Solo 3 de cada 100 ataques sexuales en México se castigan
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Solo 3 de cada 100 ataques sexuales en México se castigan

Un diagnóstico evidencia fallas estructurales en el combate a este delito en el país. El seguimiento de las víctimas es deficiente, los delitos en cada estado no están homologados, se consignan menos de la mitad de los casos.
Por Arturo Angel
16 de marzo, 2016
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Una persona en México puede atacar sexualmente a otra prácticamente con la seguridad de que no habrá consecuencias. De cada 100 agresiones que se perpetran, solamente seis llegan a ser denunciadas por las víctimas y de esas ni la mitad terminan consignadas por las procuradurías.

¿Cuál es la razón detrás de esto? Un diagnóstico sobre violencia sexual en el país a cargo de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) evidencia fallas estructurales que van desde la pobre detección oportuna de los casos, hasta deficiencias en los registros,  diferencias entre los estados sobre los tipos y gravedad de los delitos,  y una mala atención y seguimiento de las víctimas.

Según proyecciones hechas por la CEAV a partir de las encuestas de victimización del INEGI, de 2010 a 2015 se habrían cometido más de dos millones 900 mil ataques sexuales en el país, pero el 94 por ciento ni siquiera fueron denunciados.

La Comisión solicitó a las procuradurías de los estados el número de averiguaciones previas por delitos sexuales en este mismo periodo. Solo la mitad respondió y la cifra fue de 83 mil expedientes, un mínimo del universo de casos proyectados que se cometieron.

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La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas proporcionó a Animal Político el documento completo del diagnóstico y a partir del mismo, se presentan las cinco principales fallas descubiertas por los investigadores, queque los casos no sean atendidos o denunciados:

Caos en códigos penales

En México los delitos sexuales no se miden con la misma vara.  Esto se debe a  que  no existe una ley homologada o general para este tipo de ilícitos, por lo que cada estado define a su criterio en su código penal que sanciones se aplican e incluso, si algún tipo de agresión se castiga o no.

Por ejemplo, hay tres códigos penales, el de Zacatecas, Tamaulipas y el Federal, que para sancionar el hostigamiento sexual piden como requisito que haya un daño o perjuicio comprobable, lo que debería ser irrelevante (según el análisis) pues dicho ilícito atenta contra la libertad y seguridad sexual, sin que necesariamente llegue a perderse.

Hay estados como Baja California, Campeche, Durango y Sonora, que dejan de castigar el estupro (relación sexual con un menor) si el agresor contrae matrimonio con la víctima, lo que los especialistas consideran que “legaliza la prolongación de la lesión al bien jurídico (la seguridad sexual y el normal desarrollo psicosexual) que debía tutelar el tipo penal”.

Otro caso que ejemplifica el desorden en la legislación es el delito de violación el cual debería castigarse igual en los estados dada la gravedad que conlleva.

La realidad es distinta. Resulta que la violación impropia (utilizar un objeto para penetrar a la víctima) en estados como Aguascalientes, Nayarit Oaxaca y Sinaloa se considera un delito más grave que la violación propia (copular con la víctima contra su voluntad), mientras que en otros estados como Durango, Hidalgo, Tabasco y Zacatecas, se le considera menos grave.

Además de confusión hay duplicidad dentro de los mismos códigos. Por ejemplo el estado de México, Nayarit y Coahuila contemplan una pena para el feminicidio si la víctima es violada, y otra pena para la violación si la víctima muere, aunque en los hechos el resultado es el mismo.

Hay más. Todos los códigos prevén el aborto luego de una violación como libre de responsabilidad pero, según el análisis, la mayoría de estas leyes son omisas en determinar requisitos, tiempos y autoridades responsables de dar la autorización.

Campeche, Nuevo León y San Luis Potosí, son las únicas entidades donde las violaciones no prescriben, es decir, donde no hay un límite de tiempo para que se indague el delito y castigue al responsable.

Diagnósticos oficiales incompletos

Para conocer la gravedad de una enfermedad y establecer el tratamiento adecuado, hay que contar con un diagnóstico confiable. De esa elemental herramienta carecen las instituciones en México.

El estudio de la Comisión de Víctimas concluyó que existe un desorden generalizado en el registro de los casos de violencia sexual. Cada dependencia, ya sea de justicia, de salud, de atención social o de derechos humanos, registra arbitrariamente la información sobre las víctimas, las características del evento ocurrido y los servicios brindados.

Por supuesto esto impide contar con información homologada que facilite un análisis y diagnóstico.

Por citar algunos ejemplos, cada procuraría del país tiene formatos distintos para el registro de los casos; hay instituciones de salud que no cuentan con información del número y edad de mujeres víctimas de violación que recibieron anticonceptivos de emergencia; 14 comisiones estatales de Derechos Humanos no tienen información sistematizada; 20 secretarías del trabajo de plano no cuentan ni con una base de datos.

Incluso, las propias delegaciones estatales de la  CEAV tienen distintas formas de registrar los datos, y no poseen una contabilidad de los casos que canalizan a otras instituciones.

“A pesar de existir normas y –en algunos casos – formatos para el registro de información sobre las víctimas de violencia, sobre las prácticas o delitos, sobre los servicios brindados y/o sobre las presuntas personas agresoras, resulta evidente que en términos generales cada dependencia registra las variables que considera relevantes y lo hace de manera distinta, considerando diferentes rangos, periodos y tipo de información” dice el estudio.

Pocos casos resueltos

Una de las causas que desincentiva la denuncia son los escasos resultados en los casos que “si se investigan”, por lo menos en teoría.

Si bien las procuradurías de los estados (que si proporcionaron información) indicaron que de 2010 a 2015 se iniciaron más de 80 mil averiguaciones por delitos de tipo sexual, solamente 29 mil terminaron consignadas ante un juez.

Esto quiere decir, según el diagnóstico, que 50 mil casos se quedaron en los escritorios de los fiscales sin que por alguna razón se terminara procediendo en contra de los probables responsables.

“En las entrevistas realizadas, el personal de los Tribunales Superiores de Justicia reconoció que son pocos los casos de violencia sexual que son consignados y sentenciados. Sin embargo, desconocen los motivos por los que los casos “no llegan” a los Tribunales, lo que denota una falta de coordinación y comunicación entre los organismos de procuración y de impartición de justicia” indica el diagnóstico.

Nula detección en trabajos y escuelas

La escuela y el trabajo son sitios en los cuales se presenta múltiples formas de agresiones sexuales, desde el acoso y hostigamiento hasta violaciones, pero los sistemas de detección en México son ineficientes.

En el tema laboral, solamente las secretarías de trabajo de Chihuahua, Distrito Federal, Querétaro y Tlaxcala enviaron al Comité de Violencia Sexual de la CEAV información relacionada con personas atendidas por posibles ataque sexuales y el total de casos fue de apenas 422, cantidad marginal respecto al universo de miles de casos que se proyecta que ocurren. De las otras 28 entidades no hay registro de atenciones.

En cuanto al ámbito escolar, solo las las secretarías de Educación de nueve entidades (Campeche, Coahuila, Estado de México, Guanajuato, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas) además de la secretaría de Seguridad Pública Federal, contaron con información: apenas 736 casos de violencia sexual atendidos en cinco años.

“La escasa información brindada por las secretarías de educación y trabajo evidencia que las acciones de detección de la violencia sexual en los ámbitos laboral y docente son débiles o nulas. En el ámbito docente la atención parece estar concentrada en la detección y atención del bullying, sin que siquiera se reflexione sobre las prácticas de violencia sexual que están implicadas en el acoso escolar. En el ámbito laboral, igualmente, el tema de la violencia sexual no está colocado en la agenda” indica el análisis.

Servicios de salud deficientes

El diagnóstico analizó la atención integral que se da a las personas víctimas de agresiones sexuales y encontró deficiencias.

De una muestra de casi 30 mil casos atendidos en las distintas secretarías de Salud del país se descubrió que en el 51.4 por ciento de ellos, es decir poco más de la mitad, el personal a cargo no notificó al Ministerio Público de la agresión ocurrida, pese que existían evidencia de la violencia física o psicológica.

De hecho en el 71 por ciento de los casos las personas, luego de recibir la atención médica correspondiente, fueron enviados directamente a su domicilio, lo que significa que menos de la tercera parte fueron canalizados a otros servicios de atención o asesoría. Solamente el diez por ciento fueron canalizados a unidades especializadas en atención de violencia.

Se trata de una deficiencia importante, indica el estudio, ya que aunque el Estado llega a conocer de casos a través de una de sus instituciones, en este caso la secretarías de Salud, no hay ni siquiera el interés el seguimiento de los casos. Solo se da la asistencia médica.

A esto hay que agregar la falta de registros de salud sobre casos de agresiones de tipo sexual que existe por lo menos en una cuarta parte del país. Esto luego de que los analistas solicitaron los referidos datos a las entidades, pero solamente 22 contaron con la información disponible y la proporcionaron.

Resumen Ejecutivo Diagnóstico Violencia Sexual

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Qué poder tienen los evangélicos en EU y por qué son cruciales para Trump

Sacudieron la política del país hace 40 años. Se volvieron un pilar del Partido Republicano y del presidente Donald Trump. Pero las elecciones de noviembre volverán a medir su influencia.
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5 de octubre, 2020
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¿Volverán a ser los evangélicos una fuerza clave en las elecciones de Estados Unidos en 2020?

Cuatro décadas después de haber sacudido la política de este país, ese grupo religioso es hoy un pilar electoral del Partido Republicano y del presidente Donald Trump, que busca otro mandato en noviembre.

En las elecciones de 2016 en EU, uno de cada cuatro votantes se identificó como cristiano evangélico blanco, según encuestas. Y la gran mayoría de ellos (81%) votó por Trump.

El presidente “va a necesitar eso y quizás más para ganar en noviembre, así que son muy influyentes”, dice John Fea, un profesor de historia en la Universidad Messiah de Pennsylvania autor del libro “Créeme: el camino evangélico a Donald Trump”, en diálogo con BBC Mundo.

Pero para entender el verdadero peso político de los evangélicos en EE.UU. y su improbable alianza con Trump, es necesario retroceder un poco en el tiempo.

El fin y los medios

Los evangélicos entraron a la arena política de EU como reacción a la legalización del aborto en el caso de Roe vs. Wade de la Corte Suprema en 1973 y al avance de una agenda progresista en el gobierno del demócrata Jimmy Carter (1977-1981).

Líderes religiosos conservadores contrarios al aborto y la diversidad sexual, con el pastor televangelista Jerry Falwell a la cabeza, fundaron en 1979 la organización Mayoría Moral para movilizar fieles a favor de políticos que defendieran sus causas.

En las elecciones de 1980, dos de cada tres votantes evangélicos blancos apoyaron al candidato presidencial republicano Ronald Reagan, quien venció a Carter con su discurso conservador, opuesto al comunismo.

Ronald Reagan en 1979

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Ronald Reagan se impuso a Jimmy Carter en las elecciones de 1980 con un amplio apoyo de evangélicos blancos.

Así surgió la unión política entre republicanos y evangélicos, que hasta hoy mantienen al tope de sus aspiraciones anular Roe vs. Wade y colocar jueces conservadores en la Corte Suprema.

Los evangélicos blancos han sido un bloque electoral más conservador y numeroso que los evangélicos afroestadounidenses, que priorizan la “justicia racial” y por lo tanto tienden a apoyar mayoritariamente a los demócratas, explica Fea.

Y apunta que, a diferencia de los protestantes no evangélicos o católicos, los evangélicos blancos “están mucho más unificados, forman un bloque de votantes”.

“En cierto sentido, quieren que se realicen sus aspiraciones políticas, por lo que el fin justifica los medios”, dice. “Pero desde fines de los años ’70 y ’80 los evangélicos blancos también han sido tentados por el poder político: les gusta estar en el Despacho Oval” de la Casa Blanca.

Manifestantes a favor y en contra del aborto protestan frente a la Corte Suprema de Estados Unidos.

Getty Images
La batalla contra del aborto ha sido prioridad constante de los evangélicos en EU por décadas.

Greg Smith, director asociado del Centro Pew de Investigación, señala que el vínculo de ese sector religioso con el Partido Republicano perdura hasta el presente.

“Hemos visto durante mucho tiempo que los protestantes evangélicos blancos están entre los votantes republicanos más consistentes de EU y entre los partidarios más fuertes, leales y consistentes de Donald Trump”, dice Smith a BBC Mundo.

“Salvar a EU”

El peso electoral de los evangélicos blancos en EU hoy es bastante mayor que su decreciente presencia demográfica.

En 2016 eran 17% del total de la población, seis puntos menos que una década antes, según el Instituto de Investigación de Religión Pública en Washington.

Se estima que en los últimos cuatro años la proporción de evangélicos blancos en EU cayó otros dos puntos, hasta 15% de la población.

Votantes en una escuela de primaria en el condado de Chesterfield, Virginia

Getty Images
Los evangélicos blancos sumaron un cuarto de los votantes de EU en 2016, aunque sólo eran 17% de la población.

Sin embargo, en las últimas elecciones fueron el 26% del total de votantes.

Sarah Posner, autora del reciente libro “Profano: por qué los evangélicos blancos oran en el altar de Donald Trump”, señala que el movimiento no sólo se apoya en líderes de iglesias sino también en medios propios de TV y redes sociales.

“La derecha religiosa tiene una operación muy sólida y bien organizada para incentivar el voto, por lo que son muy importantes para que el Partido Republicano gane elecciones”, dice Posner a BBC Mundo.

La unión de evangélicos y Trump suele verse como una extrañeza de la política de EU: religiosos que predican sobre moral aliados a un hombre acusado de infidelidades matrimoniales, casado tres veces, que se ha expresado de forma obscena sobre las mujeres y agresiva sobre los inmigrantes.

Pero Trump recibió en 2016 un apoyo de los evangélicos blancos aún mayor que sus antecesores republicanos.

Joe Biden en un evento de la campaña en marzo.

Getty Images
Biden fue vicepresidente de Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama.

Y, si bien la aprobación de los evangélicos blancos a Trump cayó algunos puntos en medio de la crisis de coronavirus y las protestas por injusticia racial, cerca de ocho de cada 10 votantes de ese grupo aún se inclinan a votar por él, según encuestas.

El bajo nivel de apoyo de los blancos evangélicos al candidato demócrata Joe Biden contrasta con el amplio respaldo que recibe entre los protestantes negros (cercano a 90% en un reciente sondeo de Pew) y el hecho de que es favorito en las encuestas de votantes en general.

El respaldo de los evangélicos blancos a Trump es atribuido a la ansiedad que sienten ante los cambios raciales y culturales que EE.UU. tuvo en las últimas décadas.

“Trump representa al hombre fuerte que creen que necesitan para salvar a EU del liberalismo“, indica Posner. “Lo ven no necesariamente como un cristiano como ellos, sino como un líder improbable que Dios ha ungido para salvar a EU.”.

Prueba de fuerza

Trump tiene un vicepresidente evangélico como Mike Pence y varios miembros de su gabinete pertenecen a ese movimiento religioso o cultivan lazos con el mismo.

En esta campaña, Trump ha buscado asegurarse de que los evangélicos vuelvan a sufragar por él.

Por ejemplo, ha repetido que ya colocó dos jueces para la Corte Suprema y el mes pasado nominó a otra que, si es confirmada por el Senado, puede dar a los conservadores una mayoría firme en el máximo tribunal.

Donald Trump

Reuters
Trump ha buscado asegurarse el voto evangélico en noviembre de distintas formas, algunas de ellas polémicas.

Trump también acusó a Biden de estar “contra Dios” y “contra la Biblia”, aunque el exvicepresidente es un católico practicante y ha recibido el reciente respaldo de algunos líderes evangélicos blancos.

Además, Trump causó polémicas que le valieron críticas de figuras religiosas, por ejemplo al posar para las cámaras con la Biblia en la mano ante una iglesia, para lo cual fue dispersada a la fuerza una protesta pacífica en la zona.

Su campaña también apuesta a atraer votantes evangélicos negros y latinos, que tienen posturas conservadoras en temas como el aborto pero son más abiertos a la inmigración y las políticas sociales, lo cual puede inclinarlos por Biden.

Así, la elección será una nueva prueba de fuerza para los evangélicos de EU y su peculiar alianza con el presidente.

“La participación electoral entre los evangélicos blancos será muy importante para Trump: necesita que salgan en grandes cantidades. Si no”, advierte Posner, “será mucho más difícil para él ganar”.


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