Prison Art: la moda que llega desde las cárceles de México
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Manu Ureste

Prison Art: la moda que llega desde las cárceles de México

Cuando ingresó a la cárcel acusado injustamente, el empresario Jorge Cueto no imaginaba que esa pesadilla sería el comienzo de Prison Art, un proyecto que da trabajo a más de 200 presos y que busca expandirse a Nueva York, París o Tokio.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
25 de enero, 2016
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Modelo de bolsa 'tatuada' expuesta en la tienda de Prison Art en el centro histórico de la Ciudad de México. //Foto: Manu Ureste

El proyecto de Prison Art surgió en el penal de Puente Grande, Jalisco //Foto: Manu Ureste

Cuando entró al ‘área de ingreso’ del penal de Puente Grande, una celda claustrofóbica donde se aglutinan 300 reos en la que no hay colchonetas para dormir, ni cobijas, ni espacio humano para recargarse en nada, Jorge Cueto pensó en miles de cosas, menos en que aquella pesadilla era el comienzo de un proyecto que hoy da trabajo a cientos de personas.

Desde una sala de juntas con vistas a la avenida Masaryk, en una de las zonas de mayor plusvalía de la Ciudad de México, el empresario mexicano de origen español cuenta que todo empezó en 2007.

Ese año, un cliente inconforme denunció por fraude a la empresa estadounidense en la que laboraba como director de área. En primera instancia, la querella no prosperó en Estados Unidos. Pero en México, “debido a unas triquiñuelas legales y a la corrupción”, sí dio como resultado que la justicia de Jalisco girara órdenes de aprehensión contra él y otros empleados.

“Yo llevaba dos años fuera de la empresa cuando se giraron las órdenes y no sabía qué estaba pasando –comenta con una sonrisa de resignación el empresario de ojos azules, nariz afilada, pelo largo gris, y un cierto parecido con el actor Michael Douglas-. Y claro, por eso era el único imbécil que no estaba amparado y me detienen en junio de 2012”.

El Ave Fénix y el nacimiento del ‘arte carcelario’

Una vez en Puente Grande, un complejo de prisiones de cinco módulos que encierra a 12 mil reos, Cueto apunta que, además del hacinamiento, las pésimas condiciones de higiene, y la corrupción, se encontró con que las oportunidades laborales para sobrevivir en la cárcel son muy escasas y, sobre todo, muy mal pagadas. 

“Son trabajos de jardinería, un poco de albañilería y de mantenimiento, lavar, planchar…Pero estamos hablando de puestos muy contados y con unos ingresos de 20 ó 30 pesos a la semana”, comenta el empresario.

Por eso, muchos internos buscan alternativas en la artesanía. Es decir, en la producción de figuras rudimentarias de madera, o en la elaboración de cuadros con imágenes religiosas. Mientras que los más talentosos encuentran oportunidades mejor remuneradas con el ‘pitead0’, que consiste en bordar prendas con hilos de oro y plata.

“Veía que la gente tiene mucha necesidad de trabajar, de ayudar a sus familias que están afuera del penal. Entonces, pensé… bueno, y esta gente qué más puede hacer para ganarse la vida aquí adentro”, recuerda Cueto, quien sin saberlo encontró la respuesta en uno de los múltiples estudios de tatuaje que hay en Puente Grande.

“Un día se me ocurrió pedirle a un tatuador que, en lugar de dibujar en la piel de los reos, me tatuara un dibujo sobre un pedazo de cuero para hacerme una bolsa”.

Y así fue como empezó todo, dice Jorge con una sonrisa blanca que le acentúa su look de amante del buceo de profundidad y de la adrenalina.

Prison Art surgió como proyecto en el penal de Puente Grande, Jalisco. //Foto: Manu Ureste

Modelo de bolsa ‘tatuada’ elaborada por un reo //Foto: Manu Ureste

Además de prendas de moda, los reos que están en el programa de Prison Art también elaboran pinturas y artesanías. //Foto: Manu Ureste

Además de prendas de moda, los reos que están en el programa de Prison Art también elaboran pinturas y artesanías. //Foto: Manu Ureste

Primero, le compró a otro preso el cuero. Se lo llevó al tatuador y éste le dibujó un Ave Fénix –“algo muy simbólico”, dice Jorge. Y finalmente, acudió a otro artesano, un indígena de Sonora, quien le trenzó a mano el trozo de cuero hasta dar forma a la bolsa que quería para guardar sus lentes, una libreta y un libro.

Después de aquel primer paso, las peticiones de trabajo se le empezaron a acumular a Jorge, al que dentro de prisión ya comenzaban a conocer como ‘El tío’, ‘El español’, o incluso ‘Padrino’. Esto, cuenta divertido, le granjeó “un cierto halo de misterio” entre el resto de internos, quienes preferían no molestar a aquel preso que daba trabajo a los demás, “por si se trataba de un mafioso”.

“Cuando me junté con tres o cuatro bolsas, todos estaban bien contentos conmigo –continúa narrando-. El que me hacía los tatuajes, el que vendía la piel y el que armaba la bolsa, todos me pedían más trabajo y así se empezó a hacer una microeconomía”.

Nueve meses después, a Cueto le notificaron que un juez federal revocó la decisión de la justicia de Jalisco y que, en efecto, era inocente. Para ese entonces -con el permiso de la penitenciaría-, ya tenía trabajando a 40 presos, entre tatuadores, armadores, y artesanos, y una habitación llena literalmente de bolsas ‘tatuadas’.

“El día que voy a salir de prisión, después de que me dijeran ‘perdón, nos equivocamos con usted’, los chavos me hicieron una despedida. Estaban contentos porque me iba, pero más preocupados aún por lo que pasaría con ellos, ya que tenían un ingreso constante. En ese momento me comprometí con ellos a que este trabajo tuviera forma y a que perdurara”, asevera el empresario, quien tras salir libre en junio de 2013 constituyó un mes después, con ayuda de la Universidad Iberoamericana, la fundación ‘Proyecto de Arte Carcelario’ y la marca registrada Prison Art.

Carteras para hombre 'tatuadas'. //Foto: Manu Ureste

Carteras para hombre ‘tatuadas’. //Foto: Manu Ureste

De Puente Grande a París, Nueva York y Tokio

A partir de entonces, el proyecto que nació tras una pesadilla comienza a expandirse rápido.

A los cuatro modelos de bolsa iniciales, se le sumaron otros cinco patrones nuevos elaborados por un diseñador de modas de Guadalajara. Y de ahí, el gran salto: abrieron la primera tienda en San Miguel de Allende, donde especialmente a los turistas canadienses y estadounidenses el concepto de ‘arte carcelario’ les llamó poderosamente la atención, y luego más locales en Playa del Carmen y en el aeropuerto de Cancún, en Quintana Roo, y en el centro histórico de la Ciudad de México.

Como resultado, de los cuatro empleados con los que arrancó el proyecto, hoy Prison Art da trabajo a 219 prisioneros de diferentes reclusorios del país, a los que Cueto asegura que se les paga en función de un “comercio justo”.

“Nosotros no queremos que sea un trabajo como el de la cárcel, que para el Estado es a toda madre, la verdad. Porque les pagas una miseria y los tienes trabajando a destajo de lunes a domingo –plantea-. Lo que queremos es que los chavos ganen bien. Por eso nuestras bolsas son caras, pero un chavo nuestro gana seis mil pesos con posibilidad de más. Incluso, hay encargados que se meten hasta 11 mil pesos al mes. Estamos hablando que pueden ganar más que los custodios”.

Sin embargo, Jorge matiza que el dinero no es solo para el prisionero, sino que una de las reglas para entrar a Prison Artademás de ir a las pláticas de Alcohólicos Anónimos– es que parte del salario sea para mantener a sus familias.

“Después de cuatro años en la cárcel, cuando el reo sale ya la esposa no lo está esperando, los hijos se fueron, y si tenía un patrimonio probablemente lo habrá perdido. Y todo esto, sumado a que no encontrará trabajo por tener antecedentes penales, lo obliga a caer en lo mismo por lo que estuvo en prisión. Por eso –subraya Jorge-, el objetivo es que con ese dinero el prisionero mantenga su estructura familiar”.

Prison Art planea que los productos elaborados por los presos en cárceles de México lleguen también a países como Estados Unidos, España o Francia. //Foto: Manu Ureste

Prison Art planea que los productos elaborados por los presos en cárceles de México lleguen también a países como Estados Unidos, España o Francia. //Foto: Manu Ureste

En cuanto al futuro del proyecto, el empresario dice convencido que la originalidad de la idea y la calidad de los productos que llegan desde las cárceles mexicanas pronto les permitirán continuar con la expansión.

Por ahora, están próximos a abrir una nueva tienda en la Ciudad de México, y planean abrir paulatinamente “otras 12 ó 14” repartidas por ciudades como Nueva York, Las Vegas, Madrid, Barcelona, París, Londres o Tokio.

Y en todas, los reos mexicanos serán los encargados de surtirlas.

“En definitiva, queremos demostrar que si le dan el espacio a un grupo marginado, la capacitación, el tiempo y un salario justo, pueden hacer cosas de la calidad de Louis Vuitton o Dolce & Gabbana sin problema. Además –concluye el empresario, mientras pone sobre una enorme mesa de madera algunos de los últimos modelos de bolsas ‘tatuadas’-, en Prison Art ofrecemos una compra con causa, porque cuando compras una bolsa los recursos van para el artesano que trabajó la piel y el tatuador que hizo el dibujo, y encima estás ayudando a una programa de reinserción social”.

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Vanessa Guillén: el misterio que rodea la desaparición de la soldado de origen mexicano

La soldado de origen mexicano fue vista con vida por última vez el 22 de abril en una base militar. Su familia asegura que la joven sufría acoso sexual por parte de un superior, lo que ha generado protestas y motivado a otras mujeres a compartir sus historias.
2 de julio, 2020
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Vanessa Guillen

Ejército de EE.UU.
Vanessa Guillen tiene el rango de soldado de primera clase de las fuerzas armadas de EE.UU. en Texas.

“Por favor, no se olviden de mí”, dice la última línea que describe lo que vivía Vanessa Guillén antes de desaparecer, según su familia.

La soldado estadounidense de 20 años y origen mexicano no ha sido vista desde el pasado 22 de abril, cuando estaba en la base militar de Fort Hood, Texas, a la que estaba adscrita.

Más de dos meses después, las autoridades informaron el miércoles del hallazgo de restos humanos que podrían corresponder con la soldado, a falta de un examen forense que lo confirme.

Sin embargo, detrás de su desaparición han surgido señalamientos de acoso sexual por parte de un sargento en la base militar donde servía en el Escuadrón de Ingenieros Regionales.

“Le dije a mi madre que uno de mis sargentos me estaba acosando sexualmente en Fort Hood. Mi madre intentó convencerme de que le diera el nombre de la persona que me estaba acosando, pero no quería meterme en problemas”, dice la página que creó la familia para buscarla (Find Vanessa Guillén) con base en la información que tenían.

Vanessa Guillen

Ejército de EE.UU.
Guillén había contado a su familia que estaba sufriendo acoso en la base militar donde servía.

“Mi madre me dijo que lo denunciaría por mi seguridad, pero le dije que conocía a otras mujeres soldados que habían denunciado acoso sexual y que el ejército de los Estados Unidos no les creía”, añade.

Un sospechoso, también miembro de las fuerzas armadas, se suicidó justo antes de que autoridades lo detuvieran el miércoles, pero los investigadores dicen que “no está involucrado con las acusaciones de acoso sexual”.

Otra persona fue arrestada en relación con este caso. Sin embargo, las autoridades dicen que están reservándose la información que tienen porque la investigación está en curso.

“Seguimos tomando muy en serio las acusaciones de que Vanessa Guillén fue agredida sexualmente. Cuando escuchamos esto fue por parte de la familia”, dijo este jueves el agente Damon Phelps, del equipo de investigación.

Un mural para Vanessa Guillen

FindVanessaGuillen
Varios murales en honor a Vanessa Guillén han sido pintados en Texas.

Su desaparición y la infructuosa búsqueda durante 70 días ha llevado a muchos en la comunidad latina de Texas a exigir su localización y atención a las denuncias de la soldado.

También otras mujeres han dado testimonios de acoso en las fuerzas armadas a través de la etiqueta en redes sociales #IAMVanessaGuillen (Yo Soy Vanessa Guillen).

¿Qué se sabe de su desaparición?

Guillen pertenecía a una unidad militar que reparaba armas en el Tercer Regimiento de Caballería en Fort Hood, en el centro del estado de Texas (suroeste de EE.UU.).

Desapareció al mediodía del 22 de abril pasado. Había visto por última vez en el estacionamiento de esa base militar, según la investigación de las autoridades.

Su auto y sus llaves, su tarjeta de identificación y su cartera fueron encontrados en la sala de armas donde había estado ese día.

Map

La madre y las hermanas de la soldado señalan negligencias de las autoridades militares, pues aseguran que no les reportaron la desaparición de Guillén de inmediato y solo ofrecieron información hasta que se conoció el caso en los medios.

“En dos meses no nos dieron respuestas. Tomaron a mi hermana como si fuera un chiste. Mi hermana era un ser humano. Puso su vida por el país, por nosotros, y miren cómo la trataron”, dijo Guadalupe Guillén, una hermana, este miércoles.

Sin embargo, el agente Damon aseguró este jueves que su búsqueda se inició al día siguiente de la desaparición.

La búsqueda

El Comando de Investigación Criminal del Ejército inició la búsqueda en mayo, a la que luego se sumaron los Rangers de Texas (policía estatal), el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y la policía local.

Ofrecían una recompensa de US$25.000 por información de su paradero desde principios de junio.

Cártel de búsqueda

Ejército de EE.UU.

Luego de semanas sin indicios de su paradero, un portavoz militar, Chris Grey, informó el miércoles que recibieron un aviso de la posible ubicación, cerca del río León, a unos 48 km de Fort Hood.

“Después de recibir información adicional, los agentes descubrieron lo que se ha descrito como restos humanos parciales después del análisis de un antropólogo forense”, explicó.

Los restos fueron encontrados en una fosa poco profunda. Un análisis forense determinará si se trata de la soldado.

Una vista de Fort Hood

Getty Images
Fort Hood es una importante base militar de Estados Unidos.

Por su parte, el Departamento de Policía de Killeen informó que un sospechoso se suicidó cuando las autoridades se le acercaban.

Fue identificado por el agente Damon como Aaron David Robinson, pero indicó que no hay información que lo relacione con las acusaciones de acoso.

Al ser cuestionado insistentemente por reporteros sobre las líneas de investigación o los sospechosos, Damon dijo insistentemente que no podía compartir más detalles por estar en marcha la pesquisa.

Una mujer detenida es “la esposa separada de un exsoldado de Fort Hood y actualmente está bajo custodia en la cárcel del condado de Bell a la espera de cargos por parte de las autoridades civiles”, dijo Grey el miércoles sin detallar cuál es su vínculo con el caso.

Acusaciones

La abogada Khawam dijo que Guillén le había dicho a su familia y a otros compañeros en la base que estaba siendo acosada, pero no llegó a presentar una denuncia formal.

“Ella temía hacerlo, porque el acoso sexual venía de sus superiores”, dijo Khawam.

La madre de Vanessa Guillén

FindVanessaGuillen
Gloria Guillén asegura que su hija le contó sobre el acoso del que era víctima en Fort Hood.

“Le dije a mi madre que el mismo sargento que me acosaba sexualmente me seguía cada vez que corría y hacía ejercicio, y lo incómodo que me hacía sentir. Mi mamá me dijo que lo detendría, pero yo le dije que yo me ocuparía de eso, sentí que podía detenerlo yo misma”, relató la familia a nombre de la soldado.

Nunca llegó a darle el nombre del presunto responsable, solo que era un “sargento”.

El agente Damon dijo que no tenían información sobre el acoso que denuncia la familia y la abogada: “Queremos información acerca de eso, queremos investigarlo”.

El portavoz Grey dijo el día previo que recibieron las denuncias de parte de la familia sobre “agresión sexual”, pero dijo que la investigación habrá de emitir sus conclusiones a su debido tiempo.

“Una vez que se complete la investigación, el IO (autoridad investigadora) presentará los hallazgos y las recomendaciones al comando de la unidad para su revisión”, señaló.

Demanda de justicia

La desaparición ha llevado a la familia Guillén a exigir justicia y una investigación independiente del Congreso de EE.UU.

“Mi hermana fue víctima de acoso sexual, pero no se hizo nada al respecto. Fort Hood no ofreció seguridad ni respeto. No garantizaron la seguridad de mi hermana”, dijo el miércoles entre lágrimas Guadalupe Guillen.

Una ilustración de Vanessa Guillén de shopcherine

BBC
El caso de Guillén ha llevado a muchos en la comunidad latina a demandar justicia. (Ilustración cortesía de shopcherine.com)

“No entiendo cómo fueron capaces de mentir desde el primer día. Por qué, no lo sé. No sé quién está encubriendo a quién. Por eso necesitamos una investigación del Congreso”, expresó Mayra Guillen, otra de las hermanas.

La familia y activistas han encabezado vigilias y manifestaciones que han congregado a decenas de personas en Houston, la ciudad natal de la soldado.

También han denunciado casos de otras presuntas víctimas de agresiones o desaparecieron en Fort Hood.

Dos mujeres con un cartel

FindVanessaGuillen
En las protestas se han denunciado las desapariciones de otros soldados de Fort Hood.

La abogada Natalie Khawam, acompañada por la congresista Tulsi Gabbard, dijo que están promoviendo que haya una ley que se llame “Vanessa Guillén” para investigar el acoso sexual en las fuerzas armadas de manera independiente.

“Las mujeres no deben tener miedo de denunciar el acoso sexual. Estamos en 2020. Esto es inaceptable”, añadió.

Y a través de la etiqueta #IAMVanessaGuillen, mujeres han compartido testimonios en redes sociales sobre lo frustrante que es exigir justicia en casos de agresión sexual en el ejército.

“Acabo de cumplir 20 años. Ni siquiera había terminado el entrenamiento cuando fui agredida sexualmente. Lo reporté. Él confesó y otras cuatro mujeres se presentaron. Fue absuelto. Dos miembros del jurado del E8 se rieron en mi cara después de dar el veredicto de ‘no culpable’. Él obtuvo un ascenso. Tengo trastorno por estrés postraumático”, decía un testimonio en Twitter.


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