse para la tarea”.


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