Cámara registra el rapto de una niña en Tlaxcala, pero la procuraduría pierde el video
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Especial

Cámara registra el rapto de una niña en Tlaxcala, pero la procuraduría pierde el video

La procuraduría estatal se equivocó en la fecha del secuestro al solicitar las imágenes a los particulares, cuando se dieron cuenta del error, éstas ya habían sido borradas.
Especial
Por Paris Martínez
7 de marzo, 2016
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El pasado 13 de enero, la niña Karla Romero Tezmol, de 11 años de edad, desapareció en el trayecto a su escuela, ubicada a unas cuadras de su casa, en el municipio de San Pablo del Monte, Tlaxcala.

Según testigos de los hechos, la niña fue sustraída por los tripulantes de un vehículo negro, a la altura de la calle 20 de Noviembre, lo cual fue registrado por una cámara de vigilancia particular, instalada en un negocio de esta vialidad.

Estas imágenes, sin embargo, se perdieron definitivamente, debido a que la Procuraduría estatal erró la fecha de los videos al solicitarlos al dueño de la cámara que los captó y, en consecuencia, las autoridades no obtuvieron la grabación del 13 de enero, sino la del día siguiente.

Para el momento en que este error fue detectado, las imágenes correspondientes al día del secuestro de Karla ya habían sido borradas por el sistema de videovigilancia que las había almacenado.

“La familia de Karla fue la que detectó la existencia de esa cámara –señala en entrevista Miriam Pascual, abogada de la Red Retoño y del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social–, oportunamente dio aviso a la Procuraduría y los policías fueron a solicitarle el video al dueño del negocio, quien lo facilitó inmediatamente.

El video que la Procuraduría le mostró a la familia de Karla no registra nada, no se ve a Karla pasar, ni a su hermanito, que poco después hizo el mismo recorrido, para dejarle llevarle el lonche.” Cuando los padres de Karla detectaron esta anomalía, revisaron la fecha del video y se dieron cuenta de que, en realidad, no correspondía al día en que Karla fue raptada.

“Cuando nos percatamos de esta irregularidad, los videos del 13 de enero ya habían sido borrados por el particular, puesto que no le habían sido requeridos por la policía. Entonces, esa información valiosísima se perdió, por incompetencia de la policía”, señala la abogada.

Karla Romero Tezmol, de 11 años, desapareció el 13 de enero en el cinturón de la trata en Tlaxcala.

Karla Romero Tezmol, de 11 años, desapareció el 13 de enero en el cinturón de la trata en Tlaxcala.

Evidencias ignoradas

La destrucción de estas evidencias se suma a una larga cadena de irreglaridades, cometidas por las autoridades.

En primera instancia, a pesar de que la desaparición de Karla fue reportada horas después de su rapto, la Procuraduría de Tlaxcala se negó a emitir la Alerta Amber durante los siguientes 21 días.

La Alerta Amber, cabe destacar, obliga a difundir el rostro y los datos de identificación de aquellos menores de edad secuestrados, extraviados, desaparecidos, o cuya ausencia es indicio de que pueden ser víctimas de algún delito, y se trata de un protocolo cuya efectividad depende de que sea activado en las primeras horas tras la desaparición.

“La Alerta sirve para que las y los niños puedan ser detectados en centrales camioneras, en salidas carreteras, el aeropuertos, su objetivo es crear un cerco que impida que las víctimas sean extraídas de su localidad de origen… Pero en el caso de Karla no ocurrió así: la Procuraduría de Tlaxcala les dio 21 días a los secuestradores para que sacaran a la niña del estado, y ya que había pasado todo ese tiempo, emitieron la Alerta, pero sólo como trámite”, destaca la abogada.

Ante esa respuesta omisa, la familia de Karla elaboró volantes con su fotografía y datos de identificación, para repartir por cuenta propia en Tlaxcala y Puebla, e incluso esto fue motivo de una reprimenda: “La Procuraduría le reclamó a la familia andar volanteando en casetas carreteras, les dijo que con eso ponían en riesgo la vida de Karla, que se atuvieran a las consecuencias, y que se atuvieran a los daños psicológicos que eso les iba a ocasionar… Pero lo que en realidad no querían las autoridades del estado es que este caso se diera a conocer públicamente”, destaca la abogada.

Otra de las irregularidades denunciadas por la familia de Karla es que, hasta la fecha, la Procuraduría tlaxcalteca se ha negado a iniciar una averiguación previa por los hechos, a pesar de que existen testigos del secuestro, y de que los familiares recibieron llamadas anónimas de los presuntos plagiarios.

Incluso, la familia recibió informes anónimos de que Karla estaba siendo explotada sexualmente en la zona de prostitución tolerada en la capital de Puebla, entidad con la que colinda el municipio donde la menor fue secuestrada.

La Procuraduría de Tlaxclala, sin embargo, desestimó toda esa información y, hasta la fecha, “se niega a iniciar una averiguación y a abrir una carpeta de investigación. Por ahora, en Tlaxcala sólo hay un ‘acta circunstanciada’, es decir, una hoja que dice que la familia fue a denunciar la desaparición y ya… eso es equivalente a nada”, se lamenta la abogada.

Simulación y montajes

Cada vez que los papás de Karla recibieron llamadas anónimas lo reportaron inmediatamente a la Procuraduría estatal. Pero ahí “nos decían que no hiciéramos caso, que eran llamadas de extorsión… nunca investigaban, sólo descartaban la información que les dábamos”, señala la señora Olga Tezmol, mamá de Karla.

“Por eso, cuando nos hablaron (de forma anónima) para decirnos que a Karla la tenían en el Hotel Río, en la calle 14 Oriente, de Puebla, decidimos no decirle a la Procuraduría, sino que fuimos directamente a ese lugar y cuando llegué fue horrible ver lo que había ahí: decenas y decenas de muchachitas y adolescentes, niñas de 16, de 15, y más pequeñas, siendo prostituidas en la calle, a la vista de todos; y en las esquinas, gente vigilándolas.

Unos familiares se hicieron pasar por hombres que buscaban un servicio sexual y se acercaron a unas muchachas, ellas les dijeron dos cosas: que no podían salirse de la 14 Oriente, que no lo tenían permitido, y que tampoco podían en ese momento dar servicio en su hotel (el Río), porque estaban esperando que llegara un operativo.”

Efectivamente, destaca la abogada Miriam Pascual, ese día, 2 de febrero, a través de un oficio formal, la Procuraduría de Tlaxcala había solicitado a su homóloga de Puebla que realizara una inspección en el Hotel Río, en busca de Karla, pero queda algo sin aclarar: ¿cómo hicieron las autoridades de Tlaxcala para determinar que Karla estaba en el hotel Río?

Esta inconsistencia la expone con mayor claridad la mamá de Karla: “Cuando las prostitutas le dijeron a mis familiares que estaban esperando un operativo en el hotel Río, decidimos retirarnos, estábamos muy confundidos. Se nos hacía muy raro todo, porque ¿cómo que iba a haber operativo, si no habíamos dicho a nadie sobre la llamada que habíamos recibido? O sea, la Procuraduría de Tlaxcala estaba respondiendo ante una información que todavía no les proporcionábamos… Y lo peor es que estaba respondiendo pero sólo de forma simulada, porque antes de realizar el operativo, se les avisó a las mafias que explotan a las muchachitas, para que tomaran sus previsiones”.

Por parte de las autoridades tlaxcaltecas la búsqueda de Karla sólo ha sido “simulada”, destaca la abogada Miriam Pascual, y pone un ejemplo: “A finales de febrero tuvimos una reunión con la procuradora estatal, Alicia Fragoso, en donde nos notificó que habían realizado un rastreo con 100 elementos en barrancas del estado. Pero, si no hay una carpeta de investigación, tampoco hay líneas de investigación, y sin éstas: ¿cómo determinas en qué lugar buscar? Salir a buscar así, a ciegas, eligiendo al azar los puntos de rastreo, es sólo simular que buscas”.

 Este domingo, 6 de marzo, personal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes impidió a la familia de Karla repartir entre conductores su cartel de búsqueda.

Este domingo, 6 de marzo, personal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes impidió a la familia de Karla repartir entre conductores su cartel de búsqueda.

Culpar a la víctima

En ese mismo encuentro con la procuradora tlaxcalteca, destaca Miriam Pascual, el director de Servicios Periciales, Nahu Juárez Meza, “nos notificó que están realizando una ‘necropsia psicológica’ de Karla, y eso nos parece muy negativo, porque este análisis suele usarse en México para responsabilizar a la víctima de los agravios que sufrió. Por ejemplo, en el caso de Digna Ochoa, la necropsia psicológica fue la prueba usada por la Procuraduría del DF, para afirmar que Digna se suicidó. Igualmente, la necropsia psicológica fue la herramienta usada por las autoridades del Estado de México para convertir el feminicidio de Mariana Lima en un suicidio.”

Esta herramienta pericial, señala la abogada, “en México se usa solamente para responsabilizar a la víctima, se usa para decir: ah, es que estaba loca, tenía trastornos, y por esta vía quitarle la calidad de víctima. Y nosotros presumimos que eso es lo que quiere hacer Tlaxcala en el caso de Karla: quieren hacer pasar a la menor como una niña caprichosa, que se fue de casa, y que eso es culpa de los padres”.

El pasado 2 de marzo, mientras Animal Político entrevistaba a la familia de Karla en su domicilio, a este inmueble arribaron tres peritos de la Procuraduría de Tlaxcala, un criminólogo, una psicóloga y una trabajadora social, para formular lo que ellos denominaron “consultas de rutina”.

Las preguntas que formulan los peritos, sin embargo, sorprenden a todos: “¿Karla menstrúa? ¿Karla tiene novio? ¿Karla es muy enojona?”

Es decir, detalla la abogada Miriam Pascual, que a pesar de que hay testimonios y evidencias que señalan a que Karla fue raptada, posiblemente con fines de explotación sexual comercial, la Procuraduría estatal insiste en su hipótesis inicial: que la niña se fue con el novio.

–¿Karla tenía novio? –se pregunta a su mamá.

–No… Karla es una niñita, todavía juega con muñecas, es una niñita de primaria… Pero suponiendo, sin conceder, que así fuera, que Karlita tenía novio y se escapó con él, eso en realidad no cambia nada: Karla es una menor de edad y no aplica ninguna clase de consentimiento.

Si Karla se fue con alguien, esa persona está cometiendo un delito, y Karla está siendo su víctima. Y si ese fuera el caso, de todas formas, la Procuraduría tiene la obligación de actuar, en vez de permanecer con los brazos cruzados. Pero insisto, Karla no se fue por su propia voluntad, Karla no se fue con el novio, Karla no huyó… a Karla se la llevaron, y ya vamos para dos meses y seguimos sin saber nada de ella.

Epílogo: el gobernador

El pasado viernes, 4 de marzo, a petición del a familia de Krla, el Congreso de Tlaxcala aprobó citar a comparecer ante el Poder Legislativo a la procuradora Alicia Fragoso, al considerar que la problemática de desaparición de niñas y mujeres, así como la trata de personas, han crecido en la entidad de manera descontrolada.

El objetivo de la comparecencia es que la funcionaria dé una explicación sobre las anomalías en las que ha incurrido la dependencia a su cargo, en torno a la desaparición de Karla; asimismo, se pretende que explique qué ha hecho la actual administración estatal –encabezada por Mariano González Zarur– para prevenir y eliminar la trata de personas en Tlaxcala.

Esta comparecencia fue aprobada por el pleno de los diputados tlaxcaltecas, sin embargo, la Constitución estatal prevé que, cualquier comparecencia ordenada por el Poder Legislativo deberá ser antes aprobada por el gobernador.

Así, queda en manos de Mariano González Zarur determinar si, efectivamente, la procuradora estatal rinde cuentas sobre su desempeño, o si este procedimiento es vetado.

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Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

La sintomatología de este síndrome que padecen muchos migrantes puede confundirse con depresión o estrés postraumático y no tratarse bien.
6 de agosto, 2022
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“No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza”, decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3.6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79.5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una “planta monstruosa”. Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno

El psiquiatara español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. “Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia”, cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: “Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante”.

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban “un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple”.

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que “el estrés y el duelo son cosas normales en la vida”, pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises

Normalmente asociamos la palabra “duelo” al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

“Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo”, explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo “parcial, recurrente y múltiple”.

Paisaje de Caracas

Getty Images
Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres… O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, “el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad”.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién “echar un pie” y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Ilustración persona migrante con preocupaciones a su alrededor.

BBC MUNDO
Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. “Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados”, remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, “que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida”.

Dos hombres en una fiesta.

Getty Images
Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que “lo peor” ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta

Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

“Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo”, sostiene Achotegui.

Grupo de mujeres jugando al fútbol.

Getty Images
Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o “se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo”.

Qué hacer y qué no hacer

“Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias”, señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya “menos riesgo de trastorno mental”, pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. “Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio”.

Al final se trata de mantener “la raíz” con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que “los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas” ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás

La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

“Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas” ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo “ya se te pasará”, “no es para tanto”, “eso son miedos tuyos” o “todo saldrá bien”.

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: “Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante”.

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.


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