Solo 2 de cada 10 violaciones ocurridas en la Ciudad de México son castigadas
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Solo 2 de cada 10 violaciones ocurridas en la Ciudad de México son castigadas

Especialistas en seguridad y justicia coinciden en que las malas prácticas de funcionarios públicos que investigan delitos sexuales llevan a que un alto número de ellos quede impune. Según cifras del TSJ, en los cuatro años anteriores se emitieron 738 sentencias condenatorias en casos de violación, es decir, el equivalente a apenas 19% de los denunciados.
Cuartoscuro
Por Alejandra Crail / Más por Más
17 de febrero, 2016
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Protesta contra la violencia de género. Foto: Cuartoscuro.

Protesta contra la violencia de género. Foto: Cuartoscuro.

Victoria tiene 27 años y fue violada por dos compañeros de trabajo. El crimen ocurrió la madrugada del 25 de abril de 2015 cuando, recuerda, los tres salieron a festejar que uno de los hombres acababa de rentar casa. Después de unos tragos, le ofrecieron cocaína y, aunque ella la rechazó, la obligaron a consumirla.

Luego de que la drogaron y abusaron de ella, Victoria —quien pidió ser citada con un pseudónimo— logró recuperarse y acudió a denunciar el hecho ante la Procuraduría capitalina (PGJDF). Sin embargo, hasta la fecha sigue esperando justicia y acusa que la institución ha actuado de forma omisa.

Su caso es uno de los tres mil 813 que la dependencia abrió entre 2011 y 2015, según datos oficiales, y también forma parte del 68% que aún no llega hasta el Tribunal Superior de Justicia local (TSJ).

Especialistas en seguridad y justicia coinciden en que las malas prácticas de funcionarios públicos que investigan delitos sexuales llevan a que un alto número de ellos quede impune. Según cifras del TSJ, en los cuatro años anteriores se emitieron 738 sentencias condenatorias en casos de violación, es decir, el equivalente a apenas 19% de los denunciados.

Inés también ha padecido lo anterior. La adolescente fue violada por su tío hace tres años y todavía espera respuesta.

Como ocurrió con Victoria, sostuvo una sesión de 50 minutos con una psicóloga de la Fiscalía de Delitos Sexuales de la procuraduría, quien concluyó que su condición mental impedía acreditar si había existido o no una agresión.

En los dos casos intervino un médico legista que revisó a las víctimas. Sin embargo, advierten los expertos, éste no aclaró que la falta de señales evidentes —como ausencia de fluidos o marcas de violencia— no basta para determinar que alguien no fue agredido sexualmente.

La falta de dictámenes serios y detallados provoca que se acumulen los expedientes y que se desechen los casos”, dice Rosalba Cruz, de la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas (Adivac), quien añade que la capital está ante un problema de género debido a que las víctimas suelen ser mujeres y niñas.

Este punto de vista es compartido por la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la capital (CDHDF), Perla Gómez, quien explica que el organismo ha registrado ocasiones en que la procuraduría ha sido omisa en analizar casos.

“ dar justicia en este tema es la palabra de una persona contra la de otra, lo que convierte el litigio en algo cansado, agotador, desgastante y descorazonador desde el punto de vista de la víctima”, reconoce Teresa Incháustegui, titular del Instituto de las Mujeres local, quien afirma que el problema es nacional y requiere redoblar la capacitación de jueces y agentes.

Para hablar del asunto, Máspormás pidió entrevistas con la procuraduría y con el TSJ, pero no obtuvo respuesta.

Gustavo Fondevila, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), señala que el hecho de que 75% de las denuncias por violación involucre a personas de confianza —como familiares, amigos, vecinos o maestros— es un reflejo de que la sociedad sigue cosificando y menospreciando a las mujeres.

“Una mujer, aunque las autoridades digan lo contrario, está más segura en la calle que en su propia casa”, dice.

En 2015, números al alza

Otro sector vulnerable es el de los menores de edad, en especial quienes están por debajo de los 10 años.

Manuel representa a este grupo de víctimas. Cuando tenía ocho años fue violado por un vecino y el caso fue desechado por lo que las autoridades catalogaron como falta de pruebas, pues el menor describió lo ocurrido pero no pudo precisar el momento y el lugar del crimen.

Según Adivac, muchos menores ni siquiera saben que lo que sufren es una violación, y esto hace casi imposible que se castigue al culpable. “Para los niños es muy difícil determinar que la agresión que sufrieron es un delito y debe ser castigado, porque quien lo cometió regularmente es una persona de confianza a quien no quieren castigar”, explica Cruz.

El académico Gustavo Fondevila, además, advierte que la cifra negra de este delito es alta porque un elevado porcentaje de víctimas y familias opta por no denunciar debido a las repercusiones sociales de estos hechos. Según sus estimaciones, únicamente una de cada 10 violaciones que se cometen en la capital llega hasta la procuraduría.

Aun así, la cifra de casos de 2015 representó un alza de 33% respecto de 2014, pues de 533 pasó a 711. Con ello, la ciudad ocupó el quinto lugar con más investigaciones abiertas a nivel nacional, sólo debajo de Guanajuato (724), Chiapas (741), Chihuahua (917) y el Estado de México (mil 545).

La Constitución y otras normas señalan que una víctima está facultada para:

  • Interponer una denuncia en cualquier agencia de investigación sin que nadie le niegue el servicio. Asimismo, tiene derecho a ratificar su denuncia de inmediato sólo con presentar identificación.
  • La víctima también puede exigir asistencia jurídica gratuita durante la integración de la averiguación previa y todo el proceso penal, así como que se le designe un abogado.
  • Otro derecho es el de la privacidad, es decir, a que sus datos personales se mantengan en secreto.
  • La víctima tiene derecho a colaborar con la procuraduría para integrar pruebas que acrediten la responsabilidad de las personas señaladas, así como a conocer el expediente de su caso.
  • También tiene derecho a que se dicten medidas de protección cuando esté en riesgo su vida o su integridad física o psicológica.

La violencia sexual en el mundo

La ONU señala que, a nivel mundial, siete de cada 10 mujeres sufren violencia sexual en algún punto de su vida. Por ejemplo, las mujeres de entre 15 y 44 años tienen más probabilidades de ser violadas en sus casas que de padecer cáncer o malaria, estar en un accidente vial o enfrentarse a un conflicto bélico. Según el organismo multilateral, la situación tiene costos directos, como los que implica atender a las víctimas, e indirectos, como los que son resultado de la pérdida de productividad.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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