Soy Nero, un filme sobre soldados migrantes que buscan identidad
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Soy Nero, un filme sobre soldados migrantes que buscan identidad

La nueva película de Rafi Pitts, que se estrenó la semana pasada en el festival de cine Berlinale, no es una cinta típica de la migración mexicana hacia Estados Unidos. En ella se cuenta la historia de los "Green Card Soldiers" y está inspirada en el destino de los veteranos que, después de haber servido en el ejército de Estados Unidos, son deportados de ese país.
Twenty Twenty Vision
Por Martin Reischke / El Daily Post
27 de febrero, 2016
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// Foto: Twenty Twenty Vision

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Jugar voleibol en la playa no es exactamente lo que uno podría considerar como un acto político. En la nueva película de Rafi Pitts, “Soy Nero” (“I am Nero”, una coproducción germano-franco-mexicana), sin embargo, un juego de voleibol es exactamente eso. En una de sus escenas más surrealistas, cuatro jóvenes juegan voleibol en la playa. Dos de ellos están en suelo estadounidense, los otros dos en México. Utilizan el muro fronterizo de metal que los separa como red, mientras una cámara de seguridad sigue todos sus movimientos. La escena se rodó en la frontera entre Estados Unidos y México, entre San Diego y Tijuana para ser exactos. En la vida real, el lugar es, curiosamente, llamado “Parque de la Amistad”.

“Los latinos no ven el muro como un monumento deprimente, para ellos sólo es algo que está ahí”, dice el director de cine de origen británico-iraní Rafi Pitts. “Juegan voleibol y se burlan (de la separación que provoca el muro), y luego está el absurdo de una pelota que libremente se mueve entre las personas de un lado al otro de la valla”.

El protagonista de la película, el joven Nero (Johnny Ortiz), al parecer se siente más como la pelota que como la gente que juega con ella. Como un deportado mexicano de apenas 19 años, trata de volver al lugar en el que creció y se crió: Los Ángeles, California. Se trepa a la valla, corre a través del desierto y es capturado. Después de varios intentos fallidos, por fin llega a la tierra prometida en Estados Unidos. Semanas más tarde, se encuentra vigilando un puesto de control militar de Estados Unidos en una zona de guerra desértica en algún lugar de Medio Oriente. En su intento por convertirse en ciudadano estadounidense, Nero se enlistó en el Ejército norteamericano, un atajo hacia la naturalización.

Resulta que Nero es un “Green Card Soldier”. El reclutamiento militar siempre ha sido una vía rápida hacia la ciudadanía estadounidense para los extranjeros. Para algunos “Green Card soldiers”, sin embargo, el sueño de convertirse en ciudadano estadounidense terminó terriblemente mal.

Uno de esos Neros reales es Daniel Torres, quien fue el asesor para asuntos militares del equipo que hizo la película. Torres, un mexicano de 30 años nacido en Tijuana, llegó a Estados Unidos siendo menor de edad cuando sus padres llegaron a Salt Lake City, Utah, con visas de trabajo. Adquirió el estatus migratorio de “dependiente” para poder vivir en EU, pero cuando cumplió 18 años quedó en el limbo.

Realizó trabajos secundarios y cuando cumplió 21 años se unió a los Marines. “Me enlisté como ciudadano estadounidense, y yo ni siquiera era residente”, recuerda Torres. Los reclutadores estadounidenses no tuvieron problema en enrolarlo. Era 2007. “Necesitaban a todas las personas que pudieran conseguir, y mi único problema fue mi acta de nacimiento mexicana. Como sea terminé en un campo de entrenamiento de los Marines de Estados Unidos”, dice Torres.

Torres sirvió al ejército de Estados Unidos durante tres años y cinco meses. En 2009 fue enviado a Irak. Cuando regresó, el ejército estaba pidiendo voluntarios para ir a Afganistán. Torres se enlistó, pero semanas antes de su nuevo viaje al frente de combate perdió su cartera y cuando trató de recuperar sus documentos empezaron los problemas. “De pronto no pude demostrar que era ciudadano estadounidense, ni siquiera que era un residente legal”, dice Torres. “El ejército descubrió todo y toda mi historia se vino abajo”.

Fue detenido, interrogado y finalmente dado de baja del ejército. “Estaba de vuelta en el limbo, sin papeles, ilegal de nuevo”, dice Torres. “Todos los funcionarios de migración me dijeron lo mismo: ‘no vamos a poder conseguirte nada’”. En 2011, sin ninguna esperanza, regresó a su natal Tijuana.

El director Rafi Pitts se enoja cuando recuerda la historia de Torres. “Debe haber una convención de Ginebra que diga que si un país acepta a un joven para luchar por su gente, debe devolver a ese hombre lo que él les ha dado”, dice Pitts. “Es así de simple, y si los políticos en cualquier parte del mundo no están de acuerdo, deberían decirlo, y no dejar que el joven se una al ejército en un principio”.

Su enojo por la suerte de Daniel Torres ha sido un motor de gran alcance para el rodaje de “Soy Nero”. “Estoy impactado como ser humano de que los ‘Green Card Soldiers’ hayan sido deportados desde hace 40 años, y lo venimos a saber apenas hoy”, dice Pitts. Durante mucho tiempo, ni siquiera Torres sabía que su destino no era un caso aislado. “Cuando llegué a Tijuana pensé que era el único muchacho tan tonto como para ser deportado después de ser miembro del ejército”, dice Torres.

Fue hasta que su tío se enteró del Hogar de Apoyo para Veteranos Deportados en Tijuana y lo puso en contacto con los responsables del centro, que Torres se dio cuenta de que había otras personas como él. El centro es dirigido por el veterano Héctor Barajas y conocido como “El Bunker”, y les ofrece refugio, ayuda legal, de salud y servicios espirituales e intenta que los veteranos deportados retomen su vida. “Si no tienen a dónde ir en México, por lo general terminan en el refugio”, explica Torres, quien trabajaba como portavoz voluntario del albergue.

“Muchos de estos chicos tienen trastornos de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés), depresión, o problemas de drogas y alcohol, y en la mayoría de los casos estos problemas se derivan de su paso por el ejército”, dice Torres. “Es por eso que se metieron en problemas, es por eso que los deportaron, y una vez que fuiste deportado, no obtienes más ayuda del gobierno de Estados Unidos”.

Torres reordenó su vida después de regresar a Tijuana. Se inscribió en la escuela de derecho y se graduará el próximo año. Sin embargo, no piensa quedarse en México por mucho tiempo. “Soy demasiado Mexicano para Estados Unidos y demasiado estadounidense para México”, dice Torres. “Como veteranos no nos consideramos a nosotros mismos como inmigrantes que fueron deportados, sino como estadounidenses que están en el exilio”. Y es probable que su sueño de convertirse en un ciudadano estadounidense pueda finalmente hacerse realidad.

Su caso ha sido tomado por la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU, por sus siglas en inglés), una ONG con sede en Nueva York que aboga por derechos y libertades individuales consagrados en la Constitución de EU. ACLU está solicitando un perdón para Torres con base en sus méritos durante su estancia en el ejército. “Si me dan que el perdón, tengo un buen chance de obtener la ciudadanía”, explica Torres. “Me gustaría ser el primer veterano de Estados Unidos en la historia que regresa a EU después de haber sido deportado”.

Por el momento, el filme de Rafi Pitts podría ayudar a hacer llegar la historia a un público más amplio. “La película representa las experiencias colectivas de cientos de militares estadounidenses, tanto hombres como mujeres, de todas las razas y nacionalidades”, dice Torres. Como asesor militar del equipo de filmación, él trató de decirles a los actores “lo que se siente ser un militar no estadounidense (sirviendo a EU)”. De esa forma, muchos de los personajes de la película están construidos con base en personas que Torres conoció. “Me conmoví cuando vi la película porque los personajes me recordaron a los chicos con los que serví en el ejército, algunos de ellos ya están muertos”.

Al final, “Soy Nero” no trata sólo de migración, sino de identidad. “En la película, lo que une a todos los personajes es la necesidad de pertenecer”, dice Pitts. “Todos son personas solitarias, nadie pertenece”. Es una sensación que Pitts conoce por su propia infancia. “Mi madre era iraní, ella dijo que yo era inglés. Mi padre era inglés y él dijo que yo era iraní. Mi padrastro dijo que yo no era como ninguno de ellos, y yo estaba de acuerdo”.

La película termina con una toma de Nero caminando en el desierto en Medio Oriente, abandonado por el ejército de Estados Unidos y más solitario y destituido que nunca. Extrañamente, el paisaje se parece mucho al desierto tipo lunar que Nero cruzó para llegar por primera vez a EU; ambas escenas se rodaron cerca de Mexicali, Baja California. El paisaje no ha cambiado mucho, y Nero no ha cambiado mucho tampoco. Sus ilusiones, sin embargo, se han ido. Él no es mexicano. No es estadounidense. Apenas es Nero, sólo Nero.

Para ver la versión original de este texto en inglés vista El Daily Post.

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Chernóbil: por qué la central nuclear siguió funcionando tras el accidente y cuándo dejará de ser radiactiva

Desde 1986 hasta hoy miles de operarios han trabajado en la planta y se han vivido momentos tensos, como un incendio o el derrumbe parcial de la estructura de contención.
26 de abril, 2022
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Chernóbil ha vivido recientemente sus momentos más tensos desde el desastre de 1986.

Las tropas rusas tomaron la planta y sus alrededores a finales de febrero, en el inicio de la invasión a Ucrania, y las ucranianas recuperaron el territorio un mes después.

Estos acontecimientos han puesto de nuevo el foco de atención en la central donde se produjo la peor catástrofe nuclear de la historia.

La fuga masiva de materiales radioactivos en el accidente del 26 de abril de 1986 causó 56 muertes directas y al menos otras 4,000 entre trabajadores y residentes locales, según estimaciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

También dejó prácticamente inhabitable un radio de 30 kilómetros en torno a Prípiat, la ciudad que alberga la planta unos 100 kilómetros al norte de Kiev. Es la llamada zona de exclusión.

Radiación en Chernóbil en 2019

BBC

Los sucesos de 1986, que en su momento ocultó la Unión Soviética, se documentaron ampliamente en años posteriores y han llegado al gran público en diversos formatos, desde informes hasta libros o la exitosa miniserie de HBO de 2019.

Sin embargo, la historia de Chernóbil después del accidente es menos conocida.

La reciente invasión del ejército ruso puso de relevancia algo que muchos ignoraban: la central nuclear no está sellada y clausurada, sino que sigue conectada a la red eléctrica y más de 2,000 operarios trabajan en ella con regularidad.

De hecho, tras el accidente de 1986 en el que explotó el reactor número 4, siguió produciendo electricidad durante casi una década y media con las tres unidades que quedaban.

Esto plantea algunas preguntas sobre Chernóbil después del desastre, en la actualidad en pleno conflicto entre Rusia y Ucrania, y su futuro.

¿Qué pasó en la planta en los años posteriores al accidente?

Una de las primeras fotos de Chernóbil tras el accidente de 1986

Getty Images
Chernóbil emitió 400 veces más sustancias radioactivas que la bomba de Hiroshima. Esta es una de las primeras fotos de la central tras el accidente de 1986.

Durante 14 años y 7 meses primero la URSS y luego Ucrania mantuvieron operativas las instalaciones para garantizar el suministro eléctrico de la región.

Esto preocupaba a los países cercanos, que temían un nuevo accidente en los reactores soviéticos RBMK-100, moderados con grafito, a los que se atribuían fallas de diseño.

De hecho en 1991 saltaron las alarmas cuando se incendió una turbina del reactor número 2, lo que llevó a clausurar la instalación, mientras el número 1 se cerró cinco años después, en 1996.

Tras años de negociaciones Ucrania se comprometió con los países del G7 a desactivar la central a cambio de 1,500 millones de euros en ayudas (unos US$1.650 millones) y el 12 de diciembre de 2000 el reactor número 3, el último en funcionamiento, se apagó definitivamente.

En cuanto al malogrado reactor 4, que tras el accidente dejó a la intemperie más de 200 toneladas de materiales radiactivos, en los meses posteriores del mismo 1986 se cubrió apresuradamente con un sarcófago de acero y hormigón para impedir fugas.

Los trabajadores de mantenimiento del primer sarcófago de Chernóbil

Getty Images
Los operarios de mantenimiento del primer sarcófago solo podían permanecer en sus puestos por tiempos cortos (a veces de solo unos minutos) debido a la alta radiación.

Pero era un caparazón provisional, construido apresuradamente para aguantar un máximo de 30 años. La radioactividad, nevadas, lluvias y vientos lo fueron deteriorando hasta el punto de que en 2013 se derrumbaron una de las paredes y parte de la cubierta.

En 2016, tras siete años de trabajos, se inauguró el conocido como NSC (siglas en inglés de “nuevo confinamiento seguro”), diseñado para contener los restos radioactivos durante un siglo.

NSC (nuevo confinamiento seguro) de Chernóbil

Getty Images
El proyecto del NSC (nuevo confinamiento seguro) costó más de 2.000 millones de euros

¿Cómo pudo seguir funcionando la central entre 1986 y 2000?

Hay que recordar que la planta de Chernóbil está en el epicentro de la zona de exclusión donde se prohibió toda actividad humana excepto trabajar en el lugar más peligroso: la central nuclear.

“Si bien la radiación era elevada para los estándares laborales actuales, permitía el trabajo normal de los operarios sin que esto fuera mortal para ellos”, explica a BBC Mundo el ingeniero nuclear argentino Aníbal Blanco, investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y especializado en el accidente de Chernóbil.

Dos trabajadoras de la central de Chernóbil en 1996 pasan el control rutinario de radiación.

Getty Images

El experto puntualiza, sin embargo, que “según la normativa internacional vigente referida a la protección radiológica de los trabajadores del área nuclear, hoy no se permitiría el trabajo en esas condiciones“.

Los empleados de la central nuclear durante esos años permanecían en sus puestos en turnos limitados y medían constantemente su exposición a la radiación.

Ángela Merkel, entonces ministra de Medio ambiente de Alemania, visita la central de Chernóbil en 1996

Getty Images
Una imagen curiosa: Angela Merkel, entonces ministra de Medio Ambiente de Alemania, visita la central de Chernóbil en 1996. Tanto ella como los periodistas y operarios que la acompañan llevan el rostro y las manos al descubierto dentro de las instalaciones.

¿Qué ocurrió tras el cierre y qué trabajos se llevan a cabo en la central?

Aunque no produce electricidad desde el año 2000, Chernóbil no se ha podido desmantelar y requiere una gestión constante.

“Todas las personas que operan en la central nuclear de Chernóbil siguen trabajando para eliminar las consecuencias del desastre de 1986“, indica a BBC Mundo el diputado Ihor Kryvosheyev, presidente del comité para la reparación de daños del accidente de Chernóbil en el Parlamento de Ucrania.

Ihor Kryvosheyev, diputado ucraniano

Ihor Kryvosheyev
Debido a la guerra Ihor Kryvosheyev ha dejado temporalmente el Parlamento y se dedica a transportar suministros desde la frontera con Eslovaquia hasta Kiev y otras ciudades.

La central, afirma Kryvosheyev, “ahora tiene como objetivo garantizar la seguridad nuclear”, teniendo en cuenta que dentro del confinado reactor 4 se siguen produciendo reacciones de fisión por la concentración de elementos radiactivos.

En la planta hay registrados unos 2.400 empleados, desde científicos y técnicos hasta cocineros, médicos, personal de apoyo y miembros de la guardia nacional.

Los primeros llevan a cabo varias tareas imprescindibles, como la reubicación de combustibles atómicos o el mantenimiento del sarcófago y las instalaciones con residuos radiactivos.

trabajadores de Chernóbil en un ensayo de situaciones de emergencia en 2006

Getty Images
Los trabajadores de Chernóbil llevan a cabo frecuentes ensayos de situaciones de emergencia

Estos trabajos requieren un flujo constante de electricidad.

El temor a un corte eléctrico prolongado: ¿qué pasaría si esto sucediera?

Cuando las tropas rusas llegaron a la zona de Prípiat el 24 de febrero se produjo un corte eléctrico de varias horas que obligó a usar los generadores diésel de emergencia, sin que esto causara un grave peligro.

¿Qué pasaría, sin embargo, si por el conflicto u otro motivo la corriente se cortara durante varios días, o semanas?

Aníbal Blanco advierte de que “esto no debe suceder de ninguna manera en este tipo de instalaciones”.

“En el peor escenario -de pérdida total de energía por varios días- el agua de las piletas podría evaporarse, dejando al aire los elementos combustibles gastados (ECG)”, explica.

La exposición de tales materiales “elevaría la radiación ambiental y podría sobrecalentar los ECGs, que podrían fisurarse y emitir partículas radiactivas al ambiente”, apunta.

Interior de la central de chernóbil

Getty Images
La central se alimenta de la red eléctrica y cuenta con generadores diésel de emergencia

Kryvosheyev, por su parte, cree que el desastre podría ser mayor.

“Si se cortara la electricidad de forma prolongada, al no funcionar el sistema de ventilación del NSC del reactor 4 es probable que el polvo radiactivo supere el sarcófago y se propague más allá de la zona de exclusión, contaminando áreas limpias de Ucrania y Europa“.

¿Qué supuso la invasión y la estancia de las tropas rusas?

La llegada de las tropas rusas a finales de febrero causó un aumento fuerte y repentino de los niveles de radiación en la zona.

Esto generó temores a una posible fuga radiactiva por el impacto de algún proyectil o explosivo en la central.

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Sin embargo, no se debía a eso. El paso de las tropas y vehículos pesados en la primera etapa de la guerra levantó polvo en la zona de exclusión, cuyo suelo acumula material radiactivo.

“Ese polvo radiactivo en el ambiente hizo saltar las alarmas en los detectores. Luego, al estacionarse las tropas y vehículos, se desvaneció y los niveles de radiación bajaron a niveles previos”, afirma Blanco.

Cuando las tropas rusas tomaron Chernóbil se encontraban allí unos 200 operarios, que permanecieron 25 días retenidos en las instalaciones hasta recibir relevo el 20 de marzo.

También mantuvieron cautivos a 169 miembros de la Guardia Nacional ucraniana en las instalaciones de la central y después se los llevaron a Rusia como prisioneros, según autoridades de Kiev.

“Fueron tomados como rehenes y retenidos por la fuerza”, denuncia el diputado ucraniano.

Kryvosheyev acusa al ejército ruso de haber usado la zona de exclusión “como base militar, para almacenar explosivos y municiones”, algo que, considera, podría haber provocado un accidente nuclear con “terribles consecuencias para Europa y todo el planeta”.

Las autoridades rusas, por su parte, aseguraron que garantizaban el suministro eléctrico de la planta y señalaron a Ucrania como responsable de cualquier incidente que pudiera suceder allí.

En todo caso, el 1 de abril Ucrania confirmó que había vuelto a tomar el control de la planta.

Energoatom, la agencia estatal de energía nuclear de Ucrania, afirmó que los soldados rusos estuvieron expuestos a “dosis significativas” de radiación durante su estancia de más de un mes.

Una habitación llena de desechos en Chernóbil

BBC
Yogita Limaye, de BBC, fue una de los pocos periodistas que entraron a la planta tras recuperarla las tropas de Ucrania. Esta foto, incluida en su crónica, muestra cómo quedó una de las habitaciones donde los soldados rusos mantuvieron cautivos a miembros de la Guardia Nacional ucraniana.

Décadas de actividad

La central será desmantelada completamente en torno a 2064. ¿Por qué tanto tiempo?

Aníbal Blanco argumenta que las tareas de desmantelamiento “son extremadamente complejas y requieren de una planificación cuidadosa”.

“A la construcción del sarcófago del reactor 4 y el mantenimiento de los lugares donde se depositaron los residuos radiactivos y los combustibles gastados de las unidades 1 a 3 se suma el traspaso de esos combustibles usados y luego el desmantelamiento progresivo de las 3 unidades y de los sitios ya no utilizados”.

El nuevo confinamiento seguro de Chernóbil

Getty Images

Kryvosheyev, por su parte, asegura que el año 2064 “solo es una fecha de referencia“.

“Nuestros científicos han creado un plan con los pasos a implementar hasta ese año y nuestro estado está dispuesto a financiar e implementar esas medidas”.

En todo caso, sentencia, “el problema de Chernóbil llegó para quedarse durante milenios“.


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