La Secretaría de Cultura deja en el limbo a trabajadores temporales y enfrenta dos demandas
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La Secretaría de Cultura deja en el limbo a trabajadores temporales y enfrenta dos demandas

El recorte en el presupuesto afecta directamente al personal, a pesar de que el secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, advirtió que se respetarían los derechos laborales de los trabajadores.
Foto: Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
5 de febrero, 2016
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Rafael Tovar y de Teresa, recién designado titular de la nueva Secretaría de Cultura. //Foto: Cuartoscuro.

Rafael Tovar y de Teresa, recién designado titular de la nueva Secretaría de Cultura. //Foto: Cuartoscuro.

Después de trabajar 20 años en la fonoteca de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), Arturo Camas fue despedido. Según le explicaron, se debió al recorte presupuestal con el que la Secretaría de Cultura inicia su primer año de ejercicio, luego de que el área cultural fue separada administrativamente de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en diciembre pasado.

En estos años de trabajo firmó contratos provisionales —los más largos por seis meses— sin conseguir una plaza de base. Después de una demanda laboral y una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) consiguió que en 2003 fuera afiliado al ISSSTE, pero nada más. Sus contratos nunca incluyeron las prestaciones de ley; por eso, el viernes 29 de enero salió de la institución con las manos vacías.

Su caso se suma al de una centena de profesionales del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que han sido despedidos o no les renovaron contrato en los últimos dos meses, y a quienes les han argumentado que la administración federal dispone de menos recursos para 2016.

De acuerdo con el secretario técnico del INAH, Diego Prieto, el recorte fue de 20%, es decir, 200 millones de pesos con respecto a 2015; por lo que el presupuesto para este año es de 3, 720 millones de pesos. La disminución, dice, está afectando directamente al personal, aún cuando el secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, advirtió que se respetarían los derechos laborales de los trabajadores.

A los más de 1, 500 empleados que han sido contratados de manera temporal para realizar investigación, restauración y tareas administrativas les informaron que podrán continuar sólo si firman un contrato con una nueva categoría salarial para cobrar con recibos de honorarios, comenta Leticia Ruano, integrante del Movimiento Nacional por la Basificación.

A partir de marzo, les advirtieron, deberán darse de alta en la Secretaría de Hacienda para firmar contratos como prestadores de servicios profesionales –honorarios–. Sin embargo, de acuerdo con el abogado laborista Arturo Alcalde, el contrato por honorarios se trata de un convenio civil, por eso ni siquiera serían reconocidos como trabajadores de la dependencia federal y su salario será menor debido al pago de impuestos.

Animal Político solicitó al INAH información respecto a los despidos y la reducción presupuestal en la Secretaría de Cultura, pero no hubo respuesta.

Los empleados temporales están “en alerta roja” y “con miedo” a que haya más despidos en las próximas semanas. Incluso, varios trabajadores consultados por este medio pidieron no publicar su nombre debido a que recibieron advertencias por parte de sus superiores, para no hacer pública la problemática o de lo contrario serían despedidos definitivamente y hasta “boletinados”.

Inicio con demandas

La nueva Secretaría de Cultura inicia su primer año de operación con dos demandas. La primera incluye a 345 trabajadores eventuales, que demandaron a la Secretaría de Educación Pública (SEP) la basificación de sus empleos ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje desde 2009.

Sin embargo, a partir de la creación de la Secretaría de Cultura, esta se convierte en el “patrón sustituto” de la SEP, toda vez que en el decreto publicado el 17 de diciembre pasado establece que la estructura administrativa cultural a cargo de Educación Pública, pasaría a la nueva dependencia.

Arturo Alcalde, representante legal de los trabajadores, explica que la administración federal ha tratado a su personal como “indocumentados”, debido a que las contrataciones son irregulares, y el desorden administrativo que el INAH ha mantenido durante años se está poniendo en evidencia.

La opción para los trabajadores, dice, es demandar a la Secretaría de Cultura y organizarse en uno o varios sindicatos de Cultura, toda vez que ya no podrían estar afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), pues éste sólo puede incluir a trabajadores de la SEP.

La segunda demanda fue interpuesta por 607 profesores investigadores y docentes del INAH ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, para que le sean reconocidos todos sus derechos laborales.

Manuel Fuentes, abogado que lleva los casos, explica a Animal Político que los investigadores buscan que la Secretaría de Cultura firme un documento en el que se comprometa a respetar las prestaciones adicionales al contrato colectivo de trabajo, convenidas sólo en acuerdos o minutas con la SEP.

Aunque el decreto por el que se crea la Secretaría de Cultura establece el respeto a los derechos laborales, los trabajadores quieren asegurar que ninguna de sus conquistas salariales será afectada.

Esta es la primera etapa de la demanda, pues aún faltarían 400 trabajadores del INAH, informa el abogado. Se prevé que en los próximos días, los funcionarios de las secretarías de Educación y Cultura sean llamados para una primera cita de conciliación, en la que se plantearía conseguir el compromiso por escrito.

El INAH, fundado en 1939, tiene una responsabilidad fundamental para la protección y conservación del patrimonio cultural tangible e intangible en el país. Es responsable de más de 110,000 monumentos históricos, construidos entre los siglos XVI y XIX, y 29,000 zonas arqueológicas y 120 museos.

Además tiene más de 800 académicos en las áreas de historia, antropología social, arqueología, lingüística, etnohistoria, etnología, antropología física, arquitectura, conservación del patrimonio y restauración.

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“Mi prioridad era seguir respirando”: El relato de dos mexicanas heridas durante estampida en Seúl en festejo de Halloween

Las jóvenes Juliana Velandia y Carolina Cano recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse y esperan apoyo de las autoridades mexicanas para recibir tratamiento psicológico.
2 de noviembre, 2022
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Nunca pensaron que una noche de Halloween a casi 10,000 km de su hogar se convertiría en una tragedia en la que estuvieron a punto de perder la vida.

Juliana Velandia y Carolina Cano, de 23 y 21 años respectivamente, son las dos únicas mexicanas que resultaron heridas en la estampida que el pasado sábado se cobró la vida de más de 150 personas en un popular barrio nocturno de Seúl.

Las dos jóvenes estudiantes originarias de Mexicali, en el norte del país, llegaron a la capital surcoreana el pasado agosto para estudiar un semestre mediante un programa de intercambio universitario.

Como otros testigos, hablan de una calle totalmente colapsada ante la ausencia de personal policial o de seguridad en plena celebración de fin de semana.

Y como otros sobrevivientes, recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse, así como la eterna hora y media que transcurrió hasta que pudieron reencontrarse y celebrar entre llantos que ambas seguían vivas.

Con heridas físicas pero, especialmente, impactadas psicológicamente -para cuya recuperación piden el apoyo de las autoridades mexicanas-, ambas compartieron con gran entereza su relato con BBC Mundo desde el dormitorio que comparten en el país asiático.


CAROLINA CANO (CC): Itaewon es un barrio de Seúl muy popular donde muchos jóvenes van y, especialmente este fin de semana que fue Halloween, fue como el lugar de celebración. Entonces Juliana y yo dijimos: “bueno, estamos en Corea, hay que ir a pasearnos”.

JULIANA VELANDIA (JV): Yo sí dudé en acudir, porque pensé que habría un chorro de gente, que todos los restaurantes y los bares iban a estar llenísimos… pero bueno, queríamos ver cómo lo celebran aquí. Nunca nos íbamos a imaginar que iba a pasar eso.

CC: Cuando llegamos ya había mucha gente, pero después de unas horas estaba mucho más lleno. Después de caminar un rato y tomar unas fotos, decidimos irnos porque había demasiadas personas. Íbamos a tomar el metro, nuestra salida era ese callejón y por eso terminamos ahí.

JV: Es una de las calles más concurridas de Itaewon donde hay muchos restaurantes, antros muy famosos que llevan hacia la colina. Estábamos caminando y el tráfico era cada vez más y más y más.

Estamos acostumbradas a que a veces en el metro haya mucha gente y estamos como sardinas, pero pues sí podemos respirar y sabemos que se va a calmar cuando la gente se va yendo. Y pensamos que iba a ser también así.

Pero no fue el caso. Cada vez era peor, cada vez nos aplastaban más. Y entonces perdí de vista a Carolina.

Coches de emergencias, agentes de seguridad y gente.

Getty Images
Itaewon es un barrio muy popular por su vida nocturna.

Llegó un punto en el que ya no podíamos mover ni una sola parte de nuestro cuerpo, ya éramos una masa de cuerpos. O sea, había gente abajo de mí, encima de mí, por todos lados.

Ambas tuvimos la suerte de que nuestra cabeza estaba en la superficie y podíamos alcanzar a respirar, porque la gente que estaba abajo de nosotras, pues no había manera.

Nuestro pecho, nuestra espalda, nuestro tórax… estaban totalmente aplastados. Ya no podía expandir mis pulmones para respirar. Mis pies ya no tocaban el suelo porque había cuerpos abajo de mí, otros me empezaban a aplastar cada vez más mis piernas, hasta que dejé de sentirlas.

En ese momento juré que me iban a romper las piernas, que me iba a quedar sin ellas para siempre porque las dejé de sentir. No podía ni siquiera mover los dedos de mis pies.

Pero en ese momento mi prioridad no eran mis piernas, era seguir respirando. Y me di cuenta de que no podía hacerlo por mi nariz, porque eso hacía que se expandieran mis pulmones, y no los podía expandir. Entonces me di cuenta de que para poder seguir respirando era por la boca.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Ambas jóvenes llegaron a Corea del Sur en agosto como parte de un intercambio universitario.

CC: Como íbamos en pendiente, nos empezamos a ir hacia abajo todos juntos. Eso hacía que la persona que estaba enfrente de mí de repente ya estaba encima, y yo estaba sobre otra persona… Fue como un dominó.

Recuerdo tener un muchacho al lado. Su cuello estaba sobre mi cuello, él trataba de salir, de sacar su cabeza, hasta que yo ya no podía respirar. Me estaba ahogando, sentía como las ganas de vomitar, me estaba aplastando mi cuello.

Llegó un momento en el que dije: “Bueno, pues aquí se acabó todo”. Básicamente yo cerré mis ojos, me despedí de mi familia muy fuerte, y dije: “Bueno, si me voy, me quiero ir en paz”.

Entonces simplemente cerré mis ojos y una vez que los abro, vi que están llegando personas a rescatarnos. Y dije: “guau, entonces sí vamos a vivir, todavía no nos toca irnos”.

JV: Una vez que levantaron a un muchacho que estaba inconsciente sobre mí, ya pude respirar. Pero el problema es que mis piernas seguían atoradas entre todos los cuerpos y estaban paralizadas.

Entonces fue un muchacho coreano quien me extendió su mano, la agarré y él con todas sus fuerzas empujó todo mi cuerpo.

Yo le debo mi vida a ese muchacho, ese extraño que nunca podré saber su nombre, pero estoy agradecida infinitamente. Para siempre.

Pasamos mucho tiempo atrapadas. Revisé la última foto que tomé justo unos minutos antes de que entráramos a la colina, a unos metros. Dice que eran las 10:08 de la noche y en cuanto me rescataron revisé mi celular y decía 10:57. Así que estuvimos 30 o 40 minutos siendo aplastadas.

Última foto tomada por Velandia antes de la estampida

Cortesía
Esta foto a un grupo de personas disfrazadas fue la última imagen que Velandia captó minutos antes de la estampida.

JV: En cuanto me rescataron, mi prioridad fue saber dónde estaba Carolina. No la encontraba y yo estaba pensando en lo peor. Me quedé una hora en la escena buscándola. No sabía qué hacer y sabía que ella había perdido su celular, así que no había manera de contactarme.

Hasta que una hora después ella se pudo contactar conmigo a través del teléfono de una desconocida que se quedó con ella. Me marcó, me dijo: “aquí estoy”. Y caminé hacia ella y por fin la encontré.

Nos abrazamos y empezamos a llorar, a llantos porque las dos habíamos pensado lo peor.

CC: Yo cuando salí no podía moverme, creo que del shock que todavía sentía. Y en eso se me acerca una muchacha con su grupo de amigas, me toma de la mano y me dice: ¿cómo te llamas? ¿Tienes cómo comunicarte? No te voy a dejar sola, no te voy a dejar sola”.

Y creo que ese grupo de personas fueron mis ángeles verdaderamente, porque estuvieron conmigo después del incidente y me ayudaron a encontrar a Juliana, que igual era mi prioridad.

Yo estaba histérica porque también creí que… que la había perdido . Y sí, fue muy, muy difícil. Pasó como una hora y media para que nos pudiéramos reencontrar.

Las autoridades analizan el lugar de la tragedia

Getty Images
Este estrecho callejón en pendiente con multitud de personas subiendo y bajando a la vez fue el escenario de la tragedia.

JV: Pensamos que son varios factores los que causaron el accidente: la cantidad de personas, la colina en donde ocurrió… Como lleva directamente a la salida del metro, era gente saliendo queriendo subir la colina, y gente bajando queriendo entrar al metro. Era gente en ambas direcciones, yendo hacia arriba y hacia abajo. Muchas personas en un lugar muy pequeño.

Sí vimos que hubo mucha falta de control. Había personas controlando el tráfico peatonal entre las calles. Pero fuera de eso, creo que yo nunca vi ningún policía.

CC: El control estaba en las calles principales donde pasan los carros, pero entre las callecitas de los bares, de los antros… no.

JV: Físicamente ya nos sentimos mucho mejor. Ya nos atendieron en el hospital, estamos medicadas. A mí me diagnosticaron una condición llamada rabdomiólisis debido a la falta de circulación a mis piernas al ser aplastadas. Carolina también fue lastimada, pero afortunadamente no a ese nivel.

Pero mentalmente, emocionalmente… sí estamos buscando apoyo psicológico.

Sabemos que la cultura aquí es mucho más cerrada. No hablan de su salud mental, no hablan de sus emociones. Pero sí hemos visto que hay varios grupos de apoyo para los sobrevivientes y para las familias de las víctimas.

Ya mañana vamos a ir a un grupo de apoyo que nos va a ayudar con el trauma. Apenas ahorita andamos viendo y revisando nuestras redes sociales, porque en realidad no hemos visto nada, apenas estamos pasando por nuestro propio duelo.

Gente cerca de la estación de metro de Itaewon llena de flores

Reuters
El lugar del siniestro se llenó de flores como señal de homenaje a las víctimas.

CC: Yo la verdad no estoy viendo mucho los medios y las noticias, porque estoy en mi proceso de asimilarlo. Pero lo que sí he visto es que en algunos lugares de la ciudad hay como puntos de luto.

JV: La escena está llena de flores, de velas, de cartas. Y nosotras quisiéramos ir, pero en el hospital nos pidieron que descansáramos, llevamos tres días encerradas en nuestro cuarto.

Sobre al apoyo de autoridades, de parte del gobierno de Corea no sabemos nada. La Embajada en México contactó con nosotras al día siguiente y hablamos con el embajador para ver si nos podían ofrecer apoyo económico y psicológico, dado que ahorita estamos pagando todos los gastos del hospital con nuestras becas.

Pero tras buscar un psicólogo por nuestra cuenta, en la Embajada nos dicen que su tarifa es muy cara y que quizá un psicólogo en México sea más accesible… pero una sesión por videollamada no es lo mismo que en persona.

Teniendo en cuenta que solo fuimos dos mexicanas quienes fuimos afectadas en esto, la verdad es que estamos algo decepcionadas.

Por lo demás, mi familia ha sido muy optimista. Mi mamá está simplemente muy agradecida de que sigo con vida. Obviamente nos extrañan mucho y quieren venir para acá a vernos.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Pese a lo sucedido, las dos jóvenes mexicanas planean quedarse en Corea del Sur hasta terminar su estadía prevista.

CC: ¿Qué voy a hacer ahora? Lo más probable es que me quede y continúe con mi intercambio, pero igual tengo la opción de regresar con mi familia y a veces sí siento que es lo que necesito… pero todavía estoy en proceso de debatir si me quedo o me voy.

Las dos estábamos estudiando el idioma antes de venir. Entonces ya conocíamos un poco de la cultura, ya estábamos interesadas en Corea. En mi caso, yo soy estudiante de Negocios Internacionales, y por el auge económico que tiene el país es que decidí venir a estudiar aquí.

JV: Yo también empecé a estudiar coreano en México y me interesó mucho la cultura. Como soy estudiante de Medicina y quiero dedicarme a la dermatología, sé que Corea tiene las mejores tecnologías en cuanto a los productos de la piel, así que tener el idioma me va a ayudar para trabajar con otros dermatólogos de aquí y hacer investigaciones de productos y poder traérmelos a México.

Yo sí planeo quedarme. Carolina y yo trabajamos mucho y sufrimos mucho para llegar hasta acá. Es algo que tengo que hacer, es algo que tengo que terminar. Tengo que pasar mis materias, tengo viajes planeados. Obvio que lo único que quiero hacer es estar con mi familia en este momento, pero… en diciembre será.


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