close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Caso Tierra Blanca: Hallan casi tres mil fragmentos de restos humanos en un rancho de Veracruz

Se estima que los restos pertenecen a cientos de víctimas que fueron asesinadas y sus cuerpos quemados y triturados. Familiares de caso Tierra Blanca buscan peritos argentinos y de Nuevo México para confirmar que son los restos de sus hijos.
Cuartoscuro
Por Arturo Ángel
10 de febrero, 2016
Comparte
Padres de los 5 jóvenes desaparecidos acudieron a la Agencia del Ministerio Público de Tierra Blanca, en Veracruz. // Foto: Cuartoscuro.

Padres de los 5 jóvenes desaparecidos acudieron a la Agencia del Ministerio Público de Tierra Blanca, en Veracruz. // Foto: Cuartoscuro.

El rancho El Limón en Veracruz, donde se descubrieron restos de dos de los cinco estudiantes desaparecidos el 11 de enero, era utilizado por el crimen organizado —con la posible complicidad de fuerzas de seguridad— para desaparecer los cuerpos de cientos de personas secuestradas desde hace varios años. Esto además de otros delitos.

Esa es la línea de investigación de las autoridades estatales y federales, tras el hallazgo de casi tres mil fragmentos pertenecientes a cientos de cuerpos realizado en ese rancho, localizado en el municipio de Tlalixcoyan, al sur del estado de Veracruz.

Fuentes con pleno acceso al expediente abierto en la Fiscalía de Veracruz revelaron a Animal Político que se recabó esa cantidad de fragmentos en el rancho El Limón, luego de tres días de trabajo forense, a cargo de peritos estatales y de la División Científica de la Policía Federal.

La clave para encontrar dichos restos en el rancho, al que se llegó gracias a denuncias ciudadanas, fue que recientemente se habían removido importantes cantidades de arena y tierra, al parecer usando maquinaria pesada.

Perros entrenados en la localización de restos humanos marcaron las zonas claves en las que se encontraban los fragmentos y así se pudieron iniciar los trabajos.

“Los peritos en materia de antropología forense estuvieron trabajando tres días en la zona para poder levantarse y luego procesarse las piezas que se han ido encontrando. Este era un sitio que se estaba usando para este tipo de actividades, según las líneas de investigación abiertas” dijo a Animal Político la fuente consultada.

Entre los fragmentos recopilados hay desde pedazos de hueso hasta otros objetos en los que hay presencia de material orgánico humano, como sangre.

El problema para los peritos es que gran parte de los fragmentos encontrados se encuentran en un estado de deterioro significativo, que hace difícil que puedan ser procesados e identificados con las pruebas forenses convencionales. Por ejemplo, la mayoría de fragmentos de hueso estaban notablemente calcinados.

Debido a lo anterior, no se ha podido precisar con exactitud a cuántos cuerpos pertenecen los tres mil fragmentos encontrados en el rancho, pero las autoridades estiman que podrían ser cientos de víctimas. Hasta ahora, a partir de un par de huesos y de una mancha de sangre, se consiguió identificar a dos víctimas, que corresponden a los jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca.

La hipótesis de la Fiscalía de Veracruz y de la Comisión Nacional de Seguridad, que colabora en los peritajes, es que las víctimas eran llevadas al rancho. donde se procedía a quemar sus cuerpos y posteriormente a triturar los restos, para finalmente enterrarlos.

Ayer, el subsecretario de Derechos Humanos de la secretaría de Gobernación, Roberto Campa, confirmó que el rancho era utilizado para para la desaparición masiva de personas.

“Hubo un trabajo pericial casi artesanal, de cernido de restos que fueron calcinados, pero que después fueron prácticamente molidos, como sucede con las cremaciones convencionales (…) todo este hallazgo fue realizado con un trabajo forense muy cuidadoso, hay 40 horas de trabajo videograbado, se utilizó todo el equipo técnico y perros adiestrados” dijo el funcionario federal.

¿De quién es y dónde está?

// Gráfico: Omar Bobadilla (@obobadilla).

// Gráfico: Omar Bobadilla (@obobadilla).

Las autoridades involucradas en el caso ya tienen identificado a uno de los propietarios de El Rancho el Limón.

El nombre no fue revelado a Animal Político para no entorpecer la indagatoria; sin embargo, se sabe que es una persona que adquirió la propiedad hace menos de tres años y que vive también en Veracruz, aunque no es de la misma zona donde se encuentra el rancho ni tampoco del área de Tierra Blanca, donde desaparecieron los cinco jóvenes.

La Fiscalía de Veracruz ya emitió las órdenes de localización correspondientes para que dicha persona sea llevada a rendir declaración ante el Ministerio Público y se esclarezca si conocía de las actividades ilícitas en ese sitio.

Con independencia del propietario, se presume que el rancho era utilizado por una célula delictiva del Cártel de Jalisco Nueva Generación. Una de las líneas apunta a que la propiedad era en realidad controlada por Francisco Navarrete, supuesto jefe de zona de ese grupo criminal, detenido el pasado 24 de enero.

El Limón  es una propiedad que se ubica cerca de la comunidad conocida como San Joaquín Limón, en el municipio de Tlalixcoyan, al sur de Veracruz. Se trata de una zona semirural, a la cual se llega mediante un camino de dos carriles que se encuentra parcialmente pavimentado.

Cabe señalar que el rancho se encuentra a más de 60 kilómetros al norte de la cabecera municipal de Tierra Blanca, localidad en donde fueron detenidos ilegalmente por la policía estatal los cinco jóvenes desaparecidos el pasado 11 de enero.

Si los agentes que detuvieron a los jóvenes los hubieran trasladado directamente al rancho, el recorrido en vehículo lo habrían hecho en apenas una hora 15 minutos, de acuerdo con datos de Google Maps.

Según las investigaciones, el rancho era utilizado por los delincuentes para múltiples propósitos ilícitos, además de la desaparición de personas.

Cuando el rancho fue intervenido la semana pasada se encontraron, entre otras cosas: dos vehículos con reporte de robo, distintos equipos y herramientas utilizadas comúnmente para la extracción ilegal de hidrocarburos, un taller con material utilizado para fabricar fondos ocultos en vehículos, así como indicios de que en el sitio eran retenidas personas.

La zona en la que se encuentra el rancho, de acuerdo con la Procuraduría General de la República (PGR), era hasta 2013 una de las áreas de influencia del grupo delictivo de Los Zetas, pero en los últimos tres años, es el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) quien tiene la presencia más significativa en la zona.

La PGR, a través de la SEIDO, indaga la colaboración de fuerzas de seguridad pública estatal con este y otros grupos criminales en Veracruz para cometer múltiples delitos, desde el secuestro y desaparición de personas, hasta la extorsión, robo de hidrocarburos, tráfico de drogas y homicidio.

Ranchos del terror

El rancho El Limón no es la primera propiedad de este tipo en Veracruz que es utilizada por grupos criminales para desaparecer personas o para cometer otro tipo de actividades ilícitas.

En 16 de junio de 2014, elementos de la Armada de México descubrieron múltiples fosas clandestinas en el rancho El Diamante, ubicado entre los municipios de Tres Valles y Cosamaloapan, también en el sur de Veracruz. En los días siguientes al hallazgo, más de 30 cadáveres fueron rescatados de dicho terreno, sin que se precisara oficialmente la cantidad de víctimas.

De acuerdo con las investigaciones, el rancho el Diamante era propiedad del exalcalde del municipio de Tres Valles, Fernando Cano Cano, quien murió en 2011.

Por citar otro ejemplo, en febrero del 2012, la detención de un presunto jefe de ”halcones” de un cártel llevó a elementos de la Marina al hallazgo de los cuerpos de al menos 15 personas, quienes habían sido enterradas en fosas clandestinas ubicadas en dos ranchos próximos a la localidad de Acayucan, también en el sur de la entidad.

En días posteriores al hallazgo se realizaron nuevas excavaciones en esos ranchos pero ya no se dijo públicamente si se encontraron más cuerpos.

Más reciente fue el descubrimiento de cinco cadáveres, entre ellos los de dos personas de origen colombiano con signos de tortura, en el interior del rancho El Lagostillo, ubicado en el municipio de Puente Nacional. El hallazgo se realizó en noviembre de 2015.

Cabe señalar que las víctimas encontradas en ese caso habían sido secuestradas en el municipio de Córdoba, el mismo donde apenas el pasado 8 de febrero fue secuestrada por un comando armado la periodista Anabel Flores.

Los operativos en ranchos de Veracruz no siempre derivan en el hallazgo de cuerpos, pero sí de otros elementos. Por ejemplo, en septiembre de 2014 un operativo en el rancho San Pedro, ubicado en el municipio de Acuitzingo, derivó en el descubrimiento de un campo de entrenamiento de Los zetas y el decomiso de un arsenal completo.

Buscarán peritaje argentino y de EU

Los familiares de los cinco jóvenes desaparecidos el pasado 11 de enero en Tierra Blanca buscarán que los especialistas del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que en México trabaja en el caso Ayotzinapa, realice un segundo análisis de un grupo de restos encontrados en el rancho El Limón y que según las autoridades corresponden a dos de las víctimas.

Los abogados que asesoran a los padres de los jóvenes confirmaron a Animal Político que el EAAF es la primera opción y desde la noche de ayer se buscaba el contacto con ellos.

La segunda alternativa, que también se comenzó a trabajar, es la de un equipo de peritos con sede en Nuevo México, Estados Unidos, y que cuentan con trayectoria reconocida en temas de identificación forense.

En ambos casos el peritaje tendría que ser pagado por los familiares, aunque se espera que el estado terminé subsidiándolo como parte de la reparación del daño al que tienen derecho las víctimas.

Es por este motivo que en una nueva reunión realizada el 9 de febrero con autoridades de la Gendarmería y de la Fiscalía de Veracruz, los padres rechazaron que se les entregaran los retos encontrados, pues prefieren que sigan bajo resguardo ministerial, a la espera del segundo peritaje.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Ignaz Semmelweis: el doctor al que metieron al manicomio por insistir en la importancia de lavarse las manos

En un mundo que no entendía los gérmenes, Ignaz Semmelweis descubrió y probó que lavarse las manos era clave para evitar la propagación de infecciones. Pero su historia no tuvo un final feliz.
22 de septiembre, 2019
Comparte
Hospital St. George

Getty Images
Los hospitales, como el St. Georges en Londres, eran conocidos como “casas de la muerte”.

En 1825, al visitar a un paciente que se estaba recuperando de una fractura compuesta en el Hospital St. George en Londres, sus familiares lo vieron acostado sobre sábanas húmedas y sucias llenas de hongos y gusanos.

Ni el afligido hombre, ni los demás que compartían el espacio, se habían quejado de las condiciones pues creían que eran normales.

Quienes tenían la mala suerte de ser admitidos en ese u otros hospitales de la época estaban acostumbrados a los horrores que residían en su interior.

Todo apestaba a orina, vómito y otros fluidos corporales. El olor era tan ofensivo que el personal a veces caminaba con pañuelos apretados contra sus narices.

Los doctores, por su lado, tampoco olían exactamente a rosas. Raramente se lavaban las manos o los instrumentos y dejaban a su paso lo que la profesión alegremente denominaba “el tradicional hedor hospitalario”.

Los quirófanos eran tan sucios como los cirujanos que trabajaban en ellos. En medio de la habitación solía haber una mesa de madera manchada con reveladoras huellas de carnicerías pasadas, mientras que el piso estaba cubierto de aserrín para absorber la sangre.

La clínica de Gross de Thomas Eakins

Getty Images
“La clínica de Gross” fue pintada por el estadounidense Thomas Eakins en 1875, justo antes de la adopción de un entorno quirúrgico higiénico y por eso a menudo se contrasta con la pintura posterior de Eakins, “La clínica de Agnew” (1889), que verás más abajo en este artículo.

Y había alguien a quien le pagaban más que a los doctores: el “cazador de insectos en jefe”. Su trabajo era librar los colchones de piojos.

Los hospitales eran caldo de cultivo para la infección y solo proporcionaban las instalaciones más primitivas para los enfermos y moribundos, muchos de los cuales estaban alojados en salas con poca ventilación o acceso a agua limpia.

En este período, era más seguro ser tratado en casa que en un hospital, donde las tasas de mortalidad eran de tres a cinco veces más altas que en entornos domésticos.

Como resultado de esta miseria, se les conocía como “Casas de la Muerte”.

Por favor lavarse las manos

En medio de ese mundo que aún no entendía los gérmenes, un hombre intentó aplicar la ciencia para detener la propagación de la infección.

Se llamaba Ignaz Semmelweis.

Retrato de Ignaz Semmelweis

Getty Images
Aunque Semmelweis llegó a la conclusión de que había que lavarse las manos entre procedimientos mediante un vigoroso análisis estadístico, no podía explicar por qué: aún no se sabía nada de los gérmenes.

Este médico húngaro trató de implementar un sistema de lavado de manos en Viena en la década de 1840 para reducir las tasas de mortalidad en las salas de maternidad.

Fue un intento digno pero fallido, pues fue demonizado por sus colegas.

Pero eventualmente llegó a ser conocido como el “Salvador de las Madres”.

Un mundo sin gérmenes

Semmelweis trabajaba en el Hospital General de Viena, donde la muerte acechaba las salas tan regularmente como en cualquier otro hospital de la época.

Antes del triunfo de la teoría de los gérmenes en la segunda mitad del siglo XIX, la idea de que las condiciones miserables en los hospitales desempeñaran un papel en la propagación de la infección no pasaba por la mente de muchos médicos.

"La clínica de Agnew" (1889), de Thomas Eakins

Getty Images
Este óleo es “La clínica de Agnew” (1889), de Thomas Eakins, al que se compara con “La clínica de Gross” pues que representa un quirófano más limpio, con los participantes en “batas blancas”. Más tarde, las medidas higiénicas serían más drásticas, hasta llegar a los quirófanos que conocemos.

“Es difícil para nosotros imaginarnos un mundo en el que no se sabía de la existencia de gérmenes ni bacterias”, le dijo a la BBC el doctor Barron H. Lerner, miembro de la facultad de la Escuela Langone de Medicina de la Universidad de Nueva York.

“A mediados del siglo XIX, se pensaba que las enfermedades se propagaban a través de nubes de un vapor venenoso en el que estaban suspendidas partículas de materia en descomposición llamadas ‘miasmas'”.

Desequilibrio notable

Entre las personas con mayor riesgo estaban las mujeres embarazadas, particularmente las que sufrían desgarros vaginales durante el parto, pues las heridas abiertas eran el hábitat ideal para las bacterias que médicos y cirujanos llevaban de un lado al otro.

Lo primero que notó Semmelweis fue una discrepancia interesante entre las dos salas obstétricas del Hospital General de Viena, cuyas instalaciones eran idénticas.

Una era atendida por estudiantes de medicina masculinos, mientras que la otra estaba bajo el cuidado de parteras.

La que era supervisada por los estudiantes de medicina tenía una tasa de mortalidad 3 veces más alta.

Tabla de mortalidad por fiebre puerperal

Power.corrupts
La Primera Clínica era el servicio de enseñanza para estudiantes de medicina; la Segunda Clínica había sido seleccionada en 1841 solo para instrucción de parteras.

Quienes se habían dado cuenta de ese desequilibrio antes lo habían atribuido a que los estudiantes varones eran más rudos en su trato con las pacientes que las comadronas. Creían que eso comprometía la vitalidad de las madres, haciéndolas más susceptibles a desarrollar fiebre puerperal.

Pero a Semmelweis no le convencía esa explicación.

El sacerdote o la mugre

Poco después, notó que cada vez que una mujer moría de fiebre infantil, un sacerdote caminaba lentamente por la sala de médicos con un asistente tocando una campana.

Semmelweis teorizó que ese ritual aterrorizaba tanto a las mujeres después dar a luz que desarrollaban una fiebre, se enfermaban y morían.

Después de hacer que el sacerdote tomara otra ruta y abandonara la campana comprobó, frustrado, que el cambio no había surtido ningún efecto.

Streptococcus pyogenes

Getty Images
Esta era la causa que en ese tiempo no se podía ver: la bacteria Streptococcus pyogenes.

Pero en 1847, la muerte de uno de sus colegas por una cortada que se había hecho en la mano durante un examen post mortem, le dio la pista que necesitaba.

Una leve herida fatal

Cortar cadáveres abiertos en ese tiempo conllevaba riesgos físicos, muchos de ellos fatales.

Cualquier herida o grieta en la piel producida por el cuchillo de disección, por leve que fuera, era un peligro siempre presente, incluso para anatomistas más experimentados, como el tío de Charles Darwin -con el mismo nombre-, quien murió en 1778 después de sufrir una lesión mientras diseccionaba a un niño.

Mientras su colega moría, Semmelweis notó que sus síntomas eran muy similares a los de mujeres con fiebre puerperal.

¿Sería que los médicos que trabajan en la sala de disección llevaban “partículas cadavéricas” con ellos a las salas de parto?

El toque, placa de las "Nouvelles dmonstrations d'accouchements"

Getty Images
Los doctores, como se ve en esta placa de las “Nouvelles dmonstrations d’accouchements” (Nuevas demostraciones de partos) de Jacques-Pierre Maygrier, 1840, usaban sus manos al atender partos, pero no solían estar tan limpias como en esta ilustración.

Después de todo, Semmelweis observó que muchos de los jóvenes iban directamente de una autopsia a atender a las mujeres.

Como no se usaban guantes ni otras formas de equipo de protección en la sala de disección, no era raro ver estudiantes de medicina con trozos de carne, tripas o cerebros pegados a su ropa después de que las clases hubieran terminado.

La gran diferencia entre la sala de médicos y la de parteras era que los médicos realizaban autopsias y las parteras, no.

¿Sería esa la clave del misterio que atormentaba a Semmelweis?

Tumbar y reconstruir

Antes de que se entendiera bien el asunto de los gérmenes, era difícil encontrar un remedio para la miseria en los hospitales.

El obstetra James Y. Simpson (1811-1870) -el primer médico en demostrar las propiedades anestésicas del cloroformo en humanos- argumentó que si la contaminación cruzada no se podía controlar, los hospitales debían ser periódicamente destruidos y construidos de nuevo.

El cirujano John Eric Erichsen (1818-1896) -autor de “Ciencia y el arte de la cirugía”- concordaba: “Una vez que un hospital se ha vuelto incurablemente afectado por la piemia (infección purulenta), es tan imposible desinfectarlo por cualquier medio higiénico conocido, como lo es desinfectar un viejo queso de los gusanos que se han generado en él”, escribió.

Sólo había una solución: la demolición.

Semmelweiss no creía que fueran necesarias medidas tan drásticas.

Sólo tres palabras

Tras concluir que la fiebre puerperal era causada por “material infeccioso” de un cadáver, instaló una cuenca llena de solución de cal clorada en el hospital y comenzó a salvar vidas de mujeres con tres simples palabras: “lávese las manos”.

Ignaz Semmelweis se lava las manos con agua de cal clorada antes de operar.

Getty Images
Ignaz Semmelweis lavándose las manos con agua de cal clorada antes de operar.

Aquellos que pasaban de la sala de disección a las salas de parto tenían que usar la solución antiséptica antes de atender a pacientes vivos.

Las tasas de mortalidad en la sala de estudiantes de medicina se desplomó.

En abril de 1847, la tasa era del 18,3%.

Inmediatamente después de un mes de instituido el lavado de manos, las tasas cayeron a poco más del 2% en mayo.

Triunfo sin laureles

El experimento continuó; los resultados de Semmelweis eran muy convincentes, sus datos habían sido recogidos minuciosamente y sin duda salvó la vida de muchas madres durante ese periodo.

No obstante, no pudo convencer a todos sus colegas de los méritos de su teoría de que los incidentes de la fiebre puerperal se relacionaban con la contaminación causada por el contacto con cuerpos muertos.

Aquellos dispuestos a poner a prueba sus métodos a menudo lo hacían de manera inadecuada, produciendo resultados desalentadores.

Tabla de mortalidad antes y después del lavado de manos

Power.corrupts
Los datos eran incontrovertibles: las tasas de mortalidad de fiebre puerperal para la Primera Clínica en la Institución de Maternidad de Viena cayeron notablemente cuando Semmelweis implementó el lavado de manos a mediados de mayo de 1847.

“Hay que tener en cuenta que lo que él estaba diciendo -aunque no en esas palabras- era que los estudiantes de medicina estaban matando mujeres, y eso era muy difícil de aceptar”, explica Lerner.

Tras varias críticas negativas de un libro que publicó sobre el tema, Semmelweis arremetió contra sus críticos y llegó a tildar a médicos que no se lavaban las manos de “Asesinos”.

El futuro que no llegó a ver

Cuando no le renovaron el contrato en el hospital de Viena, Semmelweis retornó a su nativa Hungría, donde asumió el cargo de médico honorario relativamente insignificante y no remunerado de la sala obstétrica del pequeño Hospital Szent Rókus de Pest.

Tanto ahí como en la clínica de maternidad de la Universidad de Pest, donde más tarde fue profesor, la propagación de la fiebre puerperal era rampante hasta que él virtualmente la eliminó.

Pero ni las críticas contra su teoría ni la ira de Semmelweis hacia la falta de voluntad de sus colegas para adoptar sus métodos de lavado de manos se apaciguaron.

Placa en honor a Ignaz Semmelweis

Getty Images
Sólo después de su muerte logró el reconocimiento que le habría alegrado la vida.

Su comportamiento se volvió errático. A partir de 1861 empezó a sufrir de depresión severa y se volvió distraído. Y cada conversación lo llevaba al tema de la fiebre puerperal.

Un día, un colega lo llevó al Asilo de locos vienés con el pretexto de visitar un nuevo instituto médico.

Cuando Semmelweis se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y trató de irse, los guardas lo golpearon severamente, le pusieron una camisa de fuerza y ​​lo confinaron a una celda oscura.

Dos semanas después, Semmelweis murió porque una herida en su mano derecha se había vuelto gangrenosa. Tenía 47 años.

Lamentablemente, nunca jugó ningún papel en los cambios que, en última instancia, serían llevados a cabo por pioneros anteriores a la teoría de los gérmenes, como Louis Pasteur, Joseph Lister y Robert Koch.

Una de las últimas cosas que Semmelweis escribió son inquietantes:

Cuando reviso el pasado, sólo puedo disipar la tristeza que me invade imaginando ese futuro feliz en el que la infección será desterrada La convicción de que ese momento tiene que llega inevitablemente tarde o temprano alegrará mi hora de morir“.

~ Si quieres escuchar más sobre Ignaz Semmelweiss y la importancia de lavarse las manos haz clic aquí.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=KD1_rWvZnzg

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.