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Ellos son los cinco jóvenes a los que la Policía Estatal desapareció en Tierra Blanca

Animal Político presenta un perfil de quiénes son José, Bernardo, Susana, Mario y Alfredo, los cinco jóvenes desaparecidos en Veracruz tras ser interceptados por una patrulla de la Policía Estatal en el municipio de Tierra Blanca.
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Por Manu Ureste
2 de febrero, 2016
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Con esta imagen piden en Facebook ayuda para localizar a los cinco jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca, Veracruz. // Foto: Facebook/Ayúdenos a Encontrarlos

Con esta imagen, familiares piden ayuda en Facebook para localizar a los cinco jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca, Veracruz. // Foto: Facebook/Ayúdenos a Encontrarlos

Tres semanas y un día han pasado desde que, el 11 de enero, un grupo de cinco jóvenes que regresaba de un fin de semana en el puerto de Veracruz desapareció tras ser interceptado por una patrulla de la policía estatal en Tierra Blanca; municipio en el que hicieron una parada durante su trayecto de vuelta a Playa Vicente, localidad ubicada en la cuenca del Papaloapan, al sur de la entidad, de la que son originarios.

Hasta la fecha, siete elementos policiacos han sido detenidos y consignados por este caso, pero nada se sabe del paradero de los jóvenes.

En Animal Político te presentamos un perfil de quiénes son José, Bernardo, Susana, Mario y Alfredo. Los cinco muchachos que Veracruz exige a las autoridades que sean devueltos con vida. 

Bernardo Benítez Arroniz (25 años)

 

Bernardo Benítez Arroniz. //Foto: facilitada a Animal Político por su padre, Bernardo Benítez

Bernardo Benítez Arroniz, de 25 años. Trabaja en la distribuidora de cerveza de su padre. //Foto: facilitada por Bernardo Benítez

Bernardo Benítez Arroniz acaba de terminar la carrera de Administración de Empresas y tiene 25 años de edad. Sin embargo, su padre Bernardo dice con cariño que aún parece un niño porque, a veces, ve caricaturas a escondidas y pasa las tardes delante del televisor jugando videojuegos de futbol.

“Mi hijo es un muchacho mucho muy alegre, muy amiguero, pues. Todo el tiempo mi casa está llena de chamacos. Por eso a veces le digo que parece medio niño –Bernardo ríe al otro lado de la línea telefónica-. Le digo: oye mijo, ya compórtate como un chingao hombre, porque todavía pareces chamaco. Siempre jugando al Nintendo con los amigos de tu hermano”.

A pesar de los regaños, Bernardo dice que su hijo nunca le ha contestado de mala manera. Al contrario, hace hincapié, siempre ha sido muy respetuoso con la familia, cariñoso y atento con su hermano menor del que “no se despega”, y muy responsable con su trabajo en el negocio familiar, una distribuidora de cerveza.

“Cuando salió de la carrera hablé con él y le dije que entendía sus inquietudes porque está joven, pero le pedí que no se fuera de la casa para buscar trabajo en otros lugares. No somos ricos, pero le dije que, poco a poco, podía aprender a llevar el negocio y que en un futuro sería para él”, narra el padre de familia.

Desde esa plática, el joven de 25 años se ha dedicado a ayudar a administrar la distribuidora, pero también a repartir las cervezas en una camioneta cuando es necesario. Por eso, insiste su padre, mucha gente lo conoce en Playa Vicente, una localidad de unos 40 mil habitantes.

“Mi hijo es de ese tipo de personas que no cae mal. Todo lo contrario. Es un tipo bonachón, muy tratable, y por eso toda la juventud en Playa Vicente lo conoce”, dice Bernardo, quien hace una pausa en el teléfono.

“Claro, quizá piense que le digo esto porque es mi hijo”, el veracruzano rompe el silencio, para añadir tajante: “Pero todos en Playa Vicente le van a decir lo mismo que le estoy platicando. Lo sé porque mi muchacho es buena persona; esa es la mera verdad”. 

Mario Arturo Orozco Sánchez, 27 años

Mario Arturo

Mario Arturo Orozco tiene 27 años. Es padre de una niña de tres. //Foto: Colectivo por la paz Xalapa

“Esto es una pesadilla, un sufrimiento que no sé cómo describirlo”.

Con voz trémula, Dionisia Sánchez hace una pausa al otro lado del hilo telefónico.

“Y fíjese que cada día vamos a peor –dice agotada tras soltar una bocanada de aire-. Sentimos una impotencia tremenda. Nada más vemos que pasan los días y que aún no sabemos nada de nuestros muchachos. Y todo, porque esos policías que se los llevaron no nos quieren decir dónde están”.

Dionisia es la mamá de Mario Arturo Orozco Sánchez; joven veracruzano que atiende un negocio de autopartes tras un intento fallido de estudiar Comercio Internacional. Es padre de una niña de tres años; y apenas el pasado 8 de enero acaba de cumplir 27 años de edad.

Precisamente, aunque su madre comenta que Mario “es un joven de salir muy poco a los antros”, su cumpleaños fue la excusa ideal para que él y sus amigos pasaran un fin de semana de vacaciones en el Puerto de Veracruz.

“Mi hijo es un muchacho muy callado, muy serio. Pero a pesar de eso, tiene muchos amigos en Playa Vicente. Nunca ha tenido una mala palabra con nadie”, asegura Dionisia, quien también conoce al resto de jóvenes que iban con su hijo, pues “todos se conocen desde la infancia”.

“Mario siempre se ha portado muy bien conmigo y con la gente. Es una persona sana y muy educada. Por eso – dice Dionisia con voz temblorosa – todos estos días no puedo parar de preguntarme: Dios mío, si Mario es tan buen hijo, tan buen padre y tan buen hermano, ¿por qué le ha pasado esto a él?”.

José Benítez de la O, 24 años

José de la O

José de la O tiene 24 años. Estudió mecánica automotriz en Puebla. //Foto: Colectivo por la paz Xalapa

A José siempre le han encantado los coches y la mecánica. Por eso decidió dejar momentáneamente Playa Vicente para ir a la ciudad de Puebla a estudiar mecánica automotriz en la escuela Rudolph Diesel.

Sin embargo, a pesar de que acabó sus estudios hace medio año y de que ha colaborado en varias empresas del Puerto de Veracruz, el joven aún no ha tenido suerte con el empleo. Por lo que, por ahora, trabaja al frente de una tortillería de su padre.

“Mi hijo es un muchacho trabajador. Ahí en la tortillería está de lunes a domingo, porque en ese trabajo no hay días festivos”, explica José Benítez, padre del joven desaparecido, quien lo define como “una persona cien por ciento sana”.

“José es muy parecido a su primo Bernardo en el sentido de que aún son medio infantiles. Es decir, son chamacos que no tienen malicia. En cierta forma, puede decirse que son hasta ingenuos”, apunta por su parte Bernardo Benítez, hermano de José Benítez, y tío del joven de 24 años.

No obstante, a pesar de ese carácter “aniñado”, José explica que su hijo es una persona cumplidora con sus responsabilidades.

“Cuando me dijo que se iba para el Puerto con sus amigos no le podía negar el permiso. Porque, ¿cómo me podía negar a algo así? –se cuestiona el padre, reflexivo-. No podía, porque sé que todo lo que se gasta es porque se lo ha ganado con esfuerzo y honradamente”.

Con un tono de voz cansado, José comenta que ahora lo menos que puede hacer es continuar buscándolo de dos formas: haciendo presión con un plantón en las oficinas de la fiscalía de Tierra Blanca que mantienen desde el día 11 de enero, y viajando constantemente a la Ciudad de México para exigir a las autoridades federales que den con el paradero de los jóvenes y se los entreguen con vida.

“Estamos muy cansados –dice con voz quebradiza-, pero hermano, aquí la fuerza sale porque tiene que salir. Nosotros no somos unos cobardes, y no vamos a dejar a nuestros hijos abandonados. Por eso, pase lo que pase, aquí nos van a ver. Firmes hasta que aparezcan nuestros muchachos”.

 

Susana Tapia Garibo, 16 años

Susana tiene 16 años. // Foto: facilitada a Animal Político por su madre

Susana Tapia tiene 16 años y quiere estudiar Ingeniería Química para trabajar en Pemex. // Foto: facilitada a Animal Político por su madre, Carmen Garibo.

Carmen Garibo interrumpe la oración en la que se encontraba inmersa junto con el resto de padres de los cinco jóvenes desaparecidos, y toma la llamada telefónica.

Cuando se le pregunta cómo describe a su hija Susana, una joven de 16 años de edad, que además de estudiar ayuda en el negocio de abarrotes de su madre, Carmen contesta que hay tantas cosas que podría contar de ella que no sabe muy bien por dónde empezar.

“Mi hija es una muchacha como cualquiera de su edad: es muy alegre, muy platicadora, y se lleva bien con toda la gente en Playa Vicente. Es muy sociable, vaya. Le encanta bailar, escuchar música y ver películas. Y además, es buena estudiante. Siempre ha ido muy bien en la escuela”.

Tan bien le van los estudios a Susana, que ésta ya ha anunciado a su familia que su objetivo es acabar la preparatoria para estudiar Ingeniería Química y de ahí buscar trabajo en Petróleos Mexicanos (Pemex).

“Primero me decía que quería ser nutrióloga. Pero luego me la cambió y me dijo que va a estudiar para ser ingeniera química. No me pregunte qué es eso, porque la verdad es que no lo sé”, ríe Carmen quedamente.

“Pero mi hija tiene esa meta y por eso le dije que, mientras saque una de las dos carreras, yo la apoyo en lo que decida. Porque sé que, primero Dios, ella va a lograr sus objetivos”.

José Alfredo González Díaz, 25 años

José Alfredo

José Alfredo tiene 25 años y trabaja cuidando ganado en un rancho de Playa Vicente. //Foto: Colectivo por la paz Xalapa.

José Alfredo nació y creció en un rancho, en las proximidades de Playa Vicente.

Por eso, desde pequeño, siempre le ha encantado ir arriba de un caballo para arriar el ganado en la soledad del campo.

De hecho, su trabajo actual es cuidar caballos y vacas en el rancho del presidente municipal de Playa Vicente; empleo con el que además apoya en casa debido a los problemas de salud de su padre, quien tras la noticia de la desaparición del joven de 25 años ha sufrido una fuerte recaída y no se ha podido unir al plantón frente a las instalaciones de la Fiscalía de Tierra Blanca.

“Alfredo es un joven responsable, que trabaja de lunes a domingo para apoyar en su casa, y que, como cualquier otro joven, el sábado sale al centro del pueblo a divertirse sanamente con sus amigos”, señala Bernardo Benítez, quien conoce al joven desde que era un niño por la amistad que éste guarda con su hijo, también desaparecido.

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El Mago de Oz: los mensajes subversivos ocultos en el famoso clásico del cine

Una película que nos muestra un mundo de "líderes inútiles" y "crédulos seguidores". A 80 años de su estreno, algunos ven en El mago de Oz muchas similitudes con el estado de cosas en el mundo actual.
18 de agosto, 2019
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En diciembre de 1937, Walt Disney lanzó su primer largometraje: “Blancanieves y los siete enanitos”.

El filme pasó a ser el mayor éxito del cine en 1938, uno que no solo alentó a Disney a hacer otros dibujos animados de cuentos de hadas en las próximas décadas, sino también a otro estudio, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), a probar su propio musical de fantasía sobre un niña huérfana y una bruja malvada: “El mago de Oz”.

Pero a pesar de todas sus similitudes con Blancanieves…, la versión de MGM es más bien un anti cuento de hadas. Basta con mirar al trío de inadaptados que, asustados y endebles, acompañan a su heroína a lo largo del camino de ladrillos amarillos. Ninguno de ellos es lo que se diría un príncipe guapo.

En el ruido que hacen las extremidades oxidadas del hombre de hojalata se pueden escuchar ecos de la armadura casera de Don Quijote. Mientras que los ruidos nerviosos del trío cuando se preparan para colarse en el castillo de la bruja nos remontan a la escena en que Westley, Iñigo y Fezzik están a punto de invadir el castillo de Humperdinc, en La princesa prometida.

Dorothy Gale (Judy Garland) luce tan inocente con sus dos motonetas trenzadas, las canciones de Harburg y Arlen son tan deliciosas y las aventuras de Technicolor son tan emocionantes que todavía hoy es fácil pensar que “El mago de Oz” no fue realizada hace tanto tiempo, aunque han pasado 80 años desde su estreno.

A pesar de ello, la película revierte las convenciones de la narración del bien contra el mal de una manera que habría provocado la furia de Walt Disney.

Burlas a políticos y veteranos de guerra

Al inicio del filme, en recuadros de tono sepia, se advierte al espectador que la magia que está a punto de ver podría no ser totalmente mágica.

Tras huir de su casa en Kansas para evitar que su perro Toto sea sacrificado, Dorothy conoce a un clarividente viajero llamado Profesor Marvel (Frank Morgan), un personaje que no figura en la novela original de L. Frank Baum, sino que fue creado por los guionistas Noel Langley, Florence Ryerson y Edgar Allan Woolf.

Aunque luce amable, el profesor es en realidad un estafador que finge tener poderes psíquicos, mientras mira una foto que Dorothy lleva consigo.

Otra película podría haber contrastado a este vendedor ambulante terrenal con las maravillas genuinas realizadas por el increíble mago de Oz, pero en ésta el mago es interpretado por el mismo actor que el Profesor Marvel, y resulta ser el mismo personaje: un patán que se expresa como showman de feria mientras se esconde detrás de una cortina, desde donde mueve palancas y usa trucos mecánicos para mantener a sus súbditos leales y asustados.

El mago admite que terminó en la tierra de Oz cuando el globo de aire caliente en que viajaba llegó hasta allí y reconoce que incluso es incapaz de controlar el artefacto. No hay muchas otras películas que muestren cómo algunos políticos son tan descaradamente incompetentes.

Mago de Oz.

Getty Images
El filme es visto como un producto “contracultural”.

Antes de que el mago desaparezca, les entrega al espantapájaros (Ray Bolger), al león cobarde (Bert Lahr) y al hombre de hojalata (Jack Haley) un regalo a cada uno (un pergamino, una medalla y un reloj), mientras les asegura que con eso ya están a la par de aquellos hombres “de donde yo vengo”.

De esta manera, académicos y filántropos son ridiculizados. Asimismo, la película se burla de los veteranos de guerra al presentarlos como personas que “sacan su fortaleza de bolas de naftalina y la exhiben en desfiles por la calle principal de la ciudad” una vez al año, pero “no tienen más coraje que ustedes”.

Es cierto que no podemos tomarnos demasiado en serio lo que dice el embaucador mago, pero estos no son sentimientos radicales que se escuchen en cualquier película de Hollywood y mucho menos en una dirigida a niños.

Una parodia estridente del mundo actual

El guion de la película se burla de la idea de que el poder y la prosperidad llegan a quienes los merecen, incluso cuando se trata de la propia Dorothy.

La niña mata a una bruja malvada al aterrizar accidentalmente con una casa sobre ella, y mata a otra (Margaret Hamilton) al salpicarla con agua. En ambos casos, los asesinatos son accidentes, el resultado de pura casualidad en lugar de la valentía o la virtud de Dorothy.

Sin embargo, en ambos casos Dorothy es aclamada instantáneamente como una heroína conquistadora, tal y como lo fue el mago cuando aterrizó en Oz.

Aquí el mensaje es que la gente marchará detrás de cualquier figura de autoridad que tenga carisma, por muy poco merecedores de sus alabanzas que sean. Se trata de un mensaje subversivo en 2019, y fue aún más puntiagudo en 1939, cuando los dictadores fascistas pisotearon Europa.

Si bien la novela de Baum fue publicada a principios de siglo, la película dirigida por Victor Fleming (junto con dos compañeros no reconocidos) es en gran medida un producto de la década de 1930.

El audiovisual salió tres años después de que se inaugurara una importante exposición de Surrealismo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y la forma en que muchas de sus escenas se convierten en un sueño febril de monos voladores y guardias de cara verde no es otra cosa que surrealista.

Mago de Oz.

Getty Images
“El mago de Oz” ganó más de 5 premios Oscar, entre ellos Mejor Banda Sonora, Mejor Fotografía, y Mejores Efectos Visuales.

También comparte un esquema con otras obras clave de la cultura de la era de la depresión.

El mismo año en que Dorothy abandonó su hogar en Kansas en medio del azote de un tornado y viajó a una metrópolis centelleante, Tom Joad y su familia salieron del Oklahoma Dust Bowl hacia California en “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck.

Y solo un año antes, Clark Kent (quien, como Dorothy, era un huérfano criado por ancianos agricultores de Kansas) se reinventó en la gran ciudad como Superman. Tom Joad descubre que las condiciones no son mejores en California y se convierte en un líder laboral.

Superman, en sus primeras apariciones en los cómics, es una bola de demolición anarquista que no lucha contra los supervillanos, sino contra los “peces gordos” responsables de los barrios pobres y las riesgosas e inseguras minas.

Líderes inútiles y crédulos seguidores

Dorothy no llega tan lejos, pero viaja desde la árida campiña en el centro de Estados Unidos hasta un reluciente centro urbano, solo para descubrir que está gobernada por falsificadores y poblada por tontos.

También es significativo que la Ciudad Esmeralda no sea la torreta de la Ruritania falsa-medieval donde vive Blancanieves, ni es la colección de cúpulas y agujas estilo Estambul dibujadas por WW Denslow en las ilustraciones del libro original.

En cambio, es una masa modernista de rascacielos pintados con rayas de neón y, como casi todo lo demás en la tierra de Oz, es descaradamente artificial.

La película no lleva al público “sobre el arcoíris” hacia un pasado mítico, sino a una parodia estridente del presente ruidoso e industrializado.

Si “El mago de Oz” hubiera salido en la patriótica década de 1940 ó 1950, es difícil imaginar que este clásico contracultural se hubiera salido con la suya creando un mono volador en base a la sociedad contemporánea.

Pero Fleming y su equipo conjuraron la más poderosa de las películas para niños: un tornado que nos lleva a un mundo de dificultades y caos, de líderes inútiles y sus crédulos seguidores, y luego nos recuerda que es el mismo mundo en el que vivimos.


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https://www.youtube.com/watch?v=SZY7ugs_DvI&t=19s

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