Corte falla a favor de 469 alumnos de Michoacán e impide que la universidad les cobre cuotas
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Corte falla a favor de 469 alumnos de Michoacán e impide que la universidad les cobre cuotas

Los ministros consideraron que la gratuidad de la educación, incluida en la Constitución de Michoacán, está por encima de la autonomía universitaria; el abogado de los estudiantes espera que el caso siente jurisprudencia.
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Por Nayeli Roldán
14 de enero, 2016
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El Dr. Serna González, rector de la Universidad Nicolaíta. Foto: Cuartoscuro

El Dr. Serna González, rector de la Universidad Nicolaíta. Foto: Cuartoscuro

Los 469 alumnos que se ampararon para no pagar la cuota de inscripción en la Universidad Nicolaíta desde 2014 podrán continuar con sus estudios sin la obligación de hacer los pagos, toda vez que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) desechó un proyecto de sentencia que apoyaba la facultad de las universidades para aplicar cuotas.

Los ministros José Ramón Cossío, Arturo Zaldívar, Alfredo Gutiérrez y Norma Piña consideraron que la gratuidad de la educación —incluida en la Constitución de Michoacán— está por encima de la autonomía universitaria, luego de analizar el caso de María Ángeles Cárdenas, el primero sobre este tema que llegó al máximo tribunal del país.

En la sesión pública de este miércoles 13 de enero, con cuatro votos a favor, la Primera Sala de la Corte desechó el proyecto de sentencia del ministro Mario Pardo Rebolledo, por lo tanto, el caso será turnado a otro ministro para que elabore una nueva propuesta de resolución.

Jorge Álvarez, abogado que lleva el caso, aseguró a Animal Político que esta es una buena noticia para miles de universitarios michoacanos porque los ministros están reconociendo que las cuotas vulneran el derecho a la educación gratuita.

Los cuatro ministros se pronunciaron en el mismo sentido: la autonomía universitaria no la exime de hacer cumplir la Constitución. José Ramón Cossío advirtió que “la autonomía universitaria no genera independencia respecto de los gobiernos estatales y el derecho de gratuidad, en el caso concreto de Michoacán, debe permanecer y no hacerse regresivo”.

Por lo tanto, la judicialización del caso continuará este año, hasta que otro ministro elabore un proyecto y que la votación respectiva siente jurisprudencia sobre el pago de cuotas.

El proyecto desechado

Después de que la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo decidió restablecer la obligatoriedad de las cuotas de inscripción por 420 pesos en 2014, 792 alumnos interpusieron amparos; de ellos jueces de distrito admitieron el caso de 469.

Argumentaron que la Constitución de Michoacán protegía el derecho a la educación gratuita, luego de la reforma aprobada en 2012, en la cual se establece que “toda educación que el Estado imparta será gratuita”, desde preescolar hasta nivel universitario.

Después de la reforma Constitucional, el exgobernador Leonel Godoy firmó un convenio con la universidad, en el que se comprometía a que el gobierno estatal destinaría los recursos suficientes para que absorber el pago de cuotas para que los estudiantes ya no desembolsaran dicho pago.

Sin embargo, el exrector Salvador Jara argumentó que la universidad ya no tenía recursos para seguir subsidiando el pago de cuotas, pues el gobierno estala no había renovado el convenio durante 2012 y 2013.

Finalmente, el Juez Cuarto de Distrito en el Estado de Michoacán concedió los amparos a los estudiantes, lo que les permitió continuar con sus estudios sin necesidad de pagar cuotas de inscripción.

La Universidad se inconformó con la decisión y pidió a la Suprema Corte de Justicia atraer el caso. El de la alumna María Ángeles Cárdenas fue el primero en llegar a la Primera Sala y el ministro Pardo Rebolledo sustentó en su proyecto de resolución que las universidades estaban en su derecho de imponer las cuotas necesarias, debido a la autonomía.

El ministro sostenía que “la reforma constitucional de gratuidad de la educación media y superior en Michoacán no obliga a un organismo descentralizado como lo es la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, porque en ejercicio precisamente de su autonomía puede establecer cuotas de inscripción y colegiaturas para que se pueda ingresar a ella y exigir los recursos correspondientes”.

Después de exponer diversas consideraciones, el ministro Pardo afirmaba que el derecho a la educación “sí puede limitarse”, pues en este caso, “la propia autonomía encierra precisamente una excepción o limitación al propio derecho a la gratuidad respecto de la educación que imparta el Estado”.

Pero ante la negativa de cuatro ministros por esta interpretación de la ley, el caso de María Ángeles y los 468 alumnos restantes continúa como hasta ahora; es decir, sigue vigente el amparo que ganaron en tribunales de Michoacán y seguirán estudiando sin necesidad de pagar cuotas de inscripción.

El abogado Jorge Álvarez espera que el próximo proyecto de sentencia tome en cuenta la gratuidad de la educación como derecho Constitucional y, por lo tanto, ninguna institución de educación, en todos los niveles, podría imponer cuotas de inscripción obligatorias y el gobierno estatal debería etiquetar los recursos suficientes.

El proyecto desechado consideraba que la Universidad Nicolaíta no era parte del Estado al ponderar la autonomía, pero este argumento no se sostiene debido a la Constitución local, asegura el abogado.

Además, el argumento de que la universidad no tiene recursos debido a que el gobierno local no renovó convenios, “para hacer efectivos los derechos establecidos en la Constitución, no es necesario el establecimiento de convenios”, dice Álvarez.

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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