Cinco claves de por qué falla la investigación de desaparición de periodistas y personas en México
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Cinco claves de por qué falla la investigación de desaparición de periodistas y personas en México

Pese a que algunos casos llegan a ser indagados tanto a nivel estatal como federal no hay resultados. Artículo 19, con información de la ONU y la CIDH, identifica las deficiencias comunes en el trabajo de investigación de los mismos.
Cuartoscuro
Por Arturo Ángel
11 de febrero, 2016
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Familiares de desaparecidos se manifiestan por los cinco jóvenes secuestrados en Tierra Blanca. // Foto: Cuartoscuro.

Familiares de desaparecidos se manifiestan por los cinco jóvenes secuestrados en Tierra Blanca. // Foto: Cuartoscuro.

Lentitud para poner en marcha los protocolos de búsqueda (si es que existen), falta de coordinación ente autoridades, apertura de averiguaciones repetidas, negativa a proporcionar información precisa, dudas de las actividades o criminalización de las víctimas…

Son  problemas comunes que se repiten en las investigaciones abiertas por la desaparición de periodistas en México y que han ocasionado que, hasta ahora, ninguna haya sido resuelta, de acuerdo con un análisis de la organización por la defensa de la libertad de expresión Artículo 19.

Algunas de estas deficiencias, identificadas también por Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), no se presentan solamente en los casos de periodistas sino de las desapariciones de personas en general, pese a que llegan a ser varias las instituciones involucradas en “esclarecer” los casos.

El problema,  además de que las averiguaciones previas no se resuelvan, es que las deficiencias en algunas situaciones han impedido ubicar a las personas y salvarles la vida, como ocurrió con el caso del periodista Moisés Sánchez que un mes después de su desaparición fue encontrado muerto.

A partir del análisis hecho por la organización en su estudio “Desapariciones de Periodistas en México”, Animal Político te presenta las cinco fallas identificadas en las indagatorias de los casos, y que son responsables de que predomine la impunidad en las desapariciones.

  • No hay reacción inmediata

Las primeras horas luego de la desaparición de una persona son claves para dar con su paradero y posiblemente para salvarle la vida. Algunos estados del país y el gobierno federal cuentan con protocolos de acción sobre cómo actuar en esos primeros momentos claves en que se reporta que una persona no aparece, incluyendo los casos específicos para periodistas.

El problema, según Artículo 19, es que dichos protocolos se quedan en el papel pues no se aplican adecuadamente.

“El patrón es repetitivo en la medida en que ningún caso ha contado con reacción inmediata para la búsqueda y localización con vida de las personas. Tanto el Comité contra la Desaparición Forzada e Involuntaria de la ONU como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han señalado que no se inician las investigaciones con la debida celeridad” indica el informe.

En Veracruz por ejemplo, la segunda entidad con el mayor número de periodistas desaparecidos (y también de desapariciones en general según datos de PGR) la Fiscalía estatal cuenta con lineamientos específicos de reacción inmediata para la búsqueda de personas. Además hay dos acuerdos interinstitucionales que así lo señalan.

Sin embargo, en casos como el del periodista Moisés Sánchez, que Artículo 19 desglosa para ejemplificar los errores comunes, la fiscalía tardó doce días en girar oficios de forma adecuada para pedir información. También pasaron once días antes que se pidieran los videos de cámaras del C4 que registraron la ruta del secuestro del periodista, sin que hasta el día de hoy hayan sido entregados.

  • No se reconoce desaparición forzada

En el análisis de los casos, Artículo 19 identificó como patrón que el 96 por ciento de los periodistas desaparecidos estaban investigando temas de corrupción y crimen organizado con el posible involucramiento de servidores públicos. Ocho periodistas incluso fueron amenazados por autoridades locales o federales.

Pero hasta ahora, ninguno de los 23 casos de periodistas desaparecidos es investigado oficial y legalmente  como un asunto de presunta desaparición forzada.

“Los patrones identificados confirman las deficiencias en el tratamiento dado por las autoridades mexicanas. Es decir, ignoran u ocultan de manera sistemática los nexos causales entre la actividad periodística u  el papel de las autoridades y particulares en la desaparición de periodistas. De esta manera, sostenemos que la mayoría de las desapariciones son forzadas en tanto no se descarte este supuesto en las investigaciones” indica Artículo 19.

El que un caso sea tipificado como posible desaparición forzada no solo tiene que ver con un reconocimiento de la participación del estado, sino que además implica que la averiguación que se inicie no prescribe nunca, es decir no caduca, y las penas son mayores para los involucrados.

  • Se duplican (o triplican) averiguaciones

México ha creado en los últimos años instancias especializadas en delitos cometidos en contra de periodistas. Las procuradurías y fiscalías estatales cuentan con ellas, mientras que en la PGR existe la Fiscalía Especializada en Atención de delitos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) que se encarga de estos casos.

La situación es similar con la indagatoria de las desapariciones en general, donde la PGR creó una Unidad Especializada en Búsqueda de Personas (hoy fFiscalía) que se suma a la facultad que también tienen las entidades.

El problema ha sido que estas áreas federales no han atraído la mayoría de los casos. Por lo menos la FEADLE, indica Artículo 19, tiene solamente 13 averiguaciones por desaparición de periodistas que además, son casos repetidos a los de los estados pues no se atrajeron totalmente las indagatorias.

“La existencia de dos indagatorias constituye una duplicidad de actuaciones que implica la revictimización permanente de las víctimas indirectas (las familias) obstaculiza la eficiencia y compromete si independencia, imparcialidad y objetividad” señala Artículo 19.

La FEADLE, de acuerdo con el análisis, ha utilizado discrecionalmente su facultad para decir que casos atrae o no, situación que resulta restrictiva en materia de derechos humanos.

En algunos casos como el del periodista Moisés Sánchez, se abrió incluso una tercera averiguación previa  a través de  la Unidad Especializada en Investigación de Búsqueda de Personas, sin embargo sus acciones iniciales se centraron en pedir a las otras áreas sus propias indagatorias del caso.

  • Dudas y criminalización

El estudio advierte que un problema recurrente en el esclarecimiento de los casos, es que las autoridades responsables tienden a poner en duda que el trabajo del periodista sea el factor detrás de la agresión, e incluso que la víctima realmente se dedique a ello.

En el caso mencionado de Moisés Sánchez, esto quedó de manifiesto, según el recuento de Artículo 19, primero con las declaraciones del gobernador Javier Duarte quien puso en duda la calidad del trabajo de la víctima, pero sobretodo con la actuación de la Fiscalía de la PGR quien prefirió indagar si este era reportero en momento en que posiblemente seguía secuestrado pero con vida.

“Gran parte de las diligencias iniciales se centraron en comprobar que Moisés Sánchez era periodista. En efecto, invirtieron recursos materiales y humanos en enviar oficios a distintos medios de comunicación de Veracruz para preguntar si contaban con registros sobre la participación periodística-laboral de Moisés en sus empresas” revela el estudio.

En la misma investigación e Sánchez, y luego de que un juez emitiera un amparo en el que le ordenaba a la PGR esclarecer porque no había atraído el caso, la Fiscalía terminó por informar que no lo hizo argumentando según su criterio que este no era periodista.

Hasta ahora, en ninguno de las 23 desapariciones  se ha establecido como principal línea de investigación la actividad profesional de las víctimas}

Un caso más reciente que no entró en el análisis, pero que también fue condenado por  Artículo 19, fue el caso de la periodista Anabel Flores, secuestrada el pasado lunes 8 de febrero y encontrada un día después asesinada.

Aunque la Fiscalía dijo en un comunicado que indagaba varias líneas detalló solamente que se verificaba su posible contacto con un narcotraficante. El Fiscal luego dijo que hicieron ese señalamiento por “notas y rumores” publicados. Artículo 19 subrayó que es un ejemplo más de criminalización de los casos.

  • Opacidad hacia las víctimas

La falta de información confiable a la que puedan tener acceso las víctimas y luego la sociedad en general es un problema también recurrente en estos casos. Artículo 19 señala que en ninguna de las 23 desapariciones se conoce actualmente el estado en el que se encuentran las investigaciones.

En algunos casos como el del periodista Ramón Ángeles Zalpa del periódico Cambio de Michoacán, desaparecido desde el 6 de abril de 2010, o el de Sergio Landa Rosado del Diario Cardel de Veracruz que no aparece desde el 22 de enero del 0113, las fiscalías estatales y la propia PGR se han negado a proporcionar a las víctimas los datos que han solicitado.

La falta de datos, que no solo se presenta en la desaparición de periodistas sino de personas en general, es significativa pues se trata de casos de graves violaciones a derechos humanos sobretodo cuando hay autoridades involucradas en el hecho delictivo.

“La opacidad que rodea a la información sobre los hechos —y responsables, circunstancias del contexto general, políticas y deficiencias institucionales y decisiones que hicieron posibles las violaciones— niega igualmente el derecho que tiene la sociedad a conocer la verdad sobre las violaciones a derechos humanos” indica el informe.

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Cómo es Palm Beach, la isla de Florida con la población más blanca y rica de EU, el nuevo hogar de Trump

Vecinos de Palm Beach recibieron con banderas y aplausos a Donald Trump el pasado 20 de enero. Pero no todos los residentes están igual de felices.
23 de enero, 2021
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Intentar entrar en una isla a la que pocos días antes ha llegado un expresidente de Estados Unidos con la idea de convertirse en un vecino más no es tarea sencilla.

Menos si ese expresidente es Donald Trump, con toda la pasión, el fervor, la controversia y las medidas de seguridad que lo acompañan.

Carreteras cortadas, desvíos obligatorios y un férreo control policial hacen que sea imposible acercarse a Mar-a-Lago, el resort donde Trump ha pasado largos fines de semana y períodos vacacionales en estos últimos cuatro años y donde ahora tiene intención de establecer su residencia permanente.

Una decisión que ha generado incomodidad entre algunos de los vecinos de Palm Beach, la ciudad en la que se encuentra la imponente construcción y que es conocida por su exclusividad, elitismo y riqueza, pero -sobre todo- por su deseo de mantener ese estatus.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
Las fincas de Palm Beach tienen una flora exuberante.

¿Cómo es este selecto rincón del sur de Florida que Trump definió como paraíso en la Tierra?

Un lugar de retiro

Palm Beach es una ciudad que durante todo el año tiene apenas 11.000 habitantes, una cifra que se triplica en temporada alta (de noviembre a abril), cuando llegan las llamadas “aves migratorias”, personas que normalmente residen en lugares más fríos del país.

Separada del continente por una enorme masa de agua, el lago Worth, los residentes hablan de su ciudad como una isla a la que se puede acceder por la carretera de la costa o a través de una serie de puentes, uno de los cuales conduce directamente hasta Mar-a-Lago.

Mar-a-Lago a lo lejos, Palm Beach

BBC Mundo
Los controles y cortes de carretera impidieron que nos acercáramos al resort de Mar-a-Lago.

Después de manejar una hora y media desde Miami, me dirigía hacia él cuando me encontré con la primera barrera: un letrero con una gran flecha que desviaba todo el tráfico hacia la izquierda.

Quería seguir el recorrido que hizo el convoy que transportó a Trump y familia el pasado miércoles 20 de enero, horas después de haber abandonado la Casa Blanca y la presidencia del país.

Ese día, decenas de seguidores colocados a ambos lados de la carretera le dieron la bienvenida con banderas y carteles de apoyo.

Seguidores de Trump lo reciben en Palm Beach

Getty Images
Los residentes de Palm Beach votaron mayoritariamente por Trump en las pasadas elecciones de noviembre.

Este viernes, lo que había era un caos de autos que daban la vuelta en busca del camino para poder llegar a su destino.

Los atascos y los cortes de carretera son la principal fuente de frustración para una comunidad de personas que, en su mayoría, eligieron Palm Beach como lugar de retiro para no tener que lidiar precisamente con estos fastidios de la vida diaria.

Lujo por todas partes

Encontrada la alternativa para acceder a Palm Beach, llama la atención el contraste con la ciudad que queda atrás, West Palm Beach. No son solo lugares separados por un puente, sino también por millones de dólares.

Un deportivo blanco en la avenida Worth, Palm Beach

BBC Mundo
Los autos de lujo son comunes en las calles de Palm Beach.

Grandes fincas escondidas tras la maleza, con enormes arbustos y plantas cubriendo los muros, una playa larga y estrecha, tiendas de moda con las firmas más exclusivas, galerías de arte y restaurantes con terrazas al sol esperan al curioso visitante.

Los residentes, sin embargo, no se muestran tan abiertos hacia quienes llegamos de fuera.

Ante la pregunta de cómo se sienten ahora que Trump no está de paso, la mayoría prefiere no contestar.

Melissa, una joven que fuma en el exterior de la tienda de ropa en la que trabaja en la avenida Worth, eje del lujo comercial de la ciudad, le dice a BBC Mundo que para ella nada cambia.

“Trump lleva cuatro años viniendo a Mar-a-Lago como presidente, y antes de eso también venía, estamos acostumbrados a los controles y las esperas. Lo único que cambia es que ahora somos más conocidos, aunque la atención también pasará”.

No todos los vecinos asumen la presencia de Trump en la ciudad con tanta naturalidad.

Una batalla legal

“He recibido correos y llamadas de residentes que no quieren que el presidente viva en el condado de Palm Beach”, le cuenta a BBC Mundo Mack Bernard, comisionado del condado de Palm Beach para el distrito 7, al que pertenece Mar-a-Lago.

“Él está en la ciudad, tendrá que alcanzar un acuerdo con la ciudad para ver si puede continuar usando Mar-a-Lago como residencia, tengo entendido que hay limitaciones” explica.

Fachada de Mar-a-Lago

Getty Images
Donald Trump compró Mar-a-Lago en 1985 por US$10 millones.

Las limitaciones a las que se refiere el comisionado datan de 1993, año en el que Trump y el Ayuntamiento de Palm Beach firmaron un pacto por el que el entonces magnate recibía permiso para transformar la mansión en un club social, pero con la contrapartida de no poder usar el edificio como residencia.

Según el convenio, las estancias en el club solo podían ser de 21 días al año, distribuidos en tres semanas no consecutivas. Además, se le imponía al club un máximo de 500 miembros y Trump se comprometía a que al menos un 50% de esos miembros residieran o trabajaran en Palm Beach.

El pasado 15 de diciembre, el abogado Reginald Stambaugh en representación de la familia DeMoss, propietaria de una finca junto a Mar-a-Lago, envió una carta al ayuntamiento y al Servicio Secreto de Estados Unidos en la que denuncia la violación del mencionado acuerdo.

Donald Trump y Xi Jinping

Getty Images
Trump recibió en Mar-a-Lago a líderes internacionales como el presidente de China, Xi Jinping.

“Según el acuerdo de uso de 1993, Mar-a-Lago es un club social y nadie puede residir en la propiedad”, escribió Stambaugh.

“Para evitar una situación embarazosa para todos y darle al presidente tiempo para hacer otros planes de vivienda en la zona, confiamos en que trabajarán con su equipo para recordarles los parámetros del acuerdo de uso ”, proseguía la carta.

“Palm Beach tiene muchas propiedades encantadoras a la venta y seguro que puede encontrar una que satisfaga sus necesidades”.

Sin embargo, el expresidente hizo caso omiso de esta misiva y la Organización Trump emitió un comunicado que decía: “No hay un documento o acuerdo en vigor que prohíba al presidente Trump usar Mar-a-Lago como su residencia“.

Una vivienda en Palm Beach

BBC Mundo
Las propiedades en Palm Beach están muy resguardadas del exterior.

BBC Mundo intentó hablar con el abogado Stambaugh, pero no recibió respuesta.

Una figura extravagante

Conocedores de Palm Beach como el cronista social Laurence Leamer o el agente inmobiliario Rick Rose han apuntado en distintas entrevistas que el desprecio de una parte de la sociedad de Palm Beach hacia Donald Trump no es nada nuevo.

El periodista Ronald Kessler, autor de más de 20 libros sobre la Casa Blanca, el Servicio Secreto y agencias de inteligencia como el FBI o la CIA, cree que esta imagen de rechazo se está exagerando.

Donald Trump saluda

Reuters
Trump goza de apoyo en Florida, estado que ganó en las elecciones de 2016 y 2020.

En entrevista con BBC Mundo, Kessler recuerda que, tanto en 2016 como en 2020, una mayoría de la gente de Palm Beach votó por Trump.

“Siempre ha habido la conocida ‘vieja guardia’ que tiende a ser antisemita y antinegros y a la que nunca le cayó bien. El club de Trump admitía negros y judíos”, indica.

“A algunos no les gusta su estilo, piensan que es extravagante, algo en lo que casi todo el mundo está de acuerdo, pero creo que es solo eso, un segmento de la población”.

Para Kessler, la idea de la carta no tiene fundamento legal.

“El hecho de que vaya a vivir allí no es tan distinto de lo que hacía cuando era presidente, que estaba de viernes a domingo o dos semanas en Navidad, o incluso antes de la presidencia”, afirma.

Map

La ciudad de las donaciones

Palm Beach es el segundo municipio del condado del mismo nombre y recibió categoría de ciudad el 17 de abril de 1911, tras descubrirse que la vecina West Palm Beach iba a intentar anexarse la isla ese mismo año.

Después de más de 100 años de elegante evolución, Palm Beach es una comunidad volcada en los eventos sociales, no en vano el conjunto de sus residentes dona más dinero per cápita a organizaciones caritativas que cualquier comunidad de todo Estados Unidos.

“La ciudad gira en torno a los bailes caritativos que se organizan”, señala Ron Kessler.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
En Palm Beach se celebran numerosos eventos de recaudación de fondos para donarlos a causas sociales.

“Ponen tanta atención en las decoraciones y en la comida como en el dinero que donan. Hay comités para estos bailes, se dan peleas internas para ver quién es el miembro de la alta sociedad más querido o la reina social de Palm Beach”, agrega.

“Esa es su industria. Son todos ricos, no necesitan trabajar, por lo tanto, tienen esa forma de socializar y estas jerarquías”.

Mar-a-Lago

Trump aterrizó en ese ambiente en 1985 cuando compró Mar-a-Lago por US$10 millones.

La mansión de 126 habitaciones había sido propiedad de Marjorie Merriweather Post, dueña de General Foods, que murió en 1973 y se la dejó en herencia al gobierno de Estados Unidos como una posible “Casa Blanca de invierno”.

El gobierno la devolvió en 1981. Después de comprarla, Trump se gastó millones en rehabilitar la propiedad mientras vivía allí por temporadas, generalmente entre noviembre y mayo, cuando el clima de Florida es atemperado.

Vista aérea de Mar-a-Lago

Reuters
El club Mar-a-Lago tiene 7 hectáreas de extensión.

A principios de los 90, Trump entró en dificultades financieras por la caída de los precios de los inmuebles y el fracaso de varios de sus negocios y le dijo al ayuntamiento que no podía hacerse cargo de los US$3 millones anuales que costaba el mantenimiento.

Fue entonces cuando se firmó el acuerdo por el que Trump pudo convertir Mar-a-Lago en un club social en el que, hoy día, los miembros pagan una cuota inicial de US$200.000 y una tarifa anual de US$14.000.

Mar-a-Lago es lo más cercano al paraíso. Lo dice Trump y yo estoy de acuerdo”, sostiene Ron Kessler, que ha visitado el lugar en varias ocasiones.

“Cualquiera que está allí queda deslumbrado por la belleza, el follaje, el agua a los dos lados de la isla, el beach club que está en el océano, las dos piscinas climatizadas a unos 25 grados todo el año, la comida, las bebidas… es espectacular, una maravilla”.

Autoridades esquivas

La descripción que realiza el escritor estadounidense encaja con el porte de las otras mansiones que se adivinan detrás de las verjas y las frondosas palmeras.

Fachada en la avenida Worth

BBC Mundo
Hay mucha reserva de las autoridades y los residentes de Palm Beach para hablar con la prensa.

Cuando intento acercarme a Mar-a-Lago desde la zona norte, una barrera similar a la que había en el puente indica que el paso de todos los vehículos, excepto los de los residentes, está prohibido.

Hay un control policial a un kilómetro y medio de distancia de la casa de Trump. Los agentes explican que el perímetro seguirá activo durante unos días.

“Poco a poco recuperaremos la normalidad, ahora está todo muy reciente y las amenazas son reales“, nos dice uno de los policías.

Tanto la Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach como el Departamento de Policía de la ciudad responden a nuestras preguntas con el mismo mensaje: “La prioridad es garantizar la seguridad no solo de Trump sino de todos los residentes”.

Seguidores de Trump y un vehículo del sheriff del condado de Palm Beach

EPA
La Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach lleva años colaborando con el Servicio Secreto para la protección de Trump y su familia.

Respecto a la disputa por la posible residencia permanente de Trump, las autoridades de la ciudad se muestran esquivas.

Desde el Ayuntamiento, la alcaldesa, la republicana Gail Coniglio, no reacciona a nuestra solicitud de entrevista.

El administrador de la ciudad, Kirk Blouin, nos hace llegar un escueto mensaje: “El Ayuntamiento no está al tanto de la intención de Trump en este sentido. Cuando sepamos, como un hecho, que el presidente Trump pretende residir en Mar-a-Lago abordaremos el asunto de la forma apropiada”.

Una función positiva

Por su parte, el comisionado Mack Bernard, del gobierno del condado, intenta encontrar las ventajas de tener una figura tan relevante en el vecindario.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
La diferencia de riqueza entre Palm Beach y su vecina West Palm Beach es abrumadora.

“Cuando tienes un expresidente que vive en tu distrito, mi forma de pensar es preguntarme qué cosas positivas pueden salir de esto”, le dice Bernard a BBC Mundo.

Para el comisionado, Trump podría ayudar a la ciudad y al condado a abordar mejor los problemas causados por la pandemia.

“Tenemos muchos residentes que no han sido vacunados y también hay muchos de sus seguidores que no creen en el distanciamiento social o en la importancia de llevar mascarilla”, expone.

Playa de Palm Beach

BBC Mundo
La playa de Palm Beach tiene unos 5 kilómetros de extensión.

“Al igual que hay expresidentes que adoptan causas que son monumentales y pueden cambiar el país, espero que mientras Trump sea uno de nuestros residentes use su poder y su micrófono para influir en la actitud de sus seguidores y abogar por que los residentes del condado de Palm Beach sean vacunados”.

Queda por ver si los reservados habitantes de Palm Beach verían con buenos ojos esta nueva función del expresidente y terminarían por acogerlo como uno de los suyos.


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