3 razones para descartar la incineración de normalistas en Cocula, según los peritos argentinos
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3 razones para descartar la incineración de normalistas en Cocula, según los peritos argentinos

El grupo de peritos argentinos trabajó por más de un año en las muestras recolectadas en el basurero de Cocula, sus resultados los llevaron a refutar la "verdad histórica" del gobierno.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
10 de febrero, 2016
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Los peritos argentinos rechazaron la versión dela PGR sobre lo ocurrido en el basurero de Cocula. // Foto: Cuartoscuro.

Los peritos argentinos rechazaron la versión dela PGR sobre lo ocurrido en el basurero de Cocula. // Foto: Cuartoscuro.

¿Hubo un incendio en el Basurero de Cocula el 27 de septiembre de 2014, lo suficientemente grande como para calcinar los cuerpos de los 43 normalistas de Ayotzinapa? La respuesta que da el Equipo Argentino de Antropología Forense a este cuestionamiento es tajante: No.

Tal como informó ayer la titular del EAAF, Mercedes Doretti, el examen multidisciplinario realizado por este equipo de expertos “no respalda la hipótesis de que hubo un fuego de la magnitud requerida y de la duración informada, en la madrugada del 27 de septiembre de 2014, que habría arrojado como resultado la incineración en masa de los 43 estudiantes desaparecidos”.

Esta es la conclusión a la que llegó este equipo multidisciplinario de expertos, el cual laboró diez días en el Basurero para recolectar muestras que, durante más de un año, fueron sometidas a distintos análisis científicos, como parte de su coadyuvancia en la investigación oficial sobre la desaparición de los normalistas.

1.- El fuego…

El peritaje realizado por el EAAF –en el que participaron expertos en dinámica de fuego, antropología, arqueología, criminalística, balística, botánica, entomología, odontología, anatomía, genética, analistas de imágenes satelitales y fotografía–, determinó que en el Basurero de Cocula sí hay, efectivamente, rastros de fuego, pero no de un solo incendio, sino de distintos “eventos de fuego”, acontecidos a lo largo de, por lo menos, diez años, sin que pueda determinarse cuándo ocurrió cada uno.

Lo que sí puede demostrarse, señaló el EAAF, es que el 27 de septiembre no hubo un incendio lo suficientemente grande, como para que fuesen calcinados los cuerpos de los 43 normalistas, tal como sostiene la versión oficial de los hechos, presentada el 27 de enero de 2015 por el entonces procurador General de la República, Jesús Murillo Karam.

La clave para llegar a esta conclusión, tal como explicó el EAAF, está en las plantas y en los árboles: El equipo de expertos forenses realizó inspecciones de campo en el Basurero de Cocula, durante 10 días, del 27 de octubre al 6 de noviembre de 2014. Entre las distintas muestras recolectadas, expertos en botánica y dinámica de fuegos recolectaron 20 muestras de plantas, ubicadas en el punto del basurero donde había más señales de fuego, esto es, en la parte inferior de la barranca.

De esas 20 muestras, 19 no mostraron ninguna exposición al fuego, y sólo una de ellas registró “leves daños de fuego o alteración térmica”.

El nivel de desarrollo de estas plantas, concluyeron los expertos en botánica, es superior a los 30 días que habían pasado entre la desaparición de los normalistas y el momento en que se levantaron esas muestras: 18 plantas tenían entre 3 y 5 meses de desarrollo y una más tenía 2 años de crecimiento (la última muestra fue descartada, pues correspondía a una planta con sólo dos semanas de desarrollo).

Esto permite concluir que en la zona del basurero en la que hay más rastros de fuego, también existen pruebas de que no ha habido un incendio grande (al menos tanto como para calcinar 43 cuerpos) en los últimos dos años. De haber sido así, “estas plantas habrían sido seriamente afectadas por fuego directo o calor radiante”, lo cual no ocurrió.

Además de estas muestras, el Equipo Argentino de Antropología Forense analizó troncos de 14 árboles ubicados dentro de la zona con mayores rastros de ceniza, y la conclusión fue que “todos los tocones mostraban ausencia de signos de fuego o presencia mínima de alteración térmica”.

De hecho, uno de estos troncos enraizados, denominado “Tocón 12”, se encontraba justo en “una zona de alta densidad de restos óseos”, a pesar de lo cual “presenta mínima alteración por fuego”.

Nuevamente, la conclusión a la que conducen estos indicios es que, de haberse dado ahí un incendio tan basto y duradero como para calcinar 43 cuerpos humanos, el Tocón 12 habría sufrido importantes daños por el fuego, y no fue así.

2.– Los huesos…

El EAAF confirmó que en el Basurero de Cocula se encontraron “varios miles de fragmentos” óseos, todos “carbonizados” o “calcinados”.

Además, ratificó que la mayoría de esos huesos estaban en el mismo punto en donde había más evidencias de fuego.

Sin embargo, gran parte de esos restos son tan pequeños y están tan deteriorados que es imposible saber si pertenecen a humanos o animales.

Otra grupo de restos que sí pudieron identificarse, fueron clasificados como huesos de animal, y finalmente, en un tercer grupo se comprobó que eran humanos.

Al analizar este conjunto de fragmentos  de hueso humano, el grupo de Expertos Forenses concluyó que se trataba de restos de al menos 19 personas distintas, aunque, se aclaró, éste “no es el total de individuos presentes en ese sitio”, sino sólo el número mínimo de cadáveres presentes en el Basurero de Cocula.

Esto demuestra que en ahí han sido arrojados los restos de, al menos, 19 personas, pero no existe evidencia de que entre ellas esté alguno de los normalistas desaparecidos.

Por el contrario, hay pruebas de que al menos una de las personas cuyos restos fueron hallados en este basurero definitivamente no es ninguno de los 43 normalistas desaparecidos: se trata de una prótesis dental que fue encontrada aún adosada a un diente humano; artefacto que no pertenecía a ninguno de los estudiantes raptados la noche del 26 de septiembre de 2014.

Asimismo, los expertos forenses encontraron un “pequeño fogón” con restos humanos calcinados, alejado 20 metros del punto central de concentración de cenizas, lo que evidencia que el Basurero de Cocula era “un sitio relativamente habitual de quema de restos humanos”.

Todas estas evidencias en conjunto, señaló el EAAF, indican que en el Basurero de Cocula fueron depositados restos humanos en distintos episodios, a lo largo de por lo menos diez años, pero se subrayó que ninguno de los restos óseos encontrados ahí ha podido vincularse con los estudiantes raptados en septiembre de 2014.

3.- Genética…

El 29 de octubre de 2014, es decir cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense tenía ya dos días realizando peritajes en el Basurero de Cocula, fueron notificados de que, en un punto cercano, elementos de la Marina habían encontrado bolsas con posibles restos óseos, en el lecho del Río San Juan.

El levantamiento de estas evidencias fue realizado por la Marina y la PGR sin que estuvieran presente los expertos argentinos, razón por la cual, éstos ponen en duda que el hallazgo de esas evidencias se hubiera dado de la forma en que las autoridades mexicanas afirman.

Cuando los expertos argentinos llegaron al lugar, según se denunció, estas evidencias ya estaban dispuestas sobre una tela, en el suelo y, hasta la fecha, al EAAF se le ha negado el acceso a la “cadena de custodia” de estas evidencias, es decir, el registro oficial en el que debió establecerse la forma en que dichas evidencias fueron halladas.

Esta anomalía cobra relevancia, subrayó el EAAF, ya que entre los restos que supuestamente fueron extraídos de las bolsas estaba un fragmento de hueso, con un nivel de conservación “particularmente inusual”, en comparación con el resto de fragmentos óseos calcinados, que fueron hallados tanto en la bolsa del Río San Juan, como en el Basurero de Cocula.

Ese hueso pudo ser finalmente identificado, mediante pruebas genéticas en el extranjero, como un fragmento del cráneo de Alexander Mora Venancio, uno de los 43 normalistas desaparecidos, y el único cuya muerte ha podido ser confirmada hasta ahora.

Sin embargo, el EAAF destacó que las autoridades mexicanas no han presentado pruebas de que ese hueso fuera hallado en las condiciones que señala la versión oficial, además de que tampoco hay un solo indicio científico que vincule los restos del Río San Juan, con los restos del Basurero.

Epílogo: ahí no…

Con este cúmulo de evaluaciones forenses, el EAAF concluyó que no existen evidencias de que en el Basurero de Cocula se diera un incendio de proporciones suficientes para calcinar los cuerpos de los 43 normalistas y, de hecho, no hay evidencias de que los normalistas hayan estado en ese lugar.

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El extraordinario caso de Lucy Lintott: pese a tener enfermedad de la motoneurona, pudo tener dos hijos

La EMN es una enfermedad terminal que progresa rápidamente y que impide que los mensajes del cerebro lleguen a los músculos. La mayoría de los enfermos no viven más allá de tres años tras el diagnóstico. Lucy Lintott vive desde hace ocho años con la enfermedad y ha dado a luz dos niños.
4 de mayo, 2022
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Lucy Lintott siempre soñó con tener hijos, pero cuando le diagnosticaron la enfermedad de la motoneurona (EMN), con solo 19 años, los médicos le dijeron que nunca podría tener una familia.

La mayoría de las personas que sufren esa enfermedad no sobreviven más allá de los tres años siguientes al diagnóstico, pero ocho años después, Lucy tiene dos hijos pequeños y planea casarse con su pareja, Tommy, a finales de este mes.

Se cree que es la segunda persona en el mundo con EMN en dar a luz dos veces.

La EMN es una enfermedad terminal que progresa rápidamente y que impide que los mensajes del cerebro lleguen a los músculos.

La enfermedad hace que gradualmente movimientos como agarrar, caminar, hablar y tragar sean extremadamente difíciles y finalmente imposibles.

Dificultades en la movilidad y el habla

Lucy, quien creció en la ciudad de Garmouth, en el noreste de Escocia, fue diagnosticada con esta condición a fines de 2013.

Fue la persona más joven en ser diagnosticada en Escocia con esta enfermedad, que normalmente afecta a las personas de más de 40 años.

Tres años después, con 22, Lucy le dijo a la BBC que sentía como si se estuviera quedando “lentamente paralizada” y que su preocupación era ir perdiendo poco a poco su “personalidad divertida”.

La enfermedad hizo que necesitara utilizar una silla de ruedas, ya que le resultaba imposible caminar sin ayuda. Su capacidad de hablar también se vio afectada.

Lucy Lintott

BBC
A Lucy le diagnosticaron EMN a los 19 años.

Lucy grabó su voz para que pudiera usarse en caso de perder completamente el habla y comenzó a recaudar fondos para que se investigue su condición.

Pero como comentó en un nuevo documental de la BBC (Ser mamá con EMN), el futuro la aterraba.

Amigos de la escuela

A pesar de que necesitaba cuidadores profesionales para ayudarla con la mayoría de las tareas, Lucy estaba decidida a mudarse de la casa de sus padres a su propio apartamento en Elgin, una ciudad no muy lejos de donde vive su familia.

“Eso realmente cambió muchas cosas”, dice. “Empecé a ser independiente, así que podía invitar a un chico sin que mi mamá me hiciera pasar vergüenza”.

En 2018, Lucy se reconectó con su antiguo amigo de la escuela Tommy Smith, con quien compartía la clase de estudios modernos.

Tommy cuenta que él era muy tímido, pero Lucy era muy extrovertida y su risa se podía escuchar desde tres clases más lejos.

Él dice que no pudo resisitirse a su sonrisa radiante y a sus ojos enormes. A Lucy le atraían sus camisetas y pantalones ajustados.

Los amigos se convirtieron en pareja.

“Yo no tenía que protegerme a mí misma”, dice Lucy. “Él sabía en qué se estaba metiendo. Él tuvo que lidiar con gente que le decía que yo tenía EMN”.

Ayuda

Tommy le propuso matrimonio en 2019 y posteriormente la pareja anunció que Lucy estaba embarazada.

Su padre, Robert, dice que temían por la salud de Lucy, así como por la del bebé. El riesgo para Lucy era grande porque no se sabía cómo sus músculos irían a reaccionar.

Tommy, Lucy y sus dos hjijos

BBC
La recompensa de ser padres supera los riesgos, dice Lucy.

“Pero la recompensa de ser padres superaba los riesgos”, explica Lucy.

El 13 de febrero de 2020, Lucy dio a luz a un niño, a quien en público llaman LJ.

Tommy dice que Lucy asumió el rol de madre con gran facilidad, aunque tenía que trabajar de cerca con un equipo de asistentes para cuidar a LJ.

“Trabajar con cuidadores consiste en que yo les explique y les describa cómo quiero que se hagan las cosas”, dice Lucy. “Básicamente, ellos son como mis brazos“.

“Aunque usa a otra persona para atenderlos, es ella quien da las instrucciones”, agrega Tommy.

“Muchos le decían ‘no puedes hacer esto’. Lucy está haciendo un trabajo fantástico. Hace un trabajo mucho mejor que el mío”.

Nuevo embarazo

Poco después de que naciera LJ llegó la pandemia. Lucy tuvo que resguardarse y la pareja pospuso la boda.

En el peor momento de la pandemia tuvo que mudarse a la casa de sus padres para proteger su salud y continuar recibiendo los cuidados que necesitaba.

Y, en mayo del año pasado, Lucy y Tommy anunciaron que estaban esperando una niña.

La madre de Lucy, Lydia, cuenta que su hija siempre quiso tener hijos y que fue hermoso cuando llegó LJ.

Lucy, Tommy, y su bebé

BBC
La pareja planea casarse pronto.

“Pero cuando anunciaron que iban a tener otro, pensamos: ‘¡Oh, mi Dios, qué has hecho!”, recuerda Lydia.

La niña, llamada AR, nació justo después de Navidad.

“El parto fue muy duro y aterrador, pero las dos estamos bien y eso es lo más importante”, asegura Lucy.

“Ella es definitivamente la última. No creo que mi cuerpo pueda tolerarlo de nuevo”.

Matrimonio

Lucy cuenta que depende en gran medida de sus cuidadores para que la ayuden con sus niños, pero dice que está constantemente involucrada en sus vidas y ellos saben que es su madre.

“Estoy orgullosa de que la maternidad se me dio bastante fácil pese a ser persona con discapacidad”, señala.

“Si pudiese hacerlo todo físicamente, lo haría. No disfruto mirando a otra gente con mis niños”.

Lucy Lintott

Cortesía Lucy Lintott
Lucy cuenta que de pequeña era muy deportista.

Lucy tiene planeado casarse con Tommy este mes y luego quiere pasar la mayor cantidad de tiempo posible con su familia.

“No soy materialista”, dice. “A mí lo que más me interesa es mi familia y pasar tiempo con la gente que amo, porque no sé cuánto tiempo me queda por delante”.

“Estoy muy agradecida. Sé que soy una de las muy pocas personas con EMN que pudo tener un hijo, menos aún dos. No doy nada por sentado”.


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