6 de cada 10 personas LGBTI que están en cárceles mexicanas han sido víctimas de abusos
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6 de cada 10 personas LGBTI que están en cárceles mexicanas han sido víctimas de abusos

Son los más vulnerables, entre los vulnerables, indicó un reporte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre las personas lesbianas, gay, bisexual y transgénero en las prisiones mexicanas.
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Por Nayeli Roldán
30 de marzo, 2016
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En México, seis de cada 10 de personas lesbianas, gay, bisexual y transgénero recluidas en cárceles han sido víctimas de diferentes tipos de abusos. Son los más vulnerables, entre los vulnerables, advierte el informe Violencia contra personas LGBTI, elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Las personas LGBTI “enfrentan un riesgo mayor de violencia sexual y otros actos de violencia y discriminación a manos de otras personas privadas de libertad o del personal de seguridad”, concluye el informe que recopiló denuncias de las víctimas e información oficial y de organizaciones sociales de 25 países.

La Relatora Especial sobre Violencia contra la Mujer, Dubravka Šimonović, ha denunciado que entre los abusos cometidos contra mujeres lesbianas es que son ubicadas en celdas con hombres, como castigo “por rechazar las propuestas sexuales del personal de custodia de la cárcel”. O quienes son percibidas con una apariencia “masculina” son sometidas a acoso, abuso físico y “feminización forzada” por parte del personal de custodia

Lee: 5 fallas que tiene el sistema de cárceles en México, según la CIDH

El informe incluyó el análisis de la situación de las personas LGBTI en los Estados Miembros de la OEA (Argentina, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela).

El reporte informa que en los espacios de reclusión ocurren abusos reiterados, pues los hombres gay y las mujeres trans pueden ser víctimas de servidumbre forzada por parte de otros internos o son obligados a servicios sexuales. En países como México, además, las mujeres trans regularmente son albergadas en pabellones para hombres.

Pero los abusos no solamente ocurren entre los internos, sino que la autoridad también es perpetradora o permite las agresiones. Según el informe, agentes de la policía incitan a otras personas a abusar sexualmente de las personas LGBTI e incluso han repartido condones para facilitar el abuso. En otros casos, ubican a las personas homosexuales en celdas con convictos acusados de violencia sexual.

Los organismos estatales de defensa de derechos humanos y organizaciones no gubernamentales han documentado casos de violencia, tortura, y tratos inhumanos y degradantes contra personas LGBTI que se encuentran en cárceles, estaciones migratorias o cualquier espacio de detención.

De acuerdo con el Relator Especial sobre Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Juan Méndez, las personas LGBTI se encuentran en el último escalafón de la jerarquía informal que se genera en los centros de detención, lo que deriva en “una discriminación doble o triple porque están sometidas de manera desproporcionada a actos de torturas y otras formas de malos tratos”.

Entre las medidas para prevenir los abusos, la organización Almas Cautivas, A.C. capacitó a más de 300 servidores públicos sobre identidad de género y junto con ACNUR, capacitaron a oficiales de centros de detención migratoria del Instituto Nacional de Migración en México durante 2015

Los abusos no tienen fronteras

La Comisión recibió la denuncia de casos en los estados miembros de la OEA. En Estados Unidos 12% de las personas LGBTI privadas de libertad fueron sometida a violencia sexual por parte de otros reclusos y que 5% por parte del personal de custodia.

En México la incidencia es mucho mayor. De acuerdo con la organización Asistencia Legal por los Derechos Humanos, ASILEGAL, al menos 60% de las personas LGBTI privadas de libertad han sido víctimas de diferentes tipos de abusos. En Guatemala, organizaciones reportaron el caso de un hombre joven gay que fue sometido a violencia sexual por 17 hombres y una mujer trans fue violada más de 80 veces mientras se encontraba detenida.

En la visita a Paraguay del Relator sobre Personas Privadas de su Libertad, James Cavallaro, observó que las personas trans están sujetas a diferentes formas de violencia y discriminación que van desde agresiones físicas y verbales, hasta violaciones sexuales múltiples.

En tanto, según un informe de 2013 del Relator contra la Tortura, 16 personas gays y trans fueron sometidas a aislamiento solitario, tortura y tratos crueles, incluyendo ataques sexuales, mientras se encontraban en centros de detención migratoria en los Estados Unidos.

Sin embargo, el aislamiento puede producir daños mentales y físicos irreversibles y constituyen tratos inhumanos y degradantes. Por ello, sólo debe ser utilizado únicamente en circunstancias excepcionales, por el menor tiempo posible y sólo como medida de último recurso.

Este es el testimonio de una víctima originaria de Guatemala:

 Yo estuve detenida 18 veces, por ser trabajadora sexual. Me levantaban en la calle y decían que estaba haciendo escándalo en la vía pública y por eso me encerraban. Al principio estaba el sector 10 que solo era para gays y trans, pero se deshizo; la última vez ya entre al sector 5, ya con hombres. También fui víctima de abuso, violacione; tienes que dar sexo a los meros jefes, a los encargados, para sobrevivir. No se denuncian todas estas cosas por miedo.

Cuando entraba a la cárcel como privada de libertad me trataban como un hombre, me llamaban por mi nombre masculino, me maltrataban con palabras soeces, me dicen –sos un hombre deja esas tus mañas-. El adquirir una identidad trae muchos retos y al asumirme como tal es una responsabilidad. Algunas mujeres trans se cortan el pelo porque prefieren pasar desapercibidas como gay y no como mujer trans, ya que nosotras somos más violentadas.

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Por qué dar positivo a COVID no siempre significa estar infectado

La mayoría de personas solo están infectados durante una semana, pero pueden seguir dando positivo semanas después.
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7 de septiembre, 2020
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El test más común para diagnosticar el COVID-19 es tan sensible que podría estar detectando fragmentos del virus que ya están muertos, según algunos científicos.

Y es que la mayoría de personas solo permanecen infectadas alrededor de una semana. Sin embargo, el diagnóstico podría seguir dando positivo semanas después.

De acuerdo a un estudio de la Universidad de Oxford, este hecho podría estar sobreestimando la escala real y actual de la pandemia.

Pero por otro lado advierten que otro tipo de test, con menos sensibilidad, corre el riesgo de no detectar todos los casos.

El profesor Carl Heneghan, uno de los autores del estudio, afirma que en vez de arrojar un resultado positivo o negativo, las pruebas diagnósticas deberían tener un límite en el que pequeñas cantidades de virus no provoquen un positivo.

Según Heneghan, esta detección de virus muerto o viejo podría explicar cómo en varios de los países que se enfrentan a una segunda ola de infecciones las hospitalizaciones se mantienen estables.

El Centro de Medicina Basada en Evidencia de la Universidad de Oxford analizó 25 estudios en que se colocaron muestras de pruebas positivas sobre una placa de petri para ver si el virus crecía.

Investigador trabajando con placas de petri.

Getty Images
Los científicos de la Universidad de Oxford pusieron varias muestras positivas sobre una placa de petri para analizar si el virus crecía.

Este método, conocido como “cultivo viral”, indica si el virus hallado en un diagnóstico positivo puede reproducirse y propagarse en un laboratorio o persona.

Según Nick Triggle, corresponsal de salud de la BBC, la sensibilidad de las pruebas diagnóstico es un problema que se conoce desde el comienzo y que ilustra por qué las estadísticas de la COVID-19 están lejos de ser perfectas.

¿Cómo se diagnostica el coronavirus?

La prueba más común de diagnóstico, la llamada PCR, utiliza químicos que amplifican el material genético del virus para que pueda estudiarse.

Una vez se toma la muestra, esta pasa por varios ciclos de laboratorio para recuperar la mayor cantidad de virus posible.

El número de ciclos necesarios puede indicar qué tanto virus queda, si son pequeños fragmentos o varias cantidades del virus completo.

Realización de prueba PCR a un paciente en Barcelona.

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El test PCR es la prueba más común para detectar el coronavirus.

Esta práctica parece revelar la probabilidad de infección del virus. Es decir, mientras más ciclos de amplificación sean necesarios, menos probabilidades de que el virus sea reproducible en el laboratorio.

El riesgo de falso positivo

Cuando uno se hace la prueba de coronavirus, se obtiene un “sí” o un “no”. Pero no hay un indicador de cuánto virus se detectó en la muestra y si se trata de una infección activa.

Una persona con mucha cantidad de virus activo y otra que solo tenga pequeños fragmentos restantes de una infección pasada dan el mismo resultado: positivo.

Sin embargo, Heneghan apunta que la “infectividad del coronavirus parece disminuir tras alrededor de una semana”.

Es decir, su capacidad para invadir un organismo y provocar una infección.

Añadió que, si bien no sería posible verificar todas las pruebas para detectar si el virus estaba activo o no, el número de falsos positivos podría reducirse si los científicos establecieran un punto de corte.

Mujeres con mascarilla en Italia.

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La infectividad del virus es su capacidad para invadir un organismo y provocar una infección.

Esto podría prevenir que una persona dé positivo cuando en realidad solo se le ha detectado los restos de una infección ya pasada.

Para Heneghan, esto ahorraría cuarentenas individuales innecesarias y ofrecería una escala más adecuada de la pandemia.

La sanidad pública de Inglaterra coincidió en que los cultivos virales eran útiles a la hora de evaluar las pruebas de coronavirus y que estaban trabajando con laboratorios para reducir el número de falsos positivos.

Sin embargo, explican que establecer un punto de corte no es fácil porque se usan muchas pruebas con diferentes sensibilidad y formas de detección.

Pero el profesor Ben Neuman, de la Universidad de Reading, dijo que cultivar el virus de una muestra de un paciente “no es trivial”.

“Esta revisión corre el riesgo de correlacionar falsamente la dificultad de cultivar Sars-CoV-2 a partir de una muestra de un paciente con la probabilidad de que se propague”, dijo.

Toma de temperatura en Wuhan, China.

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Varios estudios coinciden en que alrededor de un 10% de contagiados retiene virus vivo después de 8 días de infección.

El profesor Francesco Venturelli, epidemiólogo italiano, destaca que no existe “certeza suficiente” sobre cuánto tiempo el virus permanece infeccioso mientras se recupera el paciente.

Algunos estudios basados en cultivos virales indican que alrededor del 10% de infectados permanece con virus vivo después de ocho días de infección.

“En Italia sobreestimamos el número de casos por varias semanas” a causa de pacientes positivos que se habían infectado varias semanas antes, dice Venturelli.

El test PCR es un método muy sensible a la hora de “detectar material genético residual del virus”, explica el profesor Peter Openshaw, del Colegio Imperial de Londres.

“No hay evidencia de la infectividad del virus, pero existe un consenso clínico de que es bastante improbable que un paciente sea infeccioso más allá del décimo día de la enfermedad“, agrega Openshaw.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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