Casi la mitad de los mexicanos cree que la tortura sirve para que una persona diga la verdad
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Amnistía Internacional

Casi la mitad de los mexicanos cree que la tortura sirve para que una persona diga la verdad

Según un estudio que publica la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) en colaboración con la UNAM, el 60% de los mexicanos justifica el uso de la tortura cuando la persona haya cometido un delito de violación sexual.
Amnistía Internacional
Por Manu Ureste
19 de marzo, 2016
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El 43.3% de los mexicanos opina que la tortura es un método para lograr que la gente “diga la verdad”, aunque el 72% considera que el maltrato a las personas detenidas en es un problema en el país.

Así lo da a conocer el Diagnóstico Nacional de la Percepción de la Población sobre la Práctica de la Tortura, que fue elaborado por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) en colaboración con la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM), y para el que se entrevistó a mil 200 personas en todo el país.

Ante la pregunta de si creen que la tortura es un instrumento para conseguir que una persona diga la verdad a base de golpes y otras prácticas, 4 de cada 10 encuestados dijo que sí, mientras que el 41.7% opinó lo contrario.

“Poco menos de la mitad de las y los encuestados considera la efectividad de la tortura como fórmula para la obtención de la verdad, lo cual sugiere la tendencia en favor de su empleo por considerarla un instrumento eficaz”, advierte la CEAV en su encuesta.

Otra de las preguntas plantea a los ciudadanos si consideran que la tortura es una método aceptable de castigo cuando una persona ha cometido un delito.

Como respuesta, prácticamente 6 de cada 10 mexicanos dijeron estar de acuerdo -32.6%- o muy de acuerdo -27.3%- cuando se trata de una violación sexual. Mientras que el 13.7% respondió que no está ni de acuerdo ni en desacuerdo, y el 14.6% dijo que está en desacuerdo.

En el caso de un delito de secuestro, cinco de cada 10 dijeron estar muy de acuerdo -17.6%- o de acuerdo -32.6%-, mientras que el 19.6% dijo que ni de acuerdo ni en desacuerdo. Por el contrario, el 18.5% que se mostró está en desacuerdo de que se aplique la tortura en estos casos, y el 9.7% dijo que muy desacuerdo.

Al preguntar por otro delitos como la extorsión, el robo o el fraude, el porcentaje disminuye, aunque los resultados, según la CEAV, también son significativos.

“Incluso –apunta la Comisión-, puede resultar muy preocupante que entre dos y tres entrevistadas o entrevistados consideren aceptable torturar a quienes perpetran los delitos patrimoniales más frecuentes, como el caso del robo. Es decir, prácticamente cualquier persona bajo la categoría ‘delincuente’ es vista como alguien que aceptablemente puede ser torturada por más de una cuarta parte de la población”.

Asimismo, ante la pregunta de si es aceptable torturar a una persona considerada como un “delincuente violento”, cuatro de cada 10 mexicanos dijeron estar de acuerdo con esta práctica -33%- o muy de acuerdo -9.5%-.Un 26.6% respondió que ni de acuerdo, ni en desacuerdo, y por el contrario, menos de tres de cada 10 mexicanos dijeron estar en desacuerdo -24.1%- o muy desacuerdo -4.6-.

¿Y si la persona detenida es un narcotraficante? El 36.4% de los mexicanos dijo estar de acuerdo -28.2%- en torturarlo para sacarle información, o muy de acuerdo -8.2%-. El 29.2% dijo que no está ni de acuerdo ni en desacuerdo, y el 27.3% se expresó en desacuerdo.

Por otra parte, 6 de cada 10 mexicanos encuestados dijeron que no les parece mal que, en ocasiones, se aplique la tortura como una medida “necesaria y aceptable” si es para obtener información que pueda proteger a la población ante un riesgo inminente: el 26.6% dijo estar de acuerdo, y el 4.4% muy de acuerdo, mientras que un 31.5% aseguró no está ni de acuerdo, ni en desacuerdo. Por el contrario, el 29.9% se mostró en desacuerdo ante esta posibilidad, y un 5.2% dijo que está muy en desacuerdo.

“El resultado indica que un porcentaje significativo de la población está de acuerdo con justificar la tortura bajo ciertas condiciones, y si bien el porcentaje apenas mayor corresponde al desacuerdo, hay que considerar que dos terceras partes de los entrevistados no rechazan de forma enfática dicha práctica”, advierte la CEAV.

Permitirían uso de tortura, a pesar de que la consideran igual de grave que un homicidio

Además, la encuesta preguntó a los mexicanos cómo consideran de grave la tortura comparada con otros delitos. En su mayoría, los ciudadanos dijeron que la tortura es igual de grave que delitos como el homicidio -54.6%-, la violación -57.6%- o el secuestro -57.2%-. Mientras que el 24.4% dijo que es menos grave que el asesinato, el 24.3% que la violación, y el 22.9% que el secuestro.

“Para la mayoría de los entrevistados la tortura es igual de grave o más grave que todos los delitos que se mencionan, lo cual contrasta con permitir su utilización a pesar de ser consciente del nivel de impacto que provoca en las personas, quizá por estimar que debe aplicarse a las personas que cometen los ilícitos antes explorados y no a las personas que no merecen dicho trato como posiblemente se perciban a sí mismos muchas entrevistadas y entrevistados”, apunta la CEAV en el informe.

Lee aquí los resultados del estudio:

Documento Ejecutivo Tortura10Marzo2016 2

Cabe destacar por otra parte que desde el pasado mes de febrero, el Senado de la República inició las discusiones sobre la propuesta de ley contra la tortura.

La propuesta fue enviada en diciembre de 2015 por el Ejecutivo de Enrique Peña Nieto, con el objetivo de erradicar las prácticas de tortura en el país, las cuales, según advirtió el relator de la ONU, son generalizadas en todo el país.

Sin embargo, diversas organizaciones de la sociedad civil criticaron que la iniciativa del presidente no cumple con los estándares internacionales, no fue elaborada de manera conjunta con la sociedad civil ni las víctimas, y además, lejos de erradicar el problema, incluye una serie de normas jurídicas que promueven la tortura y la impunidad.

“La propuesta presentada por el presidente no refleja lo necesario para una verdadera erradicación de esta práctica”, criticó Mario Patrón, director del Centro Prodh, quien recalcó en una rueda de prensa el pasado mes de febrero que, a pesar del llamado de advertencia de la ONU a México, la tortura continúa siendo utilizada por el Estado mexicano “para obtener información, confesiones, castigar, violentar sexualmente y reducir la personalidad de miles de personas”.

Lee aquí los seis cambios a la propuesta de ley contra la tortura, que plantean las organizaciones civiles.

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Ayman al Zawahiri: cómo la CIA encontró y mató al sucesor de Bin Laden en Afganistán

Luego de estar prófugo por más de 20 años, el hombre falleció en un ataque con drones.
2 de agosto, 2022
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Cuando el año pasado Estados Unidos se retiró apresuradamente de Afganistán, el presidente Joe Biden prometió no permitir que el nuevo régimen de los talibanes hiciera del país un refugio seguro para los terroristas.

Esto dejó claro que, para la administración de Biden, la prolongada guerra contra el terrorismo no se acercaba a su fin.

Casi un año después, los principales asesores de seguridad del presidente le sugirieron que agentes de inteligencia podrían haber localizado al líder de al Qaeda, Ayman al Zawahiri, en Afganistán.

Un objetivo de alto valor

En sesiones informativas, autoridades del gobierno indicaron a la prensa que creían que Al Zawahiri había regresado a Afganistán el año pasado, tras producirse el colapso del gobierno respaldado por Occidente.

Los espías estadounidenses prestaban especial atención a Afganistán desde la retirada de sus tropas, en busca de señales de que los líderes de al Qaeda estuvieran regresando poco a poco al país, declaró un asesor de Biden.

Ayman al-Zawahiri. Junio de 2011

AFP
Aún no es claro qué ocurrió con el cuerpo de Al Zawahiri luego del ataque.

Al Zawahiri se habría instalado con su esposa e hija en un gran complejo con altos muros protectores en el centro de Kabul.

El barrio que escogió, un área relativamente próspera llamada Choorpur, había acogido embajadas y viviendas de diplomáticos extranjeros bajo la anterior administración.

Ahora, la mayoría de los altos funcionarios talibanes viven en las lujosas instalaciones de esa zona.

A principios de abril, autoridades de la CIA comunicaron algo importante a los asesores de Biden y luego al propio presidente: habían identificado una red que apoyaba al líder de al Qaeda y su familia, según varias fuentes de inteligencia.

Los espías estudiaron patrones de comportamiento de los residentes de la casa, incluidos los particulares gestos de una mujer que los espías identificaron como la esposa de Al Zawahiri.

Los funcionarios aseguraron haber reconocido su uso de las “habilidades” terroristas al intentar evitar el acceso de personas a la vivienda de seguridad de su esposo en Kabul.

Observaron que, desde que llegó a la casa, Al Zawahiri nunca abandonó las instalaciones y tenía el hábito de asomarse, de vez en cuando y por cortos periodos, a un balcón frente a los muros de la propiedad.

Lee: El día que mataron a Osama Bin Laden

Cómo se planeó la operación

Para Biden, la oportunidad de matar a uno de los hombres más buscados por Estados Unidos entrañaba muchos riesgos.

Al Zawahiri vivía en un barrio residencial densamente poblado.

Probablemente Biden tenía presente no repetir ciertos errores, como el ataque con aviones no tripulados que mató accidentalmente a 10 inocentes en Kabul entre ellos un trabajador humanitario y siete niños en los últimos días de la presencia estadounidense en Afganistán.

Mapa de donde se cree ocurrió el ataque

En mayo y junio, el líder estadounidense se centró en la guerra en Ucrania y en impulsar una legislación histórica sobre el control de armas y el cambio climático.

Pero, en secreto, un grupo “muy pequeño y selecto” de altos funcionarios de inteligencia preparaba varias opciones para mostrárselas.

Biden había encargado a los agentes de inteligencia asegurarse que en el ataque no murieran civiles, incluyendo la familia de Al Zawahiri y funcionarios talibanes.

El 1 de julio, el presidente estadounidense reunió a altos funcionarios, entre ellos el director de la CIA, William Burns, y la directora de inteligencia nacional, Avril Haines, para una sesión informativa.

Biden evaluó junto a sus asesores un modelo a escala de la vivienda de Al Zawahiri que los agentes de inteligencia habían construido y llevado a la Casa Blanca.

“Se centró particularmente en garantizar que se tomaran todas las medidas necesarias para garantizar que la operación minimizara ese riesgo”, declaró un asesor principal.

Biden pidió información sobre la estructura del edificio y, en particular, sobre cómo recibiría el impacto de un proyectil, antes de volar a Camp David para un receso de fin de semana.

En las semanas siguientes, los funcionarios se reunieron en la sala de crisis de la Casa Blanca, un centro de comando similar a un búnker bajo el edificio pensado para que el presidente controle situaciones límite dentro y fuera del país.

Planearon metódicamente la operación, tratando de anticipar cualquier pregunta que pudiera hacer el presidente.

En paralelo, un reducido equipo de abogados se reunió para evaluar la legalidad del ataque y concluyó que Al Zawahiri era un objetivo legítimo por “su papel de liderazgo continuo en al Qaeda, y su participación y apoyo operativo para los ataques del grupo”.

El 25 de julio, tras convocar a su equipo por última vez y pedir la opinión de sus principales asesores, Biden autorizó el ataque.

Inquietud entre los talibanes

A las 6:18 hora local, dos misiles Hellfire disparados por un dron alcanzaron el balcón de la casa de Al Zawahiri, matando al líder de al Qaeda. Los miembros de su familia resultaron ilesos, informaron autoridades de inteligencia.

Las ventanas de la casa parecían destruidas, pero sorprendentemente no se observaban más daños.

Muchos analistas creen que se utilizó una versión poco conocida del misil Hellfire, sin ojiva explosiva.

El cohete que se usó en el ataque

Esta variante llamada AGM-114R9X posee seis cuchillas que se despliegan en la superficie del misil a medida que se acerca al objetivo.

La energía cinética provocada por la velocidad de esta arma es lo que causa la destrucción, ya que hace trizas todo lo que alcanza y minimiza los daños colaterales.

A miles de kilómetros de distancia, en Washington, el presidente fue informado del éxito de la operación.

El domingo, el Ministerio del Interior talibán comunicó al medio local Tolo que un cohete había impactado en una vivienda vacía sin causar víctimas. No aportó detalles adicionales en ese momento.

Sin embargo, poco después la administración Biden anunció que combatientes de la red Haqqani, un ala ultraviolenta de los talibanes, habían sacado a la familia de Al Zawahiri del lugar y tratado de encubrir su presencia.

Cuando un periodista de la BBC acudió la mañana del lunes a la vivienda, un cordón del talibán lo detuvo, apuntándole con rifles e insistiendo en que “no había nada que ver”.

La supuesta locación del ataque con drones

BBC
Este es el supuesto sitio en el que se mató a Al Zawahiri.

Funcionarios estadounidenses afirmaron que “múltiples” fuentes de inteligencia habían confirmado la muerte de Al Zawahiri, pero enfatizaron que no hay personal estadounidense sobre el terreno en Kabul.

Se negaron a dar más detalles sobre cómo fue posible confirmar el éxito del ataque.

El cuerpo

Las agencias de inteligencia preservan con celo las identidades de sus espías. James Clapper, exdirector de inteligencia nacional durante la presidencia de Barack Obama, explicó a BBC que los exaliados de EU en Kabul pueden haber proporcionado alguna información.

No está claro qué ocurrió con el cuerpo de Al Zawahiri tras el ataque.

Según fuentes de la administración Biden, las autoridades de Estados Unidos no trataron de recuperar los restos de Al Zawahiri, a diferencia de la operación en la que se dio muerte a Osama Bin Laden.

En aquella ocasión, las fuerzas especiales recuperaron el cuerpo de Bin Laden para confirmar su identidad antes de lanzarlo al mar para evitar que su tumba se convirtiera en un santuario para los islamistas.

Mientras Biden transmitía la noticia al mundo desde la Casa Blanca, los líderes talibanes condenaron enérgicamente la incursión de Estados Unidos en su territorio.

Pero en sus comentarios no mencionaron a Al Zawahiri.

Ahora toca preguntarse hasta qué punto los altos líderes talibanes sabían de la presencia de Al Zawahiri en Kabul y qué ayuda le podrían haber estado brindando.

Un afgano que vive en la zona aseguró a BBC que los combatientes talibanes habían estado vigilando la calle y que la presencia de “residentes no afganos” era un secreto a voces entre los vecinos.

Es probable que esta hipótesis plantee algunas preguntas incómodas para los líderes talibanes.

Informes adicionales sobre el sistema Hellfire de Chris Partridge.


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https://www.youtube.com/watch?v=Ukb6MjvW83Q

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