Los migrantes ‘exóticos’ y las redes de trata en México
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Los migrantes ‘exóticos’ y las redes de trata en México

Animal Político te presentó este año un reportaje sobre los migrantes indocumentados que llegan a México desde África y Asia utilizando las redes transnacionales de tráfico de personas.
Por Manu Ureste
19 de enero, 2016
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Mientras fuma con parsimonia un cigarrillo, Umut asegura que ni él ni su primo eran conscientes de que la lancha en la que viajaban apiñados junto a otros 21 centroamericanos era del crimen organizado.

“No sabíamos que eran de la mafia mexicana –dice en un inglés rudimentario pero correcto el migrante de 18 años de origen kurdo y pasaporte turco-. Por eso no teníamos miedo”.

Umut da otra calada al cigarro y suelta una bocanada violácea que le envuelve el rostro de nariz contundente, labios gruesos, y espesa barba que le brota por el cuello y las mejillas.

A continuación, encoge los hombros y explica con desgana que tampoco es que tuvieran otra opción. Por lo que de haber sabido que estaban en manos de unos criminales que les cobraron 4 mil dólares a cada uno por cruzarlos vía marítima a México, también hubieran asumido el riesgo.

“Mientras tú pagues lo que piden no hay problema –reflexiona en voz alta, con un tono desapasionado-. Y si los tienes… todos tenemos que morir algún día. Sólo Allah sabe cuándo será eso”.

Ahora Umut está sentado en una silla dando la espalda a un mural que da la bienvenida a un albergue para solicitantes de refugio, en el DF. Hasta aquí llegó desde la estación migratoria Las Agujas, en la delegación defeña de Iztapalapa, donde estuvo tres meses después de ser detenido por la Policía Federal en San Luis Potosí, al norte de México, por transitar sin documentos.

Pero antes de llegar a esa parte de la historia, el migrante narra toda una odisea.

Un migrante de la India (en el centro) posa junto a otros dos migrantes de Pakistán en la ciudad de Tapachula, al sur de la frontera mexicana. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Un migrante de la India (en el centro) posa junto a otros dos migrantes de Pakistán en la ciudad de Tapachula, al sur de la frontera mexicana. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

“En Turquía, el gobierno ataca a los kurdos. Desaparecen gente y los matan –su mirada inquieta de ojos negros, por momentos infantil, se torna dura-. Por eso yo participaba en protestas contra Erdogan (primer ministro turco). Hasta que un día llegó la policía y casi nos matan a golpes”.

Umut da una última calada al cigarro y lo aplasta contra el suelo como si pisoteara una cucaracha.

A partir de entonces, el joven explica sin querer dar muchos detalles –su familia aún está en Turquía- que a raíz de “problemas con la policía” comenzó a sentirse amenazado. Por lo que, a través de un amigo, contactó a un traficante de personas que puso en funcionamiento el engranaje de una red que lo llevaría a atravesar Europa y Centroamérica.

“Un profesional nos ofreció a mí y a mi primo un paquete por 15 mil dólares cada uno para viajar a México”, dice el kurdo, quien saca del bolsillo del pantalón una cajetilla arrugada de tabaco rubio y se lleva otro cigarro a la boca.

-¿Por qué México, específicamente, y no Estados Unidos? –se le pregunta mientras acerca la cabeza incandescente de un cerillo al cigarro-.

-Porque el paquete era para ir lo más lejos posible –contesta exhalando la primera bocanada-. Y porque este profesional nos explicó que en México teníamos más posibilidades de conseguir refugio que en Estados Unidos o Canadá. Por eso invertimos todo el dinero de nuestra familia en este viaje.

En el Río Suchiate, en la frontera entre México y Guatemala, se encuentra un punto de cruce al que llaman 'Paso del Coyote'. Por allí cruzan miles de migrantes para iniciar su camino a Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

En el Río Suchiate, en la frontera entre México y Guatemala, se encuentra un punto de cruce al que llaman ‘Paso del Coyote’. Por allí cruzan miles de migrantes para iniciar su camino a Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

El “profesional”, como se refiere siempre Umut al traficante, fue quien se encargó de todo: primero, volaron a Moscú. Allí otro contacto los recibió en el aeropuerto Sheremétievo y los trasladó a una casa donde permanecieron seis días. Y de ahí, el gran salto. Cruzaron el Atlántico hasta Cuba, donde también estuvieron en una casa hasta que saltaron a Centroamérica.

En Cuba el dinero del paquete se agotó. Y en cada eslabón de la cadena, los traficantes –o polleros, como se les llama en México, puesto que éstos llaman pollos a los migrantes que llevan traficados- les exigieron un nuevo pago para atravesar, “a caballo, autobús y caminando”, el corredor Nicaragua-Honduras- Guatemala-México.

El pago “extra” más fuerte fue el de la lancha, admite Umut. Otros 4 mil dólares por cruzarlos desde Puerto Ocós, en la costa guatemalteca, hasta alguna playa de Oaxaca en el Pacífico mexicano, y por viajar en un camión con otros 30 centroamericanos que fue detenido en San Luis Potosí.

Cuando se le pregunta al migrante por qué viajaban a la frontera norte si querían pedir refugio en México -y por lo tanto hubiera bastado con unos pocos pesos para cruzar en una balsa el Río Suchiate, en la porosa frontera entre México y Guatemala-, y entregarse a las autoridades migratorias para solicitar asilo, Umut pensativo encoge los hombros para admitir que, evidentemente, ninguno de los traficantes de la cadena les advirtieron sobre esa posibilidad.

“No sabíamos nada de eso –contesta lacónico tras dar otra chupada al cigarro-. Nosotros sólo seguíamos instrucciones”.

En 2015, México detuvo a más africanos y asiáticos que nunca

El flujo de migrantes extracontinentales como Umut que llegan a México no es comparable con el de centroamericanos. Según las estadísticas del INM -uno de los pocos baremos para medir un fenómeno imposible de cuantificar con exactitud-, México detuvo de enero a noviembre de 2015 a 178 mil 254 migrantes de Centroamérica. Cifra récord desde 2006.

En cambio, en ese periodo el INM detuvo a 3 mil 722 africanos y asiáticos. Tan sólo el 2% del total de centroamericanos.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, este último dato de 2015 refleja un auge importante de extracontinentales que pasan por suelo mexicano. De hecho, desde que se tiene registro oficial, México nunca había detenido a casi 4 mil africanos y asiáticos en un año.

Por ejemplo, de enero a noviembre las capturas de asiáticos aumentaron 89%, siendo los migrantes de Bangladesh, India y Nepal, los que más eventos de detención acumularon -cabe recordar que en un evento puede haber más de un migrante detenido-.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Mientras que en los africanos, el aumento es todavía mayor: 180% en comparación con 2014, siendo los somalís, ghaneses y los eritreos, quienes más capturas acumularon.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

En estos casos, especialmente de africanos y asiáticos cuyos países no tienen embajada en México –Eritrea, Camerún, Togo, Afganistán, por ejemplo-, son los migrantes quienes se entregan al INM en busca de un salvoconducto u oficio de salida.

La razón es que, al no poder iniciar un trámite de deportación con consulado alguno, o no poder siquiera corroborar la nacionalidad del migrante, el INM opta por darle el oficio para que abandone el país en 20 días. Este documento permite al migrante transitar hasta la frontera norte legalmente, y sin tener que recurrir a La Bestia, el tren que usaban mayoritariamente los centroamericanos antes de que México endureciera su política de control migratorio a través del llamado Plan Frontera Sur.

Sin embargo, las redes de tráfico también han incorporado esta rendija legal a su modus operandi, instruyendo a los migrantes para que se entreguen y obtengan el documento, y luego los reenganchan para que éstos continúen el camino bajo su ‘dominio’.

El migrante camerunés Boniface huyó de su país por motivos políticos. Para llegar hasta México, usó Ecuador como trampolín de acceso a Latinoamérica. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

El migrante camerunés Boniface huyó de su país por motivos políticos. Para llegar hasta México, usó Ecuador como trampolín de acceso a Latinoamérica. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Gorjit pagó 20 mil dólares para llegar de la India hasta Argentina. De ahí inició un largo periplo para llegar hasta Tapachula, México, de donde partirá a la frontera con Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Gorjit pagó 20 mil dólares para llegar de la India hasta Argentina. De ahí inició un largo periplo para llegar hasta Tapachula, México, de donde partirá a la frontera con Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

“Los traficantes operan como cualquier agencia de viajes”

Rodolfo Casillas, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), lleva años estudiando a las redes que trafican con quienes él denomina como “pollos exóticos”. Es decir, los migrantes que llegan traficados a Latinoamérica procedentes de países remotos de África, Asia y Eurasia, como la región del Kurdistán.

Desde su despacho en la Ciudad de México, Casillas expone que, para traficar a estos migrantes “exóticos”, las redes aprovechan “el marco legal internacional sin violarlo” y así llegar hasta México, “la antesala de los flujos migratorios del mundo que quieren cruzar a Estados Unidos”.

Por eso Ecuador, que en 2008 emitió un decreto ministerial para permitir la libre entrada y estancia durante 90 días de turistas sin necesidad de visado, se convirtió en un una enorme puerta de acceso al continente.

“La medida del gobierno de Rafael Correa ocasionó que Ecuador se convirtiera en un trampolín para migrantes de Bangladesh, Nepal o Eritrea, por ejemplo, que quieren ir al Norte”, señala Jacques Ramírez, académico ecuatoriano especialista en migraciones internacionales.

“Pero ante esta situación, las autoridades comenzaron a investigar y detectaron que teníamos un problema de tráfico de personas –añade el experto-. Por eso se tuvo que poner un candado a 10 nacionalidades –entre ellas, Bangladesh, China, Eritrea y Somalia- a las que ya se les pide visa”.

Gráfica: Yosune Chamizo (@_Yosune)

Gráfica: Yosune Chamizo (@_Yosune)

Para Rodolfo Casillas este tipo de situaciones legales, que un día abre una puerta y otro la cierra, es algo con lo que ya están habituados a ‘trabajar’ las redes de tráfico, sin que esto les ocasione mayores inconvenientes.

“No hay solo una puerta de entrada para introducir a estos migrantes -hace hincapié Casillas-. Además, los traficantes son como cualquier agencia de viajes paralelas a la legalidad. Por eso, de acuerdo con la nacionalidad del migrante, le buscan la ruta más práctica y accesible”.

De ahí que otros países latinoamericanos que tienen “una política migratoria flexible, como Brasil, Argentina, Uruguay o Paraguay”, sean otras de las principales alternativas para las redes.

“Estos traficantes profesionales no están maniatados a un solo país, sino a buscar el máximo beneficio y en el menor tiempo posible”, remacha Casillas.

5 mil dólares, un pasaporte falso, y una red de redes de tráfico

El eritreo Hashed, de 25 años, entró por Brasil al continente. Pero antes inició su largo camino en Kenia, donde un traficante nigeriano le ofreció “un paquete” por 5 mil dólares que incluía un pasaporte falso, un boleto de avión a Río de Janeiro, y un teléfono celular donde esperar instrucciones.

“El conecte en Brasil me marcó al número que el otro tipo (el traficante nigeriano) me había dado en Kenia. Él ya tenía instrucciones de recibirme y de decirme qué hacer”, cuenta Hashed en un inglés atropellado, quien detalla que en cada eslabón de la cadena la operación es la misma: te reciben, pagas, y sigues instrucciones para continuar el viaje.

“Cuando fui a Perú, el (traficante) de Brasil ya tenía un enlace allí que me estaba esperando. El de Perú, a su vez, tenía otro enlace en Colombia, y el de Colombia otro en Panamá…”. Así, hasta completar la cadena que lo trajo hasta un hotel en el centro de Tapachula, donde convive con pakistanís, indios, bengalís, y cameruneses, y desde donde partirá a la Estación migratoria Siglo XXI para entregarse en busca de un salvoconducto que le permita transitar hasta la frontera con Estados Unidos.

El eritreo Hashed (izquierda) y el somalí Ismael se conocieron en un campamento para migrantes en Panamá. De ahí continuaron juntos su camino hasta Tapachula, en la frontera sur de México. Ahora tienen planeado viajar a EU para pedir asilo. // Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

El eritreo Hashed (izquierda) y el somalí Ismael se conocieron en un campamento para migrantes en Panamá. De ahí continuaron juntos su camino hasta Tapachula, en la frontera sur de México. Ahora tienen planeado viajar a EU para pedir asilo. // Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Rodolfo Casillas comenta que el caso de Hashed y el del kurdo Umut son claros ejemplos de cómo funcionan las redes de tráfico.

“Son redes transcontinentales que llegan a acuerdos operativos con las redes de tráfico centroamericanas y mexicanas, para incorporar a estos migrantes extracontinentales a sus eslabones, y así llevarlos a Estados Unidos”, expone.

“Es decir –ahonda en la explicación-, los traficantes en África, Europa o Asia buscan en Latinoamérica a otros traficantes locales, y le dicen al hondureño, al guatemalteco o al mexicano, yo tengo mercancía de Asia o de África que quiero llevar a Estados Unidos, pero no conozco el terreno. Necesito contratar tus servicios o que nos hagamos socios. Entonces, llegan a un acuerdo económico y cada quien hace lo que le toca en la cadena”.

Mynor Pinto, titular de la Fiscalía contra la Trata de Personas de Guatemala que combate sobre el terreno a estas redes, corrobora lo expuesto por el académico.

“Son varios grupos que trabajan al unísono para traficar personas. Es decir, operan como una especie de confederación de estructuras criminales que trabajan con un mismo fin”, apunta el funcionario, cuya fiscalía desbarató en julio de 2015 uno de esos eslabones locales, el grupo con nombre en clave ‘Luis Guatemala’. Una cédula de tres personas que, a través de acuerdos con otros grupos de traficantes en Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Honduras, recibía a africanos y asiáticos para cruzarlos de Panamá a México a cambio de 500 dólares por cabeza.

Ya en México, otro eslabón local los capta y los traslada con el permiso y ‘protección’ del crimen organizado, especialmente de los cárteles del Golfo y de los Zetas, los cuales dominan el paso de migrantes, principalmente en Tabasco, Veracruz y Tamaulipas.

En el último eslabón antes de llegar a Estados Unidos, otra odisea empieza entonces para los africanos y asiáticos, quienes deberán afrontar nuevos pagos para continuar engrasando la cadena del tráfico de personas.

Porque, tal y como sentencia el fiscal Pinto, “nadie llega a la frontera norte de México si no paga el derecho de paso a los criminales”.

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Este reportaje fue producido en asociación con Round Earth Media, organización de la sociedad civil de Estados Unidos que impulsa a la próxima generación de periodistas internacionales. Los periodistas Conrad Fox y Francisco Rodríguez de León participaron en la elaboración de este trabajo periodístico.

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Qué es el kafala, el controvertido sistema de empleo por patrocinio que 'esclaviza' a los trabajadores

Miles de trabajadores viajan a los países del Golfo, Jordania y Líbano con el sueño de ahorrar dinero para ayudar a sus familias, pero acaban en un ciclo interminable de abuso.
6 de octubre, 2021
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Pensó que había encontrado el empleo de su vida, pero terminó cautivo y obligado a trabajar gratis.

Athenkosi Dyonta, un barista de 30 años, trabajaba en un café en la ciudad de George, un popular sitio de vacaciones en su país natal, Sudáfrica.

El joven solía compartir su “arte en latte“, los diseños que se hacen con leche sobre el café, con baristas de todo el mundo en un grupo de Facebook.

Fue allí donde una mujer lo contactó con una oferta de trabajo en Omán.

Además de un salario decente, le ofrecían alojamiento, comida y transporte gratuitos.

La mujer dijo que se ocuparía de su visa. Todo lo que Athenkosi tendría que hacer era pagar un boleto de avión, un chequeo médico y una prueba de covid-19.

Taza de latte con diseños hechos con el café sobre la leche

Getty Images
Athenkozi fue contactado en un grupo de Facebook donde compartía su “arte en latte”.

“Pensé que cuando él regresara después de un año más o menos nos compraríamos una casa y podríamos enviar a nuestros niños a mejores escuelas”, recordó su novia Pheliswa Feni, de 28 años, con quien tiene dos hijos.

La pareja pidió prestado dinero para el pasaje aéreo de Athenkosi, quien poco después viajó a Omán.

Al llegar al país árabe, el barista fue conducido desde la capital, Muscat, a una ciudad llamada Ibra, donde lo trasladaron a su nuevo hogar.

“Era un lugar sucio, una habitación pequeña, con apenas un colchón y cajas”, le dijo Athenkosi al podcast The Comb de la BBC.

La sorpresa fue solo el inicio de un período de enorme angustia para el joven, quien se enteró poco después de que el “empleo de sus sueños” no existía.

Athenkosi Dyonta lavando tazas en Omán

Athenkosi Dyonta
En Omán, cuando Athenkosi no estaba trabajando debía permanecer encerrado en su habitación.

Athenkozi pasó a trabajar de 12 a 14 horas al día en tareas de limpieza en cafés.

Cuando no tenía que trabajar lo obligaban a permanecer encerrado en su habitación. La comida era terrible y no le pagaban.

“Comía solo pan y leche, a veces un panecillo con un huevo. No recibía ningún salario, solo trabajaba”.

Lo que el joven no sabía era que había firmado un acuerdo de patrocinio utilizado en partes del Medio Oriente llamado “kafala”, que otorga a ciudadanos y empresas privadas un control casi absoluto sobre el empleo y el estatus migratorio de los trabajadores extranjeros.

A la merced del empleador

“El sistema de kafala o patrocinio ata a los trabajadores migrantes a sus empleadores”, le señaló a BBC Mundo May Romanos, investigadora de Amnistía Internacional (AI) sobre derechos de migrantes en la región del Golfo .

Romanos es una de las autoras de un informe de AI de 2019 sobre el sistema de kafala en Líbano.

La palabra árabe kafala significa garantizar.

En este sistema “los trabajadores no pueden entrar al país u obtener una visa a menos que tengan ese patrocinio”.

“Y el empleador puede en cualquier momento cancelar el permiso de residencia y dejar al trabajador como un ilegal en riesgo de ser deportado”, explicó Romanos.

“El trabajador no puede cambiar de trabajo ni abandonar el país sin permiso de su empleador, así que acaba atrapado en un ciclo de abuso”.

El sistema fue creado para asegurar una oferta abundante de mano de obra barata durante una era de boom económico.

Sus defensores aseguran que beneficia a las empresas locales y es un factor que impulsa el desarrollo, aunque el sistema se ha vuelto cada vez más polémico por las denuncias de casos de abuso.

A pesar de la posible explotación, los trabajadores muchas veces aceptan trabajos en el sistema de kafala porque la paga que se ofrece es mejor que la que obtendrían en sus propios países, señala el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), un think tank con sede en Nueva York.

Muchos trabajadores envían remesas a sus hogares, que según el Banco Mundial pueden ayudar a aliviar la pobreza en países de medianos y bajos ingresos. En 2019, Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos estuvieron entre los 10 países desde donde se enviaron más remesas.

Los valedores del sistema argumentan que facilitar la entrada legal de trabajadores a la región hace que éstos sean menos vulnerables al tráfico de personas.

Quienes se oponen, sin embargo, señalan que se requieren mayores garantías legales para proteger a los trabajadores, agrega el análisis de CFR.

Mujeres protestando en Líbano con un cartel que dice "abajo el kafala". 2019

Getty Images
“Abajo el kafala”. Trabajadores migrantes protestaron contra este sistema en Líbano.

El sistema de kafala se aplica con variaciones en todos los países del Golfo, además de en Jordania y Líbano.

“En Líbano, por ejemplo, los trabajadores migrantes no pueden cambiar de empleo sin el permiso del empleador pero sí pueden salir del país”, afirmó Romanos.

“Aunque en la práctica es muy difícil hacerlo si el empleador se niega a pagar el pasaje aéreo, ya que estos trabajadores ganan muy poco. En muchos casos además los empleadores confiscan sus pasaportes“.

“Historias desgarradoras”

El informe de 2019 de Amnistía Internacional se centra en el caso de las trabajadoras domésticas.

Uno de los testimonios que recoge el reporte es el de Mary, una trabajadora de Etiopía que viajó a Líbano, donde aseguró haber sufrido abuso físico y verbal.

“Estuve en la casa de mis empleadores sin salir durante un año, trabajaba 18 horas al día. Lloraba todos los días y traté de acabar con mi vida en tres ocasiones. Su casa era mi prisión”, relató Mary.

“La historia de las trabajadoras domésticas es tristemente muy similar en toda la región”, señaló Romanos.

Manos con guantes de limpieza

Getty Images
Algunas de las trabajadoras domésticas entrevistadas por Amnistía Internacional trabajaban hasta 18 horas al día.

“Como viven en la casa de sus empleadores tienden a estar aisladas, a muchas se les prohíbe salir de la casa. Creo que algunas de las historias más desgarradoras que escuchamos eran especialmente de trabajadoras domésticas”.

La mayoría de las trabajadoras domésticas atrapadas en el sistema de kafala son mujeres y provienen de Filipinas, Sri Lanka, India, Bangladesh, y en muchos casos de África.

Muchas de ellas son madres que dejaron a sus hijos en sus países y viajaron con la idea de ganar dinero para la educación y alimentación de sus niños”.

Romano señaló que muchas trabajadoras domésticas migrantes trabajan, como Mary, hasta 18 horas al día sin ningún día libre a la semana.

La carga de trabajo es atroz y muchas relatan casos de abusos físicos por parte no solo de sus empleadores sino de los menores a su cargo”.

“Hemos hablando con muchas de estas mujeres que estaban en refugios en Líbano y Qatar. Estaban atrapadas, porque los empleadores aún tenían sus pasaportes y además no tenían dinero para regresar a su país y reunirse con sus hijos”.

Muchas de ellas ni siquiera habían recibido sus salarios así que trabajaron por nada”.

Un estudio de 2008 de Human Rights Watch denunció que las trabajadoras domésticas migrantes estaban muriendo en Líbano a una tasa de más de una por semana, debido a suicidios o intentos de escapes fallidos.

Bahréin, Qatar y Arabia Saudita

Bahréin anunció en 2009 que desmantelaría el sistema de kafala y estableció un organismo público, la Autoridad Reguladora del Mercado de Trabajo, con el fin de regular el estatus de los trabajadores migrantes en lugar de los empleadores.

Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo, OIT, señaló que esa Autoridad actúa luego del reclutamiento y “no ha asumido el rol de patrocinio, por lo que el sistema de kafala permaneció con algunas restricciones”.

Los trabajadores migrantes en Bahréin ahora tienen “un grado de mobilidad ya que pueden cambiar de empleo sin el consentimiento escrito de su empleador”.

Pero la OIT advirtió que esta libertad fue luego restringida por otra ley en 2011 “que impide a los trabajadores cambiar de empleo antes de un año”.

Qatar también introdujo reformas recientemente al sistema de kafala “ante la presión internacional y por ser foco de atención antes del Mundial de fútbol de 2022”, señaló Romanos.

El país tiene cerca de dos millones de trabajadores migrantes, que representan el 95% de su fuerza laboral, según AI.

“Qatar permite ahora que los trabajadores migrantes cambien de trabajo y salgan del país sin permiso de sus empleadores, pero en la práctica esto sigue siendo difícil”.

“Y además el empleador aún tiene el poder de cancelar en cualquier momento el permiso de residencia. Si el trabajador abandona el empleo por abuso puede ser acusado de huir y enfrentar un posible arresto y deportación”.

La OIT, por su parte, describió la reforma al sistema de kafala en Qatar como “un cambio histórico”.

“Qatar ha introducido grandes modificaciones a su sistema laboral, poniendo fin al requisito de que los trabajadores migrantes obtengan el permiso de su empleador para cambiar de trabajo. El país convirtió al mismo tiempo en el primero de la región en adoptar un salario mínimo no discriminatorio”, señaló la OIT.

“Tras la adopción de la ley 19 de 2020, el 30 de agosto de ese año, los trabjaadores migrantes pueden cambiar de empleo antes del fin de su contrato sin obtener primero un Certificado de No Objeción de su empleador.

Esta nueva ley, unida a la eliminación previa del requisito de un permiso del empleador para abandonar el país, efectivamente desmantela el sistema de patrocinio de kafala y marca el comienzo de una era en el mercado laboral de Qatar”.

“Mediante legislación adicional se estableció un salario mínimo de 1.000 riyales de Qatar (unos US$275) que se aplica a todos los trabajadores, de todos los sectores, incluyendo las empleadas domésticas”, agregó la OIT.

Trabajadores migrantes en Doha, Qatar, haciendo fila para usar un cajero automático

Getty Images
Qatar tiene cerca de dos millones de trabajadores migrantes, que conforman el 95% de la fuerza laboral del país.

Arabia Saudita, por su parte, “tiene más de 10 millones de trabajadores migrantes“, afirmó Romanos.

Este país también introdujo algunas reformas, “pero son más en papel que en la práctica”, según la investigadora de AI.

“Por otra parte, es un país cerrado a las organizaciones de derechos humanos por lo que es muy difícil documentar los abusos y ofrecer apoyo a los trabajadores”.

“Una forma de esclavitud moderna”

Al igual que Mary, la trabajadora doméstica en Líbano, Athenkosi intentó quitarse la vida.

El joven barista logró finalmente volver a Sudáfrica, luego de que su novia organizara una campaña para recaudar fondos. El empleador sólo lo dejó ir tras recibir unos US$1.500 por “incumplimiento de contrato y gastos de comida y alojamiento”.

Otras personas atrapadas en el sistema de kafala no han sido tan afortunadas y siguen a la merced de sus empleadores.

Protesta de trabajadores migrantes en Líbano en 2019

Getty Images
Estos trabajadores migrantes en Líbano piden a sus empleadores: “Entreguen nuestros pasaportes, concédannos un día libre, paguen salarios, hablen en forma amable”.

Para Romanos, el kafala es un sistema complejo que no se cambia solo aboliendo un par de leyes.

“Debe haber un cambio de cultura en estos países, y debe acabarse con la cultura de impunidad”.

Los empleadores no enfrentan ninguna consecuencia por sus abusos, ni en Qatar ni en el resto de la región”.

Romanos asegura que los gobiernos deben no solo reformar las leyes sino implementar esos cambios y castigar a los abusadores.

“Definitivamente el sistema de kafala es una forma de esclavitud moderna y creemos que debe ser abolido“.

“Ése es el llamado que hicimos ya hace más de diez años cuando comenzamos a informar sobre el kafala”.

“Es un sistema que debe ser reemplazado por otro que proteja a los trabajadores migrantes de los abusos y garantice sus derechos humanos”.


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