Los migrantes ‘exóticos’ y las redes de trata en México
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Los migrantes ‘exóticos’ y las redes de trata en México

Animal Político te presentó este año un reportaje sobre los migrantes indocumentados que llegan a México desde África y Asia utilizando las redes transnacionales de tráfico de personas.
Por Manu Ureste
19 de enero, 2016
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Mientras fuma con parsimonia un cigarrillo, Umut asegura que ni él ni su primo eran conscientes de que la lancha en la que viajaban apiñados junto a otros 21 centroamericanos era del crimen organizado.

“No sabíamos que eran de la mafia mexicana –dice en un inglés rudimentario pero correcto el migrante de 18 años de origen kurdo y pasaporte turco-. Por eso no teníamos miedo”.

Umut da otra calada al cigarro y suelta una bocanada violácea que le envuelve el rostro de nariz contundente, labios gruesos, y espesa barba que le brota por el cuello y las mejillas.

A continuación, encoge los hombros y explica con desgana que tampoco es que tuvieran otra opción. Por lo que de haber sabido que estaban en manos de unos criminales que les cobraron 4 mil dólares a cada uno por cruzarlos vía marítima a México, también hubieran asumido el riesgo.

“Mientras tú pagues lo que piden no hay problema –reflexiona en voz alta, con un tono desapasionado-. Y si los tienes… todos tenemos que morir algún día. Sólo Allah sabe cuándo será eso”.

Ahora Umut está sentado en una silla dando la espalda a un mural que da la bienvenida a un albergue para solicitantes de refugio, en el DF. Hasta aquí llegó desde la estación migratoria Las Agujas, en la delegación defeña de Iztapalapa, donde estuvo tres meses después de ser detenido por la Policía Federal en San Luis Potosí, al norte de México, por transitar sin documentos.

Pero antes de llegar a esa parte de la historia, el migrante narra toda una odisea.

Un migrante de la India (en el centro) posa junto a otros dos migrantes de Pakistán en la ciudad de Tapachula, al sur de la frontera mexicana. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Un migrante de la India (en el centro) posa junto a otros dos migrantes de Pakistán en la ciudad de Tapachula, al sur de la frontera mexicana. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

“En Turquía, el gobierno ataca a los kurdos. Desaparecen gente y los matan –su mirada inquieta de ojos negros, por momentos infantil, se torna dura-. Por eso yo participaba en protestas contra Erdogan (primer ministro turco). Hasta que un día llegó la policía y casi nos matan a golpes”.

Umut da una última calada al cigarro y lo aplasta contra el suelo como si pisoteara una cucaracha.

A partir de entonces, el joven explica sin querer dar muchos detalles –su familia aún está en Turquía- que a raíz de “problemas con la policía” comenzó a sentirse amenazado. Por lo que, a través de un amigo, contactó a un traficante de personas que puso en funcionamiento el engranaje de una red que lo llevaría a atravesar Europa y Centroamérica.

“Un profesional nos ofreció a mí y a mi primo un paquete por 15 mil dólares cada uno para viajar a México”, dice el kurdo, quien saca del bolsillo del pantalón una cajetilla arrugada de tabaco rubio y se lleva otro cigarro a la boca.

-¿Por qué México, específicamente, y no Estados Unidos? –se le pregunta mientras acerca la cabeza incandescente de un cerillo al cigarro-.

-Porque el paquete era para ir lo más lejos posible –contesta exhalando la primera bocanada-. Y porque este profesional nos explicó que en México teníamos más posibilidades de conseguir refugio que en Estados Unidos o Canadá. Por eso invertimos todo el dinero de nuestra familia en este viaje.

En el Río Suchiate, en la frontera entre México y Guatemala, se encuentra un punto de cruce al que llaman 'Paso del Coyote'. Por allí cruzan miles de migrantes para iniciar su camino a Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

En el Río Suchiate, en la frontera entre México y Guatemala, se encuentra un punto de cruce al que llaman ‘Paso del Coyote’. Por allí cruzan miles de migrantes para iniciar su camino a Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

El “profesional”, como se refiere siempre Umut al traficante, fue quien se encargó de todo: primero, volaron a Moscú. Allí otro contacto los recibió en el aeropuerto Sheremétievo y los trasladó a una casa donde permanecieron seis días. Y de ahí, el gran salto. Cruzaron el Atlántico hasta Cuba, donde también estuvieron en una casa hasta que saltaron a Centroamérica.

En Cuba el dinero del paquete se agotó. Y en cada eslabón de la cadena, los traficantes –o polleros, como se les llama en México, puesto que éstos llaman pollos a los migrantes que llevan traficados- les exigieron un nuevo pago para atravesar, “a caballo, autobús y caminando”, el corredor Nicaragua-Honduras- Guatemala-México.

El pago “extra” más fuerte fue el de la lancha, admite Umut. Otros 4 mil dólares por cruzarlos desde Puerto Ocós, en la costa guatemalteca, hasta alguna playa de Oaxaca en el Pacífico mexicano, y por viajar en un camión con otros 30 centroamericanos que fue detenido en San Luis Potosí.

Cuando se le pregunta al migrante por qué viajaban a la frontera norte si querían pedir refugio en México -y por lo tanto hubiera bastado con unos pocos pesos para cruzar en una balsa el Río Suchiate, en la porosa frontera entre México y Guatemala-, y entregarse a las autoridades migratorias para solicitar asilo, Umut pensativo encoge los hombros para admitir que, evidentemente, ninguno de los traficantes de la cadena les advirtieron sobre esa posibilidad.

“No sabíamos nada de eso –contesta lacónico tras dar otra chupada al cigarro-. Nosotros sólo seguíamos instrucciones”.

En 2015, México detuvo a más africanos y asiáticos que nunca

El flujo de migrantes extracontinentales como Umut que llegan a México no es comparable con el de centroamericanos. Según las estadísticas del INM -uno de los pocos baremos para medir un fenómeno imposible de cuantificar con exactitud-, México detuvo de enero a noviembre de 2015 a 178 mil 254 migrantes de Centroamérica. Cifra récord desde 2006.

En cambio, en ese periodo el INM detuvo a 3 mil 722 africanos y asiáticos. Tan sólo el 2% del total de centroamericanos.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, este último dato de 2015 refleja un auge importante de extracontinentales que pasan por suelo mexicano. De hecho, desde que se tiene registro oficial, México nunca había detenido a casi 4 mil africanos y asiáticos en un año.

Por ejemplo, de enero a noviembre las capturas de asiáticos aumentaron 89%, siendo los migrantes de Bangladesh, India y Nepal, los que más eventos de detención acumularon -cabe recordar que en un evento puede haber más de un migrante detenido-.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Mientras que en los africanos, el aumento es todavía mayor: 180% en comparación con 2014, siendo los somalís, ghaneses y los eritreos, quienes más capturas acumularon.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

En estos casos, especialmente de africanos y asiáticos cuyos países no tienen embajada en México –Eritrea, Camerún, Togo, Afganistán, por ejemplo-, son los migrantes quienes se entregan al INM en busca de un salvoconducto u oficio de salida.

La razón es que, al no poder iniciar un trámite de deportación con consulado alguno, o no poder siquiera corroborar la nacionalidad del migrante, el INM opta por darle el oficio para que abandone el país en 20 días. Este documento permite al migrante transitar hasta la frontera norte legalmente, y sin tener que recurrir a La Bestia, el tren que usaban mayoritariamente los centroamericanos antes de que México endureciera su política de control migratorio a través del llamado Plan Frontera Sur.

Sin embargo, las redes de tráfico también han incorporado esta rendija legal a su modus operandi, instruyendo a los migrantes para que se entreguen y obtengan el documento, y luego los reenganchan para que éstos continúen el camino bajo su ‘dominio’.

El migrante camerunés Boniface huyó de su país por motivos políticos. Para llegar hasta México, usó Ecuador como trampolín de acceso a Latinoamérica. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

El migrante camerunés Boniface huyó de su país por motivos políticos. Para llegar hasta México, usó Ecuador como trampolín de acceso a Latinoamérica. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Gorjit pagó 20 mil dólares para llegar de la India hasta Argentina. De ahí inició un largo periplo para llegar hasta Tapachula, México, de donde partirá a la frontera con Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Gorjit pagó 20 mil dólares para llegar de la India hasta Argentina. De ahí inició un largo periplo para llegar hasta Tapachula, México, de donde partirá a la frontera con Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

“Los traficantes operan como cualquier agencia de viajes”

Rodolfo Casillas, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), lleva años estudiando a las redes que trafican con quienes él denomina como “pollos exóticos”. Es decir, los migrantes que llegan traficados a Latinoamérica procedentes de países remotos de África, Asia y Eurasia, como la región del Kurdistán.

Desde su despacho en la Ciudad de México, Casillas expone que, para traficar a estos migrantes “exóticos”, las redes aprovechan “el marco legal internacional sin violarlo” y así llegar hasta México, “la antesala de los flujos migratorios del mundo que quieren cruzar a Estados Unidos”.

Por eso Ecuador, que en 2008 emitió un decreto ministerial para permitir la libre entrada y estancia durante 90 días de turistas sin necesidad de visado, se convirtió en un una enorme puerta de acceso al continente.

“La medida del gobierno de Rafael Correa ocasionó que Ecuador se convirtiera en un trampolín para migrantes de Bangladesh, Nepal o Eritrea, por ejemplo, que quieren ir al Norte”, señala Jacques Ramírez, académico ecuatoriano especialista en migraciones internacionales.

“Pero ante esta situación, las autoridades comenzaron a investigar y detectaron que teníamos un problema de tráfico de personas –añade el experto-. Por eso se tuvo que poner un candado a 10 nacionalidades –entre ellas, Bangladesh, China, Eritrea y Somalia- a las que ya se les pide visa”.

Gráfica: Yosune Chamizo (@_Yosune)

Gráfica: Yosune Chamizo (@_Yosune)

Para Rodolfo Casillas este tipo de situaciones legales, que un día abre una puerta y otro la cierra, es algo con lo que ya están habituados a ‘trabajar’ las redes de tráfico, sin que esto les ocasione mayores inconvenientes.

“No hay solo una puerta de entrada para introducir a estos migrantes -hace hincapié Casillas-. Además, los traficantes son como cualquier agencia de viajes paralelas a la legalidad. Por eso, de acuerdo con la nacionalidad del migrante, le buscan la ruta más práctica y accesible”.

De ahí que otros países latinoamericanos que tienen “una política migratoria flexible, como Brasil, Argentina, Uruguay o Paraguay”, sean otras de las principales alternativas para las redes.

“Estos traficantes profesionales no están maniatados a un solo país, sino a buscar el máximo beneficio y en el menor tiempo posible”, remacha Casillas.

5 mil dólares, un pasaporte falso, y una red de redes de tráfico

El eritreo Hashed, de 25 años, entró por Brasil al continente. Pero antes inició su largo camino en Kenia, donde un traficante nigeriano le ofreció “un paquete” por 5 mil dólares que incluía un pasaporte falso, un boleto de avión a Río de Janeiro, y un teléfono celular donde esperar instrucciones.

“El conecte en Brasil me marcó al número que el otro tipo (el traficante nigeriano) me había dado en Kenia. Él ya tenía instrucciones de recibirme y de decirme qué hacer”, cuenta Hashed en un inglés atropellado, quien detalla que en cada eslabón de la cadena la operación es la misma: te reciben, pagas, y sigues instrucciones para continuar el viaje.

“Cuando fui a Perú, el (traficante) de Brasil ya tenía un enlace allí que me estaba esperando. El de Perú, a su vez, tenía otro enlace en Colombia, y el de Colombia otro en Panamá…”. Así, hasta completar la cadena que lo trajo hasta un hotel en el centro de Tapachula, donde convive con pakistanís, indios, bengalís, y cameruneses, y desde donde partirá a la Estación migratoria Siglo XXI para entregarse en busca de un salvoconducto que le permita transitar hasta la frontera con Estados Unidos.

El eritreo Hashed (izquierda) y el somalí Ismael se conocieron en un campamento para migrantes en Panamá. De ahí continuaron juntos su camino hasta Tapachula, en la frontera sur de México. Ahora tienen planeado viajar a EU para pedir asilo. // Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

El eritreo Hashed (izquierda) y el somalí Ismael se conocieron en un campamento para migrantes en Panamá. De ahí continuaron juntos su camino hasta Tapachula, en la frontera sur de México. Ahora tienen planeado viajar a EU para pedir asilo. // Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Rodolfo Casillas comenta que el caso de Hashed y el del kurdo Umut son claros ejemplos de cómo funcionan las redes de tráfico.

“Son redes transcontinentales que llegan a acuerdos operativos con las redes de tráfico centroamericanas y mexicanas, para incorporar a estos migrantes extracontinentales a sus eslabones, y así llevarlos a Estados Unidos”, expone.

“Es decir –ahonda en la explicación-, los traficantes en África, Europa o Asia buscan en Latinoamérica a otros traficantes locales, y le dicen al hondureño, al guatemalteco o al mexicano, yo tengo mercancía de Asia o de África que quiero llevar a Estados Unidos, pero no conozco el terreno. Necesito contratar tus servicios o que nos hagamos socios. Entonces, llegan a un acuerdo económico y cada quien hace lo que le toca en la cadena”.

Mynor Pinto, titular de la Fiscalía contra la Trata de Personas de Guatemala que combate sobre el terreno a estas redes, corrobora lo expuesto por el académico.

“Son varios grupos que trabajan al unísono para traficar personas. Es decir, operan como una especie de confederación de estructuras criminales que trabajan con un mismo fin”, apunta el funcionario, cuya fiscalía desbarató en julio de 2015 uno de esos eslabones locales, el grupo con nombre en clave ‘Luis Guatemala’. Una cédula de tres personas que, a través de acuerdos con otros grupos de traficantes en Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Honduras, recibía a africanos y asiáticos para cruzarlos de Panamá a México a cambio de 500 dólares por cabeza.

Ya en México, otro eslabón local los capta y los traslada con el permiso y ‘protección’ del crimen organizado, especialmente de los cárteles del Golfo y de los Zetas, los cuales dominan el paso de migrantes, principalmente en Tabasco, Veracruz y Tamaulipas.

En el último eslabón antes de llegar a Estados Unidos, otra odisea empieza entonces para los africanos y asiáticos, quienes deberán afrontar nuevos pagos para continuar engrasando la cadena del tráfico de personas.

Porque, tal y como sentencia el fiscal Pinto, “nadie llega a la frontera norte de México si no paga el derecho de paso a los criminales”.

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Este reportaje fue producido en asociación con Round Earth Media, organización de la sociedad civil de Estados Unidos que impulsa a la próxima generación de periodistas internacionales. Los periodistas Conrad Fox y Francisco Rodríguez de León participaron en la elaboración de este trabajo periodístico.

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Cómo tu personalidad cambia a medida que cumples años

Por mucho tiempo se ha pensado que nuestra personalidad se fija, aproximadamente, para cuando alcanzamos los 30 años de edad. Investigaciones recientes revelan que no es así.
1 de febrero, 2021
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“Señor presidente, quiero plantearle un tema que creo que ha estado rondando durante dos o tres semanas y presentarlo específicamente en términos de seguridad nacional… “, dijo el periodista Henry Trewhitt, mientras miraba fija y seriamente al presidente estadounidense Ronald Reagan.

Era octubre de 1984, y Reagan estaba en el circuito de debates, luchando por permanecer en el cargo por un segundo mandato.

Unas semanas antes había tenido un mal desempeño frente a su rival principal. Entonces se rumoreaba que, a los 73 años, simplemente era demasiado mayor para el trabajo.

En ese momento, Reagan ya era el presidente más mayor en la historia de Estados Unidos, un récord que ha sido superado por Donald Trump (74) y ahora por el actual presidente Joe Biden, de 78 años.

Trewhitt quería saber si Reagan tenía alguna duda de si podría funcionar en circunstancias estresantes.

“No, ninguna, Trehwitt”, respondió Reagan, conteniendo una sonrisa.

Expresidente de EE.UU. Ronald Reagan en 1984

Getty Images
En 1984, Reagan era el presidente de mayor edad que había gobernado EE.UU. hasta la fecha.

“Y quiero que sepa que tampoco voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

Su respuesta fue recibida con risas estridentes y aplausos, que precedieron a una victoria aplastante en las elecciones.

La broma de Reagan, sin embargo, contenía más verdad de lo que sabía entonces.

No solo tenía la experiencia de su lado, también tenía una “personalidad madura”.

Cambio misterioso

Todos estamos familiarizados con la transformación física que conlleva el envejecimiento: la piel pierde su elasticidad, las encías retroceden, nuestra nariz crece, los pelos brotan en lugares peculiares -a la vez que desaparecen por completo de otras partes- y esos preciosos centímetros de altura a los que nos aferramos comienzan a desaparecer.

Ahora, después de décadas de investigación sobre los efectos del envejecimiento, los científicos han comenzado a descubrir cambios más misteriosos.

“La conclusión es exactamente esta: que no somos la misma persona durante toda nuestra vida“, señala René Mõttus, psicólogo de la Universidad de Edimburgo.

Mujer mayor disfrutando de una piscina de agua caliente.

Getty Images
Si bien nuestras personalidades cambian constantemente, lo hacen en relación a quienes nos rodean.

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar en nuestra personalidad como algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida. Pero diversas investigaciones sugieren que este no es el caso.

Nuestros rasgos cambian constantemente, y para cuando entramos en la década de los 70 y 80 años, hemos experimentado una transformación significativa.

La modificación gradual de nuestra personalidad tiene algunas ventajas sorprendentes. Nos volvemos más conscientes, agradables y menos neuróticos.

Los niveles de los rasgos de personalidad de la llamada “Tríada Oscura” -el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía- también tienden a disminuir, y con ellos, nuestro riesgo de caer en comportamientos antisociales como el crimen y el abuso de sustancias.

Las investigaciones han demostrado que nos convertimos en personas más altruistas y confiadas. Nuestra fuerza de voluntad aumenta y desarrollamos un mejor sentido del humor.

Finalmente, los adultos mayores tienen más control sobre sus emociones.

Es sin duda una combinación ganadora, y una que indica que el estereotipo de que las personas mayores son gruñonas y cascarrabias necesita ser revisada.

Nuestras personalidades son fluidas y maleables

Lejos de asentarse en la infancia, o alrededor de los 30 años -como pensó la comunidad científica durante años-, parece que nuestras personalidades son fluidas y maleables.

“Las personas se vuelven más agradables y más adaptadas socialmente”, dice Mõttus.

“Son cada vez más capaces de equilibrar sus propias expectativas de vida con las demandas de la sociedad”.

Los psicólogos llaman al proceso de cambio que ocurre a medida que envejecemos “maduración de la personalidad”.

Mujer mayor

Getty Images
Aquellos con mayor autocontrol serán probablemente más saludables de mayores.

Es un cambio gradual e imperceptible que comienza en nuestra adolescencia y continúa al menos hasta nuestra octava década en el planeta.

Curiosamente, parece ser universal: la tendencia se observa en todas las culturas humanas, desde Guatemala hasta India.

“Generalmente es controvertido hacer juicios de valor sobre estos cambios de personalidad”, dice Rodica Damian, psicóloga social de la Universidad de Houston, en Estados Unidos.

“Pero al mismo tiempo, tenemos evidencia de que son beneficiosos”.

Por ejemplo, la falta de estabilidad emocional se ha relacionado con problemas de salud mental, tasas de mortalidad más altas y divorcios.

Entretanto, Damian explica que la pareja de alguien con un grado elevado de conciencia probablemente sea más feliz, porque es más probable que estas personas laven los platos a tiempo y sean menos propensos a engañar a su pareja.

Un lado más estable de nuestra personalidad

Resulta que, si bien nuestra personalidad cambia en cierta dirección a medida que envejecemos, lo que somos en relación con otras personas del mismo grupo de edad tiende a permanecer bastante estable.

Por ejemplo, es probable que el nivel de neurosis de una persona vaya bajando en general, pero los niños de 11 años más neuróticos siguen siendo, en general, los ancianos de 81 años más neuróticos.

“Hay una base de quiénes somos en el sentido de que mantenemos nuestro rango en relación con otras personas hasta cierto punto”, dice Damian.

“Pero en relación a nosotros mismos, nuestra personalidad no está escrita en piedra, podemos cambiar”.

¿Cómo se desarrollan estos cambios de personalidad?

Dado que la maduración de la personalidad es universal, algunos científicos piensan que, lejos de ser un efecto secundario accidental de haber tenido más tiempo para aprender las normas sociales, las formas en que cambia nuestra personalidad podría estar genéticamente programada, tal vez incluso moldeada por fuerzas evolutivas.

Por otro lado, otros expertos creen que nuestra personalidad está en parte forjada por factores genéticos y luego esculpidas por presiones sociales a lo largo de nuestra vida.

Por ejemplo, una investigación de Wiebke Bleidorn, psicóloga de la personalidad de la Universidad de California, concluyó que, en culturas donde se esperaba que las personas maduraran más rápido (en términos de casamiento, empezar a trabajar, asumir responsabilidades adultas), sus personalidades tienden a madurar a una edad más temprana.

Niño con traje

Getty Images
Las personas de culturas donde se espera que se casen o empiecen a trabajar más jóvenes, tienen personalidades que maduran antes.

“Las personas simplemente se ven obligadas a cambiar su comportamiento y, con el tiempo, a volverse más responsables. Nuestras personalidades cambian para ayudarnos a enfrentar los desafíos de la vida”, dice Damian.

¿Pero qué ocurre cuando nos volvemos muy mayores?

Hay dos formas posibles de estudiar cómo cambiamos a lo largo de nuestra vida.

La primera es tomar un grupo grande de personas de muchas edades diferentes y luego observar en qué se diferencian sus personalidades.

Un problema con esta estrategia es que es fácil confundir accidentalmente los rasgos generacionales que han sido esculpidos por la cultura de un período de tiempo particular -como la mojigatería o una adoración inexplicable por las natillas y el jerez- con los cambios que ocurren a medida que uno envejece.

Estudio de largo plazo

La alternativa es tomar un mismo grupo de personas y estudiarlas a medida que crecen.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Lothian Birth Cohort (estudio de cohorte de Lothian), un grupo de personas en Escocia a quienes se les examinaron sus rasgos de personalidad e inteligencia en junio de 1932 o junio de 1947, cuando aún estaban en la escuela.

En ese momento, las personas tenían cerca de 11 años de edad.

Junto con colegas de la Universidad de Edimburgo, Mõttus rastreó a cientos de las mismas personas cuando tenían 70 u 80 años, y les hizo dos pruebas idénticas más, con varios años de diferencia.

Señor mayor en un parque

Getty Images
Un famoso estudio con personas en Escocia mostró resultados notablemente diferentes para dos generaciones de personas.

“Debido a que teníamos dos grupos diferentes de personas, y ambas fueron medidas en dos ocasiones, pudimos utilizar ambas estrategias a la vez”, dice Mõttus.

Fue una suerte, porque los resultados fueron notablemente diferentes para las dos generaciones.

Si bien las personalidades del grupo más joven permanecieron más o menos iguales en general, los rasgos de personalidad del grupo mayor comienzan a cambiar, de modo que, en promedio, se volvieron menos abiertos y extrovertidos, así como menos agradables y concienzudos.

Los cambios beneficiosos que habían estado ocurriendo a lo largo de sus vidas comenzaron a revertirse.

“Creo que esto tiene sentido, porque en la vejez las cosas comienzan a pasarle a la gente a un ritmo más rápido”, dice Mõttus, quien señala que la salud de estas personas podría haber estado en declive y es probable que hayan comenzado a perder amigos y familiares.

“Esto tiene cierto impacto en su participación activa en el mundo”.

Nadie ha investigado aún si esta tendencia continuaría después de los 100 años.

Investigaciones sobre japoneses centenarios han descubierto que tienden a obtener una puntuación alta en la conciencia, la extroversión y la apertura, pero es posible que hayan tenido más de estas características para empezar, y tal vez esto incluso contribuyó a su longevidad.

Mujer mayor asiática

Getty Images
Nuestra personalidad está muy ligada a nuestro bienestar.

De hecho, nuestra personalidad está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar a medida que envejecemos.

Por ejemplo, aquellas con un mayor autocontrol tienen más probabilidades de ser saludables en la edad adulta, las mujeres con niveles más altos de neurosis tienen más probabilidades de experimentar síntomas durante la menopausia, y cierto grado de narcisismo se ha asociado con tasas más bajas de soledad, que en sí mismo es un factor de riesgo para una muerte más temprana.

En el futuro, comprender cómo ciertos rasgos están vinculados a nuestra salud -y cómo podemos esperar que nuestra personalidad evolucione a lo largo de nuestra vida- podría ayudar a predecir quién está en mayor riesgo de padecer ciertos problemas de salud y poder intervenir.

El conocimiento de que nuestra personalidad cambia a lo largo de nuestra vida, lo queramos o no, es una prueba útil de lo maleables que son.

“Es importante que sepamos esto”, considera Damian. “Durante mucho tiempo, la gente pensó que no”.

“Ahora estamos viendo que nuestra personalidad puede adaptarse, y esto nos ayuda a enfrentar los desafíos que nos presenta la vida”, agrega.

Al menos, nos da a todos algo que esperar a medida que envejecemos y la posibilidad de descubrir en quiénes nos convertiremos.


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