Así viven los cubanos a 56 años del bloqueo norteamericano
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Nayeli Roldán @nayaroldan)

Así viven los cubanos a 56 años del bloqueo norteamericano

Libretas de racionamiento, escasez, y sueldos bajos, pese a todo, los cubanos ven en servicios de salud gratuitos y la seguridad pública las fortalezas del régimen en la isla.
Nayeli Roldán @nayaroldan)
Por Nayeli Roldán
21 de marzo, 2016
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Reynaldo Hernández trabaja como maquinista en la Unión de Ferrocarriles de Cuba. Es un mulato delgado y de sonrisa amable que vive en Santa Clara, la provincia que alberga los restos del Che Guevara. Nació en 1960, el año en que el gobierno de Estados Unidos canceló las relaciones económicas con Cuba. Tiene la edad del embargo.

Ha trabajado la mayor parte de su vida, pero los 56 años apenas le han dejado algunas canas y su condición física es envidiable. Para desplazarse sólo usa su bicicleta de fierro macizo y si las llantas fallan, camina con ella; de paso, se ahorra 40 centavos cubanos (poco más de un peso mexicano) del transporte público.

Él, como el resto de los cubanos, cuida cada centavo porque ningún salario alcanza para sobrevivir. Como técnico gana 150 pesos al mes (106 pesos mexicanos), poco menos de la mitad del sueldo de un profesor, que es de 340 pesos (240 pesos mexicanos).

Para hacer rendir el salario es fundamental la “libreta de abastecimiento”, una medida gubernamental impuesta en 1962 para que cada uno de los 11 millones de habitantes accedan a una ración de alimentos por 34 pesos mexicanos cada mes. Pero la comida sólo alcanza para unos 10 días, el resto del tiempo tienen que comprarle a distribuidores ajenos al Estado.

“El particular te dice ‘10 pesos por una calabaza’. ¡Cómo 10 pesos por una calabaza!” (ocho pesos mexicanos), comenta Reynaldo. La escasez convierte en un lujo tener suficiente comida y productos. Un champú de las marcas que se anuncian en cualquier país latino cuesta 200 pesos mexicanos, por ejemplo.

Para miles de cubanos, la principal ayuda para subsanar las carencias son las remesas que reciben de sus familiares que viven en otros países, principalmente en Estados Unidos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) calculó que la isla recibiría mil 800 millones de dólares por remesas en 2015.

Pero Reynaldo no tiene familiares en el exterior y en casos como el suyo queda la solidaridad. Cuando necesitan “una cabeza de ajo, una bolsita de arroz”, lo piden prestado entre los vecinos. “Así nos apoyamos y vamos saliendo”, dice.

Cuando se le pregunta si pensó en emigrar a otro país en su juventud o si le gustaría hacerlo ahora, sonríe. “Solamente trabajar, una visita, no sé, pero no. Mucha gente me pregunta eso, pero no. Esto es bonito, tiene su magia”.

La Revolución cubana trajo beneficios, dice Reynaldo. “Tener hijos que puedan jugar solos hasta altas horas de la noche es un privilegio; hay mucha libertad, tranquilidad. O caerte de la bicicleta y fracturarte una pierna y (te atiendan) no te cueste nada”, como parte de la gratuidad en los servicios de salud, dice.

La educación, como derecho humano, garantizado por el Estado en todos los niveles de manera gratuita es otro de los logros del socialismo cubano. Reynaldo pudo ser un técnico gracias a este modelo. “Cuando estudiaba el Estado hasta me pagaba”, dice.

Ernesto González, por ejemplo, estudió la licenciatura en Historia y comenzó la carrera de Psicología, pero se gana la vida como taxista en la Habana. “Estudié porque me gusta, porque es un derechos que tenemos todos los cubanos, pero uno no puedo vivir de mi conocimiento”, dice.

¿Por qué no busca trabajo cómo maestro?, se le pregunta. “Porque en Cuba quien más sabe, menos gana. Sólo aquí pasa eso. Un maestro gana 20 dólares al mes, yo me gano eso aquí en un día. ¿Quién vive con 20 dólares al mes?”, refuta.

Mientras conduce la motoneta sujetada a una estructura ovalada donde lleva a turistas, cuenta que la Revolución cubana es un importante suceso histórico para toda América Latina, pero “esto no es lo que imaginó el Che”, sentencia. “No puedes vivir mal económicamente y pensar que todo está bien. Eso no te lo crees ni tu mismo”.

Reynaldo en cambio, no asoma ni un mínimo reproche. Nació junto con el triunfo de la Revolución y las penurias económicas son menos importantes que su emoción de saber que los restos del Che reposan en Santa Clara, en un mausoleo bajo una estatua gigante de bronce del guerrillero argentino.

En estos años, mientras el resto del continente Americano se entregó de al modelo económico neoliberal, Cuba ha mantenido el socialismo que privilegió la política social y que ha impedido la competencia en aras de que todos tengan lo mismo.

En Cuba, a diferencia de otros países, no se encuentra ni una sola tienda trasnacional. No existen franquicias en cada esquina. El único refresco de cola que se comercializa en es de la marca nacional Ciego Montenegro y los anaqueles de las tiendas de autoservicio están semivacíos.

Tras la aprobación de reformas económicas que iniciaron en 2010 para “actualizar” el modelo socialista, según dijo Raúl Castro, el gobierno cubano permite a sus ciudadanos realizar viajes de turismo al extranjero, la compraventa de autos, viviendas y el establecimiento de pequeños negocios.

En 2008 la economía cubana alcanzó 4% de crecimiento, pero en 2014 cayó a 1.3%. Mientras que el sector de trabajadores por cuenta propia está en aumento. En diciembre de 2014 había 483 mil trabajadores en esta modalidad y en abril de 2015, la cifra ascendió a 499 trabajadores, de acuerdo con cálculos de la Cepal.

De acuerdo con la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcenas, los avances de Cuba son significativos pero “el bloqueo sigue aumentando los costos financieros”. El organismo internacional calculó que el costo del bloqueo a Cuba ascendía a 117 mil millones de dólares hasta 2014.

Obama el segundo presidente de EU que visita Cuba

Las calles de la Habana están repletas de mensajes alusivos al triunfo de Revolución liderada por Fidel Castro y Ernesto El che Guevara en 1959. En dos casonas hay enormes letreros: “La patria está hecha del mérito de sus hijos”. “Revolución. Proeza cotidiana ayer y hoy”.

Las banderas cubanas flanquean los mensajes: “La Revolución es invencible”. “Viva Cuba libre”. Los retratos del Che Guevara, con el icónico gesto registrado por el fotógrafo Alberto Kord en 1960, y de Fidel Castro están en las escuelas, las oficinas del Partido Socialdemócrata de Cuba, en comercios sencillos y hasta en terminales de autobuses en provincias.

José Martí, el apóstol de la Independencia, es un pilar del ideario cubano. En cada una de las 15 provincias cubanas hay un monumento en su honor que se llena de flores cada 28 de enero, su natalicio. Aunque la estatua más representativa está en la Plaza de la Revolución, en la Habana, donde Fidel Castro y el Che Guevara pronunciaron discursos frente a la multitud después de la Revolución.

La histórica plaza rodeada por edificios de gobierno, en cuyas fachadas se observan las imágenes del Che Guevara y Camilo Cienfuegos, será uno de los puntos que visitará el presidente de Estados Unidos, Barack Obama este lunes 21 de marzo. Antes de encontrarse con el presidente cubano Raúl Castro, depositará una ofrenda en el Memorial de José Martí.

La visita de Obama a Cuba es un hecho histórico después del embargo impuesto en 1960 en respuesta a las expropiaciones de propiedades y compañías norteamericanas por el gobierno cubano y  abre la esperanza para el levantamiento del embargo al que la Asamblea General de la ONU ha llamado a Estados Unidos en los últimos 24 años.

Obama llegó a la Habana este domingo 20 de marzo. Es el segundo presidente norteamericano en visitar Cuba; primero lo hizo Calvin Coolidge, en 1928. Según reportaron medios internacionales, el mandatario se encontró con personal de la embajada estadunidense en la Habana, reabierta apenas en julio del año pasado como parte del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Luego visitó la catedral de la Habana para encontrase con el cardenal Jaime Ortega, un interlocutor relevante en el régimen castrista y Estados Unidos, que, junto con el papa Francisco –quien visitó Cuba en 2015– impulsó el acercamiento humanitario y pacífico entre ambas naciones.

Después del encuentro con el presidente Castro, se prevé que Obama se reúna con representantes del emergente sector privado; en tanto, el miércoles, dará un discurso en el Gran Teatro de La Habana, en el centro de la ciudad y concluirá la visita con su asistencia al partido amistoso de béisbol entre el equipo de los Tampa Bay Rays, de Florida, y la selección nacional cubana.

De acuerdo con el editorial del periódico oficialista Granma, se espera que la visita del presidente Obama “consolide su voluntad de involucrarse activamente en un debate a fondo con el Congreso para el levantamiento del bloqueo que provoca privaciones al pueblo cubano y es el principal obstáculo para el desarrollo de la economía”.

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Tsunamis en el Ártico: la nueva y peligrosa amenaza del cambio climático

Geólogos advierten que Alaska está en puertas de un deslizamiento de rocas tan grande que puede ser capaz de provocar un tsunami no visto nunca antes.
28 de octubre, 2020
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Hielo en Alaska

Getty Images
Millones de toneladas de roca pueden deslizarse hasta el océano por el derretimiento del permafrost.

Barry Arm es una estrecha brecha de costa en el sur de Alaska.

No es muy grande si se la compara con el extenso borde de Norteamérica que colinda con el océano Pacífico, pero el lugar provoca una particular preocupación.

En Barry Arm, advierten geólogos, se puede llegar a producir un deslizamiento de hielo y roca capaz de desatar un tsunami catastrófico para la región.

Y ese sería solo uno de los posibles efectos del cambio climático que amenazan a Alaska y otras regiones del Ártico.

Por ello diferentes autoridades, científicos y activistas ambientales quieren llamar la atención sobre el peligro.

¿Alaska en peligro?

“Posibles efectos devastadores” es como califica Anna Liljedahl a lo que puede pasar en Alaska, que algunos científicos hablan incluso de en 12 meses o tan solo algunos años.

La geóloga le señala a BBC Mundo que su preocupación es muy grande debido a que existen condiciones para un deslizamiento mucho más grande que todos los vistos en el siglo XX.

“Se trata de fenómenos diferentes a los que conocimos antes. Y lo peor es que pensamos que se volverán cada vez más frecuentes”, señala la experta del Woods Hole Research Center de Alaska.

 

Liljedahl añade que la energía de un deslizamiento como el que considera es posible en Barry Arm puede superar al de un terremoto de magnitud 7.

“Se trata de una combinación muy peligrosa y es apenas un ejemplo de los peligros que tenemos en Alaska”, afirma.

Ante este tipo de advertencias, la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska ha querido expresar cautela y señala que monitorea de manera permanente los posibles movimientos de tierra en la zona.

La entidad señala que se generaron modelos para el estudio de la geología de la región para predecir qué tan grande podría ser un tsunami y cómo se propagaría.

Se utilizan monitores con el sistema GPS (sistema de posicionamiento global) que funcionan con energía solar para detectar el potencial de deslizamientos que son los que preceden a los eventos sísmicos.

La preocupación

El estrecho de Barry Arm se encuentra en la bahía de Prince William Sound, en el golfo de Alaska.

Se trata de una zona con frecuente presencia de pescadores y que, antes de la pandemia, también recibía turistas en cruceros.

Ártico

Getty Images
El Ártico es una de las zonas que mayores riesgos corre ante el cambio climático.

Un deslizamiento de millones de toneladas de roca tiene potencial para eliminar esas actividades económicas en el lugar por un tiempo indeterminado.

Así lo advierte Steve Masterman, director de la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska.

“El más notable de los tsunamis fue en 1958, cuando un deslizamiento de tierra generó una ola que se elevó a 1.700 pies (520 metros)”, señala el experto.

Masterman apunta que las rocas liberadas en esa ocasión eran apenas una décima parte del tamaño de un hipotético deslizamiento en Barry Arm.

Es por ello que la entidad dirigida por Masterman expresó su preocupación sobre los peligros geológicos que corren los habitantes de la zona.

Montañas de Alaska

Getty Images
Alaska puede estar a muy poco de un fenómeno climático devastador, advierten los expertos.

El paulatino del derretimiento del permafrost, la capa de suelo congelado existente en regiones como Alaska, el noreste de Canadá, Groenlandia (Dinamarca) o Siberia (Rusia), es apuntado como uno de los principales factores de riesgo de tsunamis en esa zona.

“El permafrost mantiene unida a la tierra y cuando ese hielo se convierte en agua de manera repentina cambian las condiciones y el suelo puede moverse”, explica Liljedahl.

La geóloga apunta que se trata de un asunto muy complejo porque es difícil hacer un diagnóstico de las condiciones en las que se encuentra esa capa congelada en la región, pese a las numerosas simulaciones con computadores que se realizan.

“Realmente necesitamos saber un poco más para determinar qué tan peligroso es el deslizamiento que se avecina. Por eso creemos necesario que se conozca de esta amenaza”, indica.

Liljedahl, al igual que Masterman y un grupo de científicos escribieron una carta pública a mediados de año advirtiendo del peligro de que un deslizamiento y un tsunami devastador se produzca en Alaska.

Otros peligros

Alaska no es la única región que se encuentra en peligro, explica la geóloga del Woods Hole Research Center.

También Columbia Británica, una provincia en el noroeste de Canadá, y Noruega se encuentran ante la posibilidad de deslizamientos y tsunamis por causa del cambio climático.

Terremoto Alaska

Getty Images
En 1964, Alaska vivió un terremoto que dejó decenas de muertos.

“A medida que el calentamiento global continúe derritiendo los glaciares y el permafrost, los tsunamis creados por deslizamientos de tierra están emergiendo como una amenaza mayor”, explica.

Durante el siglo pasado, 10 de los 14 tsunamis más altos registrados ocurrieron en áreas montañosas glaciares.

En 1958, el deslizamiento de tierra en la bahía de Lituya, en Alaska, creó una ola de más de 520 metros, la más alta jamás vista en la zona.

También, después de un el terremoto en Alaska en 1964, la mayoría de las muertes se debieron a tsunamis provocados por deslizamientos de tierra bajo el agua.

190 personas fallecieron aquella vez y se lo registra como el movimiento sísmico más poderoso en Estados Unidos.


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